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Sunday, November 7, 2010

Con respecto a los recientes acontecimientos de adquisiciones de radios y cambios radicales de formato, se me vino a la frágil memoria la historia del terrible cambio de música que ocurrió con mi radio favorita.

He mencionado más de una vez que traicionar la confianza del cliente es lo peor que le puede pasar a un negocio. También se da el caso inverso. Hace 21 años, Radio Panamericana dejó de existir para mí al cambiar, de un día para otro, su formato musical. Era una radio pop-rock con música moderna en inglés y, de forma creciente, en español. La radio llevó a Lima a artistas como Indochine y Soda Stereo, con espectaculares conciertos en el deslumbrante coliseo Amauta de Chacra Ríos. Era una radio que yo escuchaba todo el tiempo, desde mis 13 hasta mis 16 años. Adoraba dormirme escuchando la radio durante la noche. Adoraba a sus locutores, sus cuñas musicales y, en general, seguía semana a semana sus rankings musicales. La mejor canción de la semana era denominada "la Más Más", que era el tema más difundido y, probablemente, el más votado.

Me parece increíble que ahora, 21 años después, la gente de Panamericana y de otras radios de la época se hayan “reencontrado” conmigo, aún sabiendo que en esa época yo era un simple oyente que habrá llamado a la radio no más de dos veces.

Una triste mañana de 1989, me levanté escuchando salsa en Panamericana. El formato había cambiado entre gallos y medianoche. Creí que alguien había cambiado el dial a Radiomar Plus, otra radio salsera de Lima que, a diferencia de Panamericana, respetaba a sus radiooyentes manteniendo estable su formato. Pasar de la noche a la mañana de una radio rock a una radio salsera, conservando la misma administración y empleados, dice mucho del poco interés que tiene una radioemisora en crear fidelidad por parte de sus oyentes. Excusas van y vienen: falta de auspiciadores, poco interés, baja audiencia... y al final, "tenemos que cambiar el formato. Es lo único que nos queda".

No. Lo único que les queda es o seguir peleando por su radioaudiencia. O suicidar la radio gloriosamente con una gran fiesta de despedida; para así hacer saber al mundo que la radio no está más cerca de la gente. Panamericana ha estado tocando salsa y música latina en general desde 1989 y estoy seguro que ahora hay mucha gente que la sigue, especialmente jóvenes, y que gusta de la música que la radio difunde. No hay nada malo en eso: la radio ha creado dos o tres generaciones más de oyentes fieles, los cuales dudo se llevarán una decepción tan grande como la que me llevé en 1989. La salsa no pasará de moda: vende sexo y alcohol, más que el Pop Rock. Más que el Heavy Metal. Llena estadios de manera constante. Más que los esporádicos conciertos rock de viejas glorias que visitan Lima. En ese aspecto, los oyentes fieles actuales de Panamericana pueden estar tranquilos.

Pero quiero que se pongan en los zapatos de los oyentes decepcionados, como yo con Panamericana. Como otros con Telestereo, Stereo 100, Zeta y otras que cambian de formato y de dueños rápidamente, al no poder con sus deudas y no ver más allá de sus narices, ignorando el potencial que tienen de crear no sólo cultura, sino diversidad musical en el dial. No sólo en Lima, Perú, sino en otros lugares del mundo. En Santiago de Chile, una radio de rock clásico pasó de la noche a la mañana a ser una radio simplemente... clásica. Mi querida Radio Sol de Arica, Chile, eliminó su formato adulto-contemporáneo y se convirtió en una radio pop-rock bailable, mandando al cuerno a Sade y dándole la bienvenida a los Vengaboys. En San Francisco, la Arrow, una radio de rock clásico del firme, pasó de la noche a la mañana a ser una radio country. Los oyentes tratan de encontrar otra radio, o ninguna.

En mi caso, después de perder a Panamericana me fui por un rato a Doble 9, una radio rock con una audiencia y un formato muy establecidos, pero con un tufo a snob que me hacía sentir incómodo -nunca me entendí con la pituquería. Ellos no me entienden ni yo a ellos-. Stereo 100 FM también estaba, y ésta fue la primera radio que escuché que sólo tenía "éxitos de siempre", es decir, la primera radio de Rock Clásico. Llegué a Telestereo y Carolina FM y me quedé por ahí hasta el 2000. Panamericana, la Radio Láser, seguía musicalizando bares y unidades de transporte colectivo. Aprendí, como muchos otros, a superar la decepción, la debacle, la ofensa que significa que una radio deje de difundir la música que te gusta. Es quizás por eso que hoy, 21 años después, me muestro pensante ante tanto cambio. Una cosa es cierta: la radio está cerca de la gente cuando la gente y la radio lo desean. No cuando una de éstas decide cortar de súbito.

Thursday, November 4, 2010

Wednesday, November 3, 2010

Cortesía de, ejem, "Pichón" y de su blog "Beatles DVD Inéditos". Gracias a Mike Mantilla por el reenvío.

POR QUÉ NO VINO McCARTNEY