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Friday, October 26, 2012


Orchestrion (CD, Nonesuch, 2010)
PAT METHENY
The Orchestrion Project (DVD/ BluRay, Eagle Rock, 2012)
PAT METHENY 

The Orchestrion Tour
24 de abril del 2010
Zellerbach Hall, Berkeley, California.

Voy a aprovechar que aún tengo los cables de mi cerebro cruzados para escribir estas líneas sobre la última locura de Pat Metheny, quien una vez más ha demostrado no sólo un talento increíble para ejecutar formatos musicales ya establecidos, sino para descubrir nuevos a punta de experimentación. Orchestrion es la presentación de Pat en una feria de ciencias y tecnología en la que él, sólo él, es el participante: un músico operador de robots.

El año 2002 leí de un grupo de rock llamado "Captured! By Robots", en donde sólo un miembro, Jay Vance, era controlado y forzado a tocar con una banda de androides. Me pareció algo chistoso, una idea absurda, pero a la vez no me dejaba de dar vueltas en la cabeza. Qué idea para disparatada y fascinante. En verdad, hace cien años, el concepto de la pianola, tocada con un rollo de papel agujereado, era el mismo. Artefactos ejecutando instrumentos musicales que, al no ser ejecutados por el hombre, dejaban descartada la posibilidad de cualquier "error" y generaban una fascinación patológica. La música popular nunca tomó ese rumbo, el mecánico, sino más bien tomó el atajo de la electrónica pero de forma tardía. Jay Vance, que no es nada más que un showman, en verdad no ha “perdido la cabeza” como Pat Metheny.

En abril del 2009, Cal Performances anunció a Metheny como parte de su lista de artistas de la temporada primavera 2010, y me pareció curioso que se anuncie que sólo él estaría en el escenario con su guitarra, presentando un innovador espectáculo. Poco después, el bajista Christian McBride afirmó que lo que cocinaba Metheny era un "proyecto revolucionario" que dejaría pasmados tanto a músicos como a audiencias en general. McBride hablaba de dicho trabajo como si se tratara de un golpe de estado a la música; pero, aunque encantador, el último trabajo de Pat Metheny probablemente no provoque ningún cambio radical. Eso sí, dará que hablar y mucho.

Primero que nada, Pat tiene tiempo, locura y paciencia suficientes como para programar una banda usando el mismo concepto de las pianolas mecánicas. Y no sólo una banda, sino una gran banda, algo así como un Pat Metheny Group ejecutable con solenoides y programable vía MIDI por el mismo Metheny tocando su guitarra. Capturado por robots, definitivamente.





Pero, mecánica o no, la música es interesante en el CD Orchestrion,un trabajo de obsesión y amor por una tecnología olvidada. Cada platillo, tarola, bombo, maraca, sonaja, conga y demás percusión está cerca a una baqueta, conectada a un solenoide electromagnético que mueve dicha baqueta hacia el instrumento, golpeándolo de acuerdo a un ritmo programado vía MIDI por Metheny. Del mismo modo, el piano, xilofón, bajo y guitarra están robotizados y listos para recibir órdenes del virtuoso guitarrista. Un proyecto así presenta dificultades que músicos de carne y hueso no tienden a enfrentar; por ejemplo, el desgaste más rápido de los instrumentos. Una conga golpeada incesantemente en un mismo lugar del cuero por una sola baqueta tendrá a arruinarse más rápido que una tocada a mano y en diferentes partes. Eso lo sabe cualquier baterista y hasta mi abuela. Lo mismo pasa con los demás instrumentos. Cabe decir que Jack DeJohnette y Gary Burton debieron arrepentirse de haber entregado su batería y xilófono respectivamente para este experimento.

Guitar-Bot

El otro problema fue el ruido de los solenoides al estar encendidos para así mover los instrumentos. Se emplearon reductores de ruido, micrófonos extremadamente direccionales y muchas horas de prueba y error para evitar que el disco parezca haber sido grabado junto a diez refrigeradoras. Al final, el resultado fue óptimo; aunque pudo haber sido un desastre... pero quizás por qué no una obra maestra.

Pat Metheny compuso en Orchestrion música humana para ser tocada por máquinas, y eso trajo también contratiempos en el concierto: uno de los guitar-bots, diseñado por el músico e ingeniero electrónico Eric Singer, falló debido al exceso de vibraciones y un técnico tuvo que acercarse a él para volverlo a poner en marcha luego de sucumbir al menos un par de veces. Pat tocaba demasiado rápido para él. Pobre robot.
Los demás robots también demostraron tener una respuesta muy pobre a los monitores y al retorno. Al no escucharse a sí mismos tocaban todo con la misma intensidad que, aunque regulable, no pudo ser mezclada apropiadamente para un sonido dinámico adecuado. Por momentos, todo parecía ser un juego de luces parpadeando al son de platillos y marimbas sin coherencia alguna; y esto en el Zellerbach Hall, supuestamente uno de los auditorios con mejor acústica del mundo. Los momentos más destacados del concierto fueron sin duda la introducción de Pat solista, con sus tradicionales guitarras barítona y Pikassa de 42 cuerdas, el tema "Unity Village" acompañado solamente por el robot líder, "Mr. Finger Cymbals" y de la otra guitarra robot, Los quince minutos de “Orchestrion” con un clímax de samba robótica, y "Soul Search", una balada con la que Pat concluyó la suite de su nuevo disco. También hubo momentos de improvisación y de instrucción a la audiencia sobre cómo todo funcionaba. “Mi familia creyó que me había vuelto loco”, afirmó Metheny. Pat no está loco, pero después de un año entero involucrado en este proyecto, no le vino mal descansar un poco o grabar un disco menos complicado*.

Diez días después de concluir el Orchestrion Tour en Japón, Pat salió de mini-gira con su Pat Metheny Group por Europa: algo que se intuyó con el tema final del concierto, “Stranger In Town", composición suya junto a su compañero de grupo Lyle Mays. Esto es una buena noticia, ya que quiere decir que el Pat Metheny Group lanzará pronto un nuevo disco y es ahí donde Pat toca y se siente mejor, colaborando con sus amigos músicos, no con robots.

Con Orchestrion, su tour, y el asombroso BluRay para la posteridad, Pat ha hecho una crítica instrumental a la sociedad y a su mecanización. Él está rodeado de interesantísimos dispositivos electromecánicos programables, pero en el escenario no hay nadie con quién compartir los aplausos. Algo así como cuando nos quedamos un fin de semana pegados a la televisión o a nuestros videojuegos, solos como un hongo, pensando que la felicidad está en el uso y el  abuso de la tecnología. En medio de esta soledad, Metheny intenta, según él, alcanzar más allá de sus brazos y cabeza, intentando llegar a una verdad personal, tal como innumerables músicos de Jazz lo han hecho durante décadas.

Orchestrion es un gran disco, pero Metheny es más humano en One Quiet Night; en donde están sólo él y su guitarra barítona de Tennessee, y mucho más músico en Day Trip; con McBride y el baterista Antonio Sanchez, y se le puede apreciar en su mejor momento creativo en Travels y Still Life (Talkin'). Ya saben por dónde seguir a Metheny entonces.



*Al año siguiente, 2011, Pat lanzaría un disco muy simple: What's It All About, una colección de covers (más simple) ejecutada sólo con su guitarra acústica (muchísimo más simple todavía).

Tuesday, October 23, 2012

El 10 de abril del 2010 tuve el gusto de conversar con Javier Lishner, un periodista y DJ peruano, como yo, que vive, igual que yo, en el área de la bahía de San Francisco. La entrevista está en su página web, donde podrán encontrar fotos y videos interesantísimos. ¡Gracias Javier!

La entrevista en verdad fue más larga de lo que Javier publicó en su página web y supongo que, de haber transcrito toda la entrevista, Javier se hubiera quedado sin megabytes en su blog.

http://javierlishner.blogspot.com/2010/04/javier-moreno-pollarolo-cacaorock-la.html


Escuchen aquí algunas partes de la entrevista las cuales no fueron transcritas. Incluí algunas canciones "chocheritas" entre los comentarios.

Las canciones:


Link directo para descargar el audio (por tiempo limitado, así que a descargarlo antes de que no lo encuentren): http://www.evoca.com/everyone_recording.jsp?rid=217654

¡Espero les guste!

Sunday, October 14, 2012



Ver la película Woodstock 25 años después de haberla visto por primera vez por televisión es aún más impresionante que aquella noche de sábado en 1987, frente a la caja boba con la señal abierta del canal 27 UHF. Considerando todo lo que significó el festival para el Rock, en lo positivo y negativo, sólo queda afirmar que fue un hito inmenso. Un hito que cambió mi vida y de seguro la tuya. Adoro el festival y los artistas que allí se presentaron. También adoro a la audiencia, y la película hace que el público se deje querer.
 


Uno se puede percatar que los asistentes son tan o más interesantes que los artistas que tocaron en dicho festival. Menos mal que los productores de la película decidieron no darnos simplemente una película con canciones en vivo, sino todo el paquete: Mientras John B. Sebastian canta sobre los sueños frustrados de la generación anterior, una pareja de “hippies” quizás de menos de 17 años cuentan a la cámara cómo se fugaron de casa, viven en una comuna, y cómo entienden el amor libre. Ella lo ama a él, él a ella, pero tienen la libertad de juntarse con quien quieran. Apuesto a que ni él ni ella se atrevieron a ponerse los cuernos. Ambos sienten fascinación, miedo, curiosidad y sobre todo, al final, una gran alegría, o alivio, de que algo grande está pasando frente a ellos.

Eso grande incluía a gente como Johnny Winter:
 
Johnny Winter no apareció en la versión original del film Woodstock. Aquí su performance de "Mean Town Blues", que está en el DVD extra de la edición extendida de la película.


Creo que fue el evento masivo, con resultados positivos, más trascendental del mundo en el siglo XX. Dudo que haya otro igual en donde todo salga mal pero igual las cosas continúen funcionando bien porque exista un objetivo más importante que cumplir. Recordemos que los organizadores originales de Woodstock hicieron dos versiones más, en 1994 y el 2004,  pero fueron horribles: una carísima, la otra más cara todavía, lo que provocó desmanes y hasta muertos. No, en Bethel, New York, en aquel Agosto de 1969, había un paraíso en una zona de desastre, parafraseando a Wavy Gravy. Las dos únicas muertes fueron accidentales: una sobredosis de heroína y un asistente atropellado por un tractor. La gente regresó contenta a sus casas, después de haber presenciado un desfile de estrellas hasta ahora inigualable, pero sin hacer caso a John B. Sebastian quien les dijo que por favor recojan su basura a la salida.

Justo ahora, cuatro décadas después, vemos que el festival tenía un mensaje mucho más profundo que Paz y Amor y Haz el Amor y no la Guerra. Los chicos que fueron al festival demostraron que estaban hechos de estrellas, y que no temían preguntarse cosas como ¿“vale la pena cruzar el Pacífico para matar gente que no nos ha hecho daño”? o “¿Qué clase de religión es aquella que, por un lado, te dice que no hay que matar pero cuando vas a matar con un uniforme y una bandera está bien?”

No en vano se ha vilipendiado a los hippies por tantos años... pero ese es otro tema porque hay hippies y “hippies”. Y yo personalmente he gozado a los dos grupos: un grupo tiene ideas claras, con las cuales puedes estar de acuerdo o no, pero viven en base a ellas. Algo casi imposible incluso en estos tiempos. Creen en el reciclaje, en políticas medioambientales, y sobre todo escuchan y participan en un intercambio de ideas. Trabajan y pagan impuestos, preguntándole al gobierno a dónde carajos va a parar cada dólar que le dan. El otro grupo sólo busca vivir gratis a costa de los demás, ya sea de sus impuestos o del sillón de la sala. En caso de una situación que les convenga, son capaces de cambiar de ideas rapidísimo: si en 1969 pedían detener la polución de las petroleras, ahora preguntan si el calentamiento global no es un cuento inventado por los comunistas. Si en 1980 tocaban guitarra protestando contra la elección de Ronald Reagan, el 2012 votarán por Mitt Romney porque así es la vida. En menos de cinco minutos nos podemos dar cuenta a qué grupo pertenece una persona de la nación Woodstock que acabamos de conocer.

Agosto de 1969 fue un momento clave, también: jamás habían habido tantos jóvenes en Estados Unidos. Cinco años antes, esa millonada adolescente vio a los Beatles en el programa de Ed Sullivan y sus radios transistorizados le dieron sentido, rumbo, a sus vidas. Eran los hijos de los que regresaron de la Segunda Guerra Mundial. Eran aquellos que no querían otra guerra de esas (aunque sus hijos y nietos posteriormente hayan muerto en Irak y Afganistán). Eran aquellos que perdieron la inocencia de un mundo nuevo y una nueva frontera cuando Kennedy murió abaleado y la guerra de Vietnam se desató producto de una mentira. Fueron aquellos que empezaron a preguntarse: "¿Dónde quedó aquel sueño de posguerra que nos prometieron en el 45?" Ellos fueron el caldo de cultivo perfecto para una revolución cultural, que pudo haber dado para más. La película muestra ambas caras de una moneda al aire: una generación vieja, aburrida, retrógrada y obsoleta que no comprende nada nuevo, y una juventud verdaderamente rebelde dispuesta a hacer saber al mundo que la guerra es muerte, y la música es vida. Un mes antes el hombre había llegado a la luna, y en Woodstock 400,000 asistentes volaron -ayudados o no con sustancias alucinógenas- con música maravillosa como la de Santana, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Ten Years After, Canned Heat, The Who. Un mar de gente se enfrentó a la intemperie y, aunque muchas veces se haya tildado a los hippies de ateos, éstos rezaron a un poder superior para que la lluvia escampe.

Por más que se le intente comparar eventos como Coachella, Burning Man o Lollapalooza, Woodstock fue una anomalía única e irrepetible: la película que se hizo sobre el festival lo demuestra con un encanto e inocencia sorprendentes. Jamás tuvo un escenario artistas de tan alta calidad y en un momento tan importante. Bob Dylan no estuvo, pero la locación del festival tuvo algo de homenaje al judío errante. Nixon sería re-elegido presidente poco después, y la nación Woodstock demostró que una elección limpia elige presidentes limpios para un país limpio (aunque el festival dejara basura como para pasársela recogiendo hasta ahora). No siempre habrán líderes limpios, es verdad, pero al menos el espíritu de deseo de un mundo justo no debe perderse.

Apéndice: artículo sobre el festival aparecido en agosto de 1989 en el diario El Comercio de Perú, escrito por Javier Lishner: