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Sunday, May 24, 2009

¡Ay mamita, los chilenos! Por lo que leo y la forma en que está escrito, creo que Rafael Gumucio está siendo irónico. Está atacando a la derecha de su país, a esa misma derecha que se la tiene jurada con los Peruanos y que para pensando en guerra. Es como decir, si los peruanos tanto nos joden con que somos malos, ok, seamos malos pues a ver qué pasa.

A Gumucio le doy el beneficio de la duda. Es más, creo que está siendo un payaso de buena gana. Los que me conocen saben que tengo amigos chilenos de los dos flancos (porque Chile está dividido en dos: los pinochetistas y los antipinochetistas) y por lo que he conversado con ellos, nunca me han dado a entender una agresividad como la que demuestran y remueven las prensas y algunos elementos de los gobiernos de ambos países para crear odios, y así subir los ratings y los votos.

Creo que Chile y Perú y los demás países sudamericanos deberíamos tener un mercado común mismo Europa. Creo en la paz entre ambas naciones y en el cruzar fronteras sin pasaporte y sin que te pongan contra la pared. Creo que ya es hora de emular a Lennon en Sudamérica y pedir que esta guerra fría termine. Un mundo sin divisiones. ¿Para qué carajos cantó "Imagine" si no es para nosotros los sudamericanos también?

Creo en el entendimiento y la paz entre Chile y Perú. También creo que el Huáscar debería estar anclado en el Callao y que el pisco es peruano, carajo. A cada quién lo que es suyo.

A los peruanos les pido que se dejen de Humaladas y no critiquen o condenen a los chilenos sólo porque un puñado de sus empresas meten el hocico en Perú y nosotros bien que nos dejamos. Créanme, ya no estamos para odiarnos sino para entendernos.


¡Al Abordaje, Muchachos!

Basta de cartas de protesta, de gestiones diplomáticas, de confusas declaraciones: ya sabemos que los peruanos no nos van a entender y, por lo demás, siendo sinceros, no nos interesa que nos entiendan. Hagamos lo que hagamos, siempre les caeremos mal a nuestros vecinos. Por lo mismo, en vez de seguir perdiendo el tiempo, mejor tomemos el toro por las astas: vayamos derechamente a pelear, pero no a favor de nuestra soberanía, sino en contra de la de ellos. Los jaguares no tenemos amigos, así es que volvamos, como en la Guerra del Pacífico, a degollar inocentes y a violar vírgenes en Lima.
Vayamos a la guerra, sin esperar motivos, sin dar explicaciones, ahora mismo. ¿Qué podríamos perder? A lo más, algunos miles de personas, que -según múltiples encuestas- de todas maneras sobran: un pelo de la cola comparado con lo que podríamos ganar.
Nuestras carnes tiemblan de felicidad con sólo imaginar que Mario Vargas Llosa podría convertirse en el mejor prosista chileno y que por fin tendríamos a alguien -como César Vallejo- capaz de dejar callado al parlanchín Neruda. Y también nos quedaríamos con Alfredo Bryce Echenique, con Julio Ramón Ribeyro, con José María Arguedas, a quienes los cholos incultos nos saben apreciar en su real dimensión.

En materia de negocios, seríamos estrictos: qué maravilloso mall podríamos construir en el centro mismo de Machu Picchu, con un cartel gigante del Padre Hurtado en la entrada, con una macro sucursal de Falabella, con música ambiental de Los Jaibas y con un campo de golf con hoyos milenarios. Y podríamos transmitir el Festival de Viña desde Cuzco, con Laura Bozzo como animadora, mientras Cecilia Bolocco, Lucho Jara y Rafael Araneda enviarían despachos a Santiago sobre los extraños gustos gastronómicos de la gente del norte, que, en lugar de alimentarse con mezclas de todo un poco con sabor a detergente, se chupan los bigotes con sus ceviches, sus ajíes de gallina, sus ocopas arequipeñas y sus tacú tacus.

No sé qué estamos esperando. Con unas pocas lecciones, los ricos peruanos podrían enseñarles a los nuestros a hablar correctamente el castellano, y también podrían darles unas charlitas sobre buenas maneras, para que los ejecutivos chilenos dejen de ser esos palurdos que los fines de semana se ponen camisas polo.

Joaquín Lavín ya tendría terreno ganado: su jefa de campaña se expresa con un hermoso acento peruano y su idea de las cárceles-islas encontraría un símil en los presidios que los peruanos tienen en las montañas. Los demás candidatos también se sobarían las manos: Piñera necesita nuevas aerolíneas con las que jugar, la Bachelet más tanques sobre los que desfilar y Hirsch más ilusos a los que venderles su marxismo hippie.

Perú ya es nuestro: está a pocos tiros de fusil de nuestros sueños más ocultos. Dejémosnos de ser paisaje y empecemos a ser imperio. Gritemos una vez más "al abordaje, muchachos". No nos equivoquemos. Perú no nos está agrediendo: nos está llamando.

Rafael Gumucio

Saturday, May 16, 2009





Red (E'G, 1974)



Everything that King Crimson has been doing since 1969 is worth to take a look at. Robert Fripp, its leader and mastermind, rarely misses a note, an arpeggio or a chord with his fantastic guitar. He seems to never stop learning about tonalities, textures and sensations his music can bring to an audience, in a living room or in a concert hall.

It all started with a buzz that was damn right: a masterpiece called In The Court of The Crimson King was voted album of the year in 1969 and the band, overwhelmed with all the success with the critics and the audience, imploded. Each album of King Crimson had the entire staff replaced over and over. But in 1973, Fripp found a perfect nucleus in drummer Bill Bruford and bassist John Wetton. Together they performed in the three most radical and vanguardist records of the seventies in England. They picked up the slack other bands were leaving because of changes of personnel and trends. King Crimson, although the members were always in crisis, never sold out or gave the audience a bad product. Even nowadays, King Crimson should be a hot ticket when they go touring.


Bill Bruford left Yes after Close To The Edge and found in Fripp's band a perfect environment for his complicated drum patterns and syncopations. King Crimson was always more advanced than Yes and also way more personal and identifiable with an individual: Fripp. Yes was up until 2008 a constant struggle of powers between Jon Anderson and Chris Squire. Bruford didn't want to fight and discuss but to find the meaning of the rhythm. John Wetton, Fripp's childhood friend, joined the court with an amazing bass sound, distorted and honest, that founded the music and gave it grounds where to grow.


The first one of the trilogy, Lark's Tongues In Aspic, was almost experimental in the kind of fussion that Miles Davis was doing around that time. But I always thought Fripp was heading towards hard rock and intense emotions, as his loud guitar in "Lark's Tongues in Aspic, part II" can tell.















When Red came, King Crimson was a trio, but went out with a blast with the final song of the line-up, "Starless." A 12 minute masterpiece featuring Mel Collins and Ian McDonald on saxophones. "One More Red Nightmare" was a leap into the future the same way they did it with "21st Century Schizoid Man" five years earlier. Unfortunately, there wouldn't be more KC until 1981, when Fripp renamed the band Discipline he was playing with Adrian Belew, Tony Levin and Bill Bruford.
King Crimson makes music for everyone, because most of us have ears. Is up to us to discover it and dare to explore it. When we realize what they're up to, their music won't be for everyone, but for a few who dared.

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