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Sunday, June 19, 2011


Nevermind (DGC, 1991)
NIRVANA

En unos doscientos años, cuando todos los que estén leyendo esto estarán descomponiéndose al igual que el cadáver de Kurt Cobain, líder de Nirvana, la gente seguirá escuchando a su banda con oídos muy atentos y, lo más probable, con una calidad de sonido infinitamente superior a la de los chuscos discos compactos, cassettes y LPs con los que descubrimos Nevermind, un disco que no sólo definió a una generación (la "X"), sino que a punta de ruido sacó a la luz una gran verdad. Vamos a hablar de dicha verdad en un rato. Primero, disfrutemos de la banda:







"Breed"


Era un fin de semana de marzo de 1992 y quien escribe estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad Ricardo Palma de Lima. Tenía muchos problemas con las matemáticas y, sobre todo, me molestaba la idea de que iba a terminar siendo un telefonista jala-cables para cualquier contratista de la compañía telefónica. Felizmente eso no ocurrió para mí, pero sí para muchos que se graduaron varios años después, y terminaron agradeciendo el tener un trabajo y pasarse el resto de su vida haciendo algo que no les gusta. En fin, me encontraba en una discoteca del distrito de San Isidro en Lima y, de pronto, la música electrónica se detuvo para dar paso a un trío punk que saturó los parlantes del local. Nunca había escuchado un tema así en un club chic o "exclusivo" en donde la gente se vestía bien para ir a bailar, tomar alcohol y demostrar que sus papis ganaban más que otros papis. El sonido de Nirvana y su "Smells Like Teen Spirit" era bastante agresivo como para ser tocado en un lugar público ante una audiencia más o menos "segura", pero era tan impresionante que no habían excusas para no oírlo, al menos por curiosidad. El tema gozaba de una espontaneidad que sólo la había escuchando antes en música de heavy metal en vivo, pero "Teen Spirit" no era una canción grabada en un concierto: era la siguiente fase en la historia del Rock And Roll, y le daba a éste un par de cojones que había perdido hacía un buen tiempo, gracias a la radio y al Status Quo. Cobain estaba tocando guitarra como él quería que sonara, atacando las cuerdas mientras criticaba la ya tantas veces criticada sociedad; sólo que esta vez alguien lo hacía con mucho, mucho talento. Hacía lo que le gustaba y utilizaba la electricidad de su guitarra y la estridencia de su voz para despertar a las masas. Al mismo tiempo, Cobain combatía en una guerra consigo mismo de la cual no saldría triunfante.

Lo primero que hice al día siguiente fue tratar de saber quiénes eran aquellos músicos, puesto que el rotundo tema era uno de esos que impactan y no se van. Esto sólo ocurre con los grandes: Beatles, Stones, Floyd, Ramones. Nirvana estaba más cerca a los Ramones que de los Beatles, pero Cobain había escuchado muchísimas veces el Meet The Beatles antes de componer su "About A Girl" (del disco anterior, Bleach). De más está decir que los alaridos de Cobain son similares a los de John Lennon en su magnífico Plastic Ono Band. Kurt Cobain era fanático del rock de los setentas y las guitarras de las bandas Boston y Killing Joke (cuyo tema "Eighties" fue fotocopiado para "Come As You Are"), aunque Cobain fue en vida comparado frecuentemente con Lennon, lleva en él mucho más de Syd Barrett, el malogrado fundador de Pink Floyd: una mente genial y a la vez autodestructiva y poco prolífica, capaz de hipnotizar a todo oyente con música muy, muy bella.


En el Perú, la fábrica de discos El Virrey editó el cassette de Nevermind y para mí escucharlo fue toda una experiencia: así como hay gente que recuerda, por ejemplo, el lugar y momento en que por primera vez escucharon el Sgt. Pepper, vieron Star Wars o leyeron Cien Años de Soledad, así recuerdo yo la primera vez en que escuché Nevermind, de lejos el álbum más importante de los últimos 20 años y, al igual que El Quijote, el principio y fin de un género artístico. Nada sería igual después de Nevermind y menos después de la muerte de Cobain.

El éxito de Nevermind se basa en el sufrimiento de Cobain, el cual convirtió sus penas en arte y la gente se identificó con él como nunca antes se habían identificado con músico alguno: Cobain era hijo del divorcio, del alcoholismo y de una familia fragmentada por la situación económica de Estados Unidos, que no ayudaba para nada a los de su clase, la clase media desempleada, que iba creciendo cada vez más y más gracias a las políticas del presidente George H.W. Bush, quienes llevaron al país a una recesión bárbara hacia 1992 (su hijo lo haría también 16 años después).


En Seattle, Washington, el estar desempleado implicaba vestir camisas de franela, pantalones vaqueros desgarrados y zapatos de leñador y quedarse hasta tardísimo en la noche en bares y clubes nocturnos, esperando a que deje de llover. De más está decir que el sonido de Seattle, del cual Nirvana es el mejor representante, está basado en una depresión y fatalismo inmensos y bastante fundamentados. Cobain era el representante perfecto del estudiante de secundaria desplazado y vapuleado. De aquel solitario chico extraño que dibuja los logotipos de sus bandas favoritas y escribe líricas para canciones de conciertos imaginarios. Él era uno de los nuestros, y le fastidiaba mucho saber que los mismos chicos que lo acosaron en la escuela adoraban su música. Ironías de la fama.

Nirvana, luego de un moderado éxito con Bleach en 1989, firmó con la disquera DGC y su álbum Nevermind, que fue mezclado varias veces hasta obtener la perfección con el trabajo de Andy Wallace y Butch Vig, salió tímidamente a la luz un 24 de septiembre de 1991. Hacia Noviembre, las radios ya tocaban de cuando en cuando ese nuevo "tema metalero" de la "nueva banda de Seattle". La promoción del álbum dio sus frutos y la banda se presentaba en Saturday Night Live destruyendo todo a su paso.





"Territorial Pissings"

"Polly", "Come As You Are", "In Bloom", "Stay Away" llegaban una tras otra con una fuerza increíble, imparable. Ahí estaba "Something In The Way", también: un lúgubre lamento sobre lo que es ser pobre y adicto a las drogas. La temática de Nirvana, cruda y directa, estaba llegando a las radios masivas como jamás había ocurrido en el Rock. La gente se había cansado de los pelucones metaleros que sólo lanzaban álbum tras álbum para llenarse los bolsillos con dólares que luego gastarían en drogas, alcohol, mujeres y bienes raíces. Nirvana apareció en el momento exacto como una banda que aceptaba al oyente y le iba revelando una a una sus catársis: hoy en día la frase "Come as You Are" da la bienvenida a los visitantes de Aberdeen, Washington, lugar de nacimiento de Cobain. El rock and roll se había democratizado por primera vez desde Woodstock.


 
Mientras las disqueras buscaban bandas nuevas para canalizar este nuevo producto democrático y a la vez comerciable, la fama de Cobain alcanzaba niveles insospechados y, al mismo tiempo, su depresión y adicción a los estupefacientes y medicamentos lo iban consumiendo. Mientras el éxito lo iba llenando de dólares, Cobain seguía siendo el chico vapuleado de la secundaria con una guitarra distorsionada, salvo que ahora podía conseguir todas las guitarras que quisiera y consumir drogas más puras que las que conseguía dos años antes en los callejones del centro de Seattle. Poco antes de su suicidio en abril de 1994, Cobain había sufrido una sobredosis de champagne y Rohypnol en Roma. Corrieron rumores de que había sido un accidente, pero creo que en ese momento Kurt se dio cuenta que si no tomaba una medida rápida y efectiva, su dolor sólo se iba a prolongar. Estoy seguro de que debió haber planeado su suicidio metódicamente luego de la intervención por parte de sus amigos y familiares para tratar de sacarlo de la espiral de las drogas y la depresión. El cadáver de Cobain fue encontrado en su casa aproximadamente tres días después de su muerte.

Me enteré de su muerte cuando el bus que me llevaba al dentista se detuvo en una esquina y pude ver el titular en el diario "Expreso". Se lo conté a algunos de mis amigos rockeros ese día y no me creyeron. Sentí que me había convertido en un ave de mal agüero y me dio mucha pena y hasta algo de vergüenza: la semana anterior, cuando esos mismos amigos me contaron que Nirvana había grabado un Unplugged para MTV, me reí a carcajadas: "¿Cómo van a poder tocar esa música tan ruidosa sólo con guitarras de palo?" Al ver que en esa actuación Cobain tocaba su guitarra acústica rodeado de velas y flores cual anticipo de velorio, sentí que su espíritu venía a callarme la boca.

A partir de aquí el debate sobre la muerte de Cobain divide a la gente con una línea muy profunda que define las personalidades de cada uno: ¿fue un acto de cobardía? ¿Tuvo las agallas de terminar con su vida con tanto dolor que llevaba? ¿Por qué no buscó ayuda profesional? Él ya había afirmado que se estaba automedicando para poder superar los dolores crónicos de estómago que tenía y, poco antes de morir, afirmó con una sonrisa de oreja a oreja estar feliz de la vida. 


No sólo eso: en una entrevista de la Rolling Stone en pleno 1992, en pleno éxito de Nevermind, Cobain afirmaba que las drogas fueron para él una pérdida de tiempo y que las había dejado. De ahí que algunos consideran que su muerte fue una conspiración que tuvo como protagonista principal a su esposa, la también músico punk y adicta al caballo Courtney Love. Pero para nosotros esto último es una ridiculez. Kurt Cobain era un genio que sufría de una terrible adicción a la heroína, la cual pudo haberlo matado, de cualquier manera. Dicha adicción lo tenía atrapado, y utilizó la música para tratar de salir de ella, sin éxito.

Cuando Kurt Cobain a los 27 años se llevó su escopeta a la boca y jaló el gatillo, se dio por concluida la era rebelde masiva del Rock and Roll. Nirvana le dio pelotas a un género venido a menos, pero al morir Cobain, dichas pelotas se convirtieron en bolitas de naftalina. No me imagino a un Kurt Cobain ahora, en el 2011, a los 44 años, corriendo por escenarios gigantes llenos de luces y una potencia sonora inigualable mientras compañías de telecomunicaciones auspician sus conciertos y en las afueras se venden sus sudaderas a cuarenta dólares. Ni mucho menos me lo imagino sentado en un estudio de grabación, grabando el álbum número 17 de Nirvana y afirmando que será su "mejor obra después del Nevermind". O peor aún: no puedo concebir a un Cobain viviendo del pasado, semi retirado y criando a su hija Frances en una mansión de las afueras de Seattle. Lamentablemente su destino era la muerte.


Las disqueras y sus departamentos de Artistas y Repertorios decidieron apostar por productos edulcorados y seguros: ningún artista famoso se va a suicidar en la cumbre de su fama y crear una depresión colectiva. Éste no fue un caso como el de Lennon, muerto a manos de un loco, o ni siquiera como el de Hendrix, con una sobredosis accidental. Kurt nos dejó una nota diciendo que para él la música no lo había ayudado en nada y que de nada servía vivir: para él, el ser una "estrella de rock" no tenía sentido. "¿Y por qué mierda no dejaste la música?", preguntó su viuda mientras leía la nota con la voz entrecortada a los fanáticos que se habían congregado frente a su casa.

Las fuerzas del destino, fatalistas para aquel chico de la clase trabajadora norteamericana, confabularon para que muera por una verdad a grito pelado: la secundaria es una verdadera mierda y que la gente ahí sufre y sufre mucho. Negarlo es simplemente continuar con aquel infierno. Las matanzas de Columbine en 1999 y Virginia Tech en el 2007 fueron pruebas de que el sistema educativo de occidente está creando gente con problemas muy serios para socializarse, pero en general a ésta gente la ignoramos, le decimos Nevermind y continuamos con nuestra rutina de culpar a los demás de los problemas del mundo porque, total, alguien más ha de resolverlos. Nevermind tiene muchísimo que ver con la carencia de autenticidad y la abundancia de hipocresía en el mundo: el disco sacó a la luz estos problemas en un brillante set de 40 minutos de rock duro, el cual le costó a Kurt Cobain su propia vida.

Más Nirvana:

Incesticide: colección de lados B de singles y otras rareza, editada rápidamente debido al brutal éxito de Nevermind. Destaca "Aneurysm", uno de los mejores temas de la banda.
In Utero: el sucesor digno de Nevermind, grabado de forma más ruidosa.
From The Muddy Banks of the Wishkah: ¿Cómo sonaba Nirvana en vivo? Así.

2 comments:

Percy@Oropeza said...

Muy buen post..también recuerdo exatamente cuando lo escuché por primera vez Nevermind..del cual conocía solamente: Smells Like Teen Spirit y Come As you are..cuando acabo el último track me dije..que demonios escuché.

Saludos.

Javier Moreno-Pollarolo said...

Percy, escuchaste un grito de rebelión que no se había dado desde el 77 con los Sex Pistols y los Ramones. Fue un grito único, de hastío y de amargura, pero a la vez cargado de fino sentimiento y un deseo irreprimible de belleza. Cuando a Kurt Cobain lo nombraron, en 1999, "Artista de la Década" en la revista Rolling Stone, yo no dudé un ápice en esa elección, y estoy seguro que gente como Green Day, Offspring, Blind Melon, Alice In Chains, Pearl Jam, Meat Puppets, Primus, Urge Overkill, NoFX, Blink 182 y Nada Surf tampoco dudaron.