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Saturday, October 29, 2011

Meddle (Harvest, 1971)
PINK FLOYD


Recuerdo aquella portada con la antenta oreja sumergida en el agua. Un acercamiento impresionante del órgano humano que recibía las vibraciones que el líquido transportaba, provocadas por una música embrujadora: para unos, perturbadora e incómoda, para otros, el momento que habían estado esperando desde la separación de los Beatles: el nacimiento de la era denominada "Rock Progresivo".

Pero Meddle no es un disco para ser examinado con orejas "progresivas" en busca de virtuosismo. Es un disco para ser escuchado frente al mar, en medio de un caluroso verano que va acabándose. Nos tomó cuarenta años darnos cuenta de Meddle que es un disco generador de insolación en una playa desértica abatida por un fresco viento vespertino. Un álbum que arde y a la vez refresca: el equivalente musical a una cerveza Corona bien fría hacia las cuatro de la tarde frente al Mediterráneo, o al Mar Caribe.

Este fue el último álbum de Floyd cuyas letras fueron escritas por Roger Waters con la colaboración de los demás miembros de la banda. Este era el Pink Floyd que había evolucionado luego de la debacle de Syd Barrett, quien hacia 1971 ya era un vegetal. Habían estado intentando con mucho esfuerzo tomar vuelo: Saucerful of Secrets, More, Ummagumma y Atom Heart Mother son discos que los mismos miembros de la banda llegaron a aborrecer por su "mediocridad" (aunque quien escribe considera al Ummagumma uno de sus discos de cabecera). ¿Qué tuvo que pasar para que los ingleses tuvieran los cojones de grabar "One Of These Days", el tema que abre el disco? Mucha agua bajo el puente. Roger Waters y David Gilmour conectan bajos y guitarras a sistemas de efectos delay y echo y Nick Mason invierte el sonido de sus platillos en un crescendo épico, digno de una erupción volcánica. Con Rick Wright en un perfecto piano eléctrico, la segunda parte de "One Of These Days" es efectivamente lo más metálico que Floyd jamás haya grabado y como que ahí se definió el sonido del grupo. El bajo galopante de Waters siguió su ruta en temas como "Shine on You Crazy Diamond" y "Sheep", continuando aquella emoción volcada en "One Of These Days".








"A Pillow Of Winds", la siguiente canción, es otra prueba más de que el disco buscaba entornos estivales, con un Gilmour controlando la guitarra steel con un dulce virtuosismo. "Fearless" es el reporte de cómo se está sintiendo la banda en ese momento, frente a tanto tiempo, juventud y posibilidades y "St. Tropez" es la influencia del swing en medio de un disco muy, muy "mediterráneo" (es decir, ¿quizás Waters haya estado escuchando algo de música pop italiana?). David Gilmour pasó muchos de sus veranos en las playas del sur de Francia, rodeado de bellas mujeres y músicas, pero al mismo tiempo, sin mucho dinero en sus bolsillos. Alguna chica me comentó alguna vez que el momento más feliz de su vida fue cuando vivía a punta de pan con mantequilla de maní y soda barata mientras trabajaba de mesera en un restaurant de Londres. No la entendí en ese momento, pero estoy seguro que Gilmour sí hubiera entendido qué se siente apreciar el valor del dinero cuando este es escaso. Quizás ahí esté el motivo principal de la rivalidad Gilmour-Waters de todos estos años: ambos tienen una relación amor-odio no entre ellos mismos sino con el vil metal. El primero ve que sus cheques significan progreso, movimiento en ascenso y algo positivo en general (sabiendo que en algún momento estuvo en las filas de desempleo, esperando recibir pan y sopa). El segundo ve que el dinero le iba construyendo una pared que lo iba alienando... pero esa es otra historia y ya muy conocida.

Para cuando termina "Echoes", el tema de 23 minutos que cubre el lado B del álbum, no sabemos qué nos ha entrado por las orejas, pero estamos felices de haberlo recibido. Es verdad, muchos hemos oído "Echoes" después de haber oido los posteriores Wish You Were Here o The Wall, pero imaginemos cómo fue para el oyente común haber oido este tema por primera vez, en pleno 1971. "Echoes" no es más que una canción de fogata de playa amplificada, expandida y embellecida con efectos análogos de larga permanencia. Quizás fueron las hipnóticas imágenes de la película Pink Floyd Live At Pompeii las que le dieron forma a "Echoes" en nuestro subconsciente, con la banda tocando a pleno sol veraniego del sur de Italia en medio de las ruinas del coliseo. Adrian Maben, director del film, utilizó adecuadamente la música relajada de Floyd y los ardientes parajes volcánicos para poner a sus espectadores en un trance maravilloso.


Meddle es un título que juega con la palabra "medal" (medalla) y con el significado de "interferir" o "mediar". Con los años que pasaron y los cuatro megaéxitos de la banda, Dark Side Of The Moon, Wish You Were Here, Animals y The Wall, nos dimos cuenta que Meddle fue precisamente un intermediario entre el viejo Floyd, frustrado de no poder llegar al nivel que Syd Barrett había alcanzado con sólo un disco, y el Floyd organizado y cósmico con Roger Waters como compositor absoluto, dominando la banda con mano dura y bajo protesta de ésta (Richard Wright fue expulsado por insubordinación, creo) pero a la vez llenando estadios y vendiendo discos como pan caliente no porque éstos sean malos, sino por buenos, muy buenos.

El rock de los setentas le debe muchísimo a este disco, pero sobre todo nosotros y las generaciones que van descubriendo a esta banda inmortal. Una lástima que EMI no haya lanzado una Immersion Edition de Meddle, o al menos la versión en BluRay. Será para la próxima. La próxima generación, es decir.