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Sunday, November 22, 2020



Puedes Ser Tú (Discos Hispanos, 1985)
MIKI GONZÁLEZ

En 1985 el Perú no estaba preparado para lo que se venía: los peores años de violencia, pobreza y corrupción que vivió en su historia. El gobierno del Arquitecto Fernando Belaúnde terminaba por las patas de los caballos, con una oposición crítica muy severa a su política económica y anti-subversiva. Aquellos críticos, como el guitarrista y compositor Miki González, ignoraban de lo que serían los próximos cinco años de gobierno de un chico de 33 años, lider de un partido llamado Alianza Popular Revolucionaria Americana, llamado Alan García, quien obtuvo más del 50% de los votos en la primera ronda de las elecciones de aquel año.

Este es el tipo de artículos que le gusta escribir a
Javier Lishner, y creo que él tiene mucho más conocimiento de lo que se vivió en la escena musical peruana de esa época que quien escribe. Yo simplemente prendía la radio y la TV y absorbía lo que había en los rankings y los noticieros. Déjenme decirles a los que nacieron hacia 1988 y a los desmemoriados que no hubo cosa peor que lo vivido entre 1986 y 1992; es decir, la hecatombe García y los dos primero años de estabilización de la economía a cargo del primer gobierno autocrático de Alberto Fujimori.

En la canción título de Puedes Ser Tú, Miki hizo un compendio de la historia del Perú de los ochenta: Una aristocracia venida a menos que intentaba sobrevivir los nuevos cambios económicos mientras el terrorismo y el narcotráfico nos aterrorizaban con la ayuda de los medios de prensa. "Así es la vida del hombre aquí en la gran ciudad. No le importa a quién aplasta, hoy traidor, mañana Rey." Esta frase pintaba de cuerpo entero a Vladimiro Montesinos, el hombre que en los setentas fue expulsado del Ejército del Perú y que posteriormente sería el asesor de Fujimori. Miki no estaba profetizando sino advirtiéndonos. ¿Pero quién escucha consejos en discos y cintas de roqueros peruanos? ¿O españoles, a fin de cuentas? "Puedes Ser Tú" nunca se tocó en las radios peruanas; o al menos yo nunca la escuché ahí. La canción que convirtió a Miki en una superstar fue "Dímelo, Dímelo," un rock-punk muy inspirado sobre los comerciales de TV que te forzaban a comprar cosas que no necesitabas mientras el dinero se te iba de las manos. Miki no entendía en ese entonces que para hacer dinero había que gastar dinero y que las agencias publicitarian estaban como la mayoría de peruanos: tratando de sobrevivir la crisis que nos tenía a todos mal, pero como dije dos párrafos antes, no se comparaba con lo que se venía y ni el propio Miki pudo profetizar tamaña debacle.

El primer disco de Miki González tuvo invitados de lujo como Andrés Calamaro y Charly García. Asombroso que haya grabado en Panda Estudios con la ayuda de un bajista llamado Eduardo Freire y uno de los hermanos Ballumbrosio, Filomeno -hijo de don Amador, que popularizó la música grone en Chincha, al Sur de Lima-, en el cajón. Miki se encargó de las guitarras y la programación de su "Drumulator" para mantener un ritmo fijo, estático y computarizado a 8 bits. Al gran Charly García le dio la oportunidad de hacer coros en "Chapi García," un tema 100% chicha (tropical-andino) en donde una voz femenina nos da cuenta de qué desastre estaba dejando el gobierno del partido Acción Popular, al mando de Belaúnde. En los ochenta este tema era ignorado por los rockescuchas, pero ahora se siente su nostalgia y etnicismo, de igual modo que con "Brian Meno," un tema instrumental afro-peruano en donde el zapateo, la guitarra eléctrica con flanger y el sonido del arpa hacen descubrir a toda una legión de fanáticos del rock en español que la música negra existe y está llena de texturas, y es excitante.

Excita porque hasta 1985 la música afro-peruana nunca se había cruzado, ni pensaba hacerlo, con el pop-rock. Hasta ese entonces había sido popularizada en su forma pura, con su ya aceptado mestizaje con el criollismo, por artistas como Arturo "Zambo" Cavero, Perú Negro y el legendario Nicomedes Santa Cruz. Miki González quería fusionar con la música negra de las plantaciones de algodón y caña de azúcar de Chincha. Para ello ya tenía a Filomeno Ballumbrosio en el cajón. Y mucha más fusión vendría después. González inicia con este disco un coqueteo con los ritmos afro peruanos que lo llevaría a grabar "Akundún," un reggae pegajoso que en 1994 sería su éxito más fuerte, traspasando las fronteras del Perú. Pero por el momento, Miki estaba debutando como roquero de protesta, así que concentrémonos en esta faceta.

Protesta, como todo hombre, por la forma cómo su mujer lo trata en "Ya No Aguanto". Pero, como escuché decir por ahí a la gran Storm Large, "¿Qué es el amor si una no termina llamando a la policía luego de una discusión?" Le canta a la "Fatiga" de su percusionista y deja que Eduardo Freire cante su propia "Peligro," en donde el bajista trata de emular a González con su ojo crítico.

Miki escribe canciones como "Donde Están" y "Soy Un Proletario." Una está cantada como si el protagonista estuviera en una trinchera, viendo cómo el país se va a las ruinas; y no hay una sola pista de esperanza ni sosiego. ¿Dónde están los periodistas? (muertos) ¿Y los presos por narcotráfico? (aprendieron a volar.) La otra es una ojeada a una posible vida feliz bajo el sistema económico capitalista basada en el conformismo y la ignorancia; aunque yo lo ví siempre como un elogio al socialismo tipo yugoslavo-cubano. Miki González tenía una tendencia socialista muy marcada y ahora eso suena extraño, pero en 1985 quien no era socialista era un Nazi conchesumadre o, peor que eso, socio del Club Regatas Lima. Miki fue más allá con su radicalismo y al menos una vez se presentó para algún congreso del Partido Comunista del Perú. Con Patria Roja y todo, quién lo diría.

El disco, al tener invitados tan de peso como Calamaro y García, llegó con un buen pedigree y le dio credibilidad a Miki como compositor. Su voz es muy limitada pero la sabe usar y no intenta ser un cantante de altas notas o brillantes falsetos, sino más bien un cronista de la realidad peruana, con una muy buena sección de ritmos y una guitarra blusera subvalorada por muchos, excepto por algunos como el que escribe.

González tendría en 1987 un exitoso segundo disco llamado Tantas Veces que incluía una canción punk-new wave llamada "Vamos A Tocache," sobre la ciudad de la alta selva peruana famosa por sus conexiones con el narcotráfico. Su carrera seguiría en subida hasta aproximadamente 1994 con el ya mencionado "Akundún".

Más sobre Miki:

http://enciclopediarockentuidioma.blogspot.com/2009/04/miki-gonzalez-peru.html

Y porsupuesto, en Amazon.com

"Lola, Lola," del disco Tantas Veces (CBS, 1987)



"Ya No Aguanto" del disco comentado en este post.

Monday, October 12, 2020



Escribe Jesús Quintero

Desde tiempos inmemoriales, trovadores, poetas, juglares y músicos de todo género le han adjudicado a la luna virtudes que cualquier astrónomo descalificaría con una sonrisa desdeñosa. Sin embargo, como más se aprende por el oído que a través de los libros de ciencia, la música ha encontrado en nuestro satélite un pretexto magnífico para ponderarlo como faro nocturno atento a la gloria del amor, al despecho y a la soledad. Arduo y más allá de los límites de estas páginas sería lanzarse a la elaboración de una antología de canciones que tengan en la luna su central protagonista. Por ello, preferimos ceñir el territorio a la lista del Top 40 de la revista Billboard durante los últimos 50 años, explorando exclusivamente las grabaciones que en Estados Unidos tuvieron relevancia y que, aun de rebote, han llegado hasta acá. La relación no es, con todo, absoluta, pero sí deja constancia de que si no es de queso, la luna sigue siendo para muchos un territorio donde, tal vez para vencer la ausencia de fuerza de gravedad, el suelo está inundado de miel. Mas antes de comenzar con el desfile cronológico, hay que consignar tres grabaciones del asunto que hoy se celebra mundialmente. La más recomendable es Apollo 11 Moon Landing (1969 BBC Television Coverage) (Pearl Flapper, 1994), álbum que contiene la crónica de esos días en voz de sus protagonistas: desde el discurso de John F. Kennedy el 16 de julio hasta el aterrizaje sin contratiempos el 24 de ese mes. Si se tiene edad suficiente para recordar esa fecha, las voces de los tripulantes del Apolo XI estremecen más, la verdad sea dicha, que el álbum con los sonidos del festival de Woodstock. La célebre frase "Este es un salto pequeño para el hombre..." también aparece en la muy indispensable Great Speeches Of The 20th Century (Rhino, Atlantic/WEA, 1991), caja de cuatro discos que contiene voces de Alva Edison, Lindbergh, Nixon y un sinfín de personalidades de esta centuria. Y ya para los coleccionistas de espuma en la boca está First Man on the Moon (MGM, 1969), sencillo de 45 RPM que contiene fragmentos de los reportes recibidos y emitidos desde el Centro Espacial de Houston, así como la ya citada frase del alunizaje.

Exploración por el Top 40

En la lista de éxitos la luna no ha sido totalmente llena. Periodos largos han pasado en que no parece haber inspirado a intérpretes ni autores, por lo que este pretendido recuento de 50 años de éxitos propiamente comienza en 1951, cuando el seminal Les Paul, en compañía no más que de su guitarra, de un primitivo pero efectivo sistema de remezcla de grabaciones y de la cantante Mary Ford, llegó al primer lugar con su "How High The Moon" (Cuán alta está la luna), que Gloria Gaynor volvería popular en la segunda mitad de los setenta. La letra, por sí sola, ya pone de manifiesto el uso común de aquel satélite: "En algún lugar hay música/ qué lejos se oye la tonada./ En algún lugar está el paraíso./ Qué alta está la luna./ No hay luna arriba/ cuando el amor está lejos,/ pero se vuelve real/ cuando tú me amas como yo a ti...". Ese mismo año, la muy modosita Debbie Reynolds, en compañía de Carleton Carpenter, exploró otra acepción romántica de la luna —exactamente la primera noche nupcial— con la desenfadada "Aba daba Honeymoon" (Luna de miel Aba Daba), colmada de frases del tipo "Ab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab/ dijo el monito al chango/ Bab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab dijo el simio al chimpancé..." (huelga decir que tanta dab-a dab-a significaba "te quiero"). Confiando en la mala memoria del mercado, Bing y Gary Crosby (padre e hijo) remataron ese año el tema lunar con "Moonlight Bay" ("Bahía a la luz de la luna"), que en 1912 había sido un gran éxito para The American Quartet y que en sus voces llegó al decimocuarto sitio. ¿El tema? Un marino navega de noche, escucha a su conciencia que le reclama haber robado el corazón de una chica inocente y se debate entonces entre el marcharse o quedarse a refrendar su amor. En 1953 la única en alcanzar un sitio entre los primeros 40 fue "No Moon At All" ("No hay luna"), a cargo de The Ames Brothers with Les Brown, que comienza como reporte metereológico en una charla que apenas inicia y se convierte en confesión para pedirle un beso a la persona con quien se hace tertulia. Un vigésimo primer lugar para esta innovación no estuvo mal.

El año siguiente trajo también tres éxitos satelitales: "In the Chapel in the Moonlight" ("En la capilla a la luz de la luna"), con Kitty Kallen (posición 4), de corte religioso; "The Honeymoon’s Over" ("Se acabó la luna de miel") con Betty Hutton y Tennessee Ernie Ford (recordado por sus "16 Tons"), quienes llegaron hasta el sitio 16 con un drama sobre el fin del amor y la inminencia del divorcio (sin nunca pronunciar tal palabra), y en el lugar 24 la instrumental "Moonlight and Roses (Bring Memories of You)" con The Three Suns. En 1956 apareció el primer álbum de Elvis Presley que en el territorio lunar portaba dos temas: "Blue Moon of Kentucky" ("Luna azul de Kentucky") y "Blue Moon" ("Luna azul"). Sin embargo, ninguno escaló el Top 40 y tuvo que esperar hasta su tercer LP, de ese mismo año, con "When my Blue Moon Turns to Gold Again" ("Cuando mi luna azul —o melancólica— se vuelve dorada otra vez"). La canción, que abordaba el cambio en el color del satélite tan pronto la mujer amada volviera a brazos de El Rey, llegó al sitio 19. El tercer sitio lo tuvo Frankie Laine con "Moonlight Gambler" ("Jugador a la luz de la luna"), una pieza country sobre un tipo que juega con el amor y pierde y gana sin que su corazón se melle. Y el número dos fue para la azucarada Patti Page con "Allegheny Moon ", que pide a la luna su luz para encontrar el romance con el que vivirá feliz para siempre. Un tema instrumental, "Sail Along Silvery Moon" ("Navega sobre la luna plateada"), a cargo de Billy Vaughn & His Orchestra, llegó al quinto peldaño en 1957, seguido un puesto atrás por Bonnie Guitar y su "Dark Moon" ("Luna oscura"), monólogo de un tipo que perdió a su amor y que le pregunta a la luna si ésta apagó su resplandor por tal desdicha. Menos contrito sonó Tony Perkins y su "Moonlight Swim" ("Nadar a la luz de la luna") que atléticamente llegó al lugar 24. 1958 le dio oportunidad al crooner Perry Como con su "Moon Talk" ("Charla con la luna"), que trepó al sitio 28, mientras que el quinto, ese año, le correspondió a Pat Boone con "Sugar Moon" ("Luna azucarada"), donde el ídolo de matinée le pide al satélite edulcorado que le traiga a su "ángel de luz" con quien el amor florecerá. Una canción no apta para diabéticos. Dos años se mantuvo oculta la luna y fue hasta 1961 que reemergió curiosamente con voces negras. La primera posición fue para The Marcels con "Blue Moon" (tema ya aplaudido con anterioridad), donde el abandonado lamenta su condición. El tercer puesto en ese año lo tuvieron The Capris con "There’s A Moon Out Tonight" ("Hay una luna afuera esta noche"), que volvía al tema del corazón robado a una chica a manos de un bandido romántico, mientras que Jerry Butler se amparaba en "Moon River" (original de Johnny Mercer y Henry Mancini, que en voz de Andy Williams sonó en la versión fílmica de Breakfast in Tiffany’s), que hacía del brillo lunar un puente para cruzar de un mundo sin esperanzas a uno colmado de lujos. Pese a las loas hacia el programa espacial, la década de los sesenta no fue pródiga en cantos lunares. Fue hasta 1964 que la palabra se hizo popular con "In the Misty Moonlight", interpretada por Jerry Wallace que alcanzó un decimonoveno sitio (mejor que el 46 que la misma pieza logró en voz de Dean Martin en 1967). Lo original de la composición radicó en que el amante, insuflado de temeridad, le dice a su amada que al lado de ella podrá estar en cualquier sitio por agreste que éste sea (aun bajo una luna brumosa). Al año siguiente, The Bachelors volvían tras la huella de "Chapel in the Moonlight" (colocada en el sitio 32), mientras que el proteico e irónico Jonathan King advertía que "Everyone’s Gone To The Moon" ("Todos se están yendo a la luna"). Y por lo menos el mercado se lo creyó tanto como para impulsarlo al puesto 17 de las listas, desde donde cantaba: "Las calles están atiborradas/ todos los caminos antes solitarios están llenos./ Las casa ya no son hogares,/ la iglesia está colmada de gente que canta desentonada./ Todos se están yendo a la luna" Para 1967, en pleno furor de la beatlemanía, sólo Dean Martin se asomó a los charts (en el sitio 25) con un nuevo cover de "In the Chapel in the Moonlight". Dos años más tarde, y sin la existencia de un sistema de marketing que creara un himno que podría haberse titulado "We are The Moon" en pleno furor por el proyecto Eagle, los muy terrestres y pantanosos Creedence Clearwater Revival conquistaron un segundo sitio con "Bad Moon Rising", aunque inquietaron a más de uno con su visión catastrofista: "Veo el ascenso de una luna maligna,/ veo problemas en el camino./ Veo terremotos y relámpagos./ Contemplo muy mal el presente./ Mejor no salgamos esta noche...". Del otro lado, un tanto adscritos a la utopía hippie, Paul Revere & The Raiders hacían de nuestro planeta un territorio para una fiesta de disfraces donde todo dependía de la luz natural proporcionada por "Mr. Sun Mr. Moon" ("Señor Sol, Señor Luna"), que llegó al decimoctavo escalafón.

La decadencia del amor lunático

Parece que al momento en que Armstrong colocó su pie en la Luna el mito se acabó. Aquel satélite no tenía vida, no tenía oídos para ser confesor de nadie, no era plateada ni dorada. Podría decirse que para no pocos compositores la ciencia se había impuesto a la contemplación romántica, pues las canciones alusivas comenzaron a decrecer de manera alarmante. En 1971, el bucólico Cat Stevens ya le hallaba otras virtudes en "Moonshadow" (sitio 30 en el Top 40): "Estoy siendo seguido por una sombra lunar/ (...) Y si pierdo mis ojos/ si mis colores se marchitan/ no tendré que llorar nunca más...". Un año después, en el puesto 13, King Harvest colocó "Dancing in the Moonlight" ("Bailando a la luz de la luna"), que tendía un puente entre un tema digno de Gene Kelly y las nacientes discotecas. Hacia 1976, en pleno ascenso del punk, Starbuck se convertía en "maravilla de un solo éxito" con "Moonlight Feels Right" ("Se siente bien a la luz de la luna"), que aún se escucha en cierta estación radiofónica dedicada a la nostalgia. A pesar de que en 1979 los desorbitados The B-52’s incluyeron "There’s a Moon in the Sky (It’s Called the Moon)" en su excelso álbum debut, sólo Anne Murray subió a las cimas con "Shadows In the Moonlight" ("Sombras a la luz de la luna"), que llegó al lugar 25 y volvió a señalar que la luz era el punto de encuentro ideal para los amantes. La crisis en el cielo nocturno de los compositores se hizo evidente en los ochenta y la presente década. Hacia 1982, Bob Seger & The Silver Bullet Band lograron un segundo puesto con "Shame on the Moon", que señalaba que los hombres —como licántropos— olvidan las promesas de amor al dar la medianoche. En 1984, Dennys DeYoung llegó al décimo lugar con "Desert Moon" ("Desierto Luna"), que instalaba la agreste topografía en terreno accesible por ferrocarril. Los menos torturados ingleses de Duran Duran alcanzaron el décimo puesto con "New Moon on Monday" ("Luna nueva en lunes"), que, como curiosidad, presentaba a Simon LeBon balbuceando en español "la luuuna". La lista y este breve recuento concluyen con un gran salto hasta 1993, cuando R.E.M. pone "Man On The Moon" ("Hombre en la luna") en la posición 30 de las listas. Sintomáticamente, la letra de la canción parece apuntar a la crisis de credibilidad ante todo lo que ayer enorgullecía a los más jóvenes. La luna no es romántica y, asegura Michel Stipe, ni siquiera ha sido conquistada: "Mott the Hoople y el juego de la vida. Sí, sí.../ Andy Kaufman en un partido de vencidas. Sí, sí.../ Monopolio, veintiuno, fichas y ajedrez. Sí, sí.../ Si crees que de verdad pusieron un hombre en la luna/ entonces nada está bien".

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