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Thursday, July 14, 2011


La Teta Asustada (Claudia Llosa, 2009)

Como buen peruano, cargado de miedos y acomplejado, yo pensaba lo que muchos de mis compatriotas habían estado "sugiriendo" durante estos últimos días: que La Teta Asustada de la directora Claudia Llosa no iba a ganar el Oscar porque quizás no era tan buena como en otros festivales de cine habían creído que era, o porque las demás candidatas son mucho mejores. Típico pensamiento de selección de fútbol peruana a mediados de eliminatoria. Tenía que verla para sacarme el clavo y tener mi propia opinión y, una vez que lo hice, descubrí que es una película redonda, simbólica, perfecta. No sólo por lo que se vé en el ecran, sino también por cómo el público reacciona: con perplejidad, con curiosidad, y siempre soltando algún comentario hiriente hacia la actriz principal o la directora y por último hablando de algo que no saben.

Porque así ha sido siempre en el Perú, y los años del terrorismo fueron la somatización de una infección terrible que nos dejó un trauma colectivo brutal del cual aún no nos reponemos. El movimiento terrorista Sendero Luminoso y sus estrategas entendieron que el Perú tenía arraigado en sí un colonialismo endémico que había que arrancar de raíz, creando un estado pseudo-maoísta. Comprendieron que había que boicotear elecciones y asesinar a sangre fría a las autoridades y a la población que se les opusiera para así crear un "vacío de poder". Todo esto pasaba no en Lima sino allá, en las montañas de la sierra, lejos del urbanismo de la capital. Sendero Luminoso era mucho más difícil de vencer que otras organizaciones terroristas al saber mimetizarse entre la población, emplear mujeres que habían sido por años abusadas por sus maridos y/o el sistema y que no le tenían miedo ni asco a la sangre ni a la muerte al haber matado vacas y pollos por toda su vida. ¿Aquellos campesinos que se oponían a Sendero o colaboraban con la policía o el ejército? No eran más que perros rabiosos que había que liquidar y mostrar en las calles de los pueblos andinos con letreros escritos en sangre. Y otra cosa más: a Sendero Luminoso no se le consideró como una amenaza seria sino hasta que empezaron a detonar carros bomba y a asesinar en Lima a dirigentes como María Elena Moyano en 1992. Hasta antes de esos crímenes capitalinos, Sendero Luminoso era un terrorismo "lejano"; tanto así que la idea de una condena por traición a la patria, incluyendo la pena de muerte, era una exageración judicial. Después de la explosión del carro bomba en la zona residencial de Miraflores (en la calle Tarata) en julio de 1992, La población limeña se dio cuenta que estos ya estaban por dar "el gran salto" y que podía ser demasiado tarde.


Magaly Solier y Claudia Llosa


El Ejército del Perú, al mando de un inepto como el presidente Alan García, no estaba listo para enfrentar un enemigo así -igual de complicado que los insurgentes en Irak o el Talibán en Afganistán para el Ejército Norteamericano- y al ir a combatir a Sendero, se cometieron muchos abusos contra la población campesina. Se mató, se violó y se ocultó mucho. Pero los muertos, al igual que los traumas, hablaron por sí solos al ser descubiertos en fosas comunes llenas de ellos, sin poder ser identificados. La década de los ochentas fue terrible para el Perú, y la verdad es que a veces no sé de dónde sacan algunos nostálgicos que "recordar es volver a vivir". Volver a morir, querrán decir. El gobierno de Alberto Fujimori logró vencer a Sendero Luminoso y al otro grupo terrorista, el MRTA, y reducirlo a pequeños grupos en la selva, pero el daño ya estaba hecho.

La Teta Asustada podría ser la secuela no oficial de La Boca Del Lobo (Francisco Lombardi, 1988), en donde una patrulla de elementos uniformados -ni los guionistas ni el mismo director sabía si eran policías, marinos o del ejército- toma el control de un pueblo recientemente atacado por Sendero Luminoso y, al ver cómo Sendero acechaba aparentemente a sabiendas de todos los movimientos de la patrulla, su comandante decide acribillar a toda la población. Antes de dicho genocidio, un soldado viola a una campesina pero sus superiores lo protegen de la indignación y sed de justicia de los pobladores.

En Teta, Fausta (Magaly Solier) es la hija de una mujer violada durante la guerra que decide protegerse de cualquier posible ataque sexual al introducirse una patata en su sistema reproductor. Está segura, al igual que sus demás familiares, que el terror le ha sido transmitido cual virus a través de la leche materna. Simbologías hay muchas y en cada momento de la película, todas relacionadas con los traumas de la guerra y el sufrimiento. La pobreza, aunque presente, pasa a un segundo plano. Hay una miseria emocional con la cual lidiar que es mucho más grande que la económica: la económica se arreglaría con Alejandro Toledo o con Alan García nuevamente en el gobierno (estoy siendo irónico).

Fausta, cual Fausto, pareciera haber hecho un pacto con el diablo al trabajar para éste a cambio de dinero para poder llevar a su madre muerta a ser enterrada en Ayacucho, a regresar a la tierra que la vio nacer. El "diablo" está encarnado en una señora de la alta sociedad limeña cuyo marido, oficial del Ejército, murió durante la guerra contra el terrorismo. La doña es pianista y se ha dado cuenta que Fausta canta en quechua y de forma divina; sin embargo, los miedos y el tubérculo son los propios demonios personales de Fausta, quien los protege, pero a la vez éstos le impiden ver cómo la gente se aprovecha de ella, así como alcanzar una potencial felicidad futura, que por lo visto es alcanzable: en Manchay, el barrio pobre donde vive, la gente sigue con su vida con lo que puede y ya hay señales de un país avanzando hacia algo estable. Como ya lo mencioné, ser pobre aquí es lo de menos, como también el buscar a los responsables de la violencia brutal de hace veinte años: los "sinchis" y los "senderos" no están por ningún lado. El miedo también hace que Fausta se olvide de entender sus verdaderos motivos para tener una patata huésped y viva una vida reprimida; por más que sus amigos y parientes traten de hacerle ver que su trauma literalmente la está matando.

Si los peruanos en general no queremos identificarnos con una chola con papa adentro, es porque no queremos ver nuestra propia realidad: ésto según Claudia Llosa, cuyo guión es muy inteligente y lleno de pistas y preguntas. Hemos estado esperando una película así desde mucho tiempo, algo que nos ponga a celebrar nuestra peruanidad sin un logo de "Inca Kola" o "Cerveza Cristal" en medio y cuestionarnos sin miedo a ser censurados o a que nos llamen comunistas, antipatriotas o resentidos. Dicha celebración es el verdadero triunfo del film, mucho mayor que un premio en Hollywood, Berlín o La Habana.

La Teta Asustada (o The Milk Of Sorrow en inglés) es una gran, gran película y pone a Claudia Llosa como una directora a seguir: experta en retratar imágenes y simbología andina y muy consciente de que no está dispuesta a trabajar como su tío Luis Llosa, buscando a Sylvester Stallone y a Jennifer López parar hacer un blockbuster o haciendo telenovelas de exportación. Creo que eso a la señora Llosa no le debe interesar en lo absoluto. Lo suyo es mostrar la realidad del ande peruano, aquella que en los circuitos de cine y TV limeños está totalmente relegada, y eso la hace sentir realizada. Con Teta nos hace ver lo compleja que es la realidad peruana, tan compleja que una fantasía como ésta apenas roza sus bordes, pero al mismo tiempo nos invita a seguir buscándola de manera introspectiva, dentro de nosotros mismos.

La Teta Asustada se puede ver en su totalidad en Netflix, o ser adquirida en Amazon.com

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