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Monday, October 12, 2020



Escribe Jesús Quintero

Desde tiempos inmemoriales, trovadores, poetas, juglares y músicos de todo género le han adjudicado a la luna virtudes que cualquier astrónomo descalificaría con una sonrisa desdeñosa. Sin embargo, como más se aprende por el oído que a través de los libros de ciencia, la música ha encontrado en nuestro satélite un pretexto magnífico para ponderarlo como faro nocturno atento a la gloria del amor, al despecho y a la soledad. Arduo y más allá de los límites de estas páginas sería lanzarse a la elaboración de una antología de canciones que tengan en la luna su central protagonista. Por ello, preferimos ceñir el territorio a la lista del Top 40 de la revista Billboard durante los últimos 50 años, explorando exclusivamente las grabaciones que en Estados Unidos tuvieron relevancia y que, aun de rebote, han llegado hasta acá. La relación no es, con todo, absoluta, pero sí deja constancia de que si no es de queso, la luna sigue siendo para muchos un territorio donde, tal vez para vencer la ausencia de fuerza de gravedad, el suelo está inundado de miel. Mas antes de comenzar con el desfile cronológico, hay que consignar tres grabaciones del asunto que hoy se celebra mundialmente. La más recomendable es Apollo 11 Moon Landing (1969 BBC Television Coverage) (Pearl Flapper, 1994), álbum que contiene la crónica de esos días en voz de sus protagonistas: desde el discurso de John F. Kennedy el 16 de julio hasta el aterrizaje sin contratiempos el 24 de ese mes. Si se tiene edad suficiente para recordar esa fecha, las voces de los tripulantes del Apolo XI estremecen más, la verdad sea dicha, que el álbum con los sonidos del festival de Woodstock. La célebre frase "Este es un salto pequeño para el hombre..." también aparece en la muy indispensable Great Speeches Of The 20th Century (Rhino, Atlantic/WEA, 1991), caja de cuatro discos que contiene voces de Alva Edison, Lindbergh, Nixon y un sinfín de personalidades de esta centuria. Y ya para los coleccionistas de espuma en la boca está First Man on the Moon (MGM, 1969), sencillo de 45 RPM que contiene fragmentos de los reportes recibidos y emitidos desde el Centro Espacial de Houston, así como la ya citada frase del alunizaje.

Exploración por el Top 40

En la lista de éxitos la luna no ha sido totalmente llena. Periodos largos han pasado en que no parece haber inspirado a intérpretes ni autores, por lo que este pretendido recuento de 50 años de éxitos propiamente comienza en 1951, cuando el seminal Les Paul, en compañía no más que de su guitarra, de un primitivo pero efectivo sistema de remezcla de grabaciones y de la cantante Mary Ford, llegó al primer lugar con su "How High The Moon" (Cuán alta está la luna), que Gloria Gaynor volvería popular en la segunda mitad de los setenta. La letra, por sí sola, ya pone de manifiesto el uso común de aquel satélite: "En algún lugar hay música/ qué lejos se oye la tonada./ En algún lugar está el paraíso./ Qué alta está la luna./ No hay luna arriba/ cuando el amor está lejos,/ pero se vuelve real/ cuando tú me amas como yo a ti...". Ese mismo año, la muy modosita Debbie Reynolds, en compañía de Carleton Carpenter, exploró otra acepción romántica de la luna —exactamente la primera noche nupcial— con la desenfadada "Aba daba Honeymoon" (Luna de miel Aba Daba), colmada de frases del tipo "Ab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab/ dijo el monito al chango/ Bab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab-a dab dijo el simio al chimpancé..." (huelga decir que tanta dab-a dab-a significaba "te quiero"). Confiando en la mala memoria del mercado, Bing y Gary Crosby (padre e hijo) remataron ese año el tema lunar con "Moonlight Bay" ("Bahía a la luz de la luna"), que en 1912 había sido un gran éxito para The American Quartet y que en sus voces llegó al decimocuarto sitio. ¿El tema? Un marino navega de noche, escucha a su conciencia que le reclama haber robado el corazón de una chica inocente y se debate entonces entre el marcharse o quedarse a refrendar su amor. En 1953 la única en alcanzar un sitio entre los primeros 40 fue "No Moon At All" ("No hay luna"), a cargo de The Ames Brothers with Les Brown, que comienza como reporte metereológico en una charla que apenas inicia y se convierte en confesión para pedirle un beso a la persona con quien se hace tertulia. Un vigésimo primer lugar para esta innovación no estuvo mal.

El año siguiente trajo también tres éxitos satelitales: "In the Chapel in the Moonlight" ("En la capilla a la luz de la luna"), con Kitty Kallen (posición 4), de corte religioso; "The Honeymoon’s Over" ("Se acabó la luna de miel") con Betty Hutton y Tennessee Ernie Ford (recordado por sus "16 Tons"), quienes llegaron hasta el sitio 16 con un drama sobre el fin del amor y la inminencia del divorcio (sin nunca pronunciar tal palabra), y en el lugar 24 la instrumental "Moonlight and Roses (Bring Memories of You)" con The Three Suns. En 1956 apareció el primer álbum de Elvis Presley que en el territorio lunar portaba dos temas: "Blue Moon of Kentucky" ("Luna azul de Kentucky") y "Blue Moon" ("Luna azul"). Sin embargo, ninguno escaló el Top 40 y tuvo que esperar hasta su tercer LP, de ese mismo año, con "When my Blue Moon Turns to Gold Again" ("Cuando mi luna azul —o melancólica— se vuelve dorada otra vez"). La canción, que abordaba el cambio en el color del satélite tan pronto la mujer amada volviera a brazos de El Rey, llegó al sitio 19. El tercer sitio lo tuvo Frankie Laine con "Moonlight Gambler" ("Jugador a la luz de la luna"), una pieza country sobre un tipo que juega con el amor y pierde y gana sin que su corazón se melle. Y el número dos fue para la azucarada Patti Page con "Allegheny Moon ", que pide a la luna su luz para encontrar el romance con el que vivirá feliz para siempre. Un tema instrumental, "Sail Along Silvery Moon" ("Navega sobre la luna plateada"), a cargo de Billy Vaughn & His Orchestra, llegó al quinto peldaño en 1957, seguido un puesto atrás por Bonnie Guitar y su "Dark Moon" ("Luna oscura"), monólogo de un tipo que perdió a su amor y que le pregunta a la luna si ésta apagó su resplandor por tal desdicha. Menos contrito sonó Tony Perkins y su "Moonlight Swim" ("Nadar a la luz de la luna") que atléticamente llegó al lugar 24. 1958 le dio oportunidad al crooner Perry Como con su "Moon Talk" ("Charla con la luna"), que trepó al sitio 28, mientras que el quinto, ese año, le correspondió a Pat Boone con "Sugar Moon" ("Luna azucarada"), donde el ídolo de matinée le pide al satélite edulcorado que le traiga a su "ángel de luz" con quien el amor florecerá. Una canción no apta para diabéticos. Dos años se mantuvo oculta la luna y fue hasta 1961 que reemergió curiosamente con voces negras. La primera posición fue para The Marcels con "Blue Moon" (tema ya aplaudido con anterioridad), donde el abandonado lamenta su condición. El tercer puesto en ese año lo tuvieron The Capris con "There’s A Moon Out Tonight" ("Hay una luna afuera esta noche"), que volvía al tema del corazón robado a una chica a manos de un bandido romántico, mientras que Jerry Butler se amparaba en "Moon River" (original de Johnny Mercer y Henry Mancini, que en voz de Andy Williams sonó en la versión fílmica de Breakfast in Tiffany’s), que hacía del brillo lunar un puente para cruzar de un mundo sin esperanzas a uno colmado de lujos. Pese a las loas hacia el programa espacial, la década de los sesenta no fue pródiga en cantos lunares. Fue hasta 1964 que la palabra se hizo popular con "In the Misty Moonlight", interpretada por Jerry Wallace que alcanzó un decimonoveno sitio (mejor que el 46 que la misma pieza logró en voz de Dean Martin en 1967). Lo original de la composición radicó en que el amante, insuflado de temeridad, le dice a su amada que al lado de ella podrá estar en cualquier sitio por agreste que éste sea (aun bajo una luna brumosa). Al año siguiente, The Bachelors volvían tras la huella de "Chapel in the Moonlight" (colocada en el sitio 32), mientras que el proteico e irónico Jonathan King advertía que "Everyone’s Gone To The Moon" ("Todos se están yendo a la luna"). Y por lo menos el mercado se lo creyó tanto como para impulsarlo al puesto 17 de las listas, desde donde cantaba: "Las calles están atiborradas/ todos los caminos antes solitarios están llenos./ Las casa ya no son hogares,/ la iglesia está colmada de gente que canta desentonada./ Todos se están yendo a la luna" Para 1967, en pleno furor de la beatlemanía, sólo Dean Martin se asomó a los charts (en el sitio 25) con un nuevo cover de "In the Chapel in the Moonlight". Dos años más tarde, y sin la existencia de un sistema de marketing que creara un himno que podría haberse titulado "We are The Moon" en pleno furor por el proyecto Eagle, los muy terrestres y pantanosos Creedence Clearwater Revival conquistaron un segundo sitio con "Bad Moon Rising", aunque inquietaron a más de uno con su visión catastrofista: "Veo el ascenso de una luna maligna,/ veo problemas en el camino./ Veo terremotos y relámpagos./ Contemplo muy mal el presente./ Mejor no salgamos esta noche...". Del otro lado, un tanto adscritos a la utopía hippie, Paul Revere & The Raiders hacían de nuestro planeta un territorio para una fiesta de disfraces donde todo dependía de la luz natural proporcionada por "Mr. Sun Mr. Moon" ("Señor Sol, Señor Luna"), que llegó al decimoctavo escalafón.

La decadencia del amor lunático

Parece que al momento en que Armstrong colocó su pie en la Luna el mito se acabó. Aquel satélite no tenía vida, no tenía oídos para ser confesor de nadie, no era plateada ni dorada. Podría decirse que para no pocos compositores la ciencia se había impuesto a la contemplación romántica, pues las canciones alusivas comenzaron a decrecer de manera alarmante. En 1971, el bucólico Cat Stevens ya le hallaba otras virtudes en "Moonshadow" (sitio 30 en el Top 40): "Estoy siendo seguido por una sombra lunar/ (...) Y si pierdo mis ojos/ si mis colores se marchitan/ no tendré que llorar nunca más...". Un año después, en el puesto 13, King Harvest colocó "Dancing in the Moonlight" ("Bailando a la luz de la luna"), que tendía un puente entre un tema digno de Gene Kelly y las nacientes discotecas. Hacia 1976, en pleno ascenso del punk, Starbuck se convertía en "maravilla de un solo éxito" con "Moonlight Feels Right" ("Se siente bien a la luz de la luna"), que aún se escucha en cierta estación radiofónica dedicada a la nostalgia. A pesar de que en 1979 los desorbitados The B-52’s incluyeron "There’s a Moon in the Sky (It’s Called the Moon)" en su excelso álbum debut, sólo Anne Murray subió a las cimas con "Shadows In the Moonlight" ("Sombras a la luz de la luna"), que llegó al lugar 25 y volvió a señalar que la luz era el punto de encuentro ideal para los amantes. La crisis en el cielo nocturno de los compositores se hizo evidente en los ochenta y la presente década. Hacia 1982, Bob Seger & The Silver Bullet Band lograron un segundo puesto con "Shame on the Moon", que señalaba que los hombres —como licántropos— olvidan las promesas de amor al dar la medianoche. En 1984, Dennys DeYoung llegó al décimo lugar con "Desert Moon" ("Desierto Luna"), que instalaba la agreste topografía en terreno accesible por ferrocarril. Los menos torturados ingleses de Duran Duran alcanzaron el décimo puesto con "New Moon on Monday" ("Luna nueva en lunes"), que, como curiosidad, presentaba a Simon LeBon balbuceando en español "la luuuna". La lista y este breve recuento concluyen con un gran salto hasta 1993, cuando R.E.M. pone "Man On The Moon" ("Hombre en la luna") en la posición 30 de las listas. Sintomáticamente, la letra de la canción parece apuntar a la crisis de credibilidad ante todo lo que ayer enorgullecía a los más jóvenes. La luna no es romántica y, asegura Michel Stipe, ni siquiera ha sido conquistada: "Mott the Hoople y el juego de la vida. Sí, sí.../ Andy Kaufman en un partido de vencidas. Sí, sí.../ Monopolio, veintiuno, fichas y ajedrez. Sí, sí.../ Si crees que de verdad pusieron un hombre en la luna/ entonces nada está bien".

Friday, October 9, 2020

Statue of John Lennon in Public Park - El Vedado - Havana - Cuba

Aunque John Lennon lleva 80 años de nacido y casi 40 de ser asesinado, considerar que está "muerto" es una falacia. Su influencia está en todas partes, su mensaje cada día es más vigente y válido. Lo que alguna vez hizo y fue considerado como una "locura" ahora es visto como un acto de genialidad. Toda la obra de Lennon, desde los 17 hasta los 40 años  de su vida, merece ser atendida, escuchada, vista.



Fue la más pura y popular encarnación del rock and roll. El ídolo de multitudes. El rey. Elvis Presley. Era blanco, se vestía de blanco y cantaba a chicas blancas; pero con voz de negro. La fama de este hombre hizo que el ritmo de Rock And Roll se hiciera conocer a nivel mundial gracias a su belleza física, a su agradable carisma y sobre todo a la maestría y talento de sus interpretaciones. El éxito de sus discos y películas solo puede ser comparado con el de Frank Sinatra y el de Los Beatles. Aunque creo que a Presley no le gustaría esa última comparación, por ser los Beatles ingleses, ni tampoco las imitaciones-homenajes del grupo Dread Zeppelin, que hacía covers interesantes de los Zep en ritmos de reggae con un cantante gordito y sudoroso vestido como Elvis durante su triunfal período de conciertos en Las Vegas. La fama de Elvis se mantiene; a veces cae un poco, y cuando eso ocurre oímos a alguien comentar que posiblemente esté vivo, y su fama alza vuelo nuevamente.

Personalmente considero a Elvis más un precursor que un rey en un sentido propio. Pero hay mucha justicia cuando lo llaman "El Rey del Rock And Roll," porque sin él este estilo musical no se hubiera expandido ni afianzado a un nivel global. Por primera vez la gran masa juvenil de quince a veinte años reconocía un estilo propio de musicalidad y rebeldía, y lo hacían suyo. Un ritmo considerado escandaloso en Estados Unidos y alienante en el extranjero. Pero en verdad alguien tenía que responder por toda esa amargura y desesperación que sentían los jóvenes en todo el mundo por la Guerra Fría, la cacería de brujas del Macartismo, la falta de empleo y oportunidades y el desentendimiento entre padres e hijos. La música de Elvis no intentó crear discordia ni odios entre generaciones, sino más bien buscar un entendimiento y un diálogo contando problemas juveniles relacionados con el amor perdido y la falta de comunicación. Canciones como Yakitie—Yak, Hound Dog, Heartbreak Hotel, Love Me y otras tantos magníficos temas que fueron distintivos de la primera etapa del cantante, antes de partir al servicio militar. La fama gigantesca que alcanzó Presley se basa en una triste realidad que siempre ha golpeado a los Estados Unidos: el racismo. La voz de un negro tocando blues es magistral; está llena de sentimiento y dolor, y no puede ser más sincera. Pero es la voz de un negro feo que no gustará entre las chicas blancas adineradas. Elvis tiene esa voz y es muy atractivo para las mujeres. Venderá. No creo que bluseros como Robert Johnson o Little Walter o rockeros como Chuck Berry o Little Richard hubieran tenido tanta aceptación. Elvis era pobre, pero blanco. Si hubiera nacido negro, no hubiera sido tan popular con las chicas ni con los padres que por primera vez aceptaban un estilo de música antes relegado a las minorías. Hasta antes de Elvis, los jóvenes escuchaban la música que los padres ponían en las enormes radiolas Grundig. Oían a Bing Crosby, a Frank Sinatra, a Eddie Fisher, a Guy Lombardo... Despues de verlo y oír, los jóvenes estadounidenses tomaron la decisión de hacerlo suyo y dejar a los mayores con su música, que no la consideraban mala, sino poco útil para la realidad de un adolescente. Los jóvenes lo imitarían, se vestirían con chaquetas de cuero, escucharían música bailable de los Jukebox, sacarían a pasear a sus rubísimas novias en sus motocicletas y de cuando en cuando, como Elvis lo hacía en cada una de sus películas, se agarrarían a trompadas por alguna que otra fémina. Los adolescentes europeos harían lo mismo; entre ellos dos chiquillos de diecisiete y quince años que empezaron a tocar juntos en un puerto pobre de Inglaterra llamado Liverpool. Los chicos se apellidaban Lennon y McCartney y también lo copiaban y querían llegar a ser famosos y elegantes como él. Pero esa es otra historia.
Como una extraña ironía de la vida, el más famoso cantante de rock and roll de todos los tiempos tuvo la carrera peor administrada que artista alguno pudo tener. Un éxito apabullante de 1956 a 1959; su servicio militar voluntario en Alemania aplaudido por la patriotiquísima sociedad americana; todo para encontrar al regreso, en vez de más discos buenos de blues y rock and roll de lo más puro, un absurdo contrato de 3 películas por año —la mayoría de ellas no tan buenas como le hacían creer a Elvis en el rodaje—. Su manager, el Coronel Tom Parker, nunca lo dejó ir a otros países ya que éste señor estaba de ilegal en los Estados Unidos y temía ser deportado si es que salía del país y no podía entrar de nuevo. No todo estaba en orden en la corte del rey. Qué clase de empresario puede hacer que su cliente firme un agobiante contrato fílmico mientras los Beatles y la British Invasion hacían que América (El continente América) se rindiera a los súbditos de Su Majestad. Si Elvis les hubiera dado a los Beatles un poco más de pelea, en vez cantar para el ecrán, muchas cosas en la historia del Rock habrían cambiado drásticamente. Quizás los Beatles no hubieran sido número uno en Estados Unidos en casi todas las semanas de 1964 y Elvis hubiera sido mucho más legendario de lo que ahora es, si es que se puede llegar a serlo.
Para los chinos, según una encuesta, las tres personalidades más influyentes del mundo occidental en China son Jesucristo, Richard M. Nixon y Elvis Presley. Los dos últimos trabajaron juntos para controlar la fuerte invasión extranjera en las radios y pregonar un patriotismo que tenía que catalizar en la juventud americana porque por primera vez los Estados Unidos perdían una guerra en Viet Nam y los jóvenes, supuestamente patriotas, no querían pelear. Elvis tenía a su cargo una organización que vigilaba a los traficantes de drogas en el mundo del espectáculo y se encargaba de mantener limpios a aquellos nuevos rockeros adolescentes que querían portarse mal. No era un secreto tampoco que tenía muchos amigos y contactos en la CIA. Digamos, por así decirlo, que Elvis también traicionó algunos ideales de la generación del Rock and Roll al dejarse envolver por el stress de la fama y llenarse de dólares que lo alejaron de la gente y de la vida a la que él gustaba cantarle. Las penas de un camionero, las tribulaciones del amor, las alegrías de una madre.
2007 Conmemorará el trigésimo aniversario de la muerte de Elvis Presley. Una muerte que, por lo visto, no es tan real como se pinta si consideramos que todo el mundo sigue obsesionado con él. Me pregunto por qué tanta gente en Estados Unidos piensa que podría estar vivo. Por qué algunos aseguran haberlo visto comiendo donas en una playa en Hawaii, o acomodando adornos en Graceland, o cubierto con una barba y unos lentes de sol conduciendo un camión en Memphis. Es una locura, pero una locura simpática porque subraya la idea de que a un fan no se le puede engañar. Se suele comentar que Elvis está vivo y que no es tan fantasiosa la idea. No puedo asegurar que está vivo o muerto porque en los últimos años han aparecido pruebas interesantísimas que podrían demostrar que Elvis fingió una muerte rápida y basada en su mal compañero (la gordura y los excesos de píldoras) para desaparecer del mundo de la farándula y cantar en algún sitio, a la gente que él quiere que lo vea, sus blues. La fama lo estaba asesinando poco a poco y era evidente. Ya no era el atractivo joven que bailaba con su guitarra y volvía locos a sus fanáticos hacíendolos comprar sus discos y souvenirs a montones. Se estaba volviendo en una absurda imitación de si mismo. Su grupo de "rock and roll" de los setentas incluía secciones de viento, orquestas y varios guitarristas y sus canciones ya no eran de rock and roll. Se había convertido en un baladista. ¿Habrá querido eso? ¿O se dejó llevar por las órdenes de su manager, el coronel Tom Parker?
He aquí algunas razones por las cuales los fanáticos de Elvis consideran que podría estar vivo. No hay ninguna afirmación en ellas, solo conjeturas. Pero qué interesantes:
  • El más grande cantante de rock and roll americano fallece el 16 de agosto de 1977 y en vez de hacer unos funerales dignos de un artista de su talla, se hace un rápido cortejo fúnebre en su casa donde ninguna foto puede ser tomada. Solo una foto borrosa saldría de ese funeral. Se cree que un fan de Elvis deshauciado se hizo pasar por él. En verdad, el cadáver se parece a Elvis pero hay rasgos que hacen dudar, como una nariz más larga y una delgadez más evidente. La presidenta del club de fans, que difícilmente logró entrar a dicho funeral, al ver el cadáver dijo: "Ese no es Elvis"; a lo que el padre del rey ambiguamente respondió: "Elvis está en el segundo piso". Se cree que Elvis vigilaba todo lo que ocurría en su propio funeral.
  • El entierro se hizo en un cementerio cercano, pero, debido a la insistencia de algunos fanáticos que querían abrir el ataúd para rendir póstumo homenaje a su ídolo (de paso robar el cadáver), el ataúd fue trasladado en secreto al mausoleo privado de la familia Presley, una Ley estadounidense establece que ningún mausoleo puede abrirse hasta después de 50 años. Para el año que caduque esa ley, 2027, Elvis de hecho que estará bien muerto.
  • Como los musulmanes con la ciudad de La Meca, todo buen fan de Elvis tiene que visitar alguna vez en su vida Graceland, la casa de Elvis, considerada la segunda casa más visitada en los Estados Unidos después de la Casa Blanca. Ahí se lee en el mausoleo de Elvis: "Aquí yace Elvis Aaron Presley". Se sabe que su verdadero nombre fue Elvis Aron Presley. Una prueba es dicho nombre impreso en el bolso que llevaba a Alemania cuando se iba a cumplir su servicio militar. No voy a extender el tema de cuántas barbaridades se pueden decir de una persona con solo alterar una letra de su nombre. Quién sabe si los maquinadores de dicho supuesto engaño querían quedar bien con la decencia americana de decir la verdad, así no lo parezca.
  • El día de la muerte de Presley, la fábrica de discos de RCA trabajó al máximo. Hubo sobreproducción de álbumes de Elvis y hasta ahora se han vendido muchos más discos después de muerto que en toda su carrera. La pregunta que muchos se hacen es: ¿Ya sabía con anticipación la RCA que algo tan trascendental, y a la vez triste, iba a ocurrir con Elvis para prensar tantos discos? ¿No será que todo estaba planeado de antemano?
  • ¿Por qué su ex-esposa Priscilla es la que maneja todo el Merchandising de Elvis si se supone que rompieron palitos cuatro años antes de su muerte? ¿También fue un divorcio fingido? No son raros en el mundo de la farándula.
  • Otra conjetura, relacionada con la numerología, dice que la fecha de la muerte de Elvis Presley 16—8—1977, si son sumadas las cifras, dan 2001, año en que muchos hinchas esperanzados creyeron que Elvis reaparecería del anonimato (no, no pasó nada). En sus conciertos de los setentas, Elvis utilizaba como cortina musical de apertura la fantástica pieza Also Sprach Zarathustra de Richard Strauss, que fue utilizada para la formidable película 2001: A Space Oddysey, de Stanley Kubrick. Algunos creen que dicha cortina, relacionada con el título del film, daba una idea a los fans de cuánto debían esperar para volver a ver a su ídolo cantar de nuevo. En el 2001 Elvis tendrá (perdón, tendría) 66 años, y a los 66 años es bien difícil cantar con la misma fuerza como cuando se tiene 22.

Todas estas suposiciones tienen como rival a una conclusión fría y certera que afirma que Elvis pasó a mejor vida y que solo vive cuando lo revivimos en sus magníficas canciones: si Elvis estuviera vivo, no hubiera dejado por ningún motivo que su única hija Lisa Marie se case con un tipo tan raro y traumatizado como Michael Jackson. Creo que ni muerto hubiera permitido ese casamiento. Bueno, imaginemos por un momento que en el año 2001 Elvis Presley aparece ante las cámaras de un programa de televisión, por ejemplo, el de Barbara Walters o el de Oprah Winfrey diciendo que estuvo escondido todos estos años porque quería la paz pueblerina que había perdido a los veinte años y que agradece a todos los fans por esperar. Que él sabe cuánto sufrieron los verdaderos fans y que él tampoco los abandonó y les dio más discos. Cualquier cosa parecida que suceda, sería el mayor escándalo de la farándula que hubiera ocurrido en toda la historia. Ningún incidente se le parecería.

A Elvis Presley hay que agradecerle el tremendo avance de la música popular, la que, parafraseando a César Vallejo, viene del pueblo y va hacia él. Dicho avance es el más grande que arte alguno pudo haber tenido en la breve historia del ser humano. Su repercusión es gigantesca y se sentirá por muchos años, más allá del 2001.

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Wednesday, October 7, 2020

Another World (Columbia, 1977)
Children of the World (Columbia, 1979)

Ambos disponibles en la caja Complete Columbia Albums Collection (Sony, 2013) 


Stan Getz, el saxofonista a quien llamaban “the Sound” por su tono suave y siempre cargado de fino sentimiento, fue uno de los artistas de jazz que más cruzó barreras, las destruyó y creó nuevas tendencias en la música popular. Fue él quien ayudó al guitarrista Charlie Byrd a traer a la Bossanova a los Estados Unidos con el disco Jazz Samba y posteriormente a popularizarla al extremo con Getz/Gilberto, álbum grabado con la participación y las composiciones de Antonio Carlos Jobim, la voz y guitarra de Joao Gilberto y la magnífica, brillante voz de su esposa Astrud. Fue Stan Getz quien tuvo la idea de que ella cante “The Girl From Ipanema”, ante la oposición de su esposo. Getz insistió, logró que Astrud la cante y gracias a esto no sólo hizo que el disco ganara el Grammy al álbum del año 1964, venciendo al mismísimo A Hard Day’s Night de los Beatles, sino que cruzó la frontera entre Norteamérica y Sudamérica, la destruyó, y creó el Brazilian Jazz en Estados Unidos y la Bossanova en Brasil.

Getz hacia fines de los setentas, cual adicto a la heroína, obviamente quería más. Una nueva casa discográfica le había dado la oportunidad de grabar discos experimentales con artistas jóvenes como el pianista Andy Laverne y una nueva generación severa y positivamente afectada por el Bitches Brew de Miles Davis. El saxo tenor de Getz ahora tenía un efecto alucinante llamado Echoplex, el cual creaba texturas, monumentos, paisajes sónicos de gran envergadura usando como base el tono tradicional del saxofonista. Stan Getz no dejaría de usar ese efecto hasta 1991, año de su muerte. Y el tema “Another World” es el mejor ejemplo de esta técnica.

Por tanto, 1977 y 1979 fueron dos años en que Getz cruzó su propia barrera personal y prácticamente empezó a tocar música completamente distinta a la que había hecho hasta ese entonces. También sintió el flujo creativo e innovador del Bitches Brew, pero esta vez sus oídos estaban mucho más enfocados en la juventud de los músicos y en lo que podían hacer, bajo su dirección, con sus instrumentos. El saxofonista estaba dispuesto a ser el nuevo Miles Davis, aprovechando que este último estaba pasando un exilio temporal. Miles reclutaba jóvenes con ideas musicales puras y "corruptibles" para con ellos crear verdaderas nuevas direcciones. Stan Getz iba a hacer lo mismo con Another World y Children of the World.

Hasta mediados del 2010, estos dos discos estaban descatalogados por la Sony Music/ BMG/ Legacy o como se llame dicho conglomerado (muy pronto sólo habrá una sola casa discográfica grande, se los prometo), felizmente la caja Complete Columbia Albums Collection lanzada en el 2013 se ha encargado de incluirlos en CD.

Another World es un álbum doble de fusión que puede codearse con lo mejor de Weather Report, Return to Forever y Wishful Thinking, que eran los grupos a los que Getz quería parecerse. Poco antes de las sesiones de grabación, el saxofonista se dio cuenta que los músicos de su generación estaban empezando a pasar al olvido gracias a la poca divulgación de su material y también, en cierto modo, a su arrogancia. Miles Davis había dejado la trompeta y no volvería a tocarla hasta 1982 con una nueva generación de músicos de las canteras más productivas; del mismo modo que logró hacerlo en 1969 con la tropa del Bitches Brew. Getz buscaba color, innovación, experimentación y alma en su música. No la iba a encontrar con viejos vinagres. Tuvo que recurrir a jóvenes hambrientos de fama y aún entusiasmados en producir música de vanguardia; porque en el Jazz la ley es renovarse o morir. Mike Richmond es un bajista del cual se ha hablado muy poco, pero demuestra en este disco un nivel musical fuera de serie, especialmente en la técnica de stacatto-slapping que desempeña en "Club 7 And Other Wild Places".

Children Of The World es menos experimental pero no por eso menos interesante, ya que es todo un estudio en estilos de percusión del mundo, desde el Raga hindú hasta el montuno caribeño, todo envuelto en un paquete colorido y de comfortable escucha. Lanzado en homenaje al año internacional de los derechos del niño, Getz quería alcanzar a una audiencia más amplia: la portada, un bello dibujo de Charles M. Schulz que presenta a Snoopy tocando el saxofón y a Schroeder en el piano, tenía como objetivo atraer a los niños y adolescentes y hacerles escuchar música jazz instrumental de la buena, en muchos casos por primera vez. Todos los temas, con excepción de "On Rainy Afternoons" y "Don't Cry For Me Argentina" (del musical Evita) fueron escritos y arreglados no por Getz sino por el argentino Lalo Schifrin, un compositor y pianista famoso por miles de temas de TV y cine, especialmente el vibrante tema de la serie "Mission: Impossible". La idea del disco era, partiendo del arreglo que Schifrin le hacía al tema de la ópera sobre la vida de su compatriota Eva Perón, atraer a más gente, especialmente niños, al mundo del jazz moderno usando melodías simples, pero manteniendo como base una complejidad concordante con la filosofía del saxofonista: Getz repetirá su viaje cósmico con el echoplex en "Summer Poem" y "The Dreamer" y mantendrá un trance de ocho minutos de una canción de una sola nota, Si bemol, llamada “Around The Day In Eighty Worlds”. Son dos ejemplos de alucinadas a las que Getz estaba acostumbrado en esa época; pero obviamente él no se desviaba del objetivo de alcanzar a una audiencia más jóven con música más fácil, romántica y amena, como "You, Me and The Spring".

Complete Columbia Albums Collection es la mejor opción para adquirir estos dos y otros discos formidables de la discografía Getz en su periodo experimental de Columbia Records.

Friday, October 2, 2020


https://www.sfgate.com/entertainment/article/Readers-tales-of-life-changing-mix-tapes-3216062.php



Christopher Cross (Warner Brothers, 1980)
CHRISTOPHER CROSS

Éste es un caso de ciencia ficción para la industria discográfica, inclusive la de hace 30 años. Un cantante subido de peso cuyo álbum debut le hace ganar cuatro Grammys, vende más discos que pan de molde y es adorado por la crítica, el público y la FM. Al mismo tiempo, dicho cantante es increíblemente feo y sin gracia, incapaz de volver loca a una solterona. Pero igual, la gente sigue comprando su disco debut porque su música es extremadamente buena, irresistible. En 1980 dicho cantante lanzó uno de los mejores álbumes jamás producidos en la costa Oeste de los Estados Unidos. Su álbum "homónimo" Christopher Cross (homónimo entre comillas, ya les contaré por qué).

El gordito tiene una voz irresistible. Aunque pareciera no tener nada en especial, es una voz atrayente porque es sencilla pero a la vez engañosa: uno cree poder cantar y sonar parecido a él, pero intenten cantar "Ride Like The Wind" en un Karaoke y ganarán el premio por la mayor cantidad de gallos y desentono. 



Revisando las revistas de la época, encontré que a Christopher Cross lo presentaron no como cantante solista, sino como banda. Una banda que tenía el nombre del vocalista y guitarrista. Extraño, ¿verdad? No tanto. No sabían qué hacer con su físico. El departamento de artistas y repertorios de la Warner Brothers había recibido ya alguna cinta de demostración de Cross y éste ya había grabado un single mucho antes con otro nombre. En la edición 320 de la revista Rolling Stone (Junio de 1980), se puede notar que el disco encantó al crítico de la revista y que la información del artista (o el "comunicado de prensa") ya venía preparada directamente de las oficinas de Bugs Bunny y el Pato Lucas.
  
Christopher Cross era una graciosa versión humana de Porky, un gordito sin afeitar que pareciera aún seguir viviendo con sus padres en el sótano y cuyo comportamiento social era digno de un científico loco o fanático de Star Trek. Algo tuvo que pasar en las oficinas de la Warner para decidir lanzar a un cantante tan ganso. Christopher Geppert se cambió de nombre en 1970 a uno mucho más cristiano y lanzó un single, "Talk About Her" que no llegó ni a la esquina. Al enviar sus cintas de prueba y lograr una audición en vivo en la Warner Brothers en 1978, los ejecutivos quedaron fascinados de la voz del chico y de la cohesión de su banda: Rob Meurer en los teclados, Andy Salmon en el bajo y Tommy Taylor en la batería. Meurer y Salmon habían estado tocando con Cross en una banda de covers llamada Flash en las fiestas de la Universidad de Texas a inicios de los setentas y fue ahí donde Cross empezó a desarrollar un estilo personal en su voz; definitivamente influenciado por Paul McCartney y los discos hermosos de Steely Dan y Chicago que aparecieron entre 1972 y 1977. Los ejecutivos de la Warner tenían signos de dólar en los ojos, pero sabían que mostrando esa cara de rechonchito inocentón con barba de dos semanas y panza de couch potato, iban a perder el fuerte de su mercado: las quinceañeras compra-discos. 
 


La decisión estaba tomada: El contrato sería como artista solista, pero se anunciaría y promocionaría a los cuatro vientos que se trata de una banda llamada "Christopher Cross"; ésto para evitar que la foto del gordo salga en la portada, o en la contraportada, o en el sobre interno. Porque el "cantante de la banda" no era atractivo: no era un Donny Osmond, y felizmente para él en 1979 no existía la MTV todavía y la estrella de radio, aún, era más atractiva que la del video, porque esta última obviamente tampoco existía.
 
La producción de Christopher Cross no tuvo precedentes en un álbum debut. El mejor productor de la Warner Brothers, Michael Omartian, fue contratado para trabajar en el disco. Michael McDonald de los Doobie Brothers, Don Henley de Eagles y la angelical Nicolette Larson le harían los coros. Valerie Carter cantaría con él un dueto en "Spinning". Y no sólo eso: la lista de invitados en el disco se convertiría en la de una fiesta Post Grammy: J.D. Souther, Valerie Carter, Mirna Matthews, Marty McCall (voces), Eric Johnson, Larry Carlton (guitarras) y los eternos de la Warner Lenny Castro y Victor Feldman (percusión). Eran épocas de mucho dinero en la industria discográfica, y la casa Warner era hogar de artistas de primer nivel dispuestos a cooperar con artistas nuevos de la familia.

Sobrecogedor, ¿no es verdad? Toda esta parafernalia para el debut de un cantante..., perdón, banda en la Warner Brothers. De haber aparecido en la década del dosmil, Cross hubiera sido descalificado en la primera ronda de American Idol y estaría hoy tocando en pequeños locales, con su esposa vendiendo CD's con su rostro en la carátula, junto a la barra. Pero eso sí, sus composiciones serían iguales de interesantes que las encontradas en Christopher Cross. "Ride Like The Wind" estaba dedicada al recientemente fallecido líder de Little Feat, Lowell George, y entre suaves coros y percusión andante nos contaba la historia de un asesino en masa tratando de escapar la ley y cruzar la frontera hacia México. Cross demostraría lo buen guitarra solista que era en este tema, al igual de lo sentimental que podía llegar a ponerse en "Sailing", la canción estrella del álbum. Una balada sobre navegar buscando la felicidad con un arpegio de guitarra irresistible. Es probable que muchas canciones se inspiraron en "Sailing" (como por ejemplo, estoy seguro, "Time" de Alan Parsons Project) y que muchos bebés fueron concebidos gracias al romance que fomentaba la melodía, aunque se trataba de una canción sobre la soledad como felicidad, más que nada.

Cross arrasó con los Grammys de 1980: álbum del año, canción del año y grabación del año ("Sailing") y mejor nuevo artista. Nunca antes se había dado un caso así, y sólo se repetiría con Norah Jones en el 2002. El éxito fue rotundo y redondo como la panza de Cross. Cuatro millones de copias vendidas hasta 1983. Las radios no se cansaban de él. El California Sound entró triunfal a los ochentas con su voz. El éxito le llegó de inmediato. Dinero, reconocimiento, mujeres... y porsupuesto el ya tradicional divorcio después de conocer a una chica de la alta sociedad mucho menor que él, Paige McNintch. Se enamoró perdidamente de ésta y le dedicó su disco siguiente, Another Page (en tributo a su nombre y a la nueva etapa de su vida). Cross hizo ejercicio, comió ensalada y dejó la hamburguesa con papas fritas, bajó de peso y se afeitó. Un éxito más, "Arthur's Theme (The Best That You Can Do)" de la película Arthur le dió un Oscar en 1982 y el futuro se veía prometedor... 

Pero si ustedes no saben quién es Christopher Cross y sí saben quién es Elton John o Billy Joel quiere decir que su carrera no llegó muy lejos.



Y es que con la música pop (o "Pop N' Roll" como definía Cross su propio estilo), la regla es renovarse o morir. Está bien escribir canciones que gusten a la masa y que sean buenísimas como "Never Be The Same" y "Say You'll be Mine", pero eventualmente el jugo se acaba o la gente se aburre de tanta azúcar con vocecita aquí y conguita acá y tecladito en cuarta suspendida. Christopher Cross ahora entretiene abuelas debido a su sobreexposición y al marketeo inclemente de la Warner, quien usó al cantante y  lo expectoró como cualquier casa disquera mayor, de las que felizmente van quedando pocas. Que ésto sirva de lección a todo aquel artista que logre un éxito rotundo al primer intento: guardad pan para Mayo, que está a la vuelta de la esquina.

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