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Tuesday, February 23, 2010


Maestra Vida - Primera Parte
Maestra Vida - Segunda Parte
(Fania, 1980)
RUBÉN BLADES

El Rock and Roll como género cuenta con excelentes, clásicos álbumes dobles. La música latina sólo tiene a Maestra Vida, que para mí es la versión salsera de Tommy de The Who o el Songs In The Key Of Life de Stevie Wonder. Bueno, aunque considerando el toque dramático y melancólico del segundo disco, podría ser considerada el The Wall de la sandunga, ya que los latinos en general llevamos otro tipo de cargas emocionales, distintas a las de los norteamericanos o europeos... parecidas, pero distintas. No sé si me entienden.

Maestra Vida de Rubén Blades, obra producida por Willie Colón -el Quincy Jones de la salsa-, son dos discos vendidos por separado, suponemos para que Fania exprima a los compradores un poco más en caso de que un álbum doble cueste más barato que dos por separado y, además, para cubrir costos de producción. El primer volúmen era la celebración de la adolecencia y la efervecencia de la juventud a inicios de siglo XX en un barrio de cualquier país latinoamericano (aunque por los acentos y por las imágenes descritas podría ser Panamá, Puerto Rico, Venezuela... para mí pudo haber sido el Callao). La historia musical se ubica en 1975, cuando un ex residente del barrio llamado Quique Quiñones, quien bordea los cuarenta, entra al bar con su hijo y se encuentra con personajes que vivieron durante la época del romance más hablado de los veinte: una especie de Romeo y Julieta sin Montescos ni Capuletos pero con pobreza, deudas, terquedad y drama familiar. Manuela es la mujer más bella del barrio y los chicos del "Solar de los Aburridos" no dejan de pensar en ella.

La pandilla sabe que el único capaz de tumbársela es el guapo del barrio, un sastre llamado Carmelo, del cual sabemos muy poco, sólo que es muy atractivo y "palomilla". Manuela es la mujer perfecta, la hembra más deseada, y pareciera que está destinada a ser la pareja de Carmelo de todas formas en una sociedad muy, muy machista. El destino enciende un engranaje que empieza de manera muy jovial y despreocupada.





Aquí no hay amores prohibidos ni intrigas. Más simples los personajes no pueden ser, y quizás por eso no nos parecen tan trascendentes. En dos discos, casi noventa minutos, Maestra Vida, cual West Side Story, cuenta el romance inicial, la celebración del barrio, el primer y único hijo, y las vicisitudes de una familia joven culpando de todo a la política y realidad de una república bananera, como antesala a la segunda parte.

La segunda parte, el ocaso, es una avalancha de pena y de nostalgia ante el tiempo incólume y su carga de vejez, depresión, cárcel, etcétera. Pero no crean que la música no tiene un ritmo salsero bailable: "La Doña" contiene la misma energía de cualquier FOCILA (folklor de ciudad latina) con el reconocible bajo sin traste casi barroco de Salvador Cuevas, los cinco trombones de Colón y su pandilla y la percusión brillante de Milton Cardona.

Los discos se van coloreando con arreglos musicales de orquesta que extienden los temas hasta los nueve minutos, como en el caso de "El Viejo Da Silva", el lamento de un viudo quien espera la llegada de la muerte para poder unirse a su querida esposa en la eternidad. Aunque extensa y dramática como un número de musical, la canción exhuma una tristeza sincera ante los reproches y los recuerdos de la familia y amigos que llevamos toda la vida. Durante "El Velorio" escuchamos a los convocados hablar de Carmelo y Manuela y del hijo pródigo, Ramiro, quien acaba de regresar de su exilio de cárcel y vergüenza. Ramiro canta el tema título de la obra, una salsa -guaracha increíblemente sombría y amarga, pero no por eso brillante. Rubén Blades se convierte con este tema en un verdadero mensajero, cual la muerte, que viene para hacernos ver en dónde fallamos, más que en dónde hemos hecho algo bueno.

Hay que prestar atención a las conversaciones durante los interludios, que bosquejan la historia para  que nosotros la comprendamos y, sobre todo, nos identifiquemos como latinos. Los textos de César Miguel Rondón en los diálogos y en el concepto general de Maestra Vida la hacen candidata a un musical extendido que fácilmente encajaría en Broadway (o en el Bronx, de donde sale Jenny). ¿Por qué no jugársela y hacer un musical extendido de Maestra Vida, con canciones adicionales de Rubén Blades como "Buscando Guayaba" del Siembra o "Tiburón" del Canciones Del Solar De Los Aburridos? ¡En esta historia falta, por ejemplo, la querida "Madame Kalalú"!






Las portadas no pueden ser más explícitas: la juventud y su amanecer y la vejez y su amargo anochecer. Lo único que no cambia: la realidad latinoamericana allá al fondo, dibujada en las casas del barrio. Y en verdad, nos ponemos a pensar, ¿queremos que cambie? Maestra Vida nos pone en cara, o mejor dicho en dos, nuestra realidad latinoamericana dramática, mestiza, inmigrante, trabajadora y clasemediera tendiendo a la baja.

Aunque pareciera ser una crítica social, Maestra Vida no es una opinión sobre la eterna mala suerte del latinoamericano promedio ni sobre el colonialismo inherente que en general llevamos dentro: aquella idea que todo siempre seguirá igual, nada cambiará y seguiremos en el mismo cambalache por el resto de nuestros días. Los discos son, ahora que lo vuelvo a escuchar después de más de 20 años, un espejo de nuestras propias experiencias con dos toques diametralmente distintos: el jovial y el tétrico. Nada debe asombrarnos: aquí no hay ni historias de amor trágicas a lo "Romeo y Julieta" ni otros guiones de telenovela, sino dos momentos en la vida de una pareja latina que ve el mundo, los amigos y los hijos, pasar y pasar.

Blades y Colón fueron muy criticados por su actitud, para algunos chauvinista e hipócrita. Mientras cantaban temas sobre la pobreza y la corrupción en Latinoamérica, acumulaban regalías en Nueva York. Pero si uno se pone a pensar, su condición de exitosos músicos no afecta para nada la realidad dura de un continente, sobre todo del cual vio nacer a Blades.

Rubén Blades y Willie Colón grabarían un par de discos más como dúo, incluyendo Canciones Del Solar De Los Aburridos, en referencia a aquel lugar de reunión de la pandilla de Carmelo. El futuro se le vislumbraba brillante a Blades: en 1984 lanzaría otra obra genial, Buscando América, hasta ahora la crítica más dura al caudillismo y al horror de las dictaduras en América Latina (aunque sólo a un tipo de color de dictadura). Colón ya no lo produciría. Pero ahí está Maestra Vida como una obra pretenciosa y lograda del dúo. Ahora bien, si de obras maestras de la vida se trata, Colón y Blades ya la habían grabado en 1977: Siembra, de la cual hablaremos más en otra ocasión. ¿No saben de qué disco hablo? ¿Alguna vez han oído "Pedro Navaja"?


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