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Friday, November 23, 2018


Every Move You Make - The Complete Studio Recordings (2018) es la caja de vinilos que viene a normalizar la situación de The Police en lo que respecta a audio de alta gama. Esta vez se han editado los cinco LPs y un disco de lados B en vinilo de 180 g celebrando los 40 años del álbum debut Outlandos D’Amour, una deslumbrante y auténtica joya, y bastión del rock de los setentas y ochentas.

Pero es la carrera integral de Police, de 1978 a 1983, la que sería aquella joya, ya que para comenzar no nos dio jamás un disco flojo o desganado y además contó en cinco discos una “historia”: el ascenso y caída del bajista y cantante Sting, el guitarrista Andy Summers y el baterista Stewart Copeland: un grupo de jóvenes hambrientos por dinero y fama que, al encontrarla, terminaron arruinando su amistad y volviéndose tan alienados como el personaje de Pink Floyd en The Wall: ellos construyeron un muro (o “jaula de oro” como se lo confesó Copeland al periodista mexicano Jesús Quinteros) para evitar comunicarse con sus fans y con ellos mismos también.


Esta colección es el complemento a la caja en CD Message in a Box - The Complete Recordings aparecida en 1993, que dicho sea de paso es más completa ya que incluye el single “Fall Out” de 1977 (con el primer guitarrista de Police Henri Padovani) y los temas de la tétrica película Brimstone and Treacle protagonizada por Sting. La colección en vinilo incluye, en un disco adicional de lados B, la innecesaria regrabación o remix de 1983 de “Truth Hits Everybody”: no se pierden de nada, este tema es mucho mejor en su versión original del álbum debut.

En general, en este mes de super-cajas como la del álbum blanco de los Beatles, esta es una a considerar. Si no tienen ningún álbum de Police en vinilo, cómprenla porque están cortados a media velocidad en Alemania, y por lo que voy escuchando, el sonido es superior incluso al de los CDs de 1993.

A continuación, un artículo escrito por Jesús Quintero, periodista musical mexicano, en 1999:





Stewart Copeland: The Police se convirtió en una jaula de oro y la única solución fue reventarla.

Con apenas cinco álbumes en su haber, el grupo británico The Police definió la esencia de la música pop en los ochenta gracias a la afortunada fusión de tres personalidades que han demostrado, en el terreno individual, poseer tanta validez artística como cuando se sumaron para grabar álbumes hoy clásicos como Reggatta de Blanc (1979), Ghost In The Machine (1981) y Synchronicity (1983).


A doce años del último concierto masivo de Police, las carreras del ex trío se han caracterizado más por sus diferencias que afinidades: mientras Sting va en vías de volverse el Julio Iglesias de su generación con productos cada vez más edulcorados, Andy Summers ha perseguido una ecléctica carrera como guitarrista lo mismo en el renglón experimental (con Robert Fripp y John Etheridge) que en el jazz, en tanto que Stewart Copeland decidió guardar su batería para dedicarse a elaborar música destinada a series de televisión, cine y ópera.


Y fue precisamente Copeland, acompañado por su hermano Miles (cabeza del sello Ark 21 Records), con quien charlamos inicialmente acerca de del disco Outlandos D’Americas, pero como la historia y la memoria quisieron indagar más en su pasado, cuando junto a Sting y Summers demostró que el calificativo de “power trio” tuvo una sustancial modificación, sobre The Police son las siguientes líneas:


Hoy con 46 años, el pelo gris y una discografía de soundtracks que comprende Rumble Fish (1984), Wall Street (1987), Talk (1993), Rapa Nui (1994), Highlander: The Final Dimension (1995), Boys (1996), The Leopard Son (1997) y Four Days in September (1998), el autor de “Miss Gradenko” admite que el alejamiento del mundo pop ha enriquecido su capacidad artística, mas ahora, nutrido por otros sonidos, está tentado a volver a él: “Adoro hacer música para películas porque cada ocasión es un reto distinto: a veces es de ciencia ficción, la siguiente de romance, y otra es épica. En cuanto a la dotación también hay variantes: a veces tengo que trabajar con orquesta, con un grupo de jazz, con cuerdas o instrumentos electrónicos, y, en cambio, en la música pop sólo hay una fórmula: tienes tres minutos, nada más; el tema es acerca de un novio o novia; debe estar construida así: verso-coro-verso-coro-solo-de guitarra-verso-y-coro. Las reglas son muy estrictas, mas es asombroso lo que puedes hacer con ellas. Sin embargo, me dio gusto alejarme de eso, y ahora, que tengo una nueva apreciación de la música pop, me emociona mucho descubrir elementos luminosos en la ella. Me gusta y tengo el deseo de tocarla nuevamente”.


Acaso porque era el cantante y principal compositor, Sting (cuyo verdadero nombre es Gordon Matthew Sumner) le parecía a mucha gente el eje de The Police. Ello, asegura Copeland, no dio pie a rencores dentro del grupo, ni propició restricciones artísticas a él ni a Summers: “Sting no era el problema, sino The Police. Pues el grupo se volvió muy importante a nivel comercial, nos rebasó a nosotros mismos, transformándose en la gallina de los huevos de oro. Conforme los éxitos fueron sucediendo uno tras otro, aquello se convirtió en una jaula de oro, y aunque cada uno tenía sus proyectos alternos [Sting se dedicó a la actuación cinematográfica, Summers a trabajar con Fripp y Copeland a dos proyectos musicales: Klark Kent y Animal Logic], siempre teníamos que regresar a The Police porque había que sacar un sencillo, grabar un álbum o hacer un video. Entonces, lo único que nos quedó fue salirnos de esa jaula. Reventarla”.


Mas la distancia física entre los integrantes no ha eliminado la posibilidad del reconocimiento ajeno, al menos eso dice Copeland. Con acento que trasluce dosis mínima de sarcasmo, dice admirar todavía el trabajo actual de Sting. “Me gustan sus letras y compro sus discos. Pero... sí hay algo que te puedo asegurar: lo que hacía The Police era más chingón que lo que él hace ahora”.

Llevado al territorio del autoexamen, el también autor de “Bombs Away” dice sobre sus canciones favoritas de The Police: “No oigo muchos los discos del grupo, pero supongo que mis predilectas son “Message in a Bottle”, “Can’t Stand Losing You”, “Shadows in the Rain”, pero la lista cambia a menudo. Y en cuanto a la peor: “Behind my...cam...” no. “Behind my...” no. “Behind my Camel” [dice al fin, como si dicho título se tratara de una maldición], que grabamos para el tercer disco [Zenyatta Mondatta, 1980] y que de verdad odiábamos. Es un tema de Andy. Sting y yo lo detestamos y nos rehusábamos a interpretarla, pero yo tuve que tocar la batería porque nadie más en el grupo sabía hacerlo y Andy tuvo que encargarse del bajo. Recuerdo que tratamos por todos los medios de impedir que se grabara: escondíamos la cinta y cosas así. Al momento de decidir cuáles canciones entrarían al álbum, cuáles serían lados B y los sencillos, Andy dijo: Yo creo en el grupo, así que tienen que incluir esa canción en el long play. Insistió tanto que al final entró. Poco más de un año después recibimos un Grammy en la categoría de el mejor tema de rock instrumental por “Behind my Camel” [se ríe] y cada uno recibió su premio, hasta Sting”.

A principios de año, en la prensa inglesa corrió con fuerza el rumor de una reagrupación de The Police. Sobre esa posibilidad, Copeland es tajante: “No, no habrá nada. El concepto que ahora me interesa es Outlandos... Sting tiene una carrera muy exitosa como solista y ni Andy ni yo quisiéramos quitarle nada a él, porque Sting es un tipo que se siente feliz. Yo, por mi parte, tengo mi estudio, donde me encanta hacer música para películas, pero por todo eso no he tenido oportunidad de tocar la batería. Quizá la única posibilidad de ver a The Police nuevamente juntos sería en un concierto de Rain Forest o algo así. El último concierto que dimos fue en la ceremonia matrimonial de Sting [el 22 de agosto de 1992]. Así, terminamos convertidos en una banda de bodas”.


Pero las reconciliaciones también se dan hasta en las familias más disímiles. Refiere Miles Copeland: “Hace tres semanas los tres tuvieron una charla telefónica. Andy visitó a Sting en Italia y Stewart habló con ellos desde su estudio en Los Angeles. La plática duró tres horas y giró sobre The Police y cada una de las canciones que grabaron y ya están pensando hacer un álbum... [e interrumpe su hermano menor] Y no faltó el tema del “Behind Andy’s Camel”. Nos acordamos de Andy gitándonos: ¡¡Ratas, hijos de la chingada!!! ¡¡Recuerdo todo lo que me dijeron para no grabar mi canción!! Así estuvimos, fue como ir al psiquiatra. Se trató de una terapia de grupo”...


Se dice que la memoria es selectiva, y aunque a Copeland se le recordó que, a decir del grupo, la experiencia de su único concierto en el Distrito Federal, el 15 de diciembre de 1980 en el Hotel de la Ciudad de México, fue fatal (en el aeropuerto hubo un apagón a su llegada, Sting se horrorizó con un niño que hurgaba comida entre la basura, a la salida de la terminal aérea el chofer que los llevaba atropelló a un perro, Summers esperó lo peor al enterarse que era el primer concierto de rock después de muchos años, y durante el concierto -se quejó Stewart con el reportero James Henke, de la revista Rolling Stone- la gente ni siquiera podía cantar al mismo ritmo que Sting), hoy lo ve con otros ojos: “No me acuerdo de que hayamos dicho algo malo. Al contrario, estuvimos muy a gusto. De hecho, en la historia de The Police fue la única vez que hemos visto al público comerse el escenario. Fue uno de los conciertos más salvajes que hayamos tenido”.



Jesús Quinteros, México D.F., 1999

Friday, July 27, 2018


La muerte del intelectual peruano nos hace reflexionar sobre cuánto usamos nuestros cerebros en el poco tiempo que tenemos en la tierra.


Leí a Marco Aurelio Denegri por primera vez en 1992, cuando había escrito para una revista de corta vida llamada Vea un interesante artículo de contenido sexual. Se notaba de lejos que el tipo sabía de lo que hablaba y que no se callaba nada en lo que respecta a la sexualidad humana. Tenía un estilo basado en la información. Cada párrafo transmitía algo nuevo para aprender y no se repetía a sí mismo ni tampoco buscaba impactar “solo por impactar”. La revista Vea era un intento desafiante de crear una Playboy peruana moderna, con modelos peruanas desnudas... pero lamentablemente implotó. A Denegri le perdí el rastro hasta aproximadamente en 1998, cuando apareció hablando (más que nada monologando) y entrevistando gente en su programa A Solas Con Marco Aurelio Denegri. Los entrevistados parecían patos de feria a punto de ser abaleados intelectualmente por un tipo que probablemente se había estudiado todo sobre ellos, y estaba listo para preguntarles sobre el contenido de su obra, mas no de su vida privada: Denegri tenía poco interés en el chisme, pero sí en la verdad, venga de quien venga. Al ser tan objetivo y punzante, Denegri creó una forma única de entretenimiento en la TV: la máxima expresión de la cultura basada en la palabra, mas no en la imagen visual. Denegri fácilmente pudo haber tenido un programa de radio matutino pero no lo tuvo; vaya usted a saber por qué –quizás nadie tuvo los cojones de ponerlo disponible a tanta gente que manejaba sus autos rumbo a sus labores escuchando noticias deprimentes y música aún más deprimente todavía.



A Denegri le importó un pepino la coyuntura política o social del Perú. Él viene de una estirpe de limeños de los que van quedando pocos: los interesados en el conocimiento y los que no les molesta debatir y plantear propuestas basadas en hechos, no en ideologías ni religión. Leyó la Biblia y en un debate sobre la pornografía, citó un pasaje: “antes de hablar, infórmate”. Ese podría ser su epitafio.



Amó a la mujer y al sexo, pero más que nada, amó el conocimiento de estos dos temas estrechamente vinculados. Le fascinaba descubrir puntos de vista, experiencias y situaciones tan inverosímiles como habituales. En toda esta búsqueda, que no fue infructuosa, Denegri se posicionó en un flanco muy solitario y a la vez lleno de inteligencia. El latinoamericano promedio detesta la soledad, la marginalidad, y adora vivir ignorante para no lidiar con lo vasta, compleja y profunda que es su vida. Denegri vivió una vida probablemente aburrida para muchos y quizás me incluyo, pero él creo que tenía un plan: obtener todo el conocimiento posible como ritual placentero e irse sin la menor rimbombancia posible. Esto último le salió mal porque Denegri en vida fue una persona muy respetada y querida y a este tipo de personas se les llora cuando mueren.


Marco Aurelio Denegri es quizás el peruano más ilustre de los últimos 50 años y un auténtico bastión de la intelectualidad. A sus 80 años logró el cariño de una juventud cansada de la mediocridad y deseosa de saber. Aunque sus programas de TV tenían bajísima sintonía, eran muy disfrutados por los cuatro gatos que lograban verlos. Con la venia de Youtube y del canal del estado peruano, Denegri vivirá por siempre en ese escenario simple y a la vez intimidante.