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Thursday, June 23, 2011

Sunday, June 19, 2011

Nevermind (DGC, 1991)
NIRVANA

En unos doscientos años, cuando todos los que estén leyendo esto estarán descomponiéndose al igual que el cadáver de Kurt Cobain, líder de Nirvana, la gente seguirá escuchando a su banda con oídos muy atentos y, lo más probable, con una calidad de sonido infinitamente superior a la de los chuscos discos compactos, cassettes y LPs con los que descubrimos Nevermind, un disco que no sólo definió a una generación (la "X"), sino que a punta de ruido sacó a la luz una gran verdad. Vamos a hablar de dicha verdad en un rato. Primero, disfrutemos de la banda:







"Breed"


Era un fin de semana de marzo de 1992 y quien escribe estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad Ricardo Palma de Lima. Tenía muchos problemas con las matemáticas y, sobre todo, me molestaba la idea de que iba a terminar siendo un telefonista jala-cables para cualquier contratista de la compañía telefónica. Felizmente eso no ocurrió para mí, pero sí para muchos que se graduaron varios años después, y terminaron agradeciendo el tener un trabajo y pasarse el resto de su vida haciendo algo que no les gusta. En fin, me encontraba en una discoteca del distrito de San Isidro en Lima y, de pronto, la música electrónica se detuvo para dar paso a un trío punk que saturó los parlantes del local. Nunca había escuchado un tema así en un club chic o "exclusivo" en donde la gente se vestía bien para ir a bailar, tomar alcohol y demostrar que sus papis ganaban más que otros papis. El sonido de Nirvana y su "Smells Like Teen Spirit" era bastante agresivo como para ser tocado en un lugar público ante una audiencia más o menos "segura", pero era tan impresionante que no habían excusas para no oírlo, al menos por curiosidad. El tema gozaba de una espontaneidad que sólo la había escuchando antes en música de heavy metal en vivo, pero "Teen Spirit" no era una canción grabada en un concierto: era la siguiente fase en la historia del Rock And Roll, y le daba a éste un par de cojones que había perdido hacía un buen tiempo, gracias a la radio y al Status Quo. Cobain estaba tocando guitarra como él quería que sonara, atacando las cuerdas mientras criticaba la ya tantas veces criticada sociedad; sólo que esta vez alguien lo hacía con mucho, mucho talento. Hacía lo que le gustaba y utilizaba la electricidad de su guitarra y la estridencia de su voz para despertar a las masas. Al mismo tiempo, Cobain combatía en una guerra consigo mismo de la cual no saldría triunfante.

Lo primero que hice al día siguiente fue tratar de saber quiénes eran aquellos músicos, puesto que el rotundo tema era uno de esos que impactan y no se van. Esto sólo ocurre con los grandes: Beatles, Stones, Floyd, Ramones. Nirvana estaba más cerca a los Ramones que de los Beatles, pero Cobain había escuchado muchísimas veces el Meet The Beatles antes de componer su "About A Girl" (del disco anterior, Bleach). De más está decir que los alaridos de Cobain son similares a los de John Lennon en su magnífico Plastic Ono Band. Kurt Cobain era fanático del rock de los setentas y las guitarras de las bandas Boston y Killing Joke (cuyo tema "Eighties" fue fotocopiado para "Come As You Are"), aunque Cobain fue en vida comparado frecuentemente con Lennon, lleva en él mucho más de Syd Barrett, el malogrado fundador de Pink Floyd: una mente genial y a la vez autodestructiva y poco prolífica, capaz de hipnotizar a todo oyente con música muy, muy bella.


En el Perú, la fábrica de discos El Virrey editó el cassette de Nevermind y para mí escucharlo fue toda una experiencia: así como hay gente que recuerda, por ejemplo, el lugar y momento en que por primera vez escucharon el Sgt. Pepper, vieron Star Wars o leyeron Cien Años de Soledad, así recuerdo yo la primera vez en que escuché Nevermind, de lejos el álbum más importante de los últimos 20 años y, al igual que El Quijote, el principio y fin de un género artístico. Nada sería igual después de Nevermind y menos después de la muerte de Cobain.

El éxito de Nevermind se basa en el sufrimiento de Cobain, el cual convirtió sus penas en arte y la gente se identificó con él como nunca antes se habían identificado con músico alguno: Cobain era hijo del divorcio, del alcoholismo y de una familia fragmentada por la situación económica de Estados Unidos, que no ayudaba para nada a los de su clase, la clase media desempleada, que iba creciendo cada vez más y más gracias a las políticas del presidente George H.W. Bush, quienes llevaron al país a una recesión bárbara hacia 1992 (su hijo lo haría también 16 años después).


En Seattle, Washington, el estar desempleado implicaba vestir camisas de franela, pantalones vaqueros desgarrados y zapatos de leñador y quedarse hasta tardísimo en la noche en bares y clubes nocturnos, esperando a que deje de llover. De más está decir que el sonido de Seattle, del cual Nirvana es el mejor representante, está basado en una depresión y fatalismo inmensos y bastante fundamentados. Cobain era el representante perfecto del estudiante de secundaria desplazado y vapuleado. De aquel solitario chico extraño que dibuja los logotipos de sus bandas favoritas y escribe líricas para canciones de conciertos imaginarios. Él era uno de los nuestros, y le fastidiaba mucho saber que los mismos chicos que lo acosaron en la escuela adoraban su música. Ironías de la fama.

Nirvana, luego de un moderado éxito con Bleach en 1989, firmó con la disquera DGC y su álbum Nevermind, que fue mezclado varias veces hasta obtener la perfección con el trabajo de Andy Wallace y Butch Vig, salió tímidamente a la luz un 24 de septiembre de 1991. Hacia Noviembre, las radios ya tocaban de cuando en cuando ese nuevo "tema metalero" de la "nueva banda de Seattle". La promoción del álbum dio sus frutos y la banda se presentaba en Saturday Night Live destruyendo todo a su paso.





"Territorial Pissings"

"Polly", "Come As You Are", "In Bloom", "Stay Away" llegaban una tras otra con una fuerza increíble, imparable. Ahí estaba "Something In The Way", también: un lúgubre lamento sobre lo que es ser pobre y adicto a las drogas. La temática de Nirvana, cruda y directa, estaba llegando a las radios masivas como jamás había ocurrido en el Rock. La gente se había cansado de los pelucones metaleros que sólo lanzaban álbum tras álbum para llenarse los bolsillos con dólares que luego gastarían en drogas, alcohol, mujeres y bienes raíces. Nirvana apareció en el momento exacto como una banda que aceptaba al oyente y le iba revelando una a una sus catársis: hoy en día la frase "Come as You Are" da la bienvenida a los visitantes de Aberdeen, Washington, lugar de nacimiento de Cobain. El rock and roll se había democratizado por primera vez desde Woodstock.


 
Mientras las disqueras buscaban bandas nuevas para canalizar este nuevo producto democrático y a la vez comerciable, la fama de Cobain alcanzaba niveles insospechados y, al mismo tiempo, su depresión y adicción a los estupefacientes y medicamentos lo iban consumiendo. Mientras el éxito lo iba llenando de dólares, Cobain seguía siendo el chico vapuleado de la secundaria con una guitarra distorsionada, salvo que ahora podía conseguir todas las guitarras que quisiera y consumir drogas más puras que las que conseguía dos años antes en los callejones del centro de Seattle. Poco antes de su suicidio en abril de 1994, Cobain había sufrido una sobredosis de champagne y Rohypnol en Roma. Corrieron rumores de que había sido un accidente, pero creo que en ese momento Kurt se dio cuenta que si no tomaba una medida rápida y efectiva, su dolor sólo se iba a prolongar. Estoy seguro de que debió haber planeado su suicidio metódicamente luego de la intervención por parte de sus amigos y familiares para tratar de sacarlo de la espiral de las drogas y la depresión. El cadáver de Cobain fue encontrado en su casa aproximadamente tres días después de su muerte.

Me enteré de su muerte cuando el bus que me llevaba al dentista se detuvo en una esquina y pude ver el titular en el diario "Expreso". Se lo conté a algunos de mis amigos rockeros ese día y no me creyeron. Sentí que me había convertido en un ave de mal agüero y me dio mucha pena y hasta algo de vergüenza: la semana anterior, cuando esos mismos amigos me contaron que Nirvana había grabado un Unplugged para MTV, me reí a carcajadas: "¿Cómo van a poder tocar esa música tan ruidosa sólo con guitarras de palo?" Al ver que en esa actuación Cobain tocaba su guitarra acústica rodeado de velas y flores cual anticipo de velorio, sentí que su espíritu venía a callarme la boca.

A partir de aquí el debate sobre la muerte de Cobain divide a la gente con una línea muy profunda que define las personalidades de cada uno: ¿fue un acto de cobardía? ¿Tuvo las agallas de terminar con su vida con tanto dolor que llevaba? ¿Por qué no buscó ayuda profesional? Él ya había afirmado que se estaba automedicando para poder superar los dolores crónicos de estómago que tenía y, poco antes de morir, afirmó con una sonrisa de oreja a oreja estar feliz de la vida. 


No sólo eso: en una entrevista de la Rolling Stone en pleno 1992, en pleno éxito de Nevermind, Cobain afirmaba que las drogas fueron para él una pérdida de tiempo y que las había dejado. De ahí que algunos consideran que su muerte fue una conspiración que tuvo como protagonista principal a su esposa, la también músico punk y adicta al caballo Courtney Love. Pero para nosotros esto último es una ridiculez. Kurt Cobain era un genio que sufría de una terrible adicción a la heroína, la cual pudo haberlo matado, de cualquier manera. Dicha adicción lo tenía atrapado, y utilizó la música para tratar de salir de ella, sin éxito.

Cuando Kurt Cobain a los 27 años se llevó su escopeta a la boca y jaló el gatillo, se dio por concluida la era rebelde masiva del Rock and Roll. Nirvana le dio pelotas a un género venido a menos, pero al morir Cobain, dichas pelotas se convirtieron en bolitas de naftalina. No me imagino a un Kurt Cobain ahora, en el 2011, a los 44 años, corriendo por escenarios gigantes llenos de luces y una potencia sonora inigualable mientras compañías de telecomunicaciones auspician sus conciertos y en las afueras se venden sus sudaderas a cuarenta dólares. Ni mucho menos me lo imagino sentado en un estudio de grabación, grabando el álbum número 17 de Nirvana y afirmando que será su "mejor obra después del Nevermind". O peor aún: no puedo concebir a un Cobain viviendo del pasado, semi retirado y criando a su hija Frances en una mansión de las afueras de Seattle. Lamentablemente su destino era la muerte.


Las disqueras y sus departamentos de Artistas y Repertorios decidieron apostar por productos edulcorados y seguros: ningún artista famoso se va a suicidar en la cumbre de su fama y crear una depresión colectiva. Éste no fue un caso como el de Lennon, muerto a manos de un loco, o ni siquiera como el de Hendrix, con una sobredosis accidental. Kurt nos dejó una nota diciendo que para él la música no lo había ayudado en nada y que de nada servía vivir: para él, el ser una "estrella de rock" no tenía sentido. "¿Y por qué mierda no dejaste la música?", preguntó su viuda mientras leía la nota con la voz entrecortada a los fanáticos que se habían congregado frente a su casa.

Las fuerzas del destino, fatalistas para aquel chico de la clase trabajadora norteamericana, confabularon para que muera por una verdad a grito pelado: la secundaria es una verdadera mierda y que la gente ahí sufre y sufre mucho. Negarlo es simplemente continuar con aquel infierno. Las matanzas de Columbine en 1999 y Virginia Tech en el 2007 fueron pruebas de que el sistema educativo de occidente está creando gente con problemas muy serios para socializarse, pero en general a ésta gente la ignoramos, le decimos Nevermind y continuamos con nuestra rutina de culpar a los demás de los problemas del mundo porque, total, alguien más ha de resolverlos. Nevermind tiene muchísimo que ver con la carencia de autenticidad y la abundancia de hipocresía en el mundo: el disco sacó a la luz estos problemas en un brillante set de 40 minutos de rock duro, el cual le costó a Kurt Cobain su propia vida.

Más Nirvana:

Incesticide: colección de lados B de singles y otras rareza, editada rápidamente debido al brutal éxito de Nevermind. Destaca "Aneurysm", uno de los mejores temas de la banda.
In Utero: el sucesor digno de Nevermind, grabado de forma más ruidosa.
From The Muddy Banks of the Wishkah: ¿Cómo sonaba Nirvana en vivo? Así.

Monday, June 6, 2011

El Sábado 7 de Junio del 2003 se nos fue Diana García, quizás la más importante DJ y locutora radial que ha tenido la ciudad de Lima. Falleció de un paro respiratorio, después de haber estado batallando contra el cáncer desde hacía algún tiempo.

Diana García tenía una voz maravillosa, bella y arrulladora. En su larga trayectoria pinchó los mejores discos de rock y difundió la música moderna en el Perú; que era como sembrar en el desierto. Nunca se quejó de la indiferencia de algunos; ella siguió tocando a sus favoritos y difundiendo aquel elemento que influenció a radioescuchas como Javier Moreno, Champero, la Flaca Roxy y el gran Loco Disco. Sus últimos dos programas, "Tú, yo y mis discos" y "Memories," difundían un amplio espectro de la música popular norteamericana e inglesa moderna y pasada de moda, respectivamente. Pasada de moda pero eterna.

Sus favoritos: Stevie Wonder, Harold Melvin, Daryl Hall & John Oates, Little River Band, Carly Simon, Gladys Knight & The Pips, Beatles y, porsupuesto, sus preferidos Rolling Stones. Diana entrevistó a Mick Jagger alrededor de 1978 cuando éste visitó Lima y Cuzco.







A Mick le preguntó acerca de la canción "You're So Vain" de Carly Simon. "¿Te la escribió para tí, Mick?" "No, qué va," respondió el jetón. "Ésa fue para James Taylor."

Aparte de ser una DJ excepcional, Diana fue locutora de programas de TV tales como "Juego Real", "Sábados de Belmont" y "Triki Trak". Si ustedes son peruanos y recuerdan los ochentas recordarán su suave voz en off. Una voz feliz y amena, que nos hacía olvidar que también en la TV habían noticieros que llenaban las pantallas con Sendero Luminoso, Alan García y la hiperinflación. Caray, Diana, tú si que nos consolabas.

Ella se mantuvo positiva en todo. Nunca se lamentó de su enfermedad y hasta el último siguió siendo increíblemente carismática. CacaoRock no existiría si no fuera por ella. Y por ella seguimos dándole duro al rock and roll y a la música de siempre, como siempre.

Me enteré que Diana ya estaba charlando con Elvis por Roxana, la flaca que trae las noticias a CacaoRock. Esta vez no fue un chisme radial. Diana García había dejado de existir la mañana del sábado siete de Junio del 2003. No estará con nosotros para apagarle las velas a Paul McCartney el día que cumpla 64, ni tocará la cancioncita dichosa del Sgt. Pepper. Diana estará contándole a George Harrison lo mucho que le gusta "My Sweet Lord", y de seguro estará abrazando a Big O, Roy Orbison.

Diana era muy sencilla y sincera, por ende tenía muchos amigos de los buenos, de esos que no te llaman sólo cuando te has sacado la lotería. Amigos como Jorge Cox -fanático de Elvis Presley y del rock and roll de aquellos tiempos- y Hugo Salazar -ex Gusanosaurio y promoción 77 del Colegio de La Inmaculada-. Estaba siempre dispuesta a levantarte la moral haciéndote ver que la vida efectivamente es un valle de lágrimas, pero no por eso hay que estar llorando todo el santo día. Diana era una canción hecha mujer, y sus programas de radio eran lo mejor que había en Telestereo y Radio Miraflores.

Las canciones de Stevie Wonder y Hall & Oates necesitan a alguien que las presente y celebre el talento de sus creadores. Diana fue una artista y una pionera y su obra fue su propia vida.

Diana, descansa en paz. Te has ido y nos dejas un espacio vacío que no lo puede llenar ni las aguas de un río.


Este homenaje a Diana y al poderoso locutor Juan Ramírez Lazo apareció en el diario La República el 15 de Junio del 2003.


Aún resuenan los ecos de Juan Ramírez Lazo y Diana
García...


Voces en off

Dos grandes figuras de la radio peruana [Diana García y Juan
Ramírez Lazo]
han desaparecido en medio de una indiferencia imperdonable,
aunque comprensible en tiempos en que las emisoras han decidido que la
improvisación y el griterío desplacen al profesionalismo y el buen gusto. Eso, realmente, nos preocupa.



Escribe JUAN ÁLVAREZ

Había una vez una época en la que la televisión no tenía noticieros matutinos, por lo que el desayuno podía ingerirse sin necesidad de ver la repetición de los titulares de la víspera o a un reportero regodeándose en algún drama humano. Eran tiempos en los que la radio estaba mucho más cerca de la gente, acompañándola desde que aparecía la luz del día, leyéndole los titulares del día y, por supuesto, recordándole que ponga a tiempo su reloj cuando ya eran las siete en punto.

Mañanas de AM, del "Carreta" Jorge Pérez y sus polkas madrugadoras, de Luis
Pizarro Cerrón y su "Sol en Los Andes", de las radionovelas del "Ronco" Gámez, de "La Doctora Corazón" en Radioprogramas, de Radio Reloj, de Peláez Rioja y "La Cajita de Música", pero, sobre todo, de Juan Ramírez Lazo y "Radio Periódico El Mundo".

Veintidós días después del fallecimiento de su fundador, en Radio Cora todo parece ir tal cual don Juan Ramírez Lazo hubiera deseado. Silvia, una de sus hijas (no precisamente Coralí, por quien se las ingenió para que la empresa se llame Compañía Radiodifusora Lima), se ha encargado de la administración y su equipo de prensa se mantiene tal cual, con la (¿mínima?) diferencia de que el famoso "Nos Preocupa" es ahora escrito por Carlos Albarracín y leído por Augusto Vásquez. Claro, para muchos esa columna de opinión no es la misma sin el voluminoso locutor, pero nadie mejor para tomarle la posta que quien fue su oído derecho durante 23 años (además, si se trataba de elegir a un imitador, para eso estaba el "Ronco" Gámez).

Silvia creció admirando a su padre y escuchando de primera mano su respuesta a todo lo que se decía de él, sobre todo por la amistad que el locutor siempre cultivó con gobernantes como Manuel Prado, Manuel A. Odría, Fernando Belaunde o Alan García. "Han habido comentarios lindos, y también desagradables, pero yo sé cómo fue él y sé dónde tengo su recuerdo. Para mí fue un gran locutor que vivió sin odios ni rencores. Fue el más grande luchador y el más grande papá", enfatiza.


Don Juan nació en Piura el seis de mayo de 1927, pero a los tres años ya estaba viviendo en los limeñísimos Barrios Altos. Estudió en el Centro Educativo Ramón Espinoza y en el Colegio Particular Cristo Rey, y al egresar trabajó en una distribuidora textil, aunque siempre tuvo la inquietud de emular a su hermano Fidel, quien ya era locutor de Radio Delcar, en Chiclayo, pero posteriormente se convirtió en locutor comercial de la capitalina Radio Central.


Precisamente ese afán lo llevó, una noche en la que Fidel debió reemplazar al animador de "El Chanchito de la Inteligencia" (programa radial al estilo del actual "Saber y Ganar") en el Cine Metropólitan, a ser el casual encargado de leer los comerciales en el horario nocturno estelar. Y lo hizo tan en el estilo de su hermano que terminó leyendo el informativo redactado en Palacio de Gobierno, algo de lo que después se encargaría permanentemente.

Ese mismo empeño lo llevaría luego a ganar más dinero administrando una emisora de Huacho, pero al enamorarse de "una linda chalaquita" se esforzó por regresar a Lima y ser aceptado en una de las emisoras más populares: Radio Victoria. Cuenta don Juan, en sus memorias, que un día se presentó en el teatro La Cabaña para una prueba, y le pidieron leer unas carillas. Ni siquiera terminaron de escucharlo cuando le propusieron encargarse de las noticias. Debía dejar Huacho por la mitad de su sueldo, pero era un gran salto poder compartir el micrófono con Juan Silva Vidaurre, José Lázaro Tello y Elías Roca. Además, podría pedir a Monina que se convierta en su esposa.

Durante 35 años, Juan Ramírez Lazo se erigió como la voz más representativa de Radio Victoria, al punto que muchos pensaron que la emisora era suya cuando sólo alcanzó a ser su gerente de radio. Y aunque la consolidación de la FM en la práctica empezaba a otorgar una condición casi subterránea a las emisoras que transmitían en AM, hacia 1984 don Juan emprendió la aventura de tener radio propia. Dos años después su voz ya salía desde los micrófonos de su Radio Cora, de los cuales se despegó únicamente cuando, semanas previas a su muerte, se dio cuenta de que no podía grabar más. En realidad, él ya había abandonado la cabina en diciembre del 2002, cuando le detectaron mielomas múltiples en la columna, pero seguía haciendo sus envíos desde casa. Y aunque lograron encapsularle las células cancerígenas, él no pudo restablecerse plenamente, al punto que sus familiares se preocupaban más por su hipoglicemia (falta de azúcar) cuando lo afectaron los dos paros cardiacos.

"A raíz de su enfermedad" -revela Silvia apretando el cuaderno con las memorias de su padre-, "mucha gente lo dejó de lado, lo olvidó. Los grandes amigos lo visitaban cada vez con menos frecuencia. Por eso, cuando falleció, optamos por la mayor reserva posible. No queríamos que algunos vinieran sólo para la foto".

Había otra vez (ésta no hace mucho), en la que los jóvenes no necesitaban refugiarse en un walkman o un discman para proteger sus oídos de simplones tecnos (cumbias), insípidas salsas e insoportables melodías brasileñas hechas más pensando en los aeróbicos que en el disfrute sonoro.

Días de Frecuencia realmente Modulada, de locutores que respetaban el buen gusto tanto como al valor del silencio, que no se atrevían a salivar el micrófono y mucho menos a ensuciar las canciones, que sabían tanto del artista como de las preferencias de sus oyentes. Porque para esos locutores, como Iván Márquez, Arturo Otoya, Javier Lishner, Hugo Salazar y, principalmente, Diana García, lanzar cada programa musical en la radio era igual que celebrar una reunión entre ellos, nosotros y nuestros discos. Oh, sí.

Estoy a punto de despedirme de Ángel Palacios y ya tenemos pendiente una conversación más. Una hora antes de este instante yo era un extraño que le había pedido algunas fotos de su madre, Diana García. Ahora soy una especie de representante de todos los amigos anónimos que, desde el domingo, llamaron a su casa para intentar disminuirles el dolor contándoles lo grato que fue toparse en algún momento de la vida, en persona o a través de la radio, con la entrañable locutora.

En verdad, ¿qué tenía esa mujer para transmitir tanta ternura y alegría? Pues, además de una dulce voz, una personalidad cálida, producto de una serie de experiencias que se iniciaron hacia 1963, cuando luego de escucharla el padre Francisco Villena la invitó a conducir en Radio Santa Rosa el programa "Atardecer Musical". Ella estudiaba educación en San Marcos, pero más por complacer a su padre que por propia vocación, la cual la llevaba más bien a infiltrarse en las clases de periodismo.

Desde entonces, su preocupación mayor era dar a conocer al oyente lo que sabía de su artista preferido, lo que perfiló su naturaleza de autodidacta. Al no haber en Lima instituto de locución, cultivó su estilo al preocuparse simplemente por hablar bien frente al micrófono. De igual forma, el inglés lo aprendió al conocer amigos norteamericanos que venían a Lima por intercambio estudiantil. Y para estar al tanto con las novedades musicales, invirtió mucho en comprar discos y revistas. Además, siempre dejó en claro que las modas no iban con ella. O tocaba la música que a ellos y sus oyentes les gustaba, o dejaba la radio y se dedicaba a la locución comercial, donde también supo dejar huella.

Es que Diana era una verdadera melómana (sus discos, entre CDs y vinilos, suman casi 1,700), siendo sus artistas preferidos The Rolling Stones, The Beatles y, sobre todo, Elvis Presley. Así lo demostró en sus programas "El Show de Diana" en Radio El Sol y "Hits Ville" en Radio América, aunque sean "Memories" y "Tú, yo y mis discos" sus programas insignia en la misma Radio América, pero también en Radio Miraflores y, hasta hace poco, en Telestéreo.

También tuvo un feliz paso por la televisión, a finales de los 60. Pedrín Chispa la contrató para animar "Ritmo en el Cuatro", donde se presentaban los grupos de moda de la nueva ola, y en ese canal también se convirtió en la primera locutora en off de eventos deportivos, a sugerencia de Luis Ángel Pinasco, quien narraba los partidos de fútbol. Para los hinchas aliancistas resultaba memorable cómo ella celebraba cada gol blanquiazul, incluso gritando más fuerte que el propio Rulito. La relación entre ambos fue tan óptima que incluso trabajaron juntos en el "Triki Trak", junto a otro de sus grandes amigos, Hugo Salazar.

Poco afecta al reconocimiento público, Diana ofrecía entrevistas en contadas ocasiones y solía no recibir los premios que le otorgaban. Sin embargo, cuando los oyentes la llamaban por teléfono, era muy conversadora y, si notaba en ellos algún problema, solía regalarles una canción con el mensaje preciso. Tal vez su sólido sentido cristiano le había otorgado una sensibilidad descomunal, así como una increíble fortaleza.

El 2001, habiendo su madre acabado de fallecer, los doctores le dijeron que tenía cáncer en el pulmón. Pero, contra todo pronóstico, en su caso el mal no fue fulminante, lo que le permitió regresar a la radio en diciembre del 2001 para ofrecer un especial de George Harrison a propósito de su muerte, también de cáncer. Sin embargo, el 8 de enero del 2002 se despediría finalmente con otro especial muy recordado, esta vez por un cumpleaños más de Elvis Presley.

Fiel a su estilo, Diana no permitió que la vieran en su lecho de dolor, aunque recién se sintió realmente mal una semana antes de su muerte. Siempre quiso que sus oyentes la recuerden evocando lo que ella inspiraba en la radio, imaginando su rostro y dibujando en la mente su sonrisa. Y en cierto modo lo consiguió. De eso puede dar fe su hijo Ángel, quien confiesa no haber encontrado mayor consuelo a su pena que la suerte de seguir topándose con gente que vivía agradecida a su madre. Y son tantos....