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Saturday, March 20, 2010



"All I Need" (del disco Moon Safari, EMI, 1998)
AIR

La primera vez que escuché esta canción del dúo francés Air (Nicolas Godin y Jean-Benoît Dunckel), en un videoclip transmitido por el canal de cable argentino de música Music 21 (Mu21c), fue en 1998. Me tomó un año y mucho dinero el tratar de conseguir el CD en donde estaba incluida, el ya legendario Moon Safari (en esa época en lo que correspondía a música, la frase era "quieres celeste, que te cueste") y, cuando lo tuve en mis manos, lo escuché, o mejor dicho estudié, día y noche. Se convirtió en uno de mis discos favoritos no solo del año, sino de la década y de siempre.  "All I Need" está incluída en mi lista de las 100 mejores canciones de la década del 90, en un muy buen puesto... el 16. Aunque estoy seguro que muchos fanáticos de la banda y del género Chill-out la podrían considerar la mejor de la década, fácilmente. Cantada y coescrita por Beth Hirsch, es un simple poema de amor adornado con una guitarra acústica y efectos electrónicos análogos "alucinantes". Pero estoy seguro que para muchos significa más que eso.

El video oficial, un romántico atardecer en la vida de un par de adolescentes de Ventura, California, está aquí y merece ser visto, De seguro no será removido por la EMI porque lo pusieron ellos mismos (de ahí a que quizás tengan que soplarse un comercial antes de la función). 

Air sigue sacando discos y en giras, pero nada de lo que han hecho se compara a su Safari ni a "All I Need".

Thursday, March 18, 2010


 Christopher Cross (Warner Brothers, 1980)
CHRISTOPHER CROSS

Éste es un caso de ciencia ficción para la industria discográfica, inclusive la de hace 30 años. Un cantante subido de peso cuyo álbum debut le hace ganar cuatro Grammys, vende más discos que pan de molde y es adorado por la crítica, el público y la FM. Al mismo tiempo, dicho cantante es increíblemente feo y sin gracia, incapaz de volver loca a una solterona. Pero igual, la gente sigue comprando su disco debut porque su música es extremadamente buena, irresistible. En 1980 dicho cantante lanzó uno de los mejores álbumes jamás producidos en la costa Oeste de los Estados Unidos. Su álbum "homónimo" Christopher Cross (homónimo entre comillas, ya les contaré por qué).


El gordito tiene una voz irresistible. Aunque pareciera no tener nada en especial, es una voz atrayente porque es sencilla pero a la vez engañosa: uno cree poder cantar y sonar parecido a él, pero intenten cantar "Ride Like The Wind" en un Karaoke y ganarán el premio por la mayor cantidad de gallos y desentono. 



Revisando las revistas de la época, encontré que a Christopher Cross lo presentaron no como cantante solista, sino como banda. Una banda que tenía el nombre del vocalista y guitarrista. Extraño, ¿verdad? No tanto. No sabían qué hacer con su físico. El departamento de artistas y repertorios de la Warner Brothers había recibido ya alguna cinta de demostración de Cross y éste ya había grabado un single mucho antes con otro nombre. En la edición 320 de la revista Rolling Stone (Junio de 1980), se puede ver que el disco encantó al crítico de la revista y que la información del artista (o el "comunicado de prensa") ya venía preparada directamente de las oficinas de Bugs Bunny y el Pato Lucas.
  



Christopher Cross era una graciosa versión humana de Porky, un gordito sin afeitar que pareciera aún seguir viviendo con sus padres en el sótano y cuyo comportamiento social era digno de un científico loco o fanático de Star Trek. Algo tuvo que pasar en las oficinas de la Warner para decidir lanzar a un cantante tan ganso. Christopher Geppert se cambió de nombre en 1970 a uno mucho más cristiano y lanzó un single, "Talk About Her" que no llegó ni a la esquina. Al enviar sus cintas de prueba y lograr una audición en vivo en la Warner Brothers en 1978, los ejecutivos quedaron fascinados de la voz del chico y de la cohesión de su banda: Rob Meurer en los teclados, Andy Salmon en el bajo y Tommy Taylor en la batería. Meurer y Salmon habían estado tocando con Cross en una banda de covers llamada Flash en las fiestas de la Universidad de Texas a inicios de los setentas y fue ahí donde Cross empezó a desarrollar un estilo personal en su voz; definitivamente influenciado por Paul McCartney y los discos hermosos de Steely Dan y Chicago que aparecieron entre 1972 y 1977. Los ejecutivos de la Warner tenían signos de dólar en los ojos, pero sabían que mostrando esa cara de rechonchito inocentón con barba de dos semanas y panza de couch potato, iban a perder el fuerte de su mercado: las quinceañeras compra-discos. 
 


La decisión estaba tomada: El contrato sería como artista solista, pero se anunciaría y promocionaría a los cuatro vientos que se trata de una banda llamada "Christopher Cross"; ésto para evitar que la foto del gordo salga en la portada, o en la contraportada, o en el sobre interno. Porque el "cantante de la banda" no era atractivo: no era un Donny Osmond, y felizmente para él en 1979 no existía la MTV todavía y la estrella de radio, aún, era más atractiva que la del video, porque esta última obviamente tampoco existía.
 

La producción de Christopher Cross no tuvo precedentes en un álbum debut. El mejor productor de la Warner Brothers, Michael Omartian, fue contratado para trabajar en el disco. Michael McDonald de los Doobie Brothers, Don Henley de Eagles y la angelical Nicolette Larson le harían los coros. Valerie Carter cantaría con él un dueto en "Spinning". Y no sólo eso: la lista de invitados en el disco se convertiría en la de una fiesta Post Grammy: J.D. Souther, Valerie Carter, Mirna Matthews, Marty McCall (voces), Eric Johnson, Larry Carlton (guitarras) y los eternos de la Warner Lenny Castro y Victor Feldman (percusión). Eran épocas de mucho dinero en la industria discográfica, y la casa Warner era hogar de artistas de primer nivel dispuestos a cooperar con artistas nuevos de la familia.

Sobrecogedor, ¿no es verdad? Toda esta parafernalia para el debut de un cantante..., perdón, banda en la Warner Brothers. De haber aparecido en la década del dosmil, Cross hubiera sido descalificado en la primera ronda de American Idol y estaría hoy tocando en pequeños locales, con su esposa vendiendo CD's con su rostro en la carátula, junto a la barra. Pero eso sí, sus composiciones serían iguales de interesantes que las encontradas en Christopher Cross. "Ride Like The Wind" estaba dedicada al recientemente fallecido líder de Little Feat, Lowell George, y entre suaves coros y percusión andante nos contaba la historia de un asesino en masa tratando de escapar la ley y cruzar la frontera hacia México. Cross demostraría lo buen guitarra solista que era en este tema, al igual de lo sentimental que podía llegar a ponerse en "Sailing", la canción estrella del álbum. Una balada sobre navegar buscando la felicidad con un arpegio de guitarra irresistible. Es probable que muchas canciones se inspiraron en "Sailing" (como por ejemplo, estoy seguro, "Time" de Alan Parsons Project) y que muchos bebés fueron concebidos gracias al romance que fomentaba la melodía, aunque se trataba de una canción sobre la soledad como felicidad, más que nada.

Cross arrasó con los Grammys de 1980: Álbum del año, canción del año y grabación del año ("Sailing") y mejor nuevo artista. Nunca antes se había dado un caso así, y sólo se repetiría con Norah Jones en el 2002. El éxito fue rotundo. Cuatro millones de copias vendidas hasta 1983. Las radios no se cansaban de él. El California Sound entró triunfal a los ochentas con su voz. El éxito le llegó de inmediato. Dinero, reconocimiento, mujeres... y porsupuesto el ya tradicional divorcio después de conocer a una chica de la alta sociedad mucho menor que él, Paige McNintch. Se enamoró perdidamente de ésta y le dedicó su disco siguiente, Another Page (en tributo a su nombre y a la nueva etapa de su vida). Cross hizo ejercicio, comió ensalada y dejó la hamburguesa con papas fritas, bajó de peso y se afeitó. Una canción más, "Arthur's Theme (The Best That You Can Do)" de la película Arthur le dió un Oscar en 1982 y el futuro se veía prometedor... Pero si ustedes no saben quién es Christopher Cross y sí saben quién es Elton John o Billy Joel quiere decir que su carrera no llegó muy lejos.





Y es que con la música pop (o "Pop N' Roll" como definía Cross su propio estilo), la regla es renovarse o morir. Está bien escribir canciones que gusten a la masa y que sean buenísimas como "Never Be The Same" y "Say You'll be Mine", pero eventualmente el jugo se acaba o la gente se aburre de tanta azúcar con vocecita aquí y conguita acá y tecladito en cuarta suspendida. Christopher Cross ahora entretiene abuelas debido a su sobreexposición y al marketeo inclemente de la Warner, quien usó al cantante y  lo expectoró como cualquier casa disquera mayor, de las que felizmente van quedando pocas. Que ésto sirva de lección a todo aquel artista que logre un éxito rotundo al primer intento: guardad pan para Mayo, que está a la vuelta de la esquina.

Thursday, March 4, 2010

Best (D.V. More, 2006)
Vamos A La Playa (Teldec, 1989)

RIGHEIRA

En verdad jugar a la nostalgia o a pretender que todo tiempo pasado fue mejor es un handicap. Siempre ha habido excelente música aquí y allá, en todo punto de la línea de tiempo que intenta abarcar la historia de la música popular. Aunque soy honesto al afirmar que la calidad de la música popular difundida por los medios se ha estado yendo por el inodoro de manera veloz y contundente desde 1994.

Pero 9 años antes del 94 había un dúo italiano llamado Righeira que anotó dos goles en los ránkings europeos y latinoamericanos con "Vamos A La Playa" y "No Tengo Dinero". Dos canciones en español cantadas con un acento italiano fuerte, armonioso y agradable al oído. Sinceramente creo que el italiano es un mejor idioma para la música que el español, eso es un hecho. Cualquier cosa suena mejor en italiano, hasta un policía dándote una multa por pasarte una luz roja.

Righeira es un dúo simpático y hasta ahora no ha perdido aquel encanto para ser escuchado en una playa del Mediterráneo, rodeado de chicas en bikinis azules, gafas de sol gigantes y sombreros muy a la moda (me viene a la mente "Mamma Maremma" de Umberto Tozzi, obviamente). Al menos esa es mi fantasía y mi derecho de tener al pop italiano tan cerca de mi corazón. Porque el verano perfecto lo sigo buscando y estoy seguro que la música de dichas playas es la de Righeira. Aunque seamos honestos, su música no es la mejor del mundo. De que tienen estilo lo tienen, pero algo les faltó para haber podido llegar a ser un fenómeno más duradero. Bailaban con los pies en la tierra, eso sí.

Para algunos su música puede ser chatarra, y si es considerada "chatarra", por favor piensen en comida chatarra: grasienta, mala para el sistema circulatorio y cargada de azúcar como para convertir a cualquier diabético en postre de caníbales. Pero, ¿quien dice que no nos gusta? Al igual que Burger King,  las pocas canciones de Righeira que fueron éxitos esta por todas partes, y la gente niega que les gusten o les parezcan buenos. Pero bien que de cuando en cuando cantan "No Tengo Dinero" de la misma forma que se empujan para dentro un Whopper doble con queso. Grasienta, sabrosa y potente.

 

Righeira está formado por Stefano Rota y Stefano Righi, ambos de Torino, y fueron producidos por los hermanos Carmelo y Michelangelo LaBionda (que nos han dado maravillas como "Burning Love" de D.D. Sound). "Vamos A La Playa" fue su primer éxito, el cual tuvo a toda Europa cantando en español. La canción, aunque mediocre en composición y performance, logró triunfar en las radios debido a su estribillo pegajoso, que hasta ahora se puede reconocer entre los latinos y europeos de habla italiana que pasan de los cuarenta. Parafraseando al periodista César Hildebrandt, "Vamos A La Playa" fue un chicharrón musical. Chicharrón, pero bueno. "No Tengo Dinero" vino después y creo que fue su mejor canción: sintetizadores a todo volumen, batería programada, una estructura muy simple en sus estribillos y, sobre todo, un par de voces cantando al unísono lo jodido que es estar sin plata y ver cómo otros la pasan de maravilla.  Cuando ambos gritan con furia en el coro que no tienen dinero, uno se lo cree: esta canción debió haber sido escrita cuando el dúo la pasaba mal y el hambre, la ambición y la envidia atizaban el deseo de lograr el éxito total. Para los salseros interesados, Frankie Ruiz abordó un tema similar en "Cómo Lo Hacen".

Pero Righeira también tiene otras pegajosas: "Luciano Serra Pilota" lleva el nombre de una película  de guerra de los años 30 del periodo fascista, y es un tecno rápido y directo, con un bajo sintetizado acelerado en donde los chicos de Righeira se lucen contando una historia de aviones y batallas durante la guerra ítalo-etíope. ¿Será una declaración política del dúo o simplemente una ironía? Es lo de menos. Righeira no busca dividir sino juntar a la gente en pistas de baile o, por lo menos, alrededor de un estéreo. Sus canciones son de fiesta y juventud, como "Italians A Go Go" e "Innamoratissimo".

Righeira perdió momentum, torque, presión, hacia 1986 con "L'Estate Sta Finendo" y, como el verano, también acabó el éxito del grupo. Por lo que veo en la internet, siguen activos, tocando música bailable para inspirarnos a ir a la playa ya que no tenemos dinero. Con Righeira se musicalizaron muchos romances en muchas playas en el Mediterráneo y en Sudamérica, y esperemos que la música continúe, buena o mala, pero suya.

Umberto Tozzi - “Mamma Maremma”

Del álbum Gloria, lanzado en 1979. Umberto es disco funk italiano, de aquellos que están en el top de una elite inalcanzable. También es un gran baladista y en general tiene una voz que gusta a quien entienda italiano o no.

"Mamma Maremma" es aquella canción que no sólo es perfecta para escuchar durante un día de playa, porque habla de los veranos de la infancia, sino también para escuchar de noche, muy de madrugada, cuando uno está rodeado de silencio. El tema también funciona así. Si uno no entiende italiano, no hay problema -inclusive mejor, ya que no tenemos que estar buscando el significado a cada frase, sólo disfrutamos el sonido ítalo-pop de este gran cantante, ídolo de la península.

Si alguna vez alguna casa disquera que haya sobrevivido, desea lanzar un compilatorio de canciones europeas veraniegas de los setentas, "Mamma Maremma" de Tozzi tiene que estar, obligada. Es una canción de verano, de playa, de sol, de arena, de café freddo y claro, de chicas italianas en bikini. ¡Con sombreros y gafas de sol enormes!