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Thursday, December 8, 2016

No solo esta vez quisiera recordar al primer Beatle que se fue antes de tiempo, sino también a aquellos chicos que 7 años después hicieron lo mismo.

El 8 de Diciembre de 1987 un avión de la Marina de Guerra del Perú transportaba al equipo de fútbol de Alianza Lima desde la ciudad selvática de Pucallpa hacia Lima, después de haber ganado contra el equipo local. El avión se precipitó al mar de Ventanilla y sólo sobrevivió el piloto. siete años antes, un loco llamado Mark David Chapman disparó a quemarropa contra una de las personas más queridas del mundo.

Alianza Lima y John Lennon partieron a la inmortalidad un 8 de diciembre, con siete años de dieferencia. Recuerdo la noche de la caída del avión, mas no la de la muerte de Lennon. En 1987 yo acababa de cumplir 14 años y recién estaba entrando al universo de los Beatles.

Sabía que Lennon había muerto siete años antes y sólo hace algunos años me dí cuenta que su muerte fue uno de los eventos más influyentes en la cultura popular occidental: generó una tristeza colectiva profunda que se manifestó en los rankings musicales: Los discos de los Beatles volvieron a venderse pero esta vez eran lágrimas y no sonrisas las que acompañaban las escuchas. La canción "Woman" del álbum Double Fantasy se escuchaba por todas las radios y hasta fue nombrada la "Más Más" de la década de los ochentas por Radio Panamericana. Hablar en tono de burla de la muerte de Lennon era pues como hacer chistes crueles sobre la tragedia del 11 de Septiembre del 2001 o, también, sobre la muerte del equipo completo de Alianza Lima, los famosos Potrillos.

Fútbol y música cumplen una función importante en la sociedad: entretener delincuentes. Nosotros, delincuentes, vimos perecer, en un lapso de 7 años, dos íconos importantes de nuestra identidad. A Lennon lo recordamos con tanta frecuencia que a veces pensamos que no se ha muerto y ni se le extraña porque su voz es omnipresente. A los Potrillos sí los extrañamos y nos duele mucho que las causas del accidente hayan sido encubiertas para salvar cabezas y galones en la Marina de Guerra. Bueno, también se dijo que el asesino de Lennon no era un simple "loquito enfermo". Es muy probable que hayan habido intereses más fuertes que hubieran querido a Lennon fuera del mapa una vez que éste había conseguido su Residencia Permanente en los Estados Unidos. Pero esa es otra historia.

De haber estado vivo Lennon, ¿qué hubiera dicho sobre la guerra en Irak, La guerra en Bosnia, el genocidio de Darfur, el escándalo Irán-Contras? Lo sabemos: lo mismo que dijo sobre la de Vietnam. De haber aterrizado el avión de la Marina, ¿hubieran campeonado los Potrillos en el torneo descentralizado de aquel año? Sabemos la respuesta también.
El último beso. 8 de diciembre de 1980. Detalle de foto de Anne Leibovitz para Rolling Stone.

Continuando con la serie de artículos que he escrito sobre la vida y obra de John Lennon, llego a conmemorar un aniversario más de su muerte. Esta vez son 30 años de la tragedia. Quizás la mayor tragedia del rock and roll y de la música popular. Un alma joven, a los 40, dispuesta a seguir creando, queda silenciada por las cinco balas de un desquiciado con excelente puntería llamado Mark David Chapman.

El sueño acabó. Los Beatles jamás se reunirían. La era de la esperanza llegaba a su fin. El mundo cruel le daba el alcance a aquel cantante que se atrevió a cuestionarlo, después de que éste le quitara a su madre. Para colmo, el cantante fue asesinado por un demente obsesionado con su ex-grupo y su improbable reunificación. ¿Muerte absurda? Sí. Más que absurda. Tan absurda como la confesión del asesino: "No quería hacerle daño a nadie... ah, y a propósito, actué solo. Sólo yo, lobo solitario con mi copia del libro Catcher On The Rye". Suficiente.

El 17 de Noviembre de 1980, Double Fantasy, el álbum de John Lennon y Yoko Ono, aparecía en el mercado bajo el sello Geffen. Producido por Jack Douglas, es un disco bastante elaborado y hasta cierto punto sobre producido: Lennon gustaba de grabar su voz sobreponiendo pistas y modificándola con la mayor cantidad de efectos posibles. Al aparecer, la crítica fue un poco dura con el disco, calificándolo de "un desastre de la auto-obsesión". La prensa musical en general no le prestó mucha atención a aquel "retorno" de John a los estudios y, probablemente, a los escenarios.


Muchos de esos comentarios negativos no vieron la luz, puesto que tres semanas después, Lennon caía abatido y el disco se convertiría en inmortal inmediatamente. Geffen Records retiró toda la publicidad del álbum para evitar parecer mercaderes de la pelona, aunque el disco se vendió como pan caliente. 

En la iglesia más grande del mundo, en Nueva York, se tocó “Imagine” en el órgano (figúrense) y se calificó a Lennon como “un hombre de paz”. Y aquellos 10 minutos de silencio el 14 de diciembre a las dos de la tarde, hora de New York, solicitados por Yoko, marcaron el fin de una era y el inicio de otra. Es ahí donde el rock and roll perdió su inocencia y se colocó en la cresta de la ola, en el mismo sitio donde algunos años antes había estado el Jazz como fuerza social y política.

Al quedar viva, Yoko Ono se llevó la peor parte. Nada de lo que había vivido o sufrido con John le había preparado para esto: al enterarse en el hospital que no se pudo salvar a John, gritó que era mentira, que no era cierto, y sufrió un ataque de nervios y se arrojó al suelo, golpeándose la cabeza una y otra vez. Quería hacerse daño. Un amigo suyo la sostuvo, le ayudó a levantarse y le dijo: "piensa en Sean. Tienes que cuidar de él". Yoko habrá sacado fuerzas de donde no había y tuvo que ir a contarle a su hijo lo que había pasado. Lennon yacía muerto en la camilla de un hospital, y la noticia corría veloz como las balas que lo asesinaron.  En verdad fue como si hubieran matado a alguien de la familia: una de las peores formas de morir, asesinado por lo que eres, por lo que crees, por negarte a hacer lo que los demás quieren que hagas. Algo así como un crimen racial u homofóbico. Qué terrible.

Un fantasma de paranoia y horror cubrió la ciudad de New York y el resto del mundo, más o menos como ocurrió días después de los atentados del 11 de Septiembre del 2001. Subliminalmente, el hecho de que Chapman haya disparado contra su ídolo, contra la persona a la cual deseaba parecerse, para luego afirmar que "actuó solo" y que "recibió órdenes de su lado maligno", daba a entender a la juventud, a la generación de Woodstock, a la del amor libre, que había llegado un nuevo Sheriff al pueblo y que la vida humana valía lo que costaba una bala expansiva.  Que llegó el momento del miedo y la incertidumbre. Aquella noche del 8 de diciembre de 1980 no sólo murió un hombre, un cantante, un guitarrista, un Beatle, sino la confianza de toda una generación. David Bowie, Ringo Starr, Linda Ronstadt y Paul McCartney se consiguieron guardaespaldas inmediatamente,  y este último no salió de gira hasta nueve años después. Quizás fue el temor a  las balas, y quizás también por la poca predisposición del gobierno estadounidense a controlar las armas y a los locos que las usan. Ronald Reagan acababa de ser elegido el 4 de Noviembre y se venían años muy, muy rígidos y difíciles. El presidente electo, al ser preguntado sobre la muerte de Lennon, culpó a las pandillas criminales de Nueva York.

El mensaje de aquel fin de año de 1980 era, según el crítico Greil Marcus, uno severamente retrógrado y terrorífico: cualquiera que crea que tiene a Dios de su lado, además de una pistola, puede hacer justicia en este mundo pagano. El mensaje secreto: "algunos pertenecen a este país. Otros no. Algunos son dignos, otros no. Algunas opiniones son benditas, otras malignas. Con la bendición de Dios, los mensajeros del Señor separarán a unos de otros". Según Marcus, los puritanos habían regresado y con más fuerza que nunca, a reclamar de vuelta la sociedad que alguna vez fundaron, aceptando la vulgarización de sus creencias si eso significa que, una vez más, Dios y sus siervos serán capaces de ver a Estados Unidos, o a Occidente, y diferenciar a los elegidos de los reprobados, a los redimidos de los condenados. Dicho “mensaje” no inspiró a Chapman directamente, pero es ese tipo de mensaje, el cual juzga –o prejuzga– al inocente y al culpable, el que puede vincular un ataque de locura particular con una justificación pública. Puede señalar relaciones extramatrimoniales así como tendencias políticas y condenarlas rápidamente. Si un estado aprueba este tipo de comportamiento, entonces Chapman tiene el derecho inalienable de matar a quien considere está afectando negativamente su vida. He ahí el motivo por el cual Chapman se la pasa pidiendo su libertad condicional y por el cual se muere de miedo de ser envenenado o asesinado: para él, la muerte de Lennon fue algo que tenía que hacer, por más que luego afirme en los tribunales que fue una "fuerza maligna que lo forzó".

Yo les voy a decir qué es una fuerza maligna: el quemar libros, el quemar gente, el miedo a expresar una opinión y vivir temiéndole a todo. El asesinato de John W. Lennon fue el peor “tate quieto” dado a Estados Unidos desde las muertes de John F. Kennedy y Martin Luther King, Jr.: con el mismo loquito suelto de siempre, apellídese Oswald o Chapman, la pregunta importante no es el "quién", "cuándo" o “dónde”, sino "por qué". La respuesta al "por qué" la sabemos, tanto como las respuestas a las otras preguntas.

John nos dejó hace treinta años y los últimos diez años de su vida, o al menos la mayoría de éstos, fueron años de mucha honestidad y expresividad. Podemos haber estado de acuerdo con él o no. Pero no se calló la boca, no fue hipócrita. Luchó por lo que creía. Se convirtió en un hombre de paz, tal como lo afirmó la Iglesia. Un hombre cuya guitarra no disparaba, pero sabía a dónde apuntar. No tenía una AK-47 cuando grabó "Working Class Hero", sino una guitarra de palo y una voz directa, al grano. Con "Imagine" invitó a la gente a pensar más allá de lo que los periódicos, la religión, la geopolítica y la TV les embutían entre sus orejas. No planteó la creación de un nuevo orden con un manifiesto comunista musical (John Lennon no soportó ninguna forma de dictadura, y es por eso que los Beatles nunca fueron aceptados en la República Popular China, aunque Lennon tenga una estatua en La Habana, Cuba), ni pensó derrocar a aquel sistema capitalista que en el 2008 te falló a tí y a mí. Por sobre todas las cosas, John era un cantante. Punto. Si en 1966 afirmó que los Beatles eran "más famosos que Cristo", en 1980 demostró que su imagen transmitía un mensaje de paz, de amor, de entendimiento. ¿Los Beatles más grandes que Jesucristo? Es lo de menos. El mensaje era el mismo.

Los tiempos difíciles que le tocaron vivir a Lennon y a su generación fueron menos complicados que los que ahora llevamos. Ahora es más fácil borrar o edulcorar una idea antes de que llegue a la juventud y "cree problemas". Vean los rankings musicales de 1967, 1972 y 1976 y compárenlos con los de fines del 2010 y se darán cuenta: nadie plantea nada nuevo o interesante. Si hemos de considerar que el único rockero que puede hablar de política y ser tomado en cuenta es Bono, entonces estamos más que jodidos. Sin embargo, me alegra mucho saber que los Beatles aún siguen siendo materia de conversación. Eso quiere decir que la esperanza nunca se pierde, y que Lennon no murió en vano.

Para demostrar que no murió en vano, les dejo una carta que una gran dama, Diane Von Furstenberg, escribió a Rolling Stone poco después del 8 de diciembre. Su prosa urgente nos hace pensar muchísimo. John hubiera estado orgulloso:


John Lennon está muerto. ¿Quién mató al Beatle? ¿Fue un hombre limpio, heterosexual, derechista y viejo? No. Fue un fanático de 25 años que creció queriendo ser el músico, el poeta, el espíritu libre que John fue.


¡Por Dios! ¿Creímos que éramos lo máximo cuando nos dejamos crecer el pelo, cuando protestamos en las calles, cuando ingerimos LSD e hicimos el amor en vez de la guerra? Y sin embargo, demasiados de nosotros morimos en la guerra, demasiados de nosotros morimos por las drogas. Algunos de nosotros -los sobrevivientes- nos adaptamos a lo establecido y nos volvimos exitosos, ¿pero qué clase de éxito? Nuestro éxito fue uno egoísta: obtuvimos éxito y dinero, mucho dinero. Nuestros estómagos se llenaron y se redondearon. Nuestros apartamentos se volvieron más cómodos, y nuestros hijos se volvieron más malcriados. ¿Qué pasó con nuestras metas de cambiar el mundo? ¿Peleamos en el 68 sólo para que los ochentas nos dieran a Ronald Reagan?


Es hora de reaccionar ante nuestra apatía. Es hora de crecer. Olvidemos nuestras pequeñas satisfacciones. Es hora de unirse y pelear, pelear por la calidad de vida que merecemos y la calidad de personas que podemos llegar a ser.


Amamos a los Beatles. Uno de ellos fue asesinado... asesinado estúpidamente por el mero producto que crearon. Que no seamos la generación que se mató a sí misma. Es momento que nuestra generación sea la guía.


Diane Von Fursterberg, 


New York.


Tuesday, October 18, 2016


A Chuck Berry no le interesa ser considerado el Rey del Rock and Roll porque sabe que el rock es una democracia, aunque muchos quieran considerarlo un imperio (especialmente las inmensas disqueras). A sus 90 años, el legendario guitarrista, cantante y compositor sigue tocando sus mismos temas de hace casi sesenta años, y se encuentra en la cresta de la ola que lleva a la primera generación de rocanroleros a una tranquila y relajada muerte natural tocando en escenarios sin haberse retirado o fallecido repentinamente.

Chuck Berry no está hecho para la muerte, y de hecho cuando se haya ido su imperio se habrá consolidado cual el del Cid Campeador. Su sonrisa irónica, sus grandes manos tocando aquel riff eterno de casi todas sus canciones y su paso del pato que emocionó a los primeros adolescentes que lo vieron en televisión en blanco y negro harán que Chuck Berry se mantenga vivo por muchos años más, en cuerpo, y para toda la eternidad en el espacio y el tiempo.






Por lo pronto la sonda intergaláctica Voyager ya está llevando "Johnny B. Goode" en un disco de oro que incluye temas de Bach, Mozart, Stravinsky e incluso música autóctona peruana. Chuck Berry, con "Johnny B. Goode", hizo la canción perfecta sobre lo que significa ser roquero y rebelde en tiempos de represión sexual y social que sólo han cambiado para peor. Ya nadie hace canciones con lírica de doble sentido e insinuante como la de Chuck Berry. Desde que tenemos uso de razón, los temas relacionados al amor carnal son o "seguros" o "atrevidos". El cantante masculino de rock o idolatra a la mujer cual Virgen María purísima en un pedestal, o la trata como prostituta. Enrique Iglesias va a salvar a las mujeres desconsoladas con su "Hero" y Sir-Mix-A-Lot quiere poseer sus culos (a más grandes, mejor). Chuck Berry se encuentra en un punto medio: su lírica insinuante, su poesía y su gusto por las matemáticas crearon canciones que nunca han sonado desfasadas ni obsoletas. Chuck Berry jamás añadió una orquesta o intentó "venderse al sistema" ni en su música ni en su vida personal. Sus canciones son prueba de ello. Canciones como "Let It Rock", sobre unos trabajadores negros en una vía férrea bajo el inclemente calor de Alabama, o "Havana Moon", sobre un cubano esperando en una playa de Cuba el bote de su amada desde Nueva York. Poesía pura y juvenil. Canción erótica y a la vez de amor puro e inocente.

Cuando Chuck Berry canta en "School Days" la frase:

Drop the coin right into the slot
You're gotta hear somethin' that's really hot

No se está refiriendo a poner una moneda en una rockola. Está hablando de sexo, de liberación, de pasión por ser joven en una escuela secundaria en donde la educación siempre estuvo en un segundo plano. La canción termina con una frase inmortal y absoluta:

Hail, hail rock and roll
Deliver me from the days of old

Los "días viejos" no son necesariamente los del pasado. Pueden ser también los de una época difícil, represiva y de emociones controladas: los de la era de la televisión digital con sus programas de baile con votaciones arregladas y noticieros de 24 horas al día. Cuando Chuck Berry tocaba en vivo, allá por 1955, no sólo tuvo que lidiar con la segregación racial de un Sur que aún tenía menos de 100 años de haber sido derrotado por el Norte y haber sido forzado a liberar a sus esclavos. Tuvo también que enfrentarse a promotores corruptos que nunca le pagaron por sus conciertos. La ley Mann le jugó una mala pasada al cruzar una frontera interestatal con una mesera Apache menor de edad: lo condenaron por haber tenido relaciones sexuales con ella (él lo negó hasta el final) pero, al salir de prisión a inicios de los sesentas, Chuck era más famoso que nunca. Los Beatles, los Rolling Stones y la radio en general reconocerían su influencia con la invasión británica de mediados de los sesentas y con el renacimiento del Rock and Roll a inicios de los setentas; cuando Chuck Berry obtuvo su primer número 1 con "My Ding-A-Ling", una canción sobre el pajarito.

La era de compositor/guitarra/cantante del rey del Rock and Roll se encuentra englobada en Johnny B Goode: His Complete 50's Chess Recordings, una caja de cuatro CDs con todo lo que lanzó entre el 55 y el 59, antes de ir a parar a la canasta por mañosón. La gloria del rock de los cincuenta, la pasión de las grabaciones crudas y frescas y por sobre todo el talento de Chuck y su banda están presentes en más de cuatro horas de lo que probablemente será la mejor compra en CD que cualquier fanático del rock clásico pueda hacer en su vida.

Chuck Berry sigue tocando en el Duck Room del restaurante Blueberry Hill de St. Louis, Missouri. Tomó al toro por las astas y ahora, entrando a sus noventa años, sigue cantándole a aquella emoción sexual, romántica y apasionada que inspira a la juventud. Sus críticos pueden alegar, una y otra vez, que Chuck no ha lanzado un disco de material nuevo desde 1979 y que su trabajo de guitarra suena casi igual en todas las canciones. No tienen por qué repetirlo. Lo sabemos. Pero no nos importa.

Monday, September 12, 2016



El gran comediante peruano Ricky Tosso ha muerto. Reseñas de su vida hay por muchas partes, pero aquí solo hay una declaración de tremenda pena por su partida y, a la vez, de gran admiración por un estilo de comedia característicamente peruano.

De más está decir que fue el personaje que más me hizo reir en la TV en los ochentas con su programa “Detectilocos”, del cual ya he hablado antes en este blog y en Arkiv. Me da pena no haber tenido la oportunidad de interactuar con él, ni de haberle dicho lo mucho que lo admiraba... pero bueno, será para la próxima.

El legado de Tosso se siente en el humor televisivo peruano hasta ahora. Era muy bueno contando chistes, imitando cantantes, pero sobre todo, en Detectilocos, era mejor siendo él mismo, y al parecer nos dimos cuenta todos a través de la TV y del teatro que era un gran, gran tipo.

Monday, August 29, 2016


La música popular latinoamericana cierra un capítulo largo y tendido con la muerte del cantautor Juan Gabriel.

Monday, June 13, 2016


Wednesday, May 18, 2016

Enciclopedia de la Música Rock, editorial Orbis, 1982.

Prince: “cantante estadounidense calificado de: negro, sucio, salvaje y degenerado” leía la enciclopedia Historia de la Música Rock de editorial Orbis allá por 1982. Prince es un artista completo, y su muerte el 21 de abril solo cierra un capítulo de una discografía “en vida”, porque van a haber tantas cosas saliendo en los próximos años que la gente va a pensar que está vivo. Y es que Prince ha dejado un catálogo musical equivalente al Gran Cañón en geografía americana, a la Gran Muralla China en geopolítica, a tu primer orgasmo en tu vida privada. Fusionó todo, lo sazonó con disco, funk, política y, sobre todo, sexo y religión a montones. Para él Dios y la mujer eran la misma cosa. Supo amar a sus mujeres y a su prójimo. Con maquillaje, pelos parados, mallas y nalgas al aire, digamos que Prince Roger Nelson era el hombre perfecto, el prototipo de "hombre nuevo" que el Che Guevara trató de alcanzar a punta de balas, cuando lo que necesitaba era un micrófono, una guitarra, un chupete y un bastón de oro.


Me he demorado en escribir sobre su muerte quizás porque me desanimó el hecho de que nuestros ídolos se están muriendo como peces en marea roja, y que ya no había más que decir luego de la muerte de Bowie y Lemmy. ¿Pero Prince muerto? Impensable, inaudito. El tipo vivía y respiraba funk. Tocaba la guitarra como los dioses y su música era contundente, compacta y cojonuda. Sólo lanzó un “grandes éxitos” luego de 15 años de carrera (el The Hits doble). Les cantó a la mujer y a Dios con la misma fuerza y disposición. Se peleó con su casa disquera y con la prensa, pero su mayor batalla sería contra la Internet, en una relación amor-odio que le hizo enjuiciar fans, cerrar páginas Web y amargarse la vida, convirtiéndose en un ermitaño excéntrico millonario. Su muerte llegó en medio de una gira en la que solo iba tocando el piano y cantando por EE.UU., con tickets a $200 que tenían que ser comprados por los asistentes y no revendidos; por tanto otra de sus peleas fue contra los revendedores cibernéticos y faltosos de hoy en día.



Su muerte también sacó a la luz material enterrado por años. Ahí está sonando “Dirty Mind” una vez más, “Pink Cashmere” y “Alphabet Street” se meten a nuestros cerebros alegremente, y por lo menos dos fuentes citan al LP Batman como su mejor trabajo (yo ya lo había dicho en 1999).



Entre 1978 y 2016, Prince lanzó un enorme y sólido puñado de álbumes de los cuales se ha hablado muchísimo, y los fans ya saben cuáles son sus favoritos: Prince tenía un especial talento para hacer llegar un álbum al corazón del oyente y hacerlo íntimo. 1999, Purple Rain, Lovesexy, el del símbolo que luego sería su nombre... Ni qué decir de los maxisingles: Prince es más poderoso en los remixados bailables. El pequeño gigante de Minneapolis nos ha regalado, perdón, vendido música que supimos apreciar, celebrar y bailar. Y mientras todos íbamos a Youtube a buscar música gratis, él se ponía recontra terco y nos decía que todo eso era una estafa. Y tuvo razón. 

Apenas falleció, Youtube se cobró la revancha permitiendo videos como este, quizás su tema más relevante:





Prince era un artista que exigía de sus oyentes una mente abierta. Iba a cantar cosas bastante controversiales, cargadas de sexualidad, y también iba a decirle al gobierno que no mande jóvenes a morir por petróleo. Diría frases como “¿Crees ser valiente? Besa a tu enemigo” y “Conocí a Nikki en el lobby de un hotel, estaba masturbándose con una revista”. Rechazó a la prensa escrita y no aceptó entrevistas por mucho tiempo (hasta que la cuenta bancaria empezó a mostrar “empty”). Su estudio de Paisley Park perdía mucho dinero porque Prince hacía lo que quería y algunos de sus discos no vendían por motivos obvios. Estaba llenando su bóveda de música muy buena que probablemente jamás salga a la luz.







Prince fue un músico genial pero era evidente que le faltaba un tornillo. Rechazó todo tipo de ayuda, en el estudio y fuera de este. Jamás colaboró con nadie, sino que él controlaba todo lo que salía de su voz e instrumentos. ¿Sus bandas? Por los testimonios, parece que no tenían derecho a ninguna opinión.



¿Qué discos de Prince son indispensables en una colección? Buena pregunta. Aquí una lista:



Batman
Dirty Mind
1999
Sign O' The Times
Love Symbol
Purple Rain
Lovesexy
The Vault
Musicology
The Hits, 1, 2 and B Sides. 

Y obviamente aquellos póstumos que saldrán cual bandada de palomas llorantes. Ya que Prince gustaba de editar su material él solo, probablemente no suenen como él hubiera querido. Pero una cosa es cierta, la gente lo seguirá escuchando por siempre.





Friday, January 29, 2016



Lemmy.


El invierno de 1969 es considerado por algunos historiadores de los Beatles como "el invierno del descontento", en el cual los Beatles por primera vez se miraron unos a otros y dijeron “esto ya no da para más”. Pues bien, el invierno del 2016 (o verano para el hemisferio Sur del mundo) es también otro de descontento, aunque yo lo llamaría el “invierno de las emociones intensas”.

En solo unas cuantas semanas el mundo del entretenimiento fue impactado con noticias buenas y malas cual meteoritos chocando la tierra e intentando generar un Apocalipsis, una extinción masiva. Un evento masivo y agradable (el estreno de Star Wars: The Force Awakens) consoló a un mundo lleno de violencia e hipocresía, sufriente luego de ataques en Francia, EE.UU., Mali... por unos cuantos días todos, incluyendo los terroristas, parecían haberse olvidado del negocio de matar.

Glenn Frey, Don Henley y Joe Walsh, 1979.
Hasta que llegó el 28 de diciembre, Día de los Inocentes, y un afligido Billy Idol da una noticia que no era broma: Lemmy Kilmister de Mötorhead había muerto a los cuatro días de su cumpleaños número 70 y a los dos de un diagnóstico de un cáncer fulminante. Nos estábamos recuperando tomando un Lemmy (el trago favorito de Kilmister, Jack Daniels y Coca-Cola) cuando el 11 de enero se jodió todo: Bowie fallecía en una fría mañana londinense, tres días después de su cumpleaños número 69 y de haber lanzado Black Star, un muy buen disco donde el duque blanco lidia con el ángel de la muerte. Poco después, el 18 de enero, Glenn Frey, guitarrista y cantante de Eagles, se reunía con Bowie y Lemmy y el supergrupo de los fallecidos quedó formado, ya que John Bradbury, baterista de Specials, había muerto el mismo día que Lemmy, así que guitarra, bajo, batería y vocales ya estaban rumbo al más allá. Faltan teclados pero Rick Davies de Supertramp, quien ahora no está bien de salud, aún no está listo para perder la batalla contra la pelona.

La cosa es que con las muertes de Lemmy, Bowie y Frey se ha declarado oficialmente la muerte del concepto de rock and roll superstar, en el cual un artista vivía su vida tal como si estuviera en el escenario las 24 horas del día, los siete días de la semana. Eran otras épocas en las cuales un músico podía vivir de las ventas de sus discos y de lo que tocaba en vivo.

En los setentas, ochentas y noventas, esto era bastante común, y la conceptualidad de artistas originales y magníficos como Bowie nos inspiró a nosotros, músicos y oyentes, a vivir bajo nuestra ley. No tienes que ser admirador del trash o speed metal para admirar a un tipo como Lemmy, ni tienes que vestirte de forma andrógina para ser fanático de Ziggy Stardust, el personaje con el que Bowie remeció la industria musical, solo para seguirla cambiando a cada rato. Sin Bowie no hubiera habido NADA de lo que se oyó en los ochentas, y no pecamos de exagerados al decir que fue la estrella de rock más influyente del rock and roll después de Elvis Presley, John Lennon y Mick Jagger.

Mientras Bowie cambiaba de ropa y personalidad en cada disco, Lemmy Kilmister de Mötorhead se mantenía igual: agresivo, ruidoso, violento y veloz. Su banda, un power-trio acelerado que volaba cabezas en los discos y en los conciertos, tenía como propósito satisfacer a una audiencia en búsqueda de sexo, alcohol, drogas y bulla. En 1977 el speed metal nacía con el debut de la banda, Mötorhead, y una vez más el rock and roll engendraba otra cultura de motocicletas, cadenas, logotipos puntiagudos y mucho cuero negro. Lemmy nunca se jactó de haberla creado; más bien se alegró de poder tomar su Jack Daniels con Coca-Cola (trago ahora bautizado como Lemmy) en el bar Rainbow de Los Angeles, donde pasaba la mayor parte del tiempo. La música, bebidas y drogas fuertes lo mantuvieron activo y es un misterio cómo no falleció de sobredosis en algún momento; aunque mucho de lo que se escribe sobre nuestros roqueros favoritos son, eh... exageraciones, ya que una cierta actividad o estilo de vida no determina un cierto comportamiento de abuso de alcohol o estupefacientes, caso contrario muchos políticos y banqueros serían "roqueros" también.

Pero el abuso de sustancias no es sinónimo de una corta vida o muerte prematura, sino más bien de una vida miserable. Ahí tienen al cuasi-inmortal Ginger Baker (a quien vimos el 2015 tocar la batería fumando varios cigarrillos y jactándose de haber sido adicto por muchos años a la heroína. Apenas puede caminar, y aunque mantiene una lucidez que otros músicos menores que él ya la han perdido (como Malcolm Young de AC/DC), vive quejándose de sus males. El accidente cerebro-vascular que envió a Gustavo Cerati a coma, y de ahí a la muerte, fue causado por el tabaco.

Red Octopus de Jefferson Starship, con Paul Kantner.
Las drogas aunque parezcan atractivas, o aunque yo parezca una Nancy Reagan, son malas y punto. Matan a nuestros ídolos musicales, y también a nuestros familiares. Sabemos lo que son y el daño que hacen, pero al parecer meternos con ellas nos hará quedar como estúpidos. “Drogas duras llenan sepulturas”, afirma Jorge Martínez de la banda Ilegales, pero ni él tiene un apalancamiento suficiente para invertir tendencias. Al parecer nadie lo tiene, porque el fenómeno “droga” siempre ha estado vinculado con el ser humano.

Escribo estas líneas y me entero de otra baja: Paul Kantner de Jefferson Airplane (y posteriormente de Jefferson Starship), y me apresuro a advertir que, obviamente, la lista se irá alargando este 2016, y tenemos que estar preparados no solo para llorar a nuestros ídolos cuando se hayan muerto, sino para celebrarlos aún vivos. Vayamos a sus conciertos, compremos sus discos y mercadería y, sobre todo, divulguemos su talento por todas partes, de poder, lejos de la Internet que tanto daño está haciendo ahora, no solo con la piratería sino también con aplicaciones “legales” como Pandora y Spotify, a los artistas de toda índole. Dejemos de ser hipócritas al llorar a Bowie, Frey y Lemmy para luego ir a descargar su música en sitios torrent y no comprarla en CD, cassette o vinilo. Nosotros hemos contribuido a la muerte de la música en muchas formas, y debemos asumir esa responsabilidad para crear una industria musical sostenible, incluso si esta nunca lo haya sido.

Jason "Jay" Kay de Jamiroquai.
No fue fácil hacer una lista como esta, considerando que después de todo las listas son hechas para gente que no tiene ganas de leer un texto a fondo, simplemente recibir información rápida y ya digerida (creo que por eso las listas son tan populares).

Desde enero de 1990 que estuve anotando en cuadernos, borradores, notas y demás papeles sueltos cuales serían las canciones que dominarían la década de los noventa: las más influyentes, destacadas, creativas y potentes. Para 1995 llegué a la conclusión que la música rock de los noventas era pésima, pero considerando como estuvo la década del 2000, me quedo con varios discos de la década del nueve cero que en algún momento consideré poco trascendentes.

En realidad, la década 1990-1999 fue la última antes de la debacle total de la industria discográfica como sistema "tradicional" de ingresos tipo campo ferial, es decir, "vamos a la tienda de discos a comprar este disco que tiene la canción tal que escuché en la radio, en la TV o en el cine". Aquel concepto obsoleto pasó a la historia. También fue la última década con música contestataria masiva: fue en 1994 cuando Kurt Cobain se suicidó, y aquel fue un momento pivotante: ¿Qué mega-distribuidor se animaría a seguir lanzando artistas al mercado masivo que terminen pegándose un tiro? ¿Quién iba a financiar algo así? Pues así se pensó y es por eso que artistas "suavecitos" y sin sustancia reinaron desde 1997, aproximadamente. Lo siguen haciendo. Ahora no piden reflexión, ni cuestionar a la autoridad que les ha fallado, solo venden sexo, sodas y zapatillas a una máxima compresión sonora.

¿Recuerdan los noventas? Yo sí, y en esta lista se encuentran sus momentos musicales más destacados. Fue una década muy prolífica y marcada en la mercadotecnia, en donde el producto clave, el disco compacto, llegó a venderse aproximadamente a US$ 18.00 la unidad (hoy en día US$ 12.00 es un precio demasiado elevado, ya que la Internet prácticamente decimó a la industria). La década empezó  en 1990 con Mariah Carey, McHammer, Vanilla Ice. Terminó en 1999 con Will Smith, Basement Jaxx, el programa de software Napster y la arrolladora colegiala Britney Spears. La muerte empezó sus labores con Freddie Mercury y las concluyó con John Denver, llevándose en su peregrinaje a dos virtuosos del rap: 2Pac y Notorious B.I.G. Michael Hutchence de INXS también encontraría su fin ahorcándose en una supuesta auto-asfixia erótica en un hotel de Sydney; pero nada fue tan chocante como el suicidio de Kurt Cobain, en la cumbre máxima de su fama: el líder de Nirvana fue el primer rockero que les decía a sus fanáticos que no valía la pena vivir. Costó muchísimo recuperarse de eso, y muchos no se recuperaron.

Remedy, Basement Jaxx, 1999.

En lo que respecta a temas en las listas Billboard, observar los dos extremos de la década no es muy alentador: empezó con Michael Bolton y su patética "How Am I Supposed to Live Without You" y terminó con "Smooth", mediocre éxito de Santana que le dio al guitarrista un montón de Grammys. Hubiera parecido que en lo que respecta a música no hubo una evolución notable, pero no fue así. Fueron las disqueras las que tuvieron sus años más mediocres, y poco fue descubierto y promocionado que valga la pena. La música siguió su curso en los bares, en las calles, en los discos independientes. Hubo mucha música de todo tipo, y buena... Hasta ahora la hay, solo que está escondida.


Monday, January 4, 2016