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Friday, February 28, 2014


Ludmir con Cecil B. DeMille, uno de los pioneros del Cine. Pepe Ludmir (Lima, 1932 - Los Angeles, 1995) pudo haber sido el cinéfilo peruano que más cerca llegó a codearse con las estrellas de Hollywood, aquel paraíso productor de fantasías llamadas películas.

Esta semana, a raíz de los premios Oscar, me vino a la memoria las veces que él narraba la ceremonia en diferido, una semana después de que los premios se hayan entregado y que la fiebre ya se había pasado. Los cinéfilos estaban furiosos con Pepe y con Panamericana, la cadena de TV peruana que adquirió los derechos hasta 1995, por no transmitir la entrega de premios en vivo.

Yo también le dí con palo, sin escribir ninguna carta a ningún medio, pero sí me pareció egoísta que él sí podía asistir a la ceremonia, tomarse el tiempo de traducirla, encontrarle significado a algunos chistes localistas Hollywoodenses (que abundan y hasta aburren), y luego entregar su video al Canal 5 para que lo propale el siguiente Domingo, con todo cuajo, diciendo: "Listo. Ahora sí el Perú puede ver el Oscar versión Ludmir."

Con Jane Fonda, a mediados de los setentas. Nótese el retrato del presidente izquierdista chileno Salvador AllendeAlgunos para evitar verle la cara y oir su voz una semana después, aguando la fiesta, trataban de conseguir la señal vía cable, sin mucha suerte porque las dos compañías de cable bloqueaban la señal de ABC debido a los derechos adquiridos y los fanáticos del cine, furiosos, le mentaban la madre al dueño de Telecable, Genaro Delgado Parker, a Telefónica del Perú y porsupuesto, a Ludmir quien era el amo y señor de la televisión dedicada al cine.

Ludmir terminaba sus transmisiones en diferido con una frase amistosa a los televidentes: "'¡nos vemos en el cine!," que para mí en los ochentas y noventas sonaba más como "¡el próximo año les hago la misma, conchesumadre!"

Panamericana y Ludmir terminaron su relación contractual en 1995 y Pepe se fue con sus videos y cachibaches a Frecuencia 2 (ahora Frecuencia Latina) y resultó que este canal ya tenía planeado transmitir la ceremonia en vivo mientras Pepe iría traduciendo al instante, sin edición, la sarta de chistes de Billy Crystal o Whoopy Goldberg. Pepe falleció de un infarto poco antes de la ceremonia de 1996. Su hijo Bruce lo reemplazó pero no pudo contener, al final, sus lágrimas y lloró por su padre.

Nosotros, en ese momento, también.

No sólo por Pepe sino porque la ceremonia fue muy pobre y mediocre:  "Braveheart" de Mel Gibson se llevó el premio mayor y hasta ahora se considera una de las mayores injusticias en la historia de los premios. De pronto nos dimos cuenta de que sin Ludmir, el encanto de ver una ceremonia en diferido traducida con amor al séptimo arte se había esfumado.

Por tanto Ludmir logró callarnos la boca desde el más allá. Muerto él, se murió la magia de la ceremonia que se veía en Perú a través de Panamericana televisión, a cinco mil millas del Dorothy Chandler Pavillion y ya pasada una semana. Ludmir, nos guste o no el retraso y el disfuerzo, le ponía un entusiasmo y una pasión tan intensa a cada emisión, entrevista y comentario que pareciera que ese era su fuerte, su vocación: codearse con Hollywood y poder contarnos acerca de las películas y demás aventuras que ocurrían en la ex plantación de Naranjas al Norte de Los Angeles. En resumen: una ceremonia en diferido es mejor que en vivo... por último, las sorpresas en los Oscares van en continua disminución.

Durante sus años en Panamericana, lo que Ludmir debió haber hecho fue haber transmitido en vivo la ceremonia con él comentando, no traduciendo, y luego repetir una semana después con una traducción coherente, correcciones y ediciones necesarias del caso. Debió haber tenido un programa de una hora o dos a la semana dedicada al cine de la misma forma que el fenecido Roger Ebert lo tenía en ABC. Debió habernos contado más sobre qué cintas ver y qué cintas no ver (aunque jamás lo vi criticar negativamente a un filme, ojo). Sabíamos que su película favorita era "Ladrones de bicicletas" de Vittorio de Sica (o sea, le gustaban dramas bien dramones) y que tenía una debilidad psico-erótico-sexual por Sofía Loren (quién no). 

El Oscar tiene mucho de Ludmir. Él se jactaba de haber sido uno de los primeros periodistas en asistir a la ceremonia cuando ésta sólo se transmitía por radio (imagínense, ¡nadie podía criticar los vestuarios de la alfombra roja!) y el primer periodista latinoamericano en cubrir el evento. Su influencia, muchas veces criticada y renegada, se puede sentir en cineastas como Luis Llosa, quien se fue a Hollywood y consiguió calatear a Sly Stallone con Sharon Stone en "El Especialista", en Bruno Pinasco, quien se vacila duro yendo a Los Angeles a perseguir a Jennifer Lopez, y hasta en críticos más severos como Alberto Servat y Federico De Cárdenas. ¿Pepe Ludmir inspirando a Francisco Lombardi a convertirse en cineasta? ¿Por qué no? Como periodista de Espectáculos Pepe Ludmir se notaba que esperaba más de los artistas peruanos, pero no de los hollywoodenses porque para él la meca del cine era el non plus ultra. Adoraba al cine pero nunca se involucró directamente en éste. Ludmir prefería estar junto a los espectadores y estoy seguro que de cuando en cuando, durante la proyección de alguna película, él se volteaba a mirar a los espectadores, al ser él vínculo, nexo entre la película y los simples mortales.

Creo que esta fue su última entrevista antes de morir:
 

Thursday, February 27, 2014



Detalle de la portada del Almoraima (Philips, 1976)
Paco de Lucía ha muerto en Cancún, México, y Twitter se sacudió con una ola de “QEPDs” y “RIPs”. Las malas noticias viajan muy rápido.

Tuve el gusto de ver a Paco de Lucía en dos ocasiones: una en la UCLA allá por el 2001 y otra en el 2012 en Oakland, en donde tocó maravillosamente. Pero fue en el 2001 donde en verdad este guitarrista me sacó de cuadro presentándome lo que era flamenco vivo o la evolución natural de la música. Su música embrujadora transportaba a lugares remotos pero familiares. Nos encontramos en Andalucía, específicamente en el puerto de Cádiz, donde el flamenco hace vibrar a todo el sur de España y recibe toda la influencia del Norte de África y de la música gitana del Este de Europa. Paco de Lucía exploró sonidos con un oído casi detectivesco y siempre afincado en lo que era el sufrimiento auténtico por la vida.

Recuerdo que Paco de Lucia iba a regresar en el 2002 a la UCLA pero el gobierno de los EE.UU. le negó la visa de entrada. Imagino que habrá tenido algo que ver con la paranoia post 11 de setiembre y el horror a lo gitano/ musulmán/ piel oscura. De Lucía era español pero seguro tenía conexiones con el mundo musical de Medio Oriente. Felizmente lo pude ver una segunda y última vez en el Paramount Theater de Oakland, durante el festival de Jazz de San Francisco. Esta vez tenía cantaores y un bailaor. Fue maravilloso, aunque sentí que Paco estaba algo cansado. Alguien en la audiencia le gritó: “¡Maestro!”, y él agradeció el calificativo. Nosotros le agradecemos una carrera musical y una discografía que dará que hablar por el resto de la historia de la humanidad. El mago de las seis cuerdas está en el olimpo de los grandes músicos de siempre, y al escucharlo en temas como “Almoraima” o “Danza Ritual del Fuego”, no se nos ocurre compararlo con nadie, y ni se nos ocurrió compararlo antes de su muerte. 

Mi primera imagen de Paco de Lucía fue la de un guitarrista pelucón y descalzo, tocando el instrumento que era, a mis 7 u 8 años, el más difícil del mundo. Sólo le bastaba cruzar sus piernas y poner su guitarra ahí en su regazo para que uno se diera cuenta de que el talento que emanaba de él era enorme.

Grabó muchísimos discos de primera, y se ganó las críticas negativas de los puristas del flamenco al intentar explorar fuera de sus límites geográficos y musicales. Encontró el cajón peruano y el bajo eléctrico sin trastes y lo incorporó a su música. Arriesgó tocar con Al DiMeola, Bill Frisell, Chick Corea y John McLaughlin. El flamenco se expandía y adaptaba a todas formas posibles de música, dando inicio a su globalización. Algo natural tomando en cuenta que fue usado como propaganda durante el régimen de Franco y que los discos, una vez grabados, llevan la música de un lugar a otro. El flamenco no podía quedarse enclaustrado por siempre en el sur de España, porque nunca se quedó quieto -nos hicieron creer que sí- al viajar durante tanto tiempo y por tantos kilómetros. Si queremos comparar a Paco de Lucía con alguna persona, hagámoslo con viajeros y pensadores, no con músicos: Carl Sagan, Marco Polo, Neil Armstrong. 

Envejeció con gracia y su muerte tomó al mundo por sorpresa. Pero ha dejado una discografía y videografía digna de explorar por el resto de nuestras vidas.

El poeta y flamencólogo Félix Grande escribió sobre Paco en la contraportada del Almoraima (Philips, 1976). Transcribo esto no como un obituario sino más bien como una carta de invitación a descubrir algunas de las músicas más bellas del mundo: 

Desde hace años, cada nueva creación de Paco de Lucía nos produce sorpresa. Pareciera que en cada nueva etapa llega hasta sus fronteras —y en su creación siguiente advertimos que esas fronteras se desplazan, que quizá este genio de la guitarra ya no tiene fronteras. Tal vez nuestra sucesiva sorpresa no nace únicamente en nuestro sucesivo deslumbramiento, sino también en la desconfianza: es que no estamos acostumbrados a asistir al desarrollo de la genialidad. Al fin tendremos que asumirlo, con gratitud, con júbilo: Paco de Lucía es uno de esos pocos seres herederos y a la vez inventores de un lenguaje; uno de esos imprescindibles locos cuyo respeto a las raíces y cuya libertad son por igual tempestuosos, y que por ello alcanzan el privilegio y la condena de ir abriendo caminos, acumulando desde la fragua de su nombre nuevo metal y más calor a ese vasto y anónimo metal calenturiento que llamamos la música. Cuánto le cuesta a Paco de Lucía el prodigioso regalo que nos hace, es algo que no sabremos nunca. La soledad, incluso la desesperación que hay siempre bajo la laboriosa humildad de un artista, no se pueden cobrar, no se pueden pagar. Tal vez llorando a solas con su música en medio de la madrugada, tal vez creando en nosotros mismos ese tremendo ritmo al que llamamos lágrimas, tal vez así podamos bajar hasta el barranco mineral en que nace su música, ese barranco donde están los seísmos de la necesidad de ser y del que emerge su bárbara guitarra como volando de oro, como danzando en hierro, como olorosa a azufre, como brillando de mercurio, como quemándose en carbón. ¿De qué modo nombrar toda esa enfebrecida operación en que consiste convertir ese magma profundo del ser cósmico en un lenguaje comunicativo, en un lenguaje cósmico y a la vez organizado? Quizá pueda llamarse ritmo.

En el origen de la vida se encuentra, inmemorial, el ritmo. Todo alcanza su ser mediante el ritmo. Ritmo tiene el lenguaje para ser expresión. La danza es ritmo y es ritmo el cuerpo humano. Con ritmo se suceden las mareas. Ritmo es el pulso, el latido del corazón. Ritmo es lo que contienen las obras más memorables de las generaciones: una mezquita, Un acueducto, un mito, una estatua, una fábula, un poema. La rueda: puro ritmo. Un ritmo estricto habita en las hembras embarazadas. Ritmo hay en el trigal, el olivar, la viña; ritmo en la fruta y en el agua. Ritmo tienen las fases de la Luna, las órbitas de los planetas, el majestuoso devenir de los astros. Y cuando la materia alcanza su más ardiente ritmo, sucede el acontecimiento de la belleza humana. Lo que hace que los desafiantes esfuerzos de los hombres quebranten la dictadura de los años es un vaivén paciente y sabio, lujurioso y creador: el ritmo.

Lo más recóndito, v a la vez lo más evidente, en esta nueva etapa de la música de Paco de Lucía, es ese gran secreto: el ritmo. No hablo de una estrategia de la medida y del compás, sino de un acto de respiración. No me refiero a la suma de su compás y sí invención —tan exactos, tan incesantes—, sino al vaho de la vida. Desde lo más profundo del flamenco —su ritmo viejo e inmortal— estas creaciones de Paco de Lucía suben con viejo y duradero sol, con vieja y duradera agua, sorprendentes limones, lentas horas, espesas sombras, fogonazos de luz y geometría; avanzan con heridas remotas, con remotas pomadas: como un incomparable, monumental acto de amor. La historia del flamenco sabrá muy bien cuánto habrá de deber a la organizada locura de este terremoto sereno que es la música de Paco de Lucía. Nosotros ya empezamos a saber cuánto no le podremos pagar nunca. Tal vez de madrugada, a solas y llorando. La historia del flamenco, esa terrible madrugada vieja, no dejará de agradecer a Paco de Lucía la venerable juventud de su música. En nuestra madrugada personal, en esa hora en que somos más limpios, más ancianos y repentinamente vivos, escucharemos este vaho de la vida que sube desde seis andaluzas tensiones y, poco a poco, iremos redescubriendo en nuestro corazón una sangre solemne, un alimento casi religioso: la visita del ritmo. La noche antigua donde todo renace.
Félix Grande




Tuesday, February 11, 2014


A Chuck Berry no le interesa ser considerado el Rey del Rock and Roll porque sabe que el rock es una democracia, aunque muchos quieran considerarlo un imperio (especialmente las inmensas disqueras). A sus casi 88 años, el legendario guitarrista, cantante y compositor sigue tocando sus mismos temas de hace casi sesenta años, y se encuentra en la cresta de la ola que lleva a la primera generación de rocanroleros a una tranquila y relajada muerte natural tocando en escenarios sin haberse retirado o fallecido repentinamente. Chuck Berry no está hecho para la muerte, y de hecho cuando se haya ido su imperio se habrá consolidado cual el del Cid Campeador. Su sonrisa irónica, sus grandes manos tocando aquel riff eterno de casi todas sus canciones y su paso del pato que emocionó a los primeros adolescentes que lo vieron en televisión en blanco y negro harán que Chuck Berry se mantenga vivo por muchos años más, en cuerpo, y para toda la eternidad en el espacio y el tiempo.

Por lo pronto la sonda intergaláctica Voyager ya está llevando "Johnny B. Goode" en un disco de oro que incluye temas de Bach, Mozart, Stravinsky e incluso música autóctona peruana. Chuck Berry, con "Johnny B. Goode", hizo la canción perfecta sobre lo que significa ser roquero y rebelde en tiempos de represión sexual y social que sólo han cambiado para peor. Ya nadie hace canciones con lírica de doble sentido e insinuante como la de Chuck Berry. Desde que tenemos uso de razón, los temas relacionados al amor carnal son o "seguros" o "atrevidos". El cantante masculino de rock o idolatra a la mujer cual Virgen María purísima en un pedestal, o la trata como prostituta. Enrique Iglesias va a salvar a las mujeres despechadas con su "Hero" y Sir-Mix-A-Lot quiere poseer sus potos (a más grandes, mejor). Chuck Berry se encuentra en un punto medio: su lírica insinuante, su poesía y su gusto por las matemáticas crearon canciones que nunca han sonado desfasadas ni obsoletas. Chuck Berry jamás añadió una orquesta o intentó "venderse al sistema" ni en su música ni en su vida personal. Sus canciones son prueba de ello. Canciones como "Let It Rock", sobre unos trabajadores negros en una vía férrea bajo el inclemente calor de Alabama, o "Havana Moon", sobre un cubano esperando en una playa de Cuba el bote de su amada desde Nueva York. Poesía pura y juvenil. Canción erótica y a la vez de amor puro e inocente.

Cuando Chuck Berry canta en "School Days" la frase:

Drop the coin right into the slot
You're gotta hear somethin' that's really hot

No se está refiriendo a poner una moneda en una rockola. Está hablando de sexo, de liberación, de pasión por ser joven en una escuela secundaria en donde la educación siempre estuvo en un segundo plano. La canción termina con una frase inmortal y absoluta:

Hail, hail rock and roll
Deliver me from the days of old

Los "días viejos" no son necesariamente los del pasado. Pueden ser también los de una época difícil, represiva y de emociones controladas. Los de la era de la televisión digital con sus programas de baile con votaciones arregladas y los noticieros de 24 horas al día. Cuando Chuck Berry tocaba en vivo, allá por 1955, no sólo tuvo que lidiar con la segregación racial de un Sur que aún tenía menos de 100 años de haber sido derrotado por el Norte y haber sido forzado a liberar a sus esclavos. Tuvo también que enfrentarse a promotores corruptos que nunca le pagaron por sus conciertos. La ley Mann le jugó una mala pasada al cruzar una frontera interestatal con una mesera Apache menor de edad: lo condenaron por haber tenido relaciones sexuales con ella -él lo negó hasta el final- y, al salir de prisión a inicios de los sesentas, era más famoso que nunca. Los Beatles, los Rolling Stones y la radio en general reconocerían su influencia con la invasión británica de mediados de los sesentas y con el renacimiento del Rock and Roll a inicios de los setentas; cuando Chuck Berry obtuvo su primer número 1 con "My Ding-A-Ling", una canción sobre el pajarito.

La era de compositor/guitarra/cantante del rey del Rock and Roll se encuentra englobada en Johnny B Goode: His Complete 50's Chess Recordings, una caja de cuatro CDs con todo lo que lanzó entre el 55 y el 59, antes de ir a parar a la canasta por mañosón. La gloria del rock de los cincuenta, la pasión de las grabaciones crudas y frescas y por sobre todo el talento de Chuck y su banda están presentes en más de cuatro horas de lo que probablemente será la mejor compra en CD que cualquier fanático del rock clásico pueda hacer en su vida.

Chuck Berry sigue tocando en el Duck Room del restaurante Blueberry Hill de St. Louis, Missouri. Tomó al toro por las astas y ahora, entrando a sus noventa años, sigue cantándole a aquella emoción sexual, romántica y apasionada que inspira a la juventud. Sus críticos pueden alegar, una y otra vez, que Chuck no ha lanzado un disco de material nuevo desde 1979 y que su trabajo de guitarra suena casi igual en todas las canciones. No tienen por qué repetirlo. Lo sabemos. Pero no nos importa.

No todos queremos ser Britney Spears
Cada generación, afirma el crítico de cine Mick LaSalle, cree que es la más vanguardista de todas las que han habido; y para ello simplemente se basa en los avances tecnológicos. Es cierto, parece imposible pensar que hubo una época en que, por ejemplo, los celulares no existían y para hacer una llamada había que, puaj... ir a un teléfono con alambres.

Los chicos de ahora, los niños y adolescentes, son muy distintos a los de hace 20 años. Están expuestos a una andanada de información que viene de todos lados, a la cual pueden acceder cuando les venga en gana. Los mayorcitos nunca pudimos darnos ese lujo: antes, la información, junto con la opinión, caía por goteras y provenía de aquellos con los vatios suficientes como para energizar rotativas o antenas de repetidoras. Ahora, cualquiera puede ser generador de noticias; como por ejemplo afirmar que le vió un pezón a Jennifer Lopez en una ceremonia o, peor aún, generar una mentira como la muerte de Jon Bon Jovi.

Stevie Nicks, diosa del escenario de Fleetwood Mac y modelo a seguir de muchas adolescentes en los setentas, comentó: “No sé por qué las niñas de ahora ponen todo lo que hacen en la Internet. ¡Que dejen algo de misterio!”. Ese misterio es lo que algunos sitios Web quieren destruir por completo, dejando a la juventud vulnerable y expuesta ante el inmenso y misterioso... status quo. Dicha juventud está ayudando a los cazadores de información con una complicidad tremenda e inocente, siguiendo un principio el cual establece que a todo el mundo, sin excepción, le gusta estar expuesto y ser famoso. Ese principio no es nada nuevo y se ve desde el momento en que un sitio Web nos pide hacer un comentario, ingresar un número de teléfono o correo electrónico, o crear un blog para contar nuestra vida privada, como si a todo el mundo le interesara.

En 1989 si uno, por ejemplo, era un lorna en la secundaria, un ganso al cual las chicas lo ignoraban olímpicamente por papanatas, eso se quedaba entre las paredes de la escuela y rara vez salía fuera de ésta. Es decir, si tu apodo del colegio era "Pollo Gordo", ese apodo se quedaba entre los doscientos alumnos... no llegaba necesariamente a la China o a Italia, como ahora. Si un chico fue rechazado por una chica en la fiesta de la clase, este chisme puede no sólo ser contado y comentado hasta el hastío, sino que se quedará en la red por un largo tiempo. ¿Cuánto tiempo? No se sabe, pero quién sabe, 20 años después, cuando el mismo chico esté por casarse con su novia, ésta le salga con "¿por qué no me contaste que una tal Larissa Riquelme te rechazó en tu fiesta de promoción? ¿Por qué dijiste que la amabas con locura y que nunca ibas a olvidarla?” Peor: algunos sitios serán "copiados" por otros sin avisarte y décadas después algunos de tus escritos o comentarios de los que pensaste te deshiciste aún están ahí.

Chicos, la privacidad es un derecho inalienable y va más allá de las ideas políticas o calidad moral. Es lo que nos da no sólo la "máscara" para desenvolvernos en la sociedad, real o virtual, sino en lo que basamos nuestro propio comportamiento. Exponerla es como desnudarnos en público sin ser modelos de Playboy...

...Hablando de Playboy, y usando esta añorada revista como excusa para esta nota, no hace mucho alguien afirmó que fue precisamente esta publicación la que inició la tendencia de exponer nuestra vida privada a los demás a través de medios electromecánicos. Hugh Hefner no sólo desnudaba a sus conejitas sino que les publicaba su edad, lugar de nacimiento, medidas y les preguntaba qué les gustaba o no de un hombre. Hasta ahí, nada del otro mundo; sin embargo sabemos las medidas de Marilyn Monroe, pero claro, nunca supimos si lo suyo fue un suicidio o un asesinato. La privacidad, para los medios, sólo se activa cuando hay cuestiones legales o de seguridad nacional de por medio.

No todos quieren ser personas públicas, pero las nuevas generaciones están siendo forzadas a serlo por una fuerza mediática que no tiene como fin supremo el compartir información entre amigos o descubrir qué fue de la vida de tu compañero de habitación de hace diez años. Si uno no se habla con ellos desde la época de Clinton en la casa blanca, ¿no será por algo? Lo más probable es que no hablen contigo ahora.

La idea de “contactar” como lo puede ser una llamada telefónica, una carta o un beso, no puede ser comparada con una exposición mediática brutal ante 1500 "amigos".  Eso no es contacto, sino difusión. Las páginas de redes sociales son perfectas para vender un producto -tu vida-, un servicio –tus comentarios de carácter privado– y de paso, expresar lo que a uno le gusta en su "perfil de usuario". El primer sitio Web que planteó esta idea de "perfil de comprador" fue Amazon.com. Si uno compraba un disco de los Beatles, el sitio le recomendaría uno de los Rolling Stones. Si uno comentaba que le gustaba un libro de Jim Thompson, le avisarían que la nueva novela de Corman McCarthy saldría en unas semanas. Nada de malo ¿verdad? Si uno tiene un perfil en el cual no hay información sensible. ¿Pero qué pasaría si tuviera un perfil con toda mi información Amazon.com y compro un libro sobre Albizu Campos, el independentista portorriqueño acusado de terrorismo y literalmente borrado de la historia moderna? ¿Me recomendarán que, por mis supuestas ideas de izquierda, compre Desarrollemos la Guerra de Guerrillas? ¿Mi Lucha de Adolfo Hitler? ¿Habría gente que creyera que tengo ideas de izquierda, de derecha o de arriba o abajo? La política, aunque no lo parezca, se hace cada día más volátil puesto que las fronteras ideológicas se borran rápidamente con la tecnología.

Después de todo, Amazon.com se ha portado bien con la privacidad de sus clientes, pero otros sitios, los cuales no voy a mencionar aquí para no hacerles el favor, literalmente han arruinado más de una vida.

Una historia que leí hace poco: un chico, al haber sido castigado por sus padres debido a que su hermana lo acusó por algo que hizo, decidió vengarse de la mejor/peor forma: escaneó el diario privado de su hermana y lo publicó para que todos vean lo promiscua que era: y en verdad fue un vistazo a la realidad de los adolescentes de ahora: una ola imparable de chismes, depresión, alcohol, drogas y sexo: mucho, mucho sexo. Los comentarios de sus “amigos” eran lapidantes cual mujer pública del medio oriente siendo ejecutada. De haberse aparecido Jesucristo en Internet, hubiera gritado “¡quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra!”; aunque él también hubiera ignorado el punto principal del problema: por primera vez la tecnología está siendo utilizada para destruir la privacidad de una persona común, no una persona pública, ni una estrella de rock que vive de ello, de la exposición por la cual luchó toda su carrera. 

Otro caso: una chica que obtuvo un seguro de discapacidad por depresión y estrés en su trabajo, sólo para que se lo quiten cuando alguien la encontró en unas fotos en las Bahamas, en bikini y saltando de júbilo por lo bien que le iba en la vida. Ella se defendió con el hecho de que el doctor le había recomendado unas vacaciones, pero también fue lapidada, y esta vez con consecuencias serias. La frase más común de estas redes: "I love my life".

Anónima de la Internet, mostrando severos síntomas de depresión bipolar y ansiedad.

En el párrafo anterior tenemos dos ataques a dos personas comunes que generan curiosidades de todo tipo: el presidente de Rusia visitó los Estados Unidos en el 2010 y pasó por Silicon Valley. Visitó las oficinas de ya saben qué compañía y se quedó impresionado, pasmado, de cómo una empresa que empezó como sitio Web para que los estudiantes universitarios se hagan bromas entre sí se haya convertido en el lugar más visitado de la Internet. Millones de fotos son cargadas y comentadas a cada instante, y definitivamente no hay garantías de que cualquier número o dato sensible colocado ahí no vaya a ser compartido con una compañía que quiera fastidiarte llamándote a ofrecerte precios asequibles para una casa nueva, cuando no estés interesado en comprar una. “¿Quieres decir que esta gente te da su información privada voluntariamente?” La CIA, la KGB, el FBI, la Mossad… todas las agencias de inteligencia del mundo dicen lo mismo: La f llegó demasiado tarde. Esta f les hace creer a los seres humanos, al menos en la Web, que sus vidas son una maravilla y que tienen que compartir todo lo que hacen con sus amigos. La excusa ya la han oído en muchas ocasiones: "es para mantenerme en contacto con mi familia y amigos".

Marilyn Manson dijo, no hace mucho, que la paranoia funciona como un constante análisis introspectivo de uno mismo. Puede ser verdad, nos hace reflexionar y de cuando en cuando sudar la gota gorda. Y ser paranoico de la privacidad, del derecho a defender su integridad emocional, es el arma más poderosa que tenemos. Es la base del derecho a la libertad del individuo y a ser considerado inocente, antes que se demuestre lo contrario.

Que me perdonen algunos de mis amigos, pero hay que ser bien pelotudo para ventilar tus trapitos al aire en materia de relaciones, discutir con tu pareja “en público” y para colmo tener la concha de decir que lo suyo es algo “complicado”. Todo es complicado, especialmente el estar casado y con, ejem, dos cuentas o “personas virtuales” para que uno o una pueda hacer de las suyas. Pero esto último es un caso extremo y, al final, sólo es un simple objeto de chisme. Lo peor está en otros lados.

Casos graves también se puede encontrar en sitios Web que te ofrecen “compartir tu información profesional” con tus colegas, que como ya he dicho no son otra cosa que tus rivales. ¿Un buen currículum en público? Perfecta plantilla para copiar y modificar. No en vano el CV es the great American fiction, y desde la aparición de LinkedIn, the greatest. ¿Un CV en un sitio Web para que lo vean tus potenciales empleadores? No gracias. Mejor contactarlos a ellos de primera mano. Un CV puede ser copiado, adaptado, repotenciado. Y sitios como LinkedIn y Plaxo lo único que hacen es exponer nuestras virtudes y defectos a desconocidos y, en muchos casos, a nuestra competencia.

Hace poco me llevé un susto al descubrir que las fotos que tomo con mi iPhone contienen las coordenadas del punto exacto donde las tomé. Las fotos del concierto de AC/DC eran rastreables en la ubicación exacta del Oakland Coliseum, y las que tomé de un armario en casa de mi novia, para que lo ponga en venta, mostraban la ubicación de su casa en el iPhone. Todo esto porque había activado una función del iPhone que rastreaba la ubicación geográfica del teléfono al tomar fotos. 

Sentí que el senador McCarthy, Edgar J. Hoover y Vladimiro Montesinos ya no trabajaban para sus respectivos gobiernos sino en Silicon Valley y que nos estábamos dejando espiar descaradamente ya no por gorditos calvos con traje o uniforme sino por nerds  sin afeitar prendidos a sus computadoras, listos para hacer negocio hasta con el cuco. Parece una exageración, pero en realidad nos están llenando de evidencias sobre dónde y cuándo estuvimos en lugares determinados.

Una cierta cantidad de comentarios pueden crear una cierta imagen digital/comercial/política de una persona; la cual la puede definir en un futuro para encontrar un trabajo, una pareja, comprar una casa, ser alguien por tener y no por ser. Las redes sociales no se hacen de dinero así porque sí, ni les pagan a sus empleados excelentes sueldos como para vivir tranquilos hasta su temprano retiro a los 50 sólo por controlar el tráfico y ver que no haya ninguna foto ofensiva o hacker. Cada red tiene un poderoso departamento de ventas listo para cargar tu tarjeta de crédito con cualquier cachibache. No obstante, se la podemos hacer difícil ya que aún nos quedan algunos derechos y algunos aspectos de nuestra privacidad que podemos usar en su contra:

1. Nunca, nunca digan dónde se encuentran. Decir "salgo de vacaciones al mar Peleponeso" puede causar la envidia de la gorda de tu ex-amiga, pero también la curiosidad del amigo de la amiga al cual añadiste sin saber de quién se trataba. Para él "la estoy pasando de maravilla en mis vacaciones", quiere decir "no hay nadie en mi departamento".

2. Qué lindo es salir embarazada y compartir la foto de la ecografía con todo el mundo. No importa que el bebé aún no tenga la nariz formada y que se parezca más al cuñado que al marido. Igual hay que mostrar la ecografía, ¿no es cierto? Con todo y nombre de la madre, fecha y hora del sondeo, nombre del hospital, los últimos cuatro dígitos del número de seguro social... ¿sigo?

3. La información personal en tu perfil de usuario debe ser limitada, de preferencia falsa: nombre (algun error ortográfico no vendría mal) y nada más. ¿Para qué poner el número de la licencia de conducir o el del documento de identidad de tu país? ¿Tu dirección? ¿Estás loco, verdad? ¿Teléfono? ¿Quieres en verdad que te llamen?

4. Tu estado civil es o soltero o casado y sólo se lo haces saber al gobierno de tu país si te lo pregunta. ¿Relación complicada? ¿Relación? Define complicado. Linda forma de hacer sentir a tu pareja como la culpable de todos tus quebrantos. Ella cree que tú eres el único responsable. De más está decir que sus peleas de pareja se deben quedar ahí, en tu casa.

5. ¿Demasiados amigos? ¿Chicas y chicos demasiado guapos que nunca han visto en su vida? No son nada más que bots. Desháganse de ellos. Unos dos o tres por día.

Con estos cinco consejos no sólo estaremos dedicando más tiempo a nosotros mismos sino que estaremos evitando a que nos espíen para vendernos gato por liebre o hacernos la vida imposible hurgando en nuestro pasado, oscuro o no. Así de simple.

Sunday, February 9, 2014

Los Beatles nunca nos dejaron.

Hace 50 años ocurrió algo mágico, y sus efectos aún los seguimos sintiendo. El mundo moderno, el arte moderno, vio la luz y todo pasó de blanco y negro a un inmenso caleidoscopio de colores. Los Beatles visitaron EE.UU. por primera vez y se presentan triunfalmente en el programa más visto de la época: el show de Ed Sullivan. El impacto de esta presentación aún se sigue sintiendo, y quizás dentro de 200 años se mirará a este momento como ahora se estudia la carrera de Mozart o se admira a la maravillosa Quinta Sinfonía de Beethoven. 

O mejor aún, el momento en que Colón llega a América (aunque hubo muchísima menos sangre en Nueva York de 1964), o la llegada del hombre a la Luna o, en el futuro, a Marte. ¿Qué tal la invención de la imprenta, o del televisor? Piensen en un momento importante para el mundo o sus propios países. Compárenlos con el estallido de la Beatlemanía. Así de fuerte fue.

Hasta 1963, la música pop cumplía solo un papel de entretenimiento. Los Beatles se influenciaron principalmente de los rockeros negros norteamericanos como Chuck Berry y Little Richard. Pero Lennon se identificaba con Buddy Holly y sus Crickets (naturalmente, dados sus anteojos y el nombre de su banda) y especialmente con Elvis Presley. “Antes de Elvis, no había nada”, dijo. Es verdad: al menos en la música popular de difusión masiva, no había pasado nada interesante desde... ¿qué? ¿La revolución del Jazz de los años 20? ¿Bob Dylan? ¿Yma Súmac?

Los Beatles en la era de la
saturación de la información
El momento clave del 9 de febrero de 1964 encuentra a una inmensa cantidad de adolescentes en EE.UU. nacidos después de la segunda guerra mundial. Son estos los que están disfrutando un florecimiento económico sin precedentes. Tienen dinero, empleos que les permiten comprar discos y radios a transistores y mucha, mucha sexualidad reprimida. Las corporaciones grandes habían empezado a matar al Rock And Roll en cuatro estocadas: (1) la muerte de Buddy Holly, The Big Bopper y Ritchie Valens en un accidente de aviación; (2) el encarcelamiento de Chuck Berry por negro, sucio, salvaje, degenerado y evasor fiscal (esta última fue la madre del cordero); (3) Little Richard anunciando su retiro de la música libidinosa hacia la religión; y (4) Jerry Lee Lewis con el escándalo de haberse casado con su prima de 13 años (algo normal en el Sur de los EE.UU.). Pero el tiro de gracia fue mucho peor: el ídolo máximo del rock, el imparable Elvis Presley, luego de su servicio militar se encontraba en un refrigerador llamado Hollywood, filmando bodrios uno peor que el otro, comiendo hamburguesas y acostándose con toda mujer que su manager le ofrecía. El rock estaba muerto y enterrado y le cantaban en su velorio baladistas sanos y asépticos, incapaces de cometer una locura como, por ejemplo, ponerse gallitos ante la prensa o criticar la política internacional de los EE.UU.

Los Beatles, en cierto modo, estaban por llenar un vacío y sí que lo llenaron. Fue un vacío artístico que se expandió al vacío emocional provocado cuando Kennedy murió asesinado en Dallas dos meses atrás. Los cuatro de Liverpool no llegaron cantando “Oswald fue un chivo expiatorio”, sino “I Want to Hold Your Hand”; por tanto las letras no tuvieron nada que ver con la revolución beatle. Fue el sonido y sobre todo la actitud. Millones de chicos se dieron cuenta que la actitud es lo más importante, e incluye también un estilo de vida que implica sacrificios: dejar el hogar familiar, pelear por lo que uno cree... planear una revolución inteligente. Como en toda revolución, hubieron víctimas inocentes y héroes que no debían serlo.

Ed Sullivan sabía del poder que tenían estos chicos en la juventud británica pero aún no estaba convencido de si era algo bueno traerlos a su programa y exhibirlos como curiosidad. Supo de ellos durante unas vacaciones en Inglaterra, y las negociaciones fueron y vinieron hasta que un reportaje de la CBS le hizo ver que ahí estaba el secreto, la magia, el encanto. Sullivan seguro no vio el potencial que esta banda tenía para cambiar el mundo. A ver, seamos honestos, ¿creemos ahora que alguien como Justin Beaber o una banda como One Direction tiene el poder de cambiar el mundo? No. En el momento en que Sullivan y el resto de los EE.UU. reciben a los Beatles, nadie podía predecir nada, igual que ahora. En aquella noche del 9 de febrero del 64, desde el momento en que Paul cantó “All My Loving” hasta el último acorde de “I Want to Hold Your Hand”, los Beatles decimaron el sistema de entretenimiento occidental a guitarrazos. Lo hicieron obsoleto e hicieron surgir una creatividad basada en su ingenio, talento, chispa y personalidad de clase trabajadora. Los compositores en Tin Pan Alley debieron haberse horrorizado y correr a los teléfonos para contactar a la prensa especializada: "impidan su éxito". "No se preocupen, éstos no duran un año", les respondieron.

Al principio parecía que solo eran las chicas las que estaban locas por estos cuatro melenudos, pero en verdad era todo el mundo. Hasta los que los criticaban por su actitud y "pobre musicalidad" sabían en el fondo que estos cuatro jóvenes eran caso serio. He oído comentarios como "me importaban poco los Beatles hasta que sacaron Yesterday’"; es decir, cuando Paul decidió mostrar un lado increíblemente romántico y poético en una canción introspectiva (aunque aún de amor). También he oído esto: “Los Beatles se malograron con ese Revolver y esa canción que empieza con alguien tosiendo”; es decir, cuando los Beatles decidieron explorar más allá de las fronteras que encerraban los gustos de muchos en el público. No se puede complacer a todos, pero pareciera que entre 1964 y 1966 los Beatles lo hicieron.

Todo cambió para bien y para mal. Gente como John Fogerty, Roger Waters, Robert Fripp, Chris Squire, Steve Miller, Jeff Lynne y otros decidieron crear sus propios grupos escribiendo sus propias canciones. “Beatles on Sullivan” fue la respuesta que me dio un profesor de leyes en la industria del entretenimiento en la UCLA, allá por el 2000, cuando le pregunté cuál fue el momento más trascendental en la historia de la música pop. No hay discusión, señor Moreno. Beatles on Sullivan. Yo añadiría otros casi tan importantes, pero imposibles de superarlo: antes del 9 de febrero de 1964: Muddy Waters mudándose a Chicago, la película Blackboard Jungle, Elvis Presley entrando a Sun Studios en Memphis. Luego del 9 de febrero de 1964, solo consecuencias: Lennon diciendo que su grupo es más grande que Jesucristo (algo que creo le costó el liderazgo en el cuarteto), Hendrix en Londres, Monterey Pop Festival, el regreso forzado de Elvis a los escenarios, Woodstock, Altamont, Dark Side of the Moon, Led Zeppelin y sus estadios llenos, la muerte de Elvis, la muerte de John, MTV. 

Con esta celebración de 50 años, no queda más que seguir disfrutando de la música y encanto de ya saben quiénes.

Dos interesantes artículos del gran autor Joel Achenbach sobre Paul McCartney y los Beatles (están en inglés):


y Be Grateful the Beatles Broke Up:

Lectura recomendada (o mejor dicho, obligada): Tune In – All Those Years, el excelente libro de Mark Lewisohn, primera parte de la trilogía de la historia de los Beatles, detallando el largo y sinuoso camino desde el nacimiento de los cuatro hasta poco antes del estallido de la Beatlemania (el segundo volumen incluirá la visita a EE.UU.):  www.amazon.com/Tune-In-Beatles-These-Years/dp/1400083052/emiliocacao