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Thursday, January 1, 2009


Los veranos de la Boca del Río, Tacna, Perú, no me los voy a olvidar nunca. Los meses de Enero a Marzo era para mí lo mejor del año cuando era un niño y luego de adolescente. Y ahí, en la Boca del Río, estaba Playita Brava.

Para los que leen y no saben qué es Playita Brava; los que nacimos y crecimos en Tacna, Perú, entre 1971 y 1990 se lo podemos describir, ahora, como un lugar mágico atiborrado de recuerdos. Lo más cercano por experiencia propia al realismo mágico del cual García Márquez escribió en libros como "Cien Años De Soledad".

Cuando yo era adolescente, Playita Brava era un centro social en ebullición, una playa peligrosa a la cual había que ir para estar al tanto de lo que pasaba en Tacna y en nuestro pequeñísimo círculo.

Yo de cuando en cuando me levantaba temprano para salir a caminar con mis primos hacia el Norte, en las mañanas, y pasábamos en frente de Playita, vacía, pero siempre ruidosa, supuestamente con un brazo de la corriente de Humboldt succionando hacia el fondo a quien ose meterse más de diez metros. Quedarse sin piso en Playita, al menos para mí, era equivalente a la muerte o al bochorno de tener que llamar al Guardia Civil de Salvataje.

Playita Brava, vista desde arriba, No es una línea recta sino una especie de curva parabólica, como un anzuelo. Increíble que hayamos crecido y tenido tan bonitas experiencias en ese montón de arena salpicada de agua furiosa.

Todo lo que termina, empieza de nuevo con una bruma que cubre las rocas del sector sur de la playa. Una bruma húmeda y fría, aunque estemos a fines de febrero; y eso se pueda tomar como verano en el hemisferio Sur. A eso de las nueve de la mañana la bruma se levanta y las rocas relucen con el sol intenso pero que aún no calienta. A esa hora, los pescadores que salieron a las cuatro de la mañana terminan sus faenas y regresan antes de que el sol los termine por achicharrar. Para las once de la mañana, en un sábado como éste, ya tenemos a un centenar de gente bajando a la orilla a tomar el sol y bañarse en el agua fría, muy fría del Pacífico Sur. Los chicos y chicas se lanzan al mar de manera temeraria, esperando que el brazo fatal de la Corriente de Humboldt no los lleve mar adentro. Ésta es Playita Brava, en la Boca del Río.

Aunque tengo bellos recuerdos de Playita Brava, como las fiestas en los kioskos con música como “Dangerous” de Roxette y cerveza Milwaukee’s Best, Miller y nuestra local eterna: Cerveza Arequipeña; la imagen, o idea, de Playita Brava me da una cierta sensación de escalofríos. Mucha gente casi se ahogó allí, en ese bello y turbulento brazo de mar. Algunos no vivieron para contarlo. La típica era decir que ibas a Playita a tomar el sol, mas no a meterse en el agua. Yo decía que me bañaba en Las Conchitas (playa a la cual le tengo más cariño que a la Brava.) pero al final la tentación de retar a la playa se hacía imposible de vencer y uno se daba un chapuzón en la Brava, en la orilla no más, para no quedar como cobarde con el ano fruncido. Pero al mar yo le tenía respeto. Playita Brava, por más popular que haya sido, no tenía torre de salvavidas, y cuando uno entraba al agua uno quedaba a merced del mar, bello pero traicionero.


El sol en verano se oculta a las seis y media de la tarde. No es como en otros países donde a veces se hace esperar y se puede quedar hasta las ocho o nueve de la noche. La música del sol es un mambo a la distancia, que viene de una radio AM muy parecida a la que tenía mi abuelo. Recuerdo la marca y las emisoras como Radio Tacna, Unión, y porsupuesto RPP.


La radio de mi abuelo era nuestro único medio de contacto en la Boca del Río. No, no había teléfono en las casas y para comunicarse con el exterior había que ir a la plaza (o "pueblo") que era el punto de encuentro de todos los que íbamos a veranear y usar el teléfono público. Tacna, la ciudad, estaba a cuarenta y cuatro kilómetros de la Boca Del Río y esa distancia ahora me resulta una pequeñez, pero en esa época eran pues, cuarenta y cuatro kilómetros! un poco más que la distancia de una maratón.

Imagínense pasar dos o tres meses en la playa sin contacto alguno con la TV por cable, internet, Facebook, celulares o cualquier otro medio de comunicación masiva que no sea la radio o de vez en cuando un periódico local llamado Correo. ¿No es para volverse loco? Si, pero también nos hacía apreciar la naturaleza y la simplicidad de las cosas. Algo que creo que estamos olvidando ahora último en esta década del My.

La Boca Del Río y en particular su Playita Brava, como todo en la superficie de la Tierra, puede ser vista desde Google Earth.

3 comments:

mvucetich said...

Hoy algo desvelada, por casualidad me toco cruzarme en esta inminente realidad del ciberespacio- con mi amigo Javier, y así entre una que otra desempolvada cerebral... termine justamente acordándome de nuestra "Boca del Rio" - y mira que soy hija adoptiva de mi incomparable y seductora Tacna- Conversábamos, entre otras cosas; de esos espacios compartidos con nuestros mas sublimes recuerdos: las fogatas, las tocatas de guitarra... los paseos al rio!!! Si... eso. Cuando te armabas de una gran cámara de llanta de camión gigante y partíamos al menos caminando 1 km hasta un punto de la boca del rio - textualmente- que resultase un punto prometedor para iniciar esa aventura de la bajada del "rio". Esta promesa estaba provista para mí de la adrenalina del miedo que resultaba de sortear la velocidad con la que bajábamos... los vericuecos que casi siempre terminaban volcandonos y de esa magia de terminar al final de la bajada con rasguños... moretones... y completamente marrones... llenos de barro mezclado con caca de cabra (muy sublime claro, o seria que mi emocion tapaba mi sentido de la decencia por el olor que seguro podría haberse destilado). Pero bueno, esa era mi emoción... Uno de los rituales que sucedían al pasar un verano en Boca del Rio, indudablemente marcado en mi memoria.

marianac2210 said...

Fue a los 12 años cuando mis padres me llevaron por primera vez a La Boca de Río, al principio pense "qué rayos les hice para que me castiguen de esa manera" pero después de unos días me di cuenta que todos mis amigos veraneaban allí. también hice nuevos amigos, entre ellos Javier Moreno, a todos les agradesco el haberme enseñado a disfrutar de los mejores veranos que tuve en mi vida...También me bañe en "Playita", una vez casi me ahogo pero eso nunca me detuvo, también me tiraba de las rocas de "Las conchitas" y de "La Anita" hasta que salía con las rodillas sangrando, esa era yo...era la única a la que en carnavales mis amigos no pintaban, eso era porque tuve más amigos hombres que mujeres y de alguna forma entendía sus códigos así como ellos los míos, simplemente los códigos de la amistad sin morbo, la que a pesar de los años recuerdas con nostalgía...

marianac2210 said...

Fue a los 12 años cuando mis padres me llevaron por primera vez a La Boca de Río, al principio pense "qué rayos les hice para que me castiguen de esa manera" pero después de unos días me di cuenta que todos mis amigos veraneaban allí. también hice nuevos amigos, entre ellos Javier Moreno, a todos les agradesco el haberme enseñado a disfrutar de los mejores veranos que tuve en mi vida...También me bañe en "Playita", una vez casi me ahogo pero eso nunca me detuvo, también me tiraba de las rocas de "Las conchitas" y de "La Anita" hasta que salía con las rodillas sangrando, esa era yo...era la única a la que en carnavales mis amigos no pintaban, eso era porque tuve más amigos hombres que mujeres y de alguna forma entendía sus códigos así como ellos los míos, simplemente los códigos de la amistad sin morbo, la que a pesar de los años recuerdas con nostalgía...