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Monday, October 12, 2020



Escribe Jesús Quintero

Desde tiempos inmemoriales, trovadores, poetas, juglares y músicos de todo género le han adjudicado a la luna virtudes que cualquier astrónomo descalificaría con una sonrisa desdeñosa. Sin embargo, como más se aprende por el oído que a través de los libros de ciencia, la música ha encontrado en nuestro satélite un pretexto magnífico para ponderarlo como faro nocturno atento a la gloria del amor, al despecho y a la soledad. Arduo y más allá de los límites de estas páginas sería lanzarse a la elaboración de una antología de canciones que tengan en la luna su central protagonista. Por ello, preferimos ceñir el territorio a la lista del Top 40 de la revista Billboard durante los últimos 50 años, explorando exclusivamente las grabaciones que en Estados Unidos tuvieron relevancia y que, aun de rebote, han llegado hasta acá. La relación no es, con todo, absoluta, pero sí deja constancia de que si no es de queso, la luna sigue siendo para muchos un territorio donde, tal vez para vencer la ausencia de fuerza de gravedad, el suelo está inundado de miel. Mas antes de comenzar con el desfile cronológico, hay que consignar tres grabaciones del asunto que hoy se celebra mundialmente. La más recomendable es Apollo 11 Moon Landing (1969 BBC Television Coverage) (Pearl Flapper, 1994), álbum que contiene la crónica de esos días en voz de sus protagonistas: desde el discurso de John F. Kennedy el 16 de julio hasta el aterrizaje sin contratiempos el 24 de ese mes. Si se tiene edad suficiente para recordar esa fecha, las voces de los tripulantes del Apolo XI estremecen más, la verdad sea dicha, que el álbum con los sonidos del festival de Woodstock. La célebre frase "Este es un salto pequeño para el hombre..." también aparece en la muy indispensable Great Speeches Of The 20th Century (Rhino, Atlantic/WEA, 1991), caja de cuatro discos que contiene voces de Alva Edison, Lindbergh, Nixon y un sinfín de personalidades de esta centuria. Y ya para los coleccionistas de espuma en la boca está First Man on the Moon (MGM, 1969), sencillo de 45 RPM que contiene fragmentos de los reportes recibidos y emitidos desde el Centro Espacial de Houston, así como la ya citada frase del alunizaje.

Exploración por el Top 40

En la lista de éxitos la luna no ha sido totalmente llena. Periodos largos han pasado en que no parece haber inspirado a intérpretes ni autores, por lo que este pretendido recuento de 50 años de éxitos propiamente comienza en 1951, cuando el seminal Les Paul, en compañía no más que de su guitarra, de un primitivo pero efectivo sistema de remezcla de grabaciones y de la cantante Mary Ford, llegó al primer lugar con su "How High The Moon" (Cuán alta está la luna), que Gloria Gaynor volvería popular en la segunda mitad de los setenta. La letra, por sí sola, ya pone de manifiesto el uso común de aquel satélite: "En algún lugar hay música/ qué lejos se oye la tonada./ En algún lugar está el paraíso./ Qué alta está la luna./ No hay luna arriba/ cuando el amor está lejos,/ pero se vuelve real/ cuando tú me amas como yo a ti...". Ese mismo año, la muy modosita Debbie Reynolds, en compañía de Carleton Carpenter, exploró otra acepción romántica de la luna —exactamente la primera noche nupcial— con la desenfadada "Aba daba Honeymoon" (Luna de miel Aba Daba), colmada de frases del tipo "Ab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab/ dijo el monito al chango/ Bab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab dijo el simio al chimpancé..." (huelga decir que tanta dab-a dab-a significaba "te quiero"). Confiando en la mala memoria del mercado, Bing y Gary Crosby (padre e hijo) remataron ese año el tema lunar con "Moonlight Bay" ("Bahía a la luz de la luna"), que en 1912 había sido un gran éxito para The American Quartet y que en sus voces llegó al decimocuarto sitio. ¿El tema? Un marino navega de noche, escucha a su conciencia que le reclama haber robado el corazón de una chica inocente y se debate entonces entre el marcharse o quedarse a refrendar su amor. En 1953 la única en alcanzar un sitio entre los primeros 40 fue "No Moon At All" ("No hay luna"), a cargo de The Ames Brothers with Les Brown, que comienza como reporte metereológico en una charla que apenas inicia y se convierte en confesión para pedirle un beso a la persona con quien se hace tertulia. Un vigésimo primer lugar para esta innovación no estuvo mal.

El año siguiente trajo también tres éxitos satelitales: "In the Chapel in the Moonlight" ("En la capilla a la luz de la luna"), con Kitty Kallen (posición 4), de corte religioso; "The Honeymoon’s Over" ("Se acabó la luna de miel") con Betty Hutton y Tennessee Ernie Ford (recordado por sus "16 Tons"), quienes llegaron hasta el sitio 16 con un drama sobre el fin del amor y la inminencia del divorcio (sin nunca pronunciar tal palabra), y en el lugar 24 la instrumental "Moonlight and Roses (Bring Memories of You)" con The Three Suns. En 1956 apareció el primer álbum de Elvis Presley que en el territorio lunar portaba dos temas: "Blue Moon of Kentucky" ("Luna azul de Kentucky") y "Blue Moon" ("Luna azul"). Sin embargo, ninguno escaló el Top 40 y tuvo que esperar hasta su tercer LP, de ese mismo año, con "When my Blue Moon Turns to Gold Again" ("Cuando mi luna azul —o melancólica— se vuelve dorada otra vez"). La canción, que abordaba el cambio en el color del satélite tan pronto la mujer amada volviera a brazos de El Rey, llegó al sitio 19. El tercer sitio lo tuvo Frankie Laine con "Moonlight Gambler" ("Jugador a la luz de la luna"), una pieza country sobre un tipo que juega con el amor y pierde y gana sin que su corazón se melle. Y el número dos fue para la azucarada Patti Page con "Allegheny Moon ", que pide a la luna su luz para encontrar el romance con el que vivirá feliz para siempre. Un tema instrumental, "Sail Along Silvery Moon" ("Navega sobre la luna plateada"), a cargo de Billy Vaughn & His Orchestra, llegó al quinto peldaño en 1957, seguido un puesto atrás por Bonnie Guitar y su "Dark Moon" ("Luna oscura"), monólogo de un tipo que perdió a su amor y que le pregunta a la luna si ésta apagó su resplandor por tal desdicha. Menos contrito sonó Tony Perkins y su "Moonlight Swim" ("Nadar a la luz de la luna") que atléticamente llegó al lugar 24. 1958 le dio oportunidad al crooner Perry Como con su "Moon Talk" ("Charla con la luna"), que trepó al sitio 28, mientras que el quinto, ese año, le correspondió a Pat Boone con "Sugar Moon" ("Luna azucarada"), donde el ídolo de matinée le pide al satélite edulcorado que le traiga a su "ángel de luz" con quien el amor florecerá. Una canción no apta para diabéticos. Dos años se mantuvo oculta la luna y fue hasta 1961 que reemergió curiosamente con voces negras. La primera posición fue para The Marcels con "Blue Moon" (tema ya aplaudido con anterioridad), donde el abandonado lamenta su condición. El tercer puesto en ese año lo tuvieron The Capris con "There’s A Moon Out Tonight" ("Hay una luna afuera esta noche"), que volvía al tema del corazón robado a una chica a manos de un bandido romántico, mientras que Jerry Butler se amparaba en "Moon River" (original de Johnny Mercer y Henry Mancini, que en voz de Andy Williams sonó en la versión fílmica de Breakfast in Tiffany’s), que hacía del brillo lunar un puente para cruzar de un mundo sin esperanzas a uno colmado de lujos. Pese a las loas hacia el programa espacial, la década de los sesenta no fue pródiga en cantos lunares. Fue hasta 1964 que la palabra se hizo popular con "In the Misty Moonlight", interpretada por Jerry Wallace que alcanzó un decimonoveno sitio (mejor que el 46 que la misma pieza logró en voz de Dean Martin en 1967). Lo original de la composición radicó en que el amante, insuflado de temeridad, le dice a su amada que al lado de ella podrá estar en cualquier sitio por agreste que éste sea (aun bajo una luna brumosa). Al año siguiente, The Bachelors volvían tras la huella de "Chapel in the Moonlight" (colocada en el sitio 32), mientras que el proteico e irónico Jonathan King advertía que "Everyone’s Gone To The Moon" ("Todos se están yendo a la luna"). Y por lo menos el mercado se lo creyó tanto como para impulsarlo al puesto 17 de las listas, desde donde cantaba: "Las calles están atiborradas/ todos los caminos antes solitarios están llenos./ Las casa ya no son hogares,/ la iglesia está colmada de gente que canta desentonada./ Todos se están yendo a la luna" Para 1967, en pleno furor de la beatlemanía, sólo Dean Martin se asomó a los charts (en el sitio 25) con un nuevo cover de "In the Chapel in the Moonlight". Dos años más tarde, y sin la existencia de un sistema de marketing que creara un himno que podría haberse titulado "We are The Moon" en pleno furor por el proyecto Eagle, los muy terrestres y pantanosos Creedence Clearwater Revival conquistaron un segundo sitio con "Bad Moon Rising", aunque inquietaron a más de uno con su visión catastrofista: "Veo el ascenso de una luna maligna,/ veo problemas en el camino./ Veo terremotos y relámpagos./ Contemplo muy mal el presente./ Mejor no salgamos esta noche...". Del otro lado, un tanto adscritos a la utopía hippie, Paul Revere & The Raiders hacían de nuestro planeta un territorio para una fiesta de disfraces donde todo dependía de la luz natural proporcionada por "Mr. Sun Mr. Moon" ("Señor Sol, Señor Luna"), que llegó al decimoctavo escalafón.

La decadencia del amor lunático

Parece que al momento en que Armstrong colocó su pie en la Luna el mito se acabó. Aquel satélite no tenía vida, no tenía oídos para ser confesor de nadie, no era plateada ni dorada. Podría decirse que para no pocos compositores la ciencia se había impuesto a la contemplación romántica, pues las canciones alusivas comenzaron a decrecer de manera alarmante. En 1971, el bucólico Cat Stevens ya le hallaba otras virtudes en "Moonshadow" (sitio 30 en el Top 40): "Estoy siendo seguido por una sombra lunar/ (...) Y si pierdo mis ojos/ si mis colores se marchitan/ no tendré que llorar nunca más...". Un año después, en el puesto 13, King Harvest colocó "Dancing in the Moonlight" ("Bailando a la luz de la luna"), que tendía un puente entre un tema digno de Gene Kelly y las nacientes discotecas. Hacia 1976, en pleno ascenso del punk, Starbuck se convertía en "maravilla de un solo éxito" con "Moonlight Feels Right" ("Se siente bien a la luz de la luna"), que aún se escucha en cierta estación radiofónica dedicada a la nostalgia. A pesar de que en 1979 los desorbitados The B-52’s incluyeron "There’s a Moon in the Sky (It’s Called the Moon)" en su excelso álbum debut, sólo Anne Murray subió a las cimas con "Shadows In the Moonlight" ("Sombras a la luz de la luna"), que llegó al lugar 25 y volvió a señalar que la luz era el punto de encuentro ideal para los amantes. La crisis en el cielo nocturno de los compositores se hizo evidente en los ochenta y la presente década. Hacia 1982, Bob Seger & The Silver Bullet Band lograron un segundo puesto con "Shame on the Moon", que señalaba que los hombres —como licántropos— olvidan las promesas de amor al dar la medianoche. En 1984, Dennys DeYoung llegó al décimo lugar con "Desert Moon" ("Desierto Luna"), que instalaba la agreste topografía en terreno accesible por ferrocarril. Los menos torturados ingleses de Duran Duran alcanzaron el décimo puesto con "New Moon on Monday" ("Luna nueva en lunes"), que, como curiosidad, presentaba a Simon LeBon balbuceando en español "la luuuna". La lista y este breve recuento concluyen con un gran salto hasta 1993, cuando R.E.M. pone "Man On The Moon" ("Hombre en la luna") en la posición 30 de las listas. Sintomáticamente, la letra de la canción parece apuntar a la crisis de credibilidad ante todo lo que ayer enorgullecía a los más jóvenes. La luna no es romántica y, asegura Michel Stipe, ni siquiera ha sido conquistada: "Mott the Hoople y el juego de la vida. Sí, sí.../ Andy Kaufman en un partido de vencidas. Sí, sí.../ Monopolio, veintiuno, fichas y ajedrez. Sí, sí.../ Si crees que de verdad pusieron un hombre en la luna/ entonces nada está bien".

Friday, October 9, 2020

Statue of John Lennon in Public Park - El Vedado - Havana - Cuba

Aunque John Lennon lleva 80 años de nacido y casi 40 de ser asesinado, considerar que está "muerto" es una falacia. Su influencia está en todas partes, su mensaje cada día es más vigente y válido. Lo que alguna vez hizo y fue considerado como una "locura" ahora es visto como un acto de genialidad. Toda la obra de Lennon, desde los 17 hasta los 40 años  de su vida, merece ser atendida, escuchada, vista.



Fue la más pura y popular encarnación del rock and roll. El ídolo de multitudes. El rey. Elvis Presley. Era blanco, se vestía de blanco y cantaba a chicas blancas; pero con voz de negro. La fama de este hombre hizo que el ritmo de Rock And Roll se hiciera conocer a nivel mundial gracias a su belleza física, a su agradable carisma y sobre todo a la maestría y talento de sus interpretaciones. El éxito de sus discos y películas solo puede ser comparado con el de Frank Sinatra y el de Los Beatles. Aunque creo que a Presley no le gustaría esa última comparación, por ser los Beatles ingleses, ni tampoco las imitaciones-homenajes del grupo Dread Zeppelin, que hacía covers interesantes de los Zep en ritmos de reggae con un cantante gordito y sudoroso vestido como Elvis durante su triunfal período de conciertos en Las Vegas. La fama de Elvis se mantiene; a veces cae un poco, y cuando eso ocurre oímos a alguien comentar que posiblemente esté vivo, y su fama alza vuelo nuevamente.

Personalmente considero a Elvis más un precursor que un rey en un sentido propio. Pero hay mucha justicia cuando lo llaman "El Rey del Rock And Roll," porque sin él este estilo musical no se hubiera expandido ni afianzado a un nivel global. Por primera vez la gran masa juvenil de quince a veinte años reconocía un estilo propio de musicalidad y rebeldía, y lo hacían suyo. Un ritmo considerado escandaloso en Estados Unidos y alienante en el extranjero. Pero en verdad alguien tenía que responder por toda esa amargura y desesperación que sentían los jóvenes en todo el mundo por la Guerra Fría, la cacería de brujas del Macartismo, la falta de empleo y oportunidades y el desentendimiento entre padres e hijos. La música de Elvis no intentó crear discordia ni odios entre generaciones, sino más bien buscar un entendimiento y un diálogo contando problemas juveniles relacionados con el amor perdido y la falta de comunicación. Canciones como Yakitie—Yak, Hound Dog, Heartbreak Hotel, Love Me y otras tantos magníficos temas que fueron distintivos de la primera etapa del cantante, antes de partir al servicio militar. La fama gigantesca que alcanzó Presley se basa en una triste realidad que siempre ha golpeado a los Estados Unidos: el racismo. La voz de un negro tocando blues es magistral; está llena de sentimiento y dolor, y no puede ser más sincera. Pero es la voz de un negro feo que no gustará entre las chicas blancas adineradas. Elvis tiene esa voz y es muy atractivo para las mujeres. Venderá. No creo que bluseros como Robert Johnson o Little Walter o rockeros como Chuck Berry o Little Richard hubieran tenido tanta aceptación. Elvis era pobre, pero blanco. Si hubiera nacido negro, no hubiera sido tan popular con las chicas ni con los padres que por primera vez aceptaban un estilo de música antes relegado a las minorías. Hasta antes de Elvis, los jóvenes escuchaban la música que los padres ponían en las enormes radiolas Grundig. Oían a Bing Crosby, a Frank Sinatra, a Eddie Fisher, a Guy Lombardo... Despues de verlo y oír, los jóvenes estadounidenses tomaron la decisión de hacerlo suyo y dejar a los mayores con su música, que no la consideraban mala, sino poco útil para la realidad de un adolescente. Los jóvenes lo imitarían, se vestirían con chaquetas de cuero, escucharían música bailable de los Jukebox, sacarían a pasear a sus rubísimas novias en sus motocicletas y de cuando en cuando, como Elvis lo hacía en cada una de sus películas, se agarrarían a trompadas por alguna que otra fémina. Los adolescentes europeos harían lo mismo; entre ellos dos chiquillos de diecisiete y quince años que empezaron a tocar juntos en un puerto pobre de Inglaterra llamado Liverpool. Los chicos se apellidaban Lennon y McCartney y también lo copiaban y querían llegar a ser famosos y elegantes como él. Pero esa es otra historia.
Como una extraña ironía de la vida, el más famoso cantante de rock and roll de todos los tiempos tuvo la carrera peor administrada que artista alguno pudo tener. Un éxito apabullante de 1956 a 1959; su servicio militar voluntario en Alemania aplaudido por la patriotiquísima sociedad americana; todo para encontrar al regreso, en vez de más discos buenos de blues y rock and roll de lo más puro, un absurdo contrato de 3 películas por año —la mayoría de ellas no tan buenas como le hacían creer a Elvis en el rodaje—. Su manager, el Coronel Tom Parker, nunca lo dejó ir a otros países ya que éste señor estaba de ilegal en los Estados Unidos y temía ser deportado si es que salía del país y no podía entrar de nuevo. No todo estaba en orden en la corte del rey. Qué clase de empresario puede hacer que su cliente firme un agobiante contrato fílmico mientras los Beatles y la British Invasion hacían que América (El continente América) se rindiera a los súbditos de Su Majestad. Si Elvis les hubiera dado a los Beatles un poco más de pelea, en vez cantar para el ecrán, muchas cosas en la historia del Rock habrían cambiado drásticamente. Quizás los Beatles no hubieran sido número uno en Estados Unidos en casi todas las semanas de 1964 y Elvis hubiera sido mucho más legendario de lo que ahora es, si es que se puede llegar a serlo.
Para los chinos, según una encuesta, las tres personalidades más influyentes del mundo occidental en China son Jesucristo, Richard M. Nixon y Elvis Presley. Los dos últimos trabajaron juntos para controlar la fuerte invasión extranjera en las radios y pregonar un patriotismo que tenía que catalizar en la juventud americana porque por primera vez los Estados Unidos perdían una guerra en Viet Nam y los jóvenes, supuestamente patriotas, no querían pelear. Elvis tenía a su cargo una organización que vigilaba a los traficantes de drogas en el mundo del espectáculo y se encargaba de mantener limpios a aquellos nuevos rockeros adolescentes que querían portarse mal. No era un secreto tampoco que tenía muchos amigos y contactos en la CIA. Digamos, por así decirlo, que Elvis también traicionó algunos ideales de la generación del Rock and Roll al dejarse envolver por el stress de la fama y llenarse de dólares que lo alejaron de la gente y de la vida a la que él gustaba cantarle. Las penas de un camionero, las tribulaciones del amor, las alegrías de una madre.
2007 Conmemorará el trigésimo aniversario de la muerte de Elvis Presley. Una muerte que, por lo visto, no es tan real como se pinta si consideramos que todo el mundo sigue obsesionado con él. Me pregunto por qué tanta gente en Estados Unidos piensa que podría estar vivo. Por qué algunos aseguran haberlo visto comiendo donas en una playa en Hawaii, o acomodando adornos en Graceland, o cubierto con una barba y unos lentes de sol conduciendo un camión en Memphis. Es una locura, pero una locura simpática porque subraya la idea de que a un fan no se le puede engañar. Se suele comentar que Elvis está vivo y que no es tan fantasiosa la idea. No puedo asegurar que está vivo o muerto porque en los últimos años han aparecido pruebas interesantísimas que podrían demostrar que Elvis fingió una muerte rápida y basada en su mal compañero (la gordura y los excesos de píldoras) para desaparecer del mundo de la farándula y cantar en algún sitio, a la gente que él quiere que lo vea, sus blues. La fama lo estaba asesinando poco a poco y era evidente. Ya no era el atractivo joven que bailaba con su guitarra y volvía locos a sus fanáticos hacíendolos comprar sus discos y souvenirs a montones. Se estaba volviendo en una absurda imitación de si mismo. Su grupo de "rock and roll" de los setentas incluía secciones de viento, orquestas y varios guitarristas y sus canciones ya no eran de rock and roll. Se había convertido en un baladista. ¿Habrá querido eso? ¿O se dejó llevar por las órdenes de su manager, el coronel Tom Parker?
He aquí algunas razones por las cuales los fanáticos de Elvis consideran que podría estar vivo. No hay ninguna afirmación en ellas, solo conjeturas. Pero qué interesantes:
  • El más grande cantante de rock and roll americano fallece el 16 de agosto de 1977 y en vez de hacer unos funerales dignos de un artista de su talla, se hace un rápido cortejo fúnebre en su casa donde ninguna foto puede ser tomada. Solo una foto borrosa saldría de ese funeral. Se cree que un fan de Elvis deshauciado se hizo pasar por él. En verdad, el cadáver se parece a Elvis pero hay rasgos que hacen dudar, como una nariz más larga y una delgadez más evidente. La presidenta del club de fans, que difícilmente logró entrar a dicho funeral, al ver el cadáver dijo: "Ese no es Elvis"; a lo que el padre del rey ambiguamente respondió: "Elvis está en el segundo piso". Se cree que Elvis vigilaba todo lo que ocurría en su propio funeral.
  • El entierro se hizo en un cementerio cercano, pero, debido a la insistencia de algunos fanáticos que querían abrir el ataúd para rendir póstumo homenaje a su ídolo (de paso robar el cadáver), el ataúd fue trasladado en secreto al mausoleo privado de la familia Presley, una Ley estadounidense establece que ningún mausoleo puede abrirse hasta después de 50 años. Para el año que caduque esa ley, 2027, Elvis de hecho que estará bien muerto.
  • Como los musulmanes con la ciudad de La Meca, todo buen fan de Elvis tiene que visitar alguna vez en su vida Graceland, la casa de Elvis, considerada la segunda casa más visitada en los Estados Unidos después de la Casa Blanca. Ahí se lee en el mausoleo de Elvis: "Aquí yace Elvis Aaron Presley". Se sabe que su verdadero nombre fue Elvis Aron Presley. Una prueba es dicho nombre impreso en el bolso que llevaba a Alemania cuando se iba a cumplir su servicio militar. No voy a extender el tema de cuántas barbaridades se pueden decir de una persona con solo alterar una letra de su nombre. Quién sabe si los maquinadores de dicho supuesto engaño querían quedar bien con la decencia americana de decir la verdad, así no lo parezca.
  • El día de la muerte de Presley, la fábrica de discos de RCA trabajó al máximo. Hubo sobreproducción de álbumes de Elvis y hasta ahora se han vendido muchos más discos después de muerto que en toda su carrera. La pregunta que muchos se hacen es: ¿Ya sabía con anticipación la RCA que algo tan trascendental, y a la vez triste, iba a ocurrir con Elvis para prensar tantos discos? ¿No será que todo estaba planeado de antemano?
  • ¿Por qué su ex-esposa Priscilla es la que maneja todo el Merchandising de Elvis si se supone que rompieron palitos cuatro años antes de su muerte? ¿También fue un divorcio fingido? No son raros en el mundo de la farándula.
  • Otra conjetura, relacionada con la numerología, dice que la fecha de la muerte de Elvis Presley 16—8—1977, si son sumadas las cifras, dan 2001, año en que muchos hinchas esperanzados creyeron que Elvis reaparecería del anonimato (no, no pasó nada). En sus conciertos de los setentas, Elvis utilizaba como cortina musical de apertura la fantástica pieza Also Sprach Zarathustra de Richard Strauss, que fue utilizada para la formidable película 2001: A Space Oddysey, de Stanley Kubrick. Algunos creen que dicha cortina, relacionada con el título del film, daba una idea a los fans de cuánto debían esperar para volver a ver a su ídolo cantar de nuevo. En el 2001 Elvis tendrá (perdón, tendría) 66 años, y a los 66 años es bien difícil cantar con la misma fuerza como cuando se tiene 22.

Todas estas suposiciones tienen como rival a una conclusión fría y certera que afirma que Elvis pasó a mejor vida y que solo vive cuando lo revivimos en sus magníficas canciones: si Elvis estuviera vivo, no hubiera dejado por ningún motivo que su única hija Lisa Marie se case con un tipo tan raro y traumatizado como Michael Jackson. Creo que ni muerto hubiera permitido ese casamiento. Bueno, imaginemos por un momento que en el año 2001 Elvis Presley aparece ante las cámaras de un programa de televisión, por ejemplo, el de Barbara Walters o el de Oprah Winfrey diciendo que estuvo escondido todos estos años porque quería la paz pueblerina que había perdido a los veinte años y que agradece a todos los fans por esperar. Que él sabe cuánto sufrieron los verdaderos fans y que él tampoco los abandonó y les dio más discos. Cualquier cosa parecida que suceda, sería el mayor escándalo de la farándula que hubiera ocurrido en toda la historia. Ningún incidente se le parecería.

A Elvis Presley hay que agradecerle el tremendo avance de la música popular, la que, parafraseando a César Vallejo, viene del pueblo y va hacia él. Dicho avance es el más grande que arte alguno pudo haber tenido en la breve historia del ser humano. Su repercusión es gigantesca y se sentirá por muchos años, más allá del 2001.

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Wednesday, October 7, 2020

Another World (Columbia, 1977)
Children of the World (Columbia, 1979)

Ambos disponibles en la caja Complete Columbia Albums Collection (Sony, 2013) 


Stan Getz, el saxofonista a quien llamaban “the Sound” por su tono suave y siempre cargado de fino sentimiento, fue uno de los artistas de jazz que más cruzó barreras, las destruyó y creó nuevas tendencias en la música popular. Fue él quien ayudó al guitarrista Charlie Byrd a traer a la Bossanova a los Estados Unidos con el disco Jazz Samba y posteriormente a popularizarla al extremo con Getz/Gilberto, álbum grabado con la participación y las composiciones de Antonio Carlos Jobim, la voz y guitarra de Joao Gilberto y la magnífica, brillante voz de su esposa Astrud. Fue Stan Getz quien tuvo la idea de que ella cante “The Girl From Ipanema”, ante la oposición de su esposo. Getz insistió, logró que Astrud la cante y gracias a esto no sólo hizo que el disco ganara el Grammy al álbum del año 1964, venciendo al mismísimo A Hard Day’s Night de los Beatles, sino que cruzó la frontera entre Norteamérica y Sudamérica, la destruyó, y creó el Brazilian Jazz en Estados Unidos y la Bossanova en Brasil.

Getz hacia fines de los setentas, cual adicto a la heroína, obviamente quería más. Una nueva casa discográfica le había dado la oportunidad de grabar discos experimentales con artistas jóvenes como el pianista Andy Laverne y una nueva generación severa y positivamente afectada por el Bitches Brew de Miles Davis. El saxo tenor de Getz ahora tenía un efecto alucinante llamado Echoplex, el cual creaba texturas, monumentos, paisajes sónicos de gran envergadura usando como base el tono tradicional del saxofonista. Stan Getz no dejaría de usar ese efecto hasta 1991, año de su muerte. Y el tema “Another World” es el mejor ejemplo de esta técnica.

Por tanto, 1977 y 1979 fueron dos años en que Getz cruzó su propia barrera personal y prácticamente empezó a tocar música completamente distinta a la que había hecho hasta ese entonces. También sintió el flujo creativo e innovador del Bitches Brew, pero esta vez sus oídos estaban mucho más enfocados en la juventud de los músicos y en lo que podían hacer, bajo su dirección, con sus instrumentos. El saxofonista estaba dispuesto a ser el nuevo Miles Davis, aprovechando que este último estaba pasando un exilio temporal. Miles reclutaba jóvenes con ideas musicales puras y "corruptibles" para con ellos crear verdaderas nuevas direcciones. Stan Getz iba a hacer lo mismo con Another World y Children of the World.

Hasta mediados del 2010, estos dos discos estaban descatalogados por la Sony Music/ BMG/ Legacy o como se llame dicho conglomerado (muy pronto sólo habrá una sola casa discográfica grande, se los prometo), felizmente la caja Complete Columbia Albums Collection lanzada en el 2013 se ha encargado de incluirlos en CD.

Another World es un álbum doble de fusión que puede codearse con lo mejor de Weather Report, Return to Forever y Wishful Thinking, que eran los grupos a los que Getz quería parecerse. Poco antes de las sesiones de grabación, el saxofonista se dio cuenta que los músicos de su generación estaban empezando a pasar al olvido gracias a la poca divulgación de su material y también, en cierto modo, a su arrogancia. Miles Davis había dejado la trompeta y no volvería a tocarla hasta 1982 con una nueva generación de músicos de las canteras más productivas; del mismo modo que logró hacerlo en 1969 con la tropa del Bitches Brew. Getz buscaba color, innovación, experimentación y alma en su música. No la iba a encontrar con viejos vinagres. Tuvo que recurrir a jóvenes hambrientos de fama y aún entusiasmados en producir música de vanguardia; porque en el Jazz la ley es renovarse o morir. Mike Richmond es un bajista del cual se ha hablado muy poco, pero demuestra en este disco un nivel musical fuera de serie, especialmente en la técnica de stacatto-slapping que desempeña en "Club 7 And Other Wild Places".

Children Of The World es menos experimental pero no por eso menos interesante, ya que es todo un estudio en estilos de percusión del mundo, desde el Raga hindú hasta el montuno caribeño, todo envuelto en un paquete colorido y de comfortable escucha. Lanzado en homenaje al año internacional de los derechos del niño, Getz quería alcanzar a una audiencia más amplia: la portada, un bello dibujo de Charles M. Schulz que presenta a Snoopy tocando el saxofón y a Schroeder en el piano, tenía como objetivo atraer a los niños y adolescentes y hacerles escuchar música jazz instrumental de la buena, en muchos casos por primera vez. Todos los temas, con excepción de "On Rainy Afternoons" y "Don't Cry For Me Argentina" (del musical Evita) fueron escritos y arreglados no por Getz sino por el argentino Lalo Schifrin, un compositor y pianista famoso por miles de temas de TV y cine, especialmente el vibrante tema de la serie "Mission: Impossible". La idea del disco era, partiendo del arreglo que Schifrin le hacía al tema de la ópera sobre la vida de su compatriota Eva Perón, atraer a más gente, especialmente niños, al mundo del jazz moderno usando melodías simples, pero manteniendo como base una complejidad concordante con la filosofía del saxofonista: Getz repetirá su viaje cósmico con el echoplex en "Summer Poem" y "The Dreamer" y mantendrá un trance de ocho minutos de una canción de una sola nota, Si bemol, llamada “Around The Day In Eighty Worlds”. Son dos ejemplos de alucinadas a las que Getz estaba acostumbrado en esa época; pero obviamente él no se desviaba del objetivo de alcanzar a una audiencia más jóven con música más fácil, romántica y amena, como "You, Me and The Spring".

Complete Columbia Albums Collection es la mejor opción para adquirir estos dos y otros discos formidables de la discografía Getz en su periodo experimental de Columbia Records.

Friday, October 2, 2020


https://www.sfgate.com/entertainment/article/Readers-tales-of-life-changing-mix-tapes-3216062.php



Christopher Cross (Warner Brothers, 1980)
CHRISTOPHER CROSS

Éste es un caso de ciencia ficción para la industria discográfica, inclusive la de hace 30 años. Un cantante subido de peso cuyo álbum debut le hace ganar cuatro Grammys, vende más discos que pan de molde y es adorado por la crítica, el público y la FM. Al mismo tiempo, dicho cantante es increíblemente feo y sin gracia, incapaz de volver loca a una solterona. Pero igual, la gente sigue comprando su disco debut porque su música es extremadamente buena, irresistible. En 1980 dicho cantante lanzó uno de los mejores álbumes jamás producidos en la costa Oeste de los Estados Unidos. Su álbum "homónimo" Christopher Cross (homónimo entre comillas, ya les contaré por qué).

El gordito tiene una voz irresistible. Aunque pareciera no tener nada en especial, es una voz atrayente porque es sencilla pero a la vez engañosa: uno cree poder cantar y sonar parecido a él, pero intenten cantar "Ride Like The Wind" en un Karaoke y ganarán el premio por la mayor cantidad de gallos y desentono. 



Revisando las revistas de la época, encontré que a Christopher Cross lo presentaron no como cantante solista, sino como banda. Una banda que tenía el nombre del vocalista y guitarrista. Extraño, ¿verdad? No tanto. No sabían qué hacer con su físico. El departamento de artistas y repertorios de la Warner Brothers había recibido ya alguna cinta de demostración de Cross y éste ya había grabado un single mucho antes con otro nombre. En la edición 320 de la revista Rolling Stone (Junio de 1980), se puede notar que el disco encantó al crítico de la revista y que la información del artista (o el "comunicado de prensa") ya venía preparada directamente de las oficinas de Bugs Bunny y el Pato Lucas.
  
Christopher Cross era una graciosa versión humana de Porky, un gordito sin afeitar que pareciera aún seguir viviendo con sus padres en el sótano y cuyo comportamiento social era digno de un científico loco o fanático de Star Trek. Algo tuvo que pasar en las oficinas de la Warner para decidir lanzar a un cantante tan ganso. Christopher Geppert se cambió de nombre en 1970 a uno mucho más cristiano y lanzó un single, "Talk About Her" que no llegó ni a la esquina. Al enviar sus cintas de prueba y lograr una audición en vivo en la Warner Brothers en 1978, los ejecutivos quedaron fascinados de la voz del chico y de la cohesión de su banda: Rob Meurer en los teclados, Andy Salmon en el bajo y Tommy Taylor en la batería. Meurer y Salmon habían estado tocando con Cross en una banda de covers llamada Flash en las fiestas de la Universidad de Texas a inicios de los setentas y fue ahí donde Cross empezó a desarrollar un estilo personal en su voz; definitivamente influenciado por Paul McCartney y los discos hermosos de Steely Dan y Chicago que aparecieron entre 1972 y 1977. Los ejecutivos de la Warner tenían signos de dólar en los ojos, pero sabían que mostrando esa cara de rechonchito inocentón con barba de dos semanas y panza de couch potato, iban a perder el fuerte de su mercado: las quinceañeras compra-discos. 
 


La decisión estaba tomada: El contrato sería como artista solista, pero se anunciaría y promocionaría a los cuatro vientos que se trata de una banda llamada "Christopher Cross"; ésto para evitar que la foto del gordo salga en la portada, o en la contraportada, o en el sobre interno. Porque el "cantante de la banda" no era atractivo: no era un Donny Osmond, y felizmente para él en 1979 no existía la MTV todavía y la estrella de radio, aún, era más atractiva que la del video, porque esta última obviamente tampoco existía.
 
La producción de Christopher Cross no tuvo precedentes en un álbum debut. El mejor productor de la Warner Brothers, Michael Omartian, fue contratado para trabajar en el disco. Michael McDonald de los Doobie Brothers, Don Henley de Eagles y la angelical Nicolette Larson le harían los coros. Valerie Carter cantaría con él un dueto en "Spinning". Y no sólo eso: la lista de invitados en el disco se convertiría en la de una fiesta Post Grammy: J.D. Souther, Valerie Carter, Mirna Matthews, Marty McCall (voces), Eric Johnson, Larry Carlton (guitarras) y los eternos de la Warner Lenny Castro y Victor Feldman (percusión). Eran épocas de mucho dinero en la industria discográfica, y la casa Warner era hogar de artistas de primer nivel dispuestos a cooperar con artistas nuevos de la familia.

Sobrecogedor, ¿no es verdad? Toda esta parafernalia para el debut de un cantante..., perdón, banda en la Warner Brothers. De haber aparecido en la década del dosmil, Cross hubiera sido descalificado en la primera ronda de American Idol y estaría hoy tocando en pequeños locales, con su esposa vendiendo CD's con su rostro en la carátula, junto a la barra. Pero eso sí, sus composiciones serían iguales de interesantes que las encontradas en Christopher Cross. "Ride Like The Wind" estaba dedicada al recientemente fallecido líder de Little Feat, Lowell George, y entre suaves coros y percusión andante nos contaba la historia de un asesino en masa tratando de escapar la ley y cruzar la frontera hacia México. Cross demostraría lo buen guitarra solista que era en este tema, al igual de lo sentimental que podía llegar a ponerse en "Sailing", la canción estrella del álbum. Una balada sobre navegar buscando la felicidad con un arpegio de guitarra irresistible. Es probable que muchas canciones se inspiraron en "Sailing" (como por ejemplo, estoy seguro, "Time" de Alan Parsons Project) y que muchos bebés fueron concebidos gracias al romance que fomentaba la melodía, aunque se trataba de una canción sobre la soledad como felicidad, más que nada.

Cross arrasó con los Grammys de 1980: álbum del año, canción del año y grabación del año ("Sailing") y mejor nuevo artista. Nunca antes se había dado un caso así, y sólo se repetiría con Norah Jones en el 2002. El éxito fue rotundo y redondo como la panza de Cross. Cuatro millones de copias vendidas hasta 1983. Las radios no se cansaban de él. El California Sound entró triunfal a los ochentas con su voz. El éxito le llegó de inmediato. Dinero, reconocimiento, mujeres... y porsupuesto el ya tradicional divorcio después de conocer a una chica de la alta sociedad mucho menor que él, Paige McNintch. Se enamoró perdidamente de ésta y le dedicó su disco siguiente, Another Page (en tributo a su nombre y a la nueva etapa de su vida). Cross hizo ejercicio, comió ensalada y dejó la hamburguesa con papas fritas, bajó de peso y se afeitó. Un éxito más, "Arthur's Theme (The Best That You Can Do)" de la película Arthur le dió un Oscar en 1982 y el futuro se veía prometedor... 

Pero si ustedes no saben quién es Christopher Cross y sí saben quién es Elton John o Billy Joel quiere decir que su carrera no llegó muy lejos.



Y es que con la música pop (o "Pop N' Roll" como definía Cross su propio estilo), la regla es renovarse o morir. Está bien escribir canciones que gusten a la masa y que sean buenísimas como "Never Be The Same" y "Say You'll be Mine", pero eventualmente el jugo se acaba o la gente se aburre de tanta azúcar con vocecita aquí y conguita acá y tecladito en cuarta suspendida. Christopher Cross ahora entretiene abuelas debido a su sobreexposición y al marketeo inclemente de la Warner, quien usó al cantante y  lo expectoró como cualquier casa disquera mayor, de las que felizmente van quedando pocas. Que ésto sirva de lección a todo aquel artista que logre un éxito rotundo al primer intento: guardad pan para Mayo, que está a la vuelta de la esquina.

Wednesday, September 30, 2020

Nos acabamos de enterar del fallecimiento de Joaquín Lavado, "Quino", creador de Mafalda. Aquí una reseña del libro que compila todas las tiras cómicas dibujadas entre 1964 y 1973.

Descanse en paz Quino (1932-2020).


(Joaquín Lavado "Quino", Editorial Lumen, 1992)


Encuentro con Quino (13333944485) Lo intrigante y horrendo de leer a Mafalda, la tira cómica más importante de Latinoamérica, es que la situación política del mundo no ha cambiado de estado; salvo de nombres o catalogaciones políticas. Ahora ya no es Vietnam, es Irak o Afganistán. La Unión Soviética no existe, se fué con el Muro de Berlín, pero occidente mira al Medio Oriente con desconfianza y el nuevo Krushev se llama Ahmadinejad. De igual modo, con otros nombres, siguen existiendo luchas de clases, y los que alguna vez estuvieron en el lado izquierdo se pasaron al derecho, y viceversa. La misma chola con distinta pollera.

Mafalda duró aproximadamente una década, entre 1964 y 1973, lo cual para una tira cómica sindicada hoy en día es muy poco tiempo, casi nada. Pero su legado y crítica social fue tan profunda que creó una identidad latinoamericana que recién en los sesentas estaba empezando a ser propia y dejando de ser un reflejo del colonialismo que hasta ahora agobia a los latinos. Mafalda duró quince minutos, pero sus tiras se siguen leyendo y sus dibujos no han envejecido en absoluto: la razón de su existencia, la cual es una mirada irónica a las injusticias sociales, no ha envejecido tampoco. 

Si uno ve lo que Quino dibujaba a mediados de los sesenta encontraría una Buenos Aires atolondrada pero segura para que los niños puedan jugar en la calle. Mafalda es una niña entre 6 y 10 años que ve cosas que sus amigos no ven. Por alguna razón, se encuentra a la distancia y tiene una vista panorámica de la realidad argentina y mundial. Tiene el poder de cuestionar y criticar a la sociedad y al sistema económico, en el cual se encuentran su familia y amigos, y eso a su edad no es reprimible porque después de todo, es una niña y hablar no es una malcriadez condenable como la que podría hacer un periodista independiente. Pero vean cómo Quino fue tildado de comunista por la derecha latinoamericana y cómo en Cuba lo acusaron de ser un revisionista por criticar a Fidel y a la Revolución Cubana cuando Mafalda, en una famosa viñeta, lo tildó acertadamente de "cretino".

Mafalda además nos hizo ver que ser inteligente tiene un precio muy, muy caro. Nadie que desee conservar un trabajo, una carrera, una posición social o inclusive un matrimonio osaría cuestionar lo establecido de la misma forma que ella lo hizo en diez años y no esperar represalias. Nos ha pasado a todos en algún momento de nuestras vidas: expresamos nuestra propia opinión, y recibimos la rica represión. Mafalda, al estar a la distancia, no la recibía. Quino sí.

Hablando de distancia, en una de las tiras, Mafalda le pregunta a Felipe, su amigo de edificio, si se podría imaginar cómo sería la realidad si no existiera la distancia como concepto. Felipe imagina que todo estaría ahí mismo, sin posibilidad de separación por espacio o tiempo: Vietnam, Pelé, Cuba, el Kremlin, el Pentágono… y ¡plop! El dientudo se desmaya. Felipe hubiera sufrido de un surmenage terrible de haber vivido en esta, la era de la información rápida y constante. Los amigos de Mafalda fueron tomando mayor relevancia y llegaron a tener historias personales fuera de los ojos de la protagonista. Manolito y su pasión por el dinero y los negocios, Susanita y su visión machista ortodoxa, Libertad y su radicalismo político, Miguelito y su individualismo extremo… todos fueron desarrollándose en medio de juegos en el parque, música de los Beatles, y lo horrible que era ir a la escuela para luego ver televisión malísima. La inocencia de Mafalda y sus amigos ponía al desnudo lo absurdo de la realidad argentina: no el hecho de que exista, sino de la incapacidad de ésta por cambiar.

-Dios, qué asco de programa...
-Disculpa, es la costumbre.

La fuente de los conocimientos de Mafalda, que forjan su ojo clínico al mundo, definitivamente no fueron las conversaciones de sus padres, a los cuales ella quería pero consideraba mediocres. Al principio fueron los periódicos y la radio, y posteriormente la televisión. Mafalda llamó al conflicto árabe-israelí "Tom y Jerry", por lo repetitivo e inacabable. China comunista (ahora "República Popular: Una nación dos sistemas") le daba miedo principalmente porque mientras Argentina dormía, los chinos estaban trabajando. ¿Estados Unidos? El imperio Yanqui como que le daba pena, sabiendo lo mal que la estaban pasando en Vietnam y lidiando con los conflictos por los derechos civiles y la muerte de los hermanos Kennedy y la de Martin Luther King. Yo a los ocho años no opinaba de esa manera; es más, no leía los periódicos salvo para leer los comics o el suplemento "Jaimito" (del diario Correo). El único caso "registrado" de un niño que sabe todo y puede discutir de temas adultos es el de Jesús de Nazareth, cuando fue encontrado por sus padres conversando con los sabios del Templo. Mafalda es una niña normal, común y silvestre sin otro pasatiempo que el de vivir la niñez al máximo. Sin embargo, lo mal que el mundo anda le causa pena, al igual que a todos nosotros, tengamos la edad que tengamos.

Hace 50 años Mafalda hacía bailar la samba, la cueca, el vals y el joropo a toda Latinoamérica con su propio pañuelo. La era M está compilada en su totalidad en el gigantesco tomo Toda Mafalda, en donde vemos la evolución del personaje, que empezó como un niño, pero por motivos publicitarios de la marca Manfield, se convirtió en una niña rebelde con un nombre similar. Mafalda era esperada por muchos lectores de periódicos como El Mundo, al igual que miembros del poder político de la Argentina de los sesentas, los cuales rebuzcaban en sus viñetas alguna crítica hacia ellos. Varias tiras fueron censuradas por comentarios literalmente infantiles. De más está decir que hoy en día los caricaturistas la tienen fácil en países democráticos; salvo aquel danés que hace algunos años casi es asesinado por un extremista islámico por dibujar al profeta Mahoma. Quino pudo haber sido arrestado por su Mafalda y otros dibujos de no haberse exiliado en Milán, Italia, poco antes del golpe militar del 76 en Argentina. Dibujantes como él, críticos de aquellos que no aguantan pulgas y que intentan controlar todo, necesitan un espacio libre siempre.

El éxito de la tira fue inmediato y hasta literatos como Gabriel García Márquez y Umberto Eco alababan la creatividad y desfachatez de un personaje que tenía elementos de Snoopy y de Periquita, pero nada de Daniel el Travieso o The Family Circus. Mafalda es eterna, y de haber envejecido hoy tendría aproximadamente 55 años y sería la traductora profesional que, trabajando en las Naciones Unidas, lidia con la misma historia mundial que vió desenvolverse desde que ella nació. 

El mensaje de Mafalda es único y universal: No existe la libertad a medias; grande o chiquita.

Tuesday, September 29, 2020



The Beatles Anthology 1 (Apple, 1995)
The Beatles Anthology 2 (Apple, 1996)
The Beatles Anthology 3 (Apple, 1996)
Podría afirmar, sin duda alguna, que el suceso fonográfico más importante de 1995 fue el regreso de "los cuatro grandes de Liverpool" gracias a sus "nuevas" producciones. Los Beatles reaparecen finalizando el siglo ante una nueva generación de fanáticos dispuestos a escuchar el mejor rock and roll jamás grabado; a oír diferentes versiones de las canciones que quedaron en la memoria de los baby boomers y a desempolvar temas olvidados por el productor George Martin y los ejecutivos de EMI, la casa discográfica de Los Beatles desde 1962 hasta la fecha.
 
Esta idea no es tan reciente ni sorpresiva como se pudiera pensar. Había estado forjándose desde 1992, año en que se celebraban los 30 años del primer single, "Love Me Do" y las bodas de plata del álbum cumbre de la música pop: Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band. El proyecto de juntar material como para una caja de discos compactos y un extenso documental fue concebido por Paul McCartney con el nombre de The Long And Winding Road (igual que un tema compuesto por él durante la disolución del grupo); pero la EMI se mostraba reticente por razones desconocidas. El año clave sería 1995; cuando se conmemorara el vigésimo quinto aniversario de la separación legal de Los Beatles y 15 años de la absurda muerte de Lennon.


Pero desde mucho antes de la realización de este proyecto, mi grupo de amigos coleccionistas ya conocíamos ciertas rarezas sonoras de los Beatles gracias a la piratería fonográfica. Todos habíamos completado la colección original antes de cumplir dieciséis y queríamos más música. Sabíamos de la existencia de grabaciones no autorizadas que ofrecían mucho material que la EMI no había editado; de ahí que conseguir grabaciones raras se convirtió para nosotros en un feliz redescubrimiento del sonido Beatle; como si ellos lanzaran nuevas canciones sólo para nosotros.


En el caso de los Beatles, la razón objetiva de la piratería es evitar el pago de los derechos de autor de las canciones Lennon—McCartney (cuyo mayor accionariado pertenece ahora a Michael Jackson) para una mayor ganancia de los productores. Meses después de la separación de los Beatles, alrededor de 1971, los corsarios del sonido empezaron a hacer de las suyas gracias al mejoramiento de los equipos amateur de grabación de conciertos y su posterior copiado. Allegados a los Beatles ya habían difundido ilegalmente las cintas guardadas por la EMI (quizás a sabiendas de los cuatro).


Para 1977 la piratería había saqueado los archivos de la mayoría de rockeros, sin olvidar a los Fab Four. Un caso excepcional fue el de una vieja grabación de una actuación en Hamburgo, allá por 1962. Debido al éxito de esta grabación pirata, un pequeño sello alemán compró la cinta original a su dueño y la editó legalmente. Esta reliquia era uno de tantos testamentos dejados por una banda de rock and roll antes de ser la mejor y más popular del mundo. Desde entonces los piratas empezaron a desempolvar muchas grabaciones "ocultas" para asombro de los beatlemaniacos. Se podía oír a unos adolescentes John, Paul, George y Stuart Stutcliffe tocando "That'll Be The Day" de Buddy Holly o probando sus primeras composiciones propias. En esas grabaciones de contrabando se oían temas de Lennon-McCartney tan notables que habrían sido grandes éxitos si la EMI los hubiera lanzado como "I'll Be On My Way" o "That Means A Lot." Estas grabaciones eran sustraídas, copiadas y regresadas a los estudios por los piratas fonográficos que vendían las copias a buen precio entre las disqueras ilegales. Se distribuían clandestinamente, copias de copias, entre disc—jockeys, fans y coleccionistas en Inglaterra y de ahí a Europa y Estados Unidos. Las grabaciones piratas que llegaban a las diversas compañías ilegales del mundo estaban plagadas de siseos, distorsiones y ruidos originados por la pésima calidad de las copiadoras. Además —más peligrosos aún— estaban el tiempo, el polvo y la humedad, que hacían que las cintas originales archivadas se fueran deteriorando poco a poco.


Casi todas las sesiones y actuaciones importantes realizadas por los Cuatro Grandes están en el inmenso catálogo pirata. ¿EMI? bien gracias, haciéndose la vista gorda: "no sabemos nada". Los fans como mi grupo de amigos se regodeaban con todas esas joyitas que aquí se adquirían primeramente en informales del centro de Lima y luego, con la llegada de los CDs, hasta en algunas tiendas limeñas. "¿Por qué la EMI no lanzará estas cosas con una mejor calidad de sonido?" nos preguntábamos siempre que escuchábamos un tema de los archivos.


El resumen de material inédito más interesante, aunque de sonido defectuoso debido a las innumerables copias, es una colección ilegal de 2 cajas de CDs quíntuples llamadas The Beatles Artifacts 1 & 2 aparecida entre 1993 y 1994 y editada por un supuesto "sello" discográfico "italiano" (se rumorea que la mayoría de CDs piratas que vemos en el mercado "negro" se manufacturan en Panamá o en alguna otra zona franca, lo cual no puedo demostrar). Esta colección nos permitía sumergirnos en magníficos instantes de la vida de los Beatles como las sesiones de su primer álbum; la famosísima presentación en el Show de Ed Sullivan; Paul cantando el hermoso tema "That Means A Lot;" una versión de 17 minutos de "Strawberry Fields Forever" —empezando con John ensayándola con su guitarra hasta la versión orquestada con música de cámara y cuarteto de cuerdas— y los ensayos hindúes de George Harrison llevando la música de occidente hacia niveles más avanzados de entendimiento. La colección Artifacts tenía fallas de audio imperdonables, pero valía la pena conseguirla o copiarla debido a su contenido histórico (eso es lo bueno de los piratas, que no se complican la vida con derechos e impuestos).


Mis amigos y yo estábamos seguros de que era la mano de Paul la que había rebuscado, extraído y publicado tan maravillosas reliquias; lo cual nunca se podrá probar del todo ya que ningún fan querría acusar a su ídolo de evasión de impuestos. Y es que ahora Paul recibe menos regalías por sus canciones de las que recibe el mayor accionista, Michael Jackson (quien pagó una millonada por los derechos de Lennon—McCartney) o Yoko Ono (debido a una ley inglesa que pensiona a las viudas e hijos de autores fallecidos). Por eso es que Paul gana una miseria si alguien graba legalmente Yesterday, escrita por él pero fichada como Lennon—McCartney en los registros, lo cual creo que fue un error. Me imagino a Paul quejándose de esto con su esposa Linda: "No puede ser que otro gane más que yo por canciones que yo mismo escribí. Encima tengo que pagar impuestos, que me quitan el 80% de mis ganancias y ni EMI ni Capitol Records mueven un dedo por mí ni por mi pasado. Ni contar con ellos para difundir estas rarezas que mis fans esperan." Una nota curiosa que me hizo sospechar: en las libretas mal impresas que vienen con la colección Artifacts, aparece más veces la cara de Paul que las de los demás escarabajos.




En noviembre de 1995, ante la expectativa de la difusión del programa Anthology por la cadena ABC, un conocido nuestro apodado "El Pirata" (solamente compra, vende y colecciona música de contrabando) se presentó con su Walkman y me invitó a ponerme los audífonos. Ahí pude escuchar con suma dificultad a John y su piano cantando Free As A Bird, en una pésima grabación casera de 1977. Según me contó el Pirata, el cassette, que lo compró a un ambulante en el centro de Lima, contenía fragmentos de un programa radial difundido en Londres poco después de la muerte de Lennon. En esos audífonos se escuchaba la cinta original sobre la cual George, Paul y Ringo habían tocado y cantado para que sea el primer single de los Beatles en 25 años. Era un sueño para cualquier fanático menor de treinta que no pudo gozar la Beatlemania en su propio tiempo. La EMI no podía quedarse atrás ante la piratería que les robaba dinero ni ante el renacimiento de la filosofía Beatle gracias al éxito reciente de bandas inglesas como Oasis y Blur, pertenecientes a la nueva "invasión británica."
 

Apple Corps., la disquera creada por los Beatles, reconoció, por fin, la existencia de esos archivos ya violados por los piratas y sus ejecutivos dijeron: "Tenemos que mostrarlos. Sólo hay aproximadamente diez horas de material original de los Beatles y en total hay más de trescientas. Tenemos que darles una paliza a los Piratas de una buena vez". En diciembre de 1994 la EMI lanza The Beatles Live at The BBC, con casi sesenta canciones que fueron parte de su repertorio en sus continuas visitas a la emisora radial British Broadcasting Corporations entre 1962 a 1965. Este formidable CD doble tenía la noble misión de tantear el mercado y ver la respuesta del público que esperaba ansioso el material inédito prometido a inicios de 1994. El álbum llegó al tope en las listas británicas y al Top Ten en Estados Unidos y la EMI dio luz verde al proyecto Anthology: un álbum enorme de rarezas y un especial de TV que reunía a los tres Beatles vivos para que cuenten, en sus propias palabras, su gran ascenso al Olimpo de la música. Contaban con Jeff Lynne (de ELO) como productor para los nuevos singles "Free As A Bird" y "Real Love", las cintas caseras de John que Yoko entregó a Paul a inicios de 1994.

Anthology 1 contiene los primeros intentos de los Quarrymen registrados en frágiles discos de carbón de 78rpm; nos lleva a Hamburgo y redescubrimos la tradicional y nostálgica My Bonnie, cantada por Tony Sheridan y producida por Bert Kaempfert. Incluye además temas de algunas de sus presentaciones más notables como la del London Palladium ante la Familia Real (es ahí donde John, antes de cantar Twist and Shout, pide a la concurrencia de la cazuela aplaudir y a la nobleza que cascabelee sus joyas). Lo más sorprendente de este volúmen es la nitidez de las sesiones para la Decca records. En 1962 John, Paul, George y el baterista Pete Best grabaron unos demos que fueron rechazados después por los ejecutivos de la disquera. Alguno de ellos habría dicho: "Hay demasiados grupos mediocres con guitarras que en cualquier momento pasarán de moda. No son rentables". Después de ver el enorme éxito en Inglaterra de aquellos melenudos antes despreciados por ellos, Decca no dudó en contratar a los Rolling Stones apenas se presentaron. Contiene además breves comentarios en distintas épocas de Lennon, McCartney y Brian Epstein, el manager que los hizo supergrupo; junto con las poderosas sesiones de sus cuatro primeros álbumes.


Anthology 2
, dada la época (1965—1968) y las sesiones tan inteligentes y productivas que explora, es el mejor volumen de la colección. Poco a poco los Beatles dejan de ser los reyes de los conciertos para ser los amos del estudio Abbey Road; al haber dejado los conciertos y las giras atrás debido a las serias limitaciones creativas que obligaban a ejecutar todo lo grabado en un escenario. Es en esta época también en que John y Paul empiezan a escribir canciones por separado (si es que no lo habían hecho antes), con colaboraciones esporádicas. Cada uno presenta un estilo individual que compite por sobrepasar en creatividad al otro. En estos años los Beatles se olvidan de los covers en sus Lps para dedicarse de entero a sus ideas al saber que ninguna banda los superará, ni siquiera sus archirrivales Rolling Stones por más esfuerzos que hagan. Pero no se trata de un éxito aislado ni mucho menos ya que en estos años la denominada revolución cultural de los sesenta llega a su máximo punto, paralelamente con la música de Lennon y McCartney. A partir de 1966, con su sorprendente Revolver, los Beatles se expandirían al infinito, hacia la cumbre del estrellato, a la adoración extrema de sus seguidores y a la sumisión total de sus detractores y críticos más severos. En este segundo volumen los escuchamos compitiendo sanamente con los Stones con un tema instrumental de R&B llamado 12 Bar Original; oímos a George cantar desganado "Everybody's Trying To Be My Baby" en el Shea Stadium (sin que nadie le pueda oir bien debido a los chillidos ensordecedores) y la apatía de las actuaciones en vivo se hace evidente; John prueba sonidos al revés y melodías extrañas y alucinógenas en "Tomorrow Never Knows"; Paul graba a un doble cuarteto de cuerdas ejecutando "Eleanor Rigby"; George hace lo mismo con músicos hindúes viajando por el río Ganges y tocando la sítara en "Whitin You Whitout You", la melodía más innovadora, reflexiva e interesante del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, obra cumbre de los Beatles sin duda alguna.

Anthology 3 completa la trilogía de material inédito con las sesiones del álbum blanco, un extenso e histórico bloque de versiones acústicas, las sesiones de Let It Be y Abbey Road, algún número inspirado en hierbas inhalables y un lamentable medley de rock and roll con Lennon a la cabeza, simplemente acelerando los contratos por cumplir para la ya inminente y redentora separación.
 


Las críticas negativas a la colección Anthology no se centran en el material presentado ni en el sonido, que son excelentes y de primer nivel en comparación al material de contrabando; sino en la forma de venderse la colección y el tufo a oportunismo de la EMI con todo el mercadeo con el que se le conoce. Ya lo explicó Pedro Cornejo en la revista Debate en 1994 al esclarecer hacia qué público apunta el desempolve de música de hace 25 años y llamarlo Classic Rock: al público cuarentón que puede comprar más discos que un chiquillo fanático de Pearl Jam y Nine Inch Nails que a duras penas puede con su propina adquirir el Vitalogy o el Downward Spiral. Por lo visto es ahí donde se encuentra el secreto del "reciclaje" que hace aparecer a los Beatles en los primeros lugares de las listas 25 años después del desbande. Al parecer éste fenómeno no sólo ocurre con la música pop; sino con las formas de vestir, con las artes plásticas y, en cierta medida, con el cine. No pretendo hacer una apología a la piratería fonográfica que tanto daño hace a la industria fonográfica a nivel mundial. La copia de un disco original para ser vendido a bajo precio es un delito aquí y en Inglaterra; pero para un coleccionista obtener una canción inédita es un privilegio que lo distingue de los demás compradores interesados solamente en los limitadores e incompletos discos "grandes éxitos". La EMI ha esperado demasiado tiempo y el negocio de discos y los gustos cambiaron, pero los fab four no. Para los admiradores incondicionales, Anthology busca revivir la Beatlemanía ahora que estamos lejos de los sesenta y los podemos mirar y oír más objetivamente.

Los Beatles dejaron canciones que se oirán por siempre y mantendrán su vigencia gracias a sus trece álbumes y veintidós singles, pero considerándolos el conjunto musical más importante del siglo XX, toda su obra debe oírse y difundirse; y ésa es precisamente la labor del Anthology y también, pero con menos expansión y libres de impuestos, la de colecciones ilegales como Artifacts y otras tantas. The Beatles Anthology 1, 2 & 3 es la colección oficial de material "inédito" más importante para un buen fanático de los Beatles y la razón más grande para celebrar, al filo del siglo, a esta maravillosa banda de cuatro chicos de la clase trabajadora que cambiaron el mundo sin disparar una bala.

Recomendamos leer el libro Beatles Anthology (Chronicle Books, 2000).

Monday, September 28, 2020


15 Años (BMG, 1998)
Baglietto (así, a secas) es el gran subestimado y desconocido cantante de música popular argentina que nadie conoce afuera de las fronteras gauchas. Por alguna razón no llegó a sonar en el Perú (aunque visitó Lima en 1986) y tuve el gusto, el verdadero gusto, de descubrir su arte cuando visité Buenos Aires en 1999 y este disco aún estaba fresco en los oídos de los porteños. Fue un amigo bonaerense quien me hizo una copia del disco que se convirtió en un visitante asiduo de mi estéreo.

Es su álbum en vivo definitivo, legal, y al mismo tiempo un disco de duetos que nos asombra de la misma forma como cuando uno está buscando en un ático objetos que uno cree inservibles o que nunca los usó (por ejemplo, un regalo de bodas que nunca se abrió.) El disco en vivo de Baglietto es para los amantes de la música popular en español aquel regalo que está por abrirse. Y una vez abierto, no dejará de ser admirado.

Se admira por las canciones asombrosas que se interpretan en un concierto celebrando quince años de carrara (casi nada para un músico) pero también por el cariño y, valga la redundancia, admiración que los invitados y el público siente por el intérprete, el estelar, el gran JCB. Sabina termina su dueto de "Eclipse De Mar" con un halago que no puede ser mejor: "Juan Carlos Baglietto... amigos como él os deseo." Julia Zenko canta con él "Señalada Por El Índice Del Sol," una balada acústica lentamente  fotocopiada del "Blackbird" de los Beatles, y entonces descubrimos otro tesoro: la preciosa e impecable voz de una intérprete que, al igual que Baglietto, fuera de Argentina es completamente desconocida. ¿De dónde salió esta gente tan talentosa? ¿Por qué la trova Rosarina es un secreto guardado dentro de las fronteras de Argentina? 

No hay problemas ni pausas al escuchar un álbum en vivo tan bien logrado, y por eso se merece la más alta calificación en el Cacaómetro. Es más, la curiosidad nos sigue incitando a saber quiénes son los que lo acompañan en estos recitales. Virgilio Expósito, leyenda del tango, interpreta con él un tristísimo "Naranjo En Flor" al piano y voz y fallecería poco después del concierto. Alejandro Lerner, superestrella de la canción romántica argentina de los ochentas, vuelve a ser nombre conocido para nosotros cantando "Deseo" y ahí está León Gieco, el de "Sólo Le Pido A Dios" rezando una inspirada "Para Llegar." La música es natural y honesta, y hay momentos en que Baglietto la tiene que tomar por las astas él solo, como en la triste "Piedra y Camino" de Atahualpa Yupanqui y la aventurera "Un Loco En Una Calesita". Fito Páez, tecladista de Baglietto al inicio de su carrera, le ha escrito canciones agridulces como "Tratando de Crecer" y "La Vida Es Una Moneda," en donde se anima a cantar con él en el disco. Diez puntos.

Pero es en "Mirta, De Regreso" y "Era En Abril" en donde encontramos aquel clímax humano y expresivo del disco, al ser las dos razones para sacarlo de la estantería. En "Mirta," el narrador regresa de la cárcel y para encontrar a su mujer un poco más fría y quizás con otro hombre en su vida. El país lo encuentra de manera igual, con militares gobernando y cadáveres que nunca se encuentran. "Era En Abril" es cantada con Lito Vitale y Ana Belén y es sobre la muerte de un niño en el vientre de su madre. Nadie, como Jorge Fandermole, se ha atrevido a escribir una canción tan, pero tan triste que las voces de Baglietto, Vitale y Belén tienen que darle credibilidad para salvarla de caer en el ridículo de ser interpretada por alguien con menos sentimiento o ironía. Baglietto sabe que esto es serio, y nos lo muestra crudamente.

15 Años es un disco para ser admirado, sin lugar a dudas. Para Baglietto es un punto más en una carrera que aún tiene para rato, mucho rato. Para nosotros es un punto de partida para explorar más de la música popular argentina, además del Tango de Buenos Aires y de cuanto rock and roll hemos mencionado antes.




Monday, September 21, 2020


A Kind Of Magic (EMI, 1986)
The Miracle (EMI, 1989)
Innuendo (Hollywood, 1991)

The last five years of Queen as a band were way more successful with their audience than the twelve before; not with the critics because Queen never got along with the music press. But it seems that the lyrics of “Bohemian Rhapsody” worked as a fateful prophecy that applied to lead singer Freddie Mercury: a tragedy in which the fortunate man finds that there’s no life ahead, just a furious grim reaper approaching him at a tremendous speed. The speed of AIDS. We don’t know the exact moment in which Freddie Mercury found out he carried the HIV virus. It could have been a little after the apotheosis of the A Kind Of Magic tour, in which we find Freddie in his best shape, form and relationship with the audience; specially the one at Wembley Stadium on July 12, 1986. After that tour, and after recording the Miracle album, Mercury announced that Queen didn't have any plans to go around the world promoting it. The three records mentioned here, specially The Miracle, are way underestimated by the critics who thought Queen was repeating themselves each three years playing hymns for sold out stadiums, listening and admiring a singer who was a real showman, deeply in love with fame –not fortune- and the love of his audience, that invisible being that understood his troubles and tribulations everytime he hit the stage. A Kind Of Magic was, besides yet another Queen record in the eighties, the second effort of recovery after that bad joke called Hot Space. It came also with a fantastic movie, Russel Mulcahy’s Highlander, and some songs from the album were used in the film, like “Don’t Lose Your Head” and “One Year Of Love.” The movie tells the story of a Scotsman who belongs to an immortal warrior race that’s been fighting between themselves since Middle Age, and has to choose between immortality and a limited-time life of love with his beloved woman. In the case of Mercury there was no room for choice, but a quick rush to grandeur with this album and the spectacular tour of ’86, ending on August 9 at Knebworth Park in London, Queen’s last performance as a quartet.

The Miracle tunes, had being played live, would have delighted the masses. “I Want It All” is so strong we can find it on Digital TV commercials. It has a certain fatalistic touch probably because Mercury already knew by that time he was sick and also Brian May was divorcing his second wife, British actress Anita Dobson. The irony of this record is that, no matter how much pain and sorrow they could sing of, people loved them unconditionally, posting them on the top of the charts. Same curse Cobain suffered until his suicide, but in the case of Queen, they suffered it with quiet desperation, the English way.

Innuendo, released on February 1991, has so many hidden messages about the Grim Reaper that by May rumors were flying on Mercury’s counted days. The first single, “Innuendo,” was an analysis on time spent in fame and a chant to keep fighting until the end for life itself. November arrived, Mercury announced he was an HIV carrier and he was dying and two days later he died, entering the pantheon of Rock and Roll Glory. As simple as that, he kept the secret for a considerable amount of time and his fatalism and anger went beyond his own tragedy: “This is just the tip of the Iceberg,” said Freddie two days before he died. Elton John and David Bowie might have been sweating cold. The keys for the announcement of his premature departure can be found in “Headlong” and “I’m Going Slightly Mad,” where the unavoidability of sudden death is present in almost all verses. For “The Show Must go On,” Freddie regrets being close to death, but he takes it holding his head high, ready to die with the make-up on, entertaining his audience. The fans couldn’t have been in more pain on the next day of his departure, but Freddie left this world leaving a very, very strong musical legacy, full of personality and syle.


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Los últimos cinco años de Queen como banda fueron mucho más exitosos con la audiencia que los anteriores; de más está decir con la crítica porque Queen nunca se llevó bien con la prensa. Pero pareciera que la letra de la canción "Bohemian Rhapsody" se le cumplía a su vocalista Freddy Mercury cual profecía: una tragedia en la cual el hombre afortunado de tener toda una vida por delante ve que no hay más que una muerte que viene que bufa.

No sabemos el momento exacto en el cual Freddy Mercury se entera que es portador del virus del SIDA. Pudo haber sido después de la apoteósica gira del A Kind Of Magic, en donde a Freddie se le ve en su mejor forma y relación con la audiencia, especialmente la del estadio de Wembley en aquel 12 de Julio del '86. Después de aquella gira, Mercury anuncia que Queen no tiene planes de seguir paseándose por el mundo con el álbum que grabarían después, The Miracle.

Los tres discos mencionados aquí, especialmente The Miracle, están muy subestimados por la crítica quienes consideraban que Queen se repetía a sí misma cada tres años tocando himnos para estadios en donde no cabía un alfiler de llenos que estaban, escuchando y admirando a un verdadero showman quien estaba enamorado perdidamente de la fama -no de la fortuna- y del cariño de su público, aquel ente invisible que entendía sus tribulaciones cada vez que salía al escenario.

A Kind Of Magic fue, aparte de un disco más de Queen en los ochenta, el segundo esfuerzo de la banda al recuperarse de aquella broma de mal gusto llamada Hot Space. Vino a la par con una película fantástica, Highlander de Russell Mulcahy, y algunas canciones se usaron en dicho filme, como "Don't Lose Your Head" y si no me equivoco, "One Year Of Love." La película cuenta la historia de un Escocés que pertenece a una raza de guerreros inmortales que ha estado luchando entre sí desde el Medioevo, y tiene que decidir entre la inmortalidad o la vida de tiempo limitado junto a su amada. En el caso de Mercury no iba a haber decisión, pero sí un apresuramiento a la grandeza con este disco y la espectacular gira del 86, que finalizaría el 9 de Agosto con el último concierto de Queen como cuarteto en Knebworth Park, Londres.

Las canciones del Miracle, de haber sido tocadas en vivo por Queen, hubieran encantado a las masas. "I Want It All" por ejemplo, es tan fuerte que se usa ahora en comerciales de TV digitales. Tienen un cierto toque fatalista porque al parecer por ese entonces Freddie ya sabía de su enfermedad y Brian May se estaba divorciando de su esposa, la actriz Anita Dobson. Lo irónico de este disco, al igual que los otros dos, es que por más drama y tristeza que ponían, la gente los adoraba colocándolos en el número uno de la mayoría de listas. Es la maldición que Kurt Cobain sufrió hacia el fin de su vida de la misma forma, pero en el caso de Mercury y Queen, la sufrían con desesperación calmada, al típico estilo Inglés.
Innuendo, aparecido en Febrero de 1991, tiene tantos mensajes escondidos refiriéndose a la Pelona que para Mayo ya corrían rumores de que Mercury tenía los días contados. El primer single, "Innuendo," era un análisis al tiempo pasado en medio de la fama, y la arenga a seguir luchando hasta el fin por la vida misma. Noviembre llegó, Mercury anunció al mundo que era portador del VIH y el 24 de Noviembre el SIDA lo mandó al panteón de la Gloria del Rock And Roll. Así de simple, mantuvo el secreto durante un tiempo considerable y su fatalismo fue más allá de su propia persona: "Esto es la punta del Iceberg," dijo dos días antes de morir. David Bowie y Elton John debieron haber estado sudando frío. Las claves están en "Headlong" y "I'm Going Slightly Mad", en donde la inevitabilidad de la muerte intempestiva está presente en casi todos los versos. Para "The Show Must Go On," Mercury se lamenta estar al borde de la muerte, pero lo toma con la frente en alto, dispuesto a morir con el maquillaje puesto. Sus fans no pudieron estar más adoloridos al día siguiente de su partida, pero él se fue dejando un legado musical muy fuerte, lleno de personalidad y estilo.

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