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Sunday, July 26, 2009

La pregunta "¿Cual es tu comedia favorita de todos los tiempos?" es bastante ambigua, al menos cuando me la hacen a mí. He leído muchos comentarios y artículos en la internet y las revistas sobre los mejores momentos en la televisión norteamericana. La mayoría de televidentes elegirán Seinfeld, I Love Lucy, Married With Children y tantas, tantas que no acaban de llenar los canales de cable. Existe una serie que no ha sido repetida desde su cancelación, y ésta ha sido para mí, hasta ahora, el ejemplo de excelencia en comedia televisiva.

Yo adoré Parker Lewis Can't Lose desde que la empecé a ver en 1992, en un canal de señal abierta de Perú llamado Frecuencia 2 (hoy Frecuencia Latina.) y nunca me he arrepentido de decir que fue el mejor y más subvalorado momento de la televisión. No quería perderme un solo capítulo y es más, grabé algunos episodios en cintas VHS que después se perdieron en el tiempo y el espacio. 19 años después de su debut en la cadena Fox de los Estados Unidos, aparece en DVD por primera vez, en uno de los ejemplos más escandalosos de tardanza.

La serie, en vez de mostrar un lado sentimental o nostálgico a la vida en una escuela secundaria, intensificó el lado cómico y sarcástico del adolescente promedio y lo puso en vitrina. Aquí no hay superficialidades que rayan en lo ridículo como en la patética Saved By The Bell o dramas académicos o románticos como en Degrassi, simplemente diversión y entretenimiento puro que duraron temporada y media hasta que los creadores de la serie le dieron al protagonista cuya serie lleva su nombre una novia, la cual lo encadenó a él y a nosotros a una mediocridad que provocó la cancelación de la serie al final de la tercera temporada. Sucedió con Twin Peaks cuando descubrimos quién mató a Laura Palmer y con Happy Days cuando Fonzie saltó el tiburón en esquí acuático (el término jump the shark para declarar el momento que una serie buena se convierte en basura se originó con este caso.) Examinaremos la aparición de Annie Sloan más adelante, porque en este post vamos a hablar de la primera temporada, la mejor de mi serie favorita.

La historia trata las vicisitudes y peripecias de un trío de estudiantes de una escuela de California completamente distintos que se llevan de la mejor manera aportando lo mejor de su personalidad como individuos. Parker Lewis es aquel chico popular al cual todo le va bien o al menos eso nos hace creer, Mike Randall es el rebelde rocanrolero y Jerry Steiner el nerd especialista en computadoras. Ninguno se llevaba mal con el otro, sino tenían que lidiar con una enemiga común: la directora Grace Musso, el personaje más interesante de la serie. Una directora malvada sin ápice de piedad o bondad para con los estudiantes y nunca lamentándose de su estado de solterona eterna bordeando los 40 (40 años en 1990 era como decir 65 en el 2009, háganse una idea.) Para mantener a los estudiantes a raya, especialmente a Lewis y su pandilla, Musso utiliza un asistente especial de obediencia llamado Frank Lehmer, un ultraderechista fanático de las armas quien hasta ahora no ha sido superado en su representación del sobón de la escuela. Indiferente a estos conflictos, está el gran Larry Kubiak, un enorme y glotón jugador de fútbol americano incapaz de resolver una simple operación aritmética, pero responsable de muchos de los éxitos de la escuela en campeonatos interescolares.

La serie parecía haber salido de la mente de un par de chicos de secundaria aburridos de llegar a casa después de un día infernal en la escuela, lleno de matones, profesores crueles, chicas guapas que los ignoran y una sensación de inutilidad terrible sólo para encontrarse con más reciclaje industrial en una televisión hecha para vender jarabe de maíz y antidepresivos. Es probable que muchas de las historias contadas en la serie hayan sido basadas en experiencias propias de los creadores y que hayan en algún momento activado un interruptor creativo utilizando como referencia el éxito de la película Ferris Bueller's Day Off y de la terrible Saved By The Bell; la cual sigue siendo terrible al ser repetida a las siete de la mañana. Es terrible que el Screech de Bell haya terminado siendo más popular que Jerry Steiner, uno de los más logrados personajes nerd jamás puestos en la caja boba.

Los chicos que salieron con esta palomillada televisiva fueron Lon Diamond y Clyde Phillips. Fueron ellos los que crearon personajes injustamente olvidados por la teleaudiencia como la brutal directora Musso, quien se robó el show en más de una ocasión. Fueron ellos que le dieron un toque no sólo surrealista, sino divertido y adolescente. Es probable que en la primera temporada no haya una sola escena aburrida o ignorable. Tenerla en DVD es todo un lujo y la mejor inversión en entretenimiento para el hogar en lo que va del 2009.

Friday, July 17, 2009


Sé por qué la muerte de Micky Rospigliosi me ha causado mucha pena hoy. Es porque él no se fué sin pelear, sin perseguir ese imposible de salir libre de un cáncer que lo estaba comiendo vivo por dentro desde hace más de un año. Micky Rospigliosi es hoy día sinónimo de lucha por la vida.

Curiosamente, lo que más oí de Micky durante su carrera como comentarista y narrador deportivo (especialmente fútbol) eran cosas negativas. A Micky le dijeron de todo, y los insultos venían sobre todo de la Federación Peruana de Fútbol y de los que creían que sus métodos iban a lograr que el Perú logre un empate a lo máximo y que esto era aceptable. A Micky lo calificaron de mermelero igual que su viejo, corrupto, gordo panzón, balón de bilis que no quiere a su país, cornudo, etcétera. Yo por alguna razón no me creía las cosas malas que decían de él, más que nada porque me gustaba su entusiasmo y pasión por el fútbol y sobre todo él y yo teníamos el mismo sueño de volver a ver a Perú metiendo goles.

En 1990 mi abuelo, quien fue al mundial de Italia de aquel año, me contó que Micky Rospigliosi, quien también había ido al mundial, no iba a los estadios a narrar los partidos para Panamericana sino que transmitía los partidos desde el hotel, con la televisión encendida. Pudo haber sido un rumor llegado de fuera, o en verdad a Micky no le daban el enlace microondas por falta de dinero, pero por lo que mi abuelo dio a entender, Micky se estaba ahorrando el dinero de las microondas de Panamericana para sus gastos personales. Quién sabe. Pero una cosa era cierta: Perú no estaba en el mundial, después de la segunda campaña más desastrosa de su historia (la primera es la de Sudáfrica 2010. El Perú es el primer país del planeta oficialmente eliminado.) Y la culpa iba de un dirigente a otro, pasando por entrenadores malos y futbolistas borrachos.

Al igual que las cosas que se decían de Micky, tampoco le presté mucha atención a los eventos del fútbol peruano como los torneos descentralizados que cada año nos iban sumergiendo en una mediocridad deportiva apabullante (salvo gloriosas excepciones como en 1997 con Sporting Cristal y el 2003 con Cienciano del Cuzco.) Pero siempre que alguien que supuestamente sabía más me decía que yo no estaba en condiciones de opinar, me remitía a un solo hecho: no habíamos estado en un mundial desde España 82 y no habíamos ganado un partido desde el apabullante 4 a 1 del Perú-Irán de Argentina 78. Y esta ha debido de ser la meta de todos los involucrados: hacer que el Perú vaya a un mundial, y hacerlo durar por lo menos hasta la primera ronda. Micky nos ha demostrado que es difícil, pero no imposible.
Aquí lo vemos en una entrevista con la controvertida Magaly Medina en Marzo de 2009, cuatro meses antes de su muerte. Micky en vez de llorar por su enfermedad, sale con su voz crítica y enterada a comentar un típico, aunque un poco más serio, escándalo del fútbol peruano:



Micky hablaba y escribía con un hígado revuelto, hastiado de que el Perú no esté al nivel de otros países en materia futbolística porque al parecer, sin haberlo expresado, tácitamente habíamos tirado la toalla. Esperaba de los jugadores una garra, unos deseos de ganar que no lo tenían, y resultó que Micky peleó contra el cáncer con un empeño y fuerza tal que de haberla tenido los jugadores de fútbol peruanos entre 1983 y el 2009, hubieran ido a todos los mundiales a causar daño al rival.
Aunque amargado, la amargura de Micky era un reflejo de lo que la hinchada sentía y ahora último energizaba esos deseos de no rendirse, de seguir en el fragor de la lucha. Sabía que la muerte le iba a llegar temprano de la misma forma que a su hermano y a su padre, el gran periodista deportivo Pocho Rospigliosi. Pero eso no le importó, siguió con su vida, con sus actividades, con sus alegrías como su matrimonio y decepciones como la puesta de cuernos que le dio una vedette llamada Sara Manrique. No tiró la toalla, pero por lo visto el fútbol peruano sí.

Su sufrimiento al batallar a la muerte me recordó la misma batalla que libró mi abuelo en el 2000, no contra el cáncer sino contra la cura. Ambos, quienes fueron al mundial Italia 90, pelearon contra lo inevitable, y el haber muerto no significa haber sido vencidos. Micky ha dejado un mensaje claro: para lograr lo que queremos hay que sudar la camiseta y mucho, sin esperar recompensas como los fuertes sueldos de los clubes Europeos o la aprobación de instituciones como la Federación Peruana de Fútbol.
Micky Rospigliosi (1965-2009) descansa en paz y deja un legado de inspiración para jugar con garra partidos más complicados y difíciles que el fútbol.

Sunday, July 12, 2009

Soda Stereo (CBS Discos Argentina, 1984)

Tenía que acabarse un régimen militar, de esos que desaparecían gente que no estaba de acuerdo con el gobierno ni con los intereses de ya sabemos quiénes, para que en la escena musical argentina ocurra lo inesperado, lo insólito, lo más rebelde: Una banda de rock New Wave cuyas letras no se referían a la política, ni a la sociedad, ni a la marcha de la bronca, ni siquiera a las instituciones.
Gustavo Cerati, guitarrista y cantante de Soda Stereo, afirmó en 1995 que las letras de las canciones de su grupo no significaban nada, sino más bien sonaban bien. Rimaban sin coherencia. Palabras bellas con erres y eles bien pronunciadas y con una producción sónica cristalina, se hicieron escuchar y recordar fácilmente en el debut de la banda en 1984. Un disco que el mismo Cerati luego reconoció haber detestado.
Puede ser que él lo haya odiado, pero Soda Stereo fue más que una banda para nosotros y su álbum debut, editado con una calidad muy pobre en cassette y vinilo en Perú por CBS, fue una novedad, quizás lo más sorprendente y trascendental en música popular en español en 20 años.

Fue un modo de vida y de ver las cosas desde un punto de vista estético, provocativo y hasta cierto punto andrógino y asexual. Cerati, el bajista Zeta y el baterista Charly Alberti se convirtieron en nuestros David Bowies hispanohablantes. Se decía de todo de ellos, y es que la sociedad latinoamericana no estaba lista para ver a tres tipos maquillados como Robert Smith (de Cure) cantando canciones que nada tenían que ver con el amor hombre-mujer. Del debut de la banda Soda Stereo, sólo la canción "Trátame Suavemente" era romántica, y para colmo era un tema muy, muy bueno sobre la soledad en pareja.



Oí comentar a alguien que la canción “Un Misil En Mi Placard” se refería a un affair homosexual de alguien que cayó en la tentación para luego arrepentirse y huir del lugar del crimen. Placard es closet en francés. “Misil” es la única canción del disco que tiene una narrativa, es decir, cuenta una historia. El resto son menciones, textos, sin inicio ni fin, de la alienación juvenil de la gran Buenos Aires de 1984. Un deseo feroz de ser famoso y tener dinero en “Por qué no puedo ser del Jet Set” pone a la canción en la misma línea que “Satisfaction” de los Rolling Stones, y convierte una vez mas a la frustración en fiesta.

Su influencia fue por sobre todo, a nivel inspiracional. Soda empujó a mucha gente a formar sus propias bandas y a encontrar su propia voz. Algo que en los setentas habían logrado Raúl Porchetto, Charly García y Nito Mestre. Esta vez era la movida New Wave Post Punk, Post Dictadura Militar, Post Guerra de las Malvinas. Argentina estaba encabronada con Inglaterra y muy poca música en inglés se escuchaba en las radios FM. Las condiciones estaban dadas. Fue Soda quien logró el estrellato máximo en esa época por méritos propios: canciones excelentes con un sonido nuevo, plástico e impersonal. Su lírica, de nuevo, era estéticamente bella y en el primer LP se dieron el lujo de lanzar un tríptico fiestero que hasta ahora nos obliga a dirigirnos a la pista de baile: “Por Qué No Puedo Ser Del Jet Set,” “Te Hacen Falta Vitaminas” y “Tele-Ka.” Además de estas canciones, encontramos temas que rara vez se habían tocado en la música ciudadana: la sobremasturbación causada por la TV en “Sobredosis,” la carga de tener 20 años y a pesar de tener una vida por delante, carecer de tiempo para prestarle atención al ser amado (“Ni Un Segundo”) y la posterior impotencia sexual del argentino promedio al encontrarse confundido en medio del estrés urbano (“El Tiempo Es Dinero,” “Afrodisíacos.”) ¿Se imaginan a Carlos Gardel cantando sobre una novia con bíceps y su comportamiento dominante? Así de reveladores eran los Soda Stereo.



"Dietético"
(1984, versión no incluída en el álbum Soda Stereo. Presiento que no sos moderna)


Muy pocas bandas pudieron imitar a Soda por ser estos efectivamente originales. En el Perú, JAS y Trama copiaron su estilo y fracasaron (sobre todo la segunda al copiarlos descaradamente.) En Chile, UPA, Aparato Raro y en cierta forma la banda Nadie se inspiraban en ellos. En Argentina, Soda Stereo era harina de otro costal en la movida Bonaerense. Más cerca de la banda Virus que de ninguna otra al ser producidos e influenciados por el vocalista Federico Moura, Soda tuvo sus detractores y críticos más severos, por supuesto. Los Fabulosos Cadillacs se burlaban de ellos –a Cerati lo llamaron “señora con faldas”- y también de los Virus y Abuelos de la Nada, en una ráfaga de comentarios homofóbicos que no les hacían ningún favor a los Cadillacs, pues presentían que su reinado en Buenos Aires estaba en peligro. Afuera, muchos preferían el sonido conocido y la actitud heterosexual-normal de grupos como Enanitos Verdes, Sumo, G.I.T. y, de nuevo, los Fabulosos Cadillacs.

La música etérea, fuerte, elegante e innovadora del Soda Stereo nos lleva al pasado, a nuestro despertar sexual y político, al momento en que decidimos qué hacer de nuestra vida. Al verano de 1986 y toda su turbulencia. El subsidio gubernamental de la economía de los gobiernos pseudo-socialistas de Alfonsín y de García, las tensiones sociales ante la inminente negativa de Chile a seguir con Pinochet, la desigualdad social. Soda Stereo era la banda sonora de esos eventos, y era rock and roll nuevo y gustoso. Lamentablemente, las nuevas generaciones de latinoamericanos no descubrirán a Soda Stereo del mismo modo que nosotros, los nacidos entre 1968 y 1975, los descubrimos y disfrutamos. Les hacen falta vitaminas, de hecho.


Thursday, July 2, 2009

Wanna Be A Star (Millenium, 1981)
CHILLIWACK


It’s like you know the truth but you don’t want to admit it. Like being in love with a woman who's making your life miserable and you keep living in a state of denial. Like being mentally unstable and knowing that everybody knows. Something like that happens when we think of Chilliwack. They might be the greatest Canadian band of all time and one of the best of the world, but we don’t want to accept it because we don't know them well enough. Well, they're there, an 800-pound pop Gorilla from Vancouver. The perennial project of Bill Henderson, the most underrated musician Canada ever produced.

Chilliwack is known by a handful of people who know how to appreciate a punchy pop tune from almost 30 years ago. If we should not care or ask about the age of a woman, then we should not ask about how old you were when "I Believe," the most romantic song in the world came out: Henderson wrote it as a simple ode to steady love. That tune, along with "My Girl", differ from the other songs of the album, narrating stories about showbiz daydreams turned into nightmares. 


"I Believe" is the quintessential early-eighties ballad with a purpose: to show that a relationship can actually change a person into good. Bill Henderson on guitars, keys and vocals, along with Brian McLeod on drums, guitars, keys and vocals and Ab Bryant on bass gave us a lesson on to how a pop song is supposed to be sung and performed. Step aside, Toto:





"My Girl" is a goodbye tune with a catchy phrase that won't leave your head for days -or in my case, decades: "Gone, gone, gone, been gone so long" is sung with gusto, with adorable harmonics, and that guitar solo by McLeod... out of this world. This is not 80's rock, it's perennial

The rest of the album's songs are loaded with a critic view at the entertainment industry. From the chant opening of "Sign Here," the listener gets introduced to the art of deception: the Record deal. Henderson, having his band gone through several names, members and record labels, knows what he's singing about. He was very lucky to team up with Brian McLeod for 1978's Lights from the Valley and had him write and sing in Wanna Be A Star. And "Sign Here" develops into a mini anthem for the deceived. "Too Many Enemies" and "Tell It To The Telephone" will continue the story of stardom gone sour, reaching a high and danceable point with "Living In Stereo." Chilliwack are the kings of catchy and high pitched choruses, and this record is living proof.

Brian McLeod died of Cancer in 1992 and his death was a terrible loss for Canadian music. Bill Henderson currently plays with Chilliwack as the sole original member, sustaining a solid musical career  that's been developing since 1964.

Wanna Be A Star is Chilliwack's (or Canadian rock's, for that matter) best moment, but not the only one. Everything Chilliwack has done needs to be heard, believed and accepted.