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Monday, March 23, 2009


Presencia Viva Del Tango
Por Ulyses Petit De Murat


29. Apoteósis del Tango


Estamos en 1914. El fabuloso crecimiento de Buenos Aires lo da una cifra escueta de 1,574,914 habitantes, contra un poco más de seiscientos que tenía veinte años antes. De ese millón y medio de 1914, 797,069 son argentinos y 777,845 extranjeros. Italia aporta el número más grande inmigrantes, seguida inmediatamente por España. Desde 1914, por otra parte, se acentúa la llegada de turcos, árabes, sirios, rusos, suecos, polacos. De verdad Buenos Aires es ahora una urbe cosmopolita, como se la designa en los escritos de pomposos cronistas. Nadie discute que el tango es la música de este conglomerado humano babélico o la de Montevideo, que ha crecido parsimoniosamente y ahora, con sus quintas de Paso Del Molino, con sus tranquilos paseos de la Avenida 8 de Octubre e incluso sus carnavales brillantes donde aparece la explosiva alegria de una vasta morenada, se empieza a parecer a un Buenos Aires que ya muchos evocan con melancolía.


En pocos años mas, casi todo lo que fue el tango y lo que será, vive y prolifera. Como un símbolo de ocaso definitivo, Gabino Ezeiza, que encantara a los auditorios populares con sus temas bíblicos, mitológicos, épicos y extraídos a la ultima actualidad, muere el 12 de octubre de 1916. Precisamente el día que asume el poder Hipólito Yrigoyen, al que este negro de raigambre africana, había ayudado con sus canciones y su guitarra sonora en campañas políticas por el interior del país. De allí en adelante los payadores, como Victoriano Núñez, del Salto Oriental o Luis Alberto Martínez de la Colonia en la misma orilla del Plata, serán rememoración de un pasado.




Ha transcurrido más de una decada desde que registráramos el paso de Roberto Firpo por un cafetín de la Boca, situado en Suaráz y Necochea. El cuarto hijo de un músico napolitano, Santo Discépolo, que habitaba en el Número 113 de la calle Paso, donde naciera el 21 de marzo de 1901, de nombre Enrique Santos, transita melancólicamente las calles de Buenos Aires. El futuro autor de "Yira, Yira," describe asi su tragedia:





"A los cinco años quede huérfano de padre y antes de cumplir los nueve, perdí también a mi madre. Entonces mi timidez se volvió miedo y mi tristeza, desventura. Recuerdo que entre los útiles del colegio tenia un pequeño globo terráqueo. Lo cubrí con un paño negro y no volví a destaparlo. Me parecia que el mundo debía quedar así para siempre, vestido de luto."





Esas calles lo fascinan y le roban tiempo al colegio:





"Pero lo que perdí de aprender en el colegio -diez años más tarde- lo recuperé en la calle, en la vida. Tal vez allí, en ese tiempo lejano y tan hermoso, tal vez allí haya empezado a masticar las letras de mis canciónes."








En los párrafos citados, Enrique Santos Discépolo corporiza uno de los temas preferidos del tango, el amor a la madre y la circunstancia ambiental de su inspiracion. Sea el tango como alguien quiso, un libro de quejas del arrabal; la voz varonil y sentimental de Buenos Aires, como dijo Córdova Iturburu; una melodía zafada, valerosa o nostálgica, donde ahora nos sentimos confesados todos los argentinos, como anota Jorge Luis Borges; o, como para nosotros, la tentativa popular más lograda para aproximarse a la arrebatada dulzura del éxtasis; sea la que sea su definicion, lo cierto es que en la segunda decada del siglo ha llegado a una auténtica apoteosis.

30. El Botija Becho

Pero retomemos el hilo del lustro que nos pide ahora su atención. Hay en él uno de los hechos mas sobresalientes de la historia del tango. Por las calles de la Ciudad Vieja, en Montevideo deambula el botija Becho, con un silbo espontáneo que ya prefigura sus futuras creaciones. A los 13 años este Becho que no es otro que Gerardo Mattos Rodríguez, quiere estudiar el piano. Como el médico de la familia se lo prohibe, dibuja sobre un cartón un ilusorio teclado y así piensa que está ejecutando en el instrumento de sus sueños. Cuando tiene diez y ocho años, se produce una falencia economica en la magra caja de la Federacion de estudiantes, a la que pertenece. No hay dinero para pagar el local donde se reúnen. Mattos Rodríguez dice que hay que formar una comparsa, para los carnavales de 1917 y sumar vintenes, recogidos en el clásico platito, para aplacar al casero. En esos días de carnaval, todos los tabladillos de Montevideo conocieron la música creada por Becho. El mismo dia había bautizado a la troupe estudiantil con el nombre de "La cumparsita". Ante la insistencia de sus amigos, Mattos garabateó los palates musicales de la entonces marchita tanguera.

Un compañero (Manuel Barca, luego compositor conocido en el Uruguay), fue el que tuvo el atrevimiento de llevárselo al maestro Roberto Firpo, que se presentaba en La Giralda. Escrito en clave de sol, definido como tango, nacía "La Cumparsita," el tango más popular de todos los tiempos. La musiquita destinada a los auditorios de La Unión, la Aguada, el Cordón, Palermo y otras barriadas montevideanas, no tardo en cruzar el río. Buenos Aires lo aplaudió estrepitósamente en el café Iglesias, sin pensar que se había originado con motivo carnavalesco para un monton de muchachos estudiantes, y aunque mucho más importantes eran entonces "Salomé," de Juan Carlos Cobián, "Sans-Souci," de Delfino o "Independencia," de Alfredo Bevilacqua, que mantenía su vigencia a pesar de haber sido estrenado en 1910, para conmemorar la fecha patria de la Revolución de Mayo en su centenario, cuando Bevilacqua, maestro de Firpo, entre otros, habia dejado momentáneamente el piano para empuñar la batuta al frente de una banda. Fue todo un acontecimiento, ya que lo hizo en plena Avenida de Mayo y frente al presidente Figueroa Alcorta y a la Infanta Isabel, a cuya felicitacion corresponde entregándole una copia dedicada de su tango imperecedero.

Gerardo Mattos Rodríguez vendió "La Cumparsita," por veinte pesos, a la editorial Breyer. La poca significación del autor uruguayo en ese momento queda patentizada gráficamente. En la carátula de las primeras ediciones, el nombre completo de Mattos está impreso con el mismo tamaño en el cual, debajo de una rudimentaria ilustración que nos muestra a cuatro niños disfrazados (uno de ellos portador de una cornetita y el otro de un tambor,) se inscribe una leyenda que dice: "Ejecutada con gran éxito por la orquesta de Roberto Firpo." El nombre del pianista argentino está en letras enormes. En él se confiaba, especialmente, para vender la pieza. Mas tarde Carlos Gardel estrenó "Si Supieras," con letra de P. Maroni y P. Contursi, sobre la melodía del tango celebérrimo de Mattos Rodríguez, como fin de fiesta en el teatro Buenos Aires, cuya cartelera ocupaba el rubro formado por dos artistas inolvidables, Enrique Muiño y Elías Alippi.



La calle Florida, con un tráfico bárbaro, 1923.

Mattos Rodríguez, desde su ausencia en Paris, salió al cruce para obtener los derechos definitivos de la obra, como autor único, por oportuna sanción de la justicia argentina. Los letristas cobraron en adelante solamente un 10%, por un nuevo fallo del juez Etchenique. Pero a Roberto Firpo, el notable compositor de "El Amanecer," "La Marejada," "Alma de Bohemia," y "De Pura Cepa" le correspondió la gloria de haber orquestado por primer a vez al tango ubicuo en el tiempo y en el espacio. El primer disco fue grabado en Hamden, en los Estados Unidos, desde donde llego al Río de la Plata. Este disco, que lleva el número 69709, es una inhallable reliquia, que en el reverso llevaba otro tango, titulado "El Anatomista," de los muchos que fueron creados especialmente par los trepidantes bailes de los estudiantes de medicina de Buenos Aires, llamados del Internado, con referencia a la parte de residencia hospitalaria que estaban obligados a cumplir los futuros galenos. Tres lustros despues Ivo Pelay escribe una obra con la base de "La cumparsita," que se estrena en el Teatro Nacional en 1932. Y luego los autores Verbitsky y Villalba Welsh escriben con identico título un film que protagoniza Hugo del Carril, cantor de fuste, otro gran de del tango. Hasta llegar a esto La cumparsita le ha abierto de par en par las puertas de Europa a Mattos Rodríguez. Incluso un cantante connotado de opera, como Tito Schipa, siente su fascinación. Lo graba, con la letra que escribiera el propio Mattos:



"La cumparsita
de miserias
sin fin desfila."





Gerardo Hernán Mattos Rodríguez sigue en su tarea de compositor. Asi nos dá "Mocosita," con el que debuta Libertad Lamarque, otra de las grandes estrellas del tango, en el Teatro Nacional. La sentida letra pertenece a Victor Solini. Un poeta de fuste, como más tarde Nicolás Olivari o Conrado Nalé Roxlo, es tentado por el tango al que tenía gran aficion. Nos referimos a Fernán Silva Valdez, que le pone letra al tango "Quejas." El gran dramaturgo Vicente Martínez Cuitino firma los versos de "Yo Soy Una Milonguera." Con Celedonio Flores -letrista memorable y hondo poeta del suburbio- lanza Mattos Rodríguez "Botija Linda." Y "Ché Papusa Oí" encuentra su fuerte expresion poética en una de las grandes letras de Enrique Cadícamo, flor de poeta popular.

Pero ninguno de estos tangos de Mattos Rodríguez campea a la altura de "La Cumparsita." ¡Qué casualidades tiene esta encrucijada de la vida humana, especialmente en lo que respecta a la actividad artística! Si Mattos Rodríguez no se encuentra en París la noche en que debutó Canaro al frente de una de las orquestas que más tuvo que hacer con el apogeo definitivo del tango, no se entera de la circunstancia de ser uno de los autores más afamados del Plata, con un tango capaz de competir con "El Entrerriano," "El Choclo" o "Rodríguez Peña." Y no se pone en campaña para anular la cesion de derechos, invalidada por haber sido menor de edad en el momento de firmarla. La marchita de antaño se convierte asi, a través de incontables ejecuciones y grabaciones, en el tango más cotizado del mundo.


31. El Tango Pisa Fuerte

Bien puede decir Fernán Silva Valdez, en unos versos que figuran en el volúmen "Agua del Tiempo", publicado en 1922:



"Tango milongon
Tango compadrón,
Que a pesar de bailarse con todas las ganas
Se baila como sin ganas
Como en carriles de lentitud:
Eres un estado de alma de la multitud".


La difusión y apogeo del tango han sido tan enormes, que no es exagerado relacionar la música que está en el corazón del arrabal y en la aceptación de todos los lugares y de todo tipo de gente como inmersa en una incontable multitud de cantores, bailarines, orquestas y filas de hombres y mujeres que suelen escucharlo con reverente silencio.

El tango se siente tan fuerte que en 1918 los autores y compositores representados por Vicente Greco, Julio y Francisco Canaro, Jose Martínez, Rafael Tuegols, Samuel Castriota, Antonio Cipola y Luis Teisseire, reunidos en un sotano de Florida al 300, que se les prestaba gracias a la mediación de Francisco Lomuto, empieza a dar forma a una entidad encargada de defender sus derechos. El acta de constitución se labra en un cuaderno escolar de diez centavos. Años despues la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de música, conocida en el mundo par su sigla SADAIC, tiene un amplio edificio propio en la calle Lavalle 1547, no lejos de los viejos piringundines donde el tango inició sus fabulosos balbuceos en el centro ciudadano, luego de triunfar en su cuna arrabalera. De allí saldrian derechos a millones, para tangos que en su momento fueron vendidos por unos pocos pesos, como decimos mas arriba que ocurrió con la inmortal "Cumparsita."

A hombres como Francisco Canaro, que murieron riquísimos, les fue dado contemplar de cerca todo el brillante arco de esta inusitada parábola. Fuera de los tugurios, este violinista, luego de actuar en el conjunto formal del bandoneonista Vicente Greco, en 1912, forma su propia orquesta. Desde entonces la intuición comercial del músico uruguayo, se hace patente. Para diferenciarse de los demas, incluye en sus orquestas las discutibles presencias de la bateria y el pistón. Disfraza a sus ejecutantes con fantasiosa ropa de gaucho, para actuar en el dancing Florida de la avenida Clichy, en Paris. Ha dejado muy atrás su actuación en las casas de mala fama de San Pedro y Arrecifes, en los cafetines de la Boca de su debut ciudadano. Recorre el mundo del brazo del tango, llegando en los tramos finales de su vida al lejano Japón, donde sembrada la semilla de la música popular rioplatense en forma tal que cuando llega allí, en 1967, el magnífico cantor Edmundo Rivero, se encuentra con clubs que discuten apasionadamente el tango, lo estudian minuciosamente y tienen adherentes por millones. Es nervio de un montón de empresas teatrales y cinematográficas, cubriendo el cartel del tango cuando este se aposenta en los rutilantes cabarets del centro. Su primera revista musical, "La Muchachada del Centro", con libretos de Ivo Pelay, marca un éxito rotundo en 1932.

32. Los Poetas del Tango

El tango supo tener alguna letrilla desde sus comienzos, como anotamos más arriba. Este circunloquia criollo hecho baile, segun el crítico Luis Emilio Soto, necesitaba concretar su fantasía. "La morocha," con los versos de Villoldo, no fue suficiente. Alejado del tiempo en que Ernesto Zambonini se divertía en obligar a una orquesta de italianos de la Boca a tocar durante toda la noche su tango "La Clavada" o Ernesto Ponzio dedicaba los esguinces sobradores de Don Juan a un tal Juan Cabello, asiduo concurrente alas parrandas que tenían lugar en lo del sueco Hansen, más complejo y crecido, el baile del Plata anhelada decirse a través de los poetas, independientemente de la rúbrica que daban a sus certeros compases los firuletes -por ejemplo- de Undarz, más conocido por el Mocho, en el Royal (despues Ta-Ba-Rís), el Armenonville o L'Abeille.

El cáracter de pionero en esta díficil senda le iba a corresponder a Pascual Contursi (1888-1932), que llegó a ser mencionado en un poema de Leopoldo Lugones. En 1915 ya era conocido en Montevideo, como cantor: sumamente expedito en materia de improvisaciones. Justamente en el Royal de Montevideo, acompanandose con una guitarra de nueve cuerdas, canto sus paginas primigenias. Fue, ademas de letrista, co-autor de sainetes.

Sucesivamente, le puso letra a dos tangos de Antonio Scatasso, "Caferata" y "Ventanita De Arrabal," a uno muy sentido de Enrique Delfino (en colaboración con Domingo Parra), titulado "¡Qué lindo es estar metido!" y el que marcó su final, el formidable "Bandoneón Arrabalero," con música de Juan Bautista Deambroggio, escrito durante los dos años que estuvo en Francia, a partir de 1926. Deliberadamente recién vamos a mencionar el más famoso tango de Contursi, "Mi Noche Triste." Porque esta pieza entraña la eclosión definida del tango canción.

Muchacho afincado en la alta noche de la calle Corrientes, Pascual Contursi oyó en cierta ocasión el tango "Lita," de Samuel Castriota, un inspirado pianista y compositor al que sólo conocía de nombre. Usando terminos lunfardos, Contursi fue ciñendo sus versos a la bonita melodia. Estamos en el año 1917.

El poeta popular aprovechó su amistad con el cotizado dúo Gardel-Razzano. Pero ellos, aunque gustaron de la letra, aún no cantaban tangos como no fuera en privado, en rueda de amigos. Por fin, rebautizándolo con el nombre bajo el cual habría de perdurar, se decidieron a estrenarlo en el teatro Esmeralda (hoy Maipo), en el corazón de Buenos Aires.

Elías Alippi lo incorporó, en el escenario del teatro Buenos Aires, al cuadro de cabaret de la obra de González Castillo y Wiesbach, "Los Dientes del Perro", estrenada el 26 de abril de 1918. El éxito de la primera presentación se multiplicó. Y llegó a lo fantástico con el disco grabado por Carlos Gardel al año siguiente.

Los frasquitos con pequeños monos del mismo color, la lámpara del cuarto solitario por la ausencia de la amada, la guitarra en el ropero y otros cándidos detalles de la letra se imprimieron con una fuerza increíble en la masa popular. Además se originaba una interminable veta tanguera. ¿Quién podría hacer la cuenta hoy de la tremenda dinastía de varones sufrientes por la traición o abandono de la mujer querida? Esa temática agitó en muchos lugares la suposición peregrina de que el tango, en su poemática, se circunscribía a historiar, de un modo lacrimógeno, el desengaño masculino. Aserción en absoluto apócrifa, como lo demostró el poeta de "Frente al Mar," Rodolfo Taboada, al detallar, durante una audición televisiva, mas de cuarenta temas que han orientado por los caminos más diversos la creación literaria dedicada a ajustarse al ritmo del tango.

33. El Negro Cele

Detengámonos ahora en el negro Cele, en Celedonio Esteban Flores (1896-1947). El autor del libro de versos titulado "Chapaleando barro", fue un personalisimo aguafuertista de la clase popular, porque como dice en uno de sus poemas,

"Ví el desfile de las inclemencias con mis pobres ojos llorosos y abiertos y en la pobre pieza de mis buenos viejos cantó la pobreza su canción de invierno".

En 1914 recibio un premio en un concurso de versos porteños celebrado por el vespertino "Ultima Hora", por su poema "Por la pinta". Fue a parar en letra de tango, con música del guitarrista de Gardel, José Ricardo.

Gardel lo grabó en disco bajo el titulo de "Margot." En los versos plenos de sabor arrabalero, con una terminología extraída a ratos del lunfardo, a ratos del decir pintoresco de las barriadas, Flores le saca romanticismo a la historia de la muchacha seducida y lanzada al vicio. Margot rodó por su culpa y para colmar esa ambición con la que se luce en el Armenonville, en el Petit Salon y en el Julien, olvidada de su madre lavandera, que sigue habitando el conventillo alumbrado a kerosén.

En la letra de "Corrientes y Esmeralda" (con música de Francisco Pracánico), la misma esquina del magistral "El hombre que está solo y espera" de Raul Scalabrini Ortiz, que constituye un profundo análisis de la incomunicación del porteño, Flores se acuerda de los tangos del Royal Pigalle y de la fiel amistad que a ese rincón de bullente vida nocturna (sobre todo cuando Corrientes era angosta), brindan Carlos de la Púa, el talentoso autor de "La Crencha Engrasada" y Pascual Contursi.

En "Cuando Me Entrés a Fallar" (con música de Jose M. Aguilar), se relata un amor agradecido, pero que el hombre perito por la edad en las lides de la vida, confiesa con la prevención de que sabrá actuar, si es que la mujer le juega una mala pasada. Tiene un tono irónico "Atenti Pebeta," con música del gran bandoneonista Ciriaco Ortiz, lo mismo que Canchero, al que le puso melodía Arturo de Bassi; un matiz de desesperanza predomina en "Viejo Smoking," con música de Guillermo Barbieri; melancólico en "El Bulín De La Calle Ayacucho," músicado por José Servidio; y de fuerte rebeldía en "Pan," que lleva música de Eduardo Pereyra. En cuanto a "Mano a Mano," con música de Gardel-Razzano constituye uno de los tangos de letra más lograda que se hicieron clásicos por el impetu trascendental de la voz de Carlos Gardel.

34. Mariposas Nocturnas

A Samuel Linning, le basta con Milonguita para inscribir su nombre en la historia de los poetas del tango. Mientras el Teatro Olimpo se transforma en Academia a partir de 1915 y surgeD los salones con mujeres contratadas, a diez centavos la pieza, salones que la gente con notable inventiva llama ollas populares, tambien proliferan de un modo increible los cabarets. allí van a parar muchachitas de barrio, transformadas en mariposill as nocturnas. Una historia de este tipo es descripta en los versos de Linning, a los cuales puso música, y por cierto una música espléndida, como correspondía a su talento creador de eximio pianista, Enrique Delfino. En 1920 lo estrena Maria Esther Podesta, en el transcurso de la obra "Delikatessen Haus", en el teatro Ópera. Es un tema que está incorporado a la sucesión de personajes de un mismo tipo. Pascual Contursi, por ejemplo, con música de Gentile, lo pinto en "Flor de Fango," cantado en su momento por todo Buenos Aires. Y muchos otros. El mérito esencial de Linning es que no recurre a un arquetipo, sino que se ciñe a un ser que existió verdaderamente. Y ya sabemos qué fuerza incontrastable posee la realidad, que tiene cosas que no se parecen a ninguna otra, como afirmó, en genial paradoja, Chesterton.

Existe un informe en la Academia Porteña del Lunfardo, entidad creada en Buenos Aires bajo el lema muy inteligente y definitorio de "El pueblo agranda el idioma", firmado por el académico de número Ricardo M. Llames por el cual se establece que la pebeta mas linda de Chiclana -como dicen los versos de Linning que todos sabemos- se llamaba María Esther Dalton y dejó de ser "flor de lujo y de placer" para ir a morirse en la casa de la calle Chiclana 3148, donde quién sabe qué soñaría (seguimos a Linning) cuando escuchaba a un tango, siendo todavia una niña, hablarle muy bajito de amor. Cuando Estercita, como la llamaba el ambiente nocturno, se fue de este mundo, cerraron sus puertas por una noche todos los cabarets -cerca de medio centenar- que había en el cuadrilátero que demarcan Pellegrini, Córdoba, Leandro Alem y Corrientes.

¿Quién no se acuerda de un intenso frío sentido por una muchacha como milonguita, y metafóricamente abrigado por una piel suntuosa? La letra del "Zorro Gris" pertenece a un connotado poeta del tango, Francisco García Jiménez, que con el tiempo se convirtió en uno de sus más certeros historiadores, con libros como "El tango -Historia de media siglo- 1880/1930" y "Así nacieron los tangos". Tambien Ie dió claro sentido a "El Huérfano," "Siga el corso," "Tus besos fueron míos" (con música del bandoneonista Anselmo Aieta) , "Lunes" (melodía de Jose Vicente Padula) y "Rosicler," cuya música creó el inspirado compositor José Basso.


35. Riqueza de Temas

"Cuartito azul," con estilizada música de Mariano Mores, significó un nuevo éxito para Mario Batistella, que ya había dado las destacadas letras de "Remembranzas," musicado por Mario Melfi, "Sueño Querido," cuya música creó el talento de compositor del gran bandoneonista Pedro Maffia y "Desdén," con melodía de Gardel. En esta calidad el legendario Morocho del Abasto puso música a letras de Alfredo Lepera -"Cuesta abajo," "Tango bar," "Melodía de arrabal," "El día que me quieras," "Soledad," "Amargura" y el dramático tango "Sus Ojos Se Cerraron."

Lepera fue, asimismo, el argumentista de las películas que transformaron a Gardel en una gran estrella cinematográfica. Ciertamente lo fue. El gran director Ernst Lubitsch afirmó, al enterarse de su muerte:

"La pérdida de Gardel nos priva de un gran artista internacionalmente conocido, en la cúspide de su carrera. Su ausencia será sentida por el mundo profesional y por los millones de personas a quienes sus canciones y sus músicas fascinaron."

Las películas de Gardel, "Luces de Buenos Aires", "Melodias de arrabal", "El tango en Broadway", "Tango bar" o "Cuesta abajo", pasearon el tango por el mundo entero, crearon en torno de la canción un fervor inigualado. O solo igualado por los discos y las presentaciones de este rey de cantores. Carlitos Gardel probo con el cine que no era solo una voz -hecho casi pueril, en razón de su misma evidencia- sino también una imagen. Los primeros planos enormes del cine, al registrar su rostro, contribuyeron en mucho al mito que hoy circunda su memoria.

Gardel tambien tuvo particular amistad y preferencia profesional por las letras de uno de los más notables poetas del tango. Nos referimos ahora a Enrique Cadicamo. Letrista talentoso, tambien es un poeta de rica inspiración, que ha sabido expresarse en el libro. Pertenece a un momento en que la poesía del tango necesita ir un poco mas allá, por ejemplo del sencillo encanto que trasuntan versos como los que Pascual Contursi escribió para el magnifico tango de J. Carlos Cobián "El Motivo" o la que Bayón Herrera y Manuel Romero, autores teatrales, construyeran muy a propósito para la música de José Padilla "El Taita del Arrabal." "Madame Ivonne" (con música de Eduardo Pereyra) nos muestra qué decantados matices sabe usar Cadicamo para contar una historia a través del ritmo obligado, perentorio, de una canción.

Para la música de Guillermo Barbieri, escribió "Anclao en París," donde un errante bohemio muestra la cara mala de la moneda, en ese voleo buscando suerte tanguera del viaje a Francia, que fue el signo de muchos. Con inspiracion carrieguiana escribió "De Todo Te Olvidas (Cabeza de Novia)", que lleva música del maestro S. Mérico. A "Los Mareados" le puso música uno de los grandes del tango, el viajero incurable y pianista fabuloso Juan Carlos Cobián. "Mano Brava," "Dos en uno" (el primero con música de M. Buzón, el segundo sobre la composición de Rodolfo Sciammarella), "La Calle Sin Sueño" con música del renombrado pianista Lucio Demare (uno de los componentes de aquel celebre trío que se completaba con Irusta y Fugazot del que aún se acuerdan con admiracion países tan alejados como España y México). En cuanto a las letras de Cadicamo "El que atrasó el reloj," "La reina del tango," "Compadrón" (con música de Guillermo Barbieri, Rafael Iriarte y Luis Visca, respectivamente), son letras de antología. En muchas de ellas como, para recordar una vez mas "Ché Papusa Oi" (melodía de Gerardo Mattos Rodríguez) campea una extrema habilidad en el uso bien dosificado de la terminología popular.

36. La Revelación Ciudadana


Es una tarea titánica tratar de nombrar a todos los poetas que se maridaron con el tango. G. Coria Peñaloza le dió sentido, en "El Pañuelito," al sentimentalismo neblinoso de Juan de Dios Filiberto. La letra de César Lenzi, el autor teatral, hombre refinado y culto, con música de Donato, titulada "A Media Luz," dió la vuelta al mundo.

Emilio Fresedo, con música de su hermano Osvaldo, produjo un éxito indeleble con "Vida Mía." En 1928 se hizo célebre aquel farol de luz débil, que vio morir a dos guapos, en el tango con letra de Lito Bayardo y música de J. Razzano, que ganó un premio importante en un gran concurso de tangos.

El dictado de que el varón no debe llorar aparece en los versos de Romero, con música de Gardel, "Tomo y Obligo." En 1923 se consagra una joven cantante, Azucena Maizani, con la pieza de Delfino y Vacarezza: "Padre Nuestro." Son los mismos autores de un tango que llegó a ser una epidemia en el Rio de la Plata. Nos referimos a "La Copa Del Olvido" que hasta los más desentonados cantaban.

Estamos lejos de los tiempos en que Andrés Cepeda, conocido delincuente, escribía los ingenuos versos de "Gorjeos." Juan Caruso, en colaboracion con Francisco Canaro, produce, sucesivamente, "Cara Sucia" (de origen muy turbio y bautizado primigeniamente con terminos irreproducibles), "¡Sufra!," "Sentimiento Gaucho," "Se Acabaron Los Otarios," "Destellos" y "La Última Copa." Estos poetas -a veces muy primarios- del tango, iban luchando por hacer una revelación del ser ciudadano, incógnita que han tratado de despejar ensayistas nacionales y extranjeros de la categoría de Ezequiel Martínez Estrada y Ortega y Gasset, entre otros. Lo mostraban en una noche de Barracas al Sud "cuando el cielo es mas azul y mas dulzón el canto del barco italiano", como reza la letra de un poeta muy inspirado, Jose González Castillo, enredada a la hermosa melodía de Catulo Castillo y Sebastian Piana, en "Silbando." O cuando en él renacen las memorias de los tiempos idos, como en la letra de Roberto Cayol (tambien autor teatral de nota) para "Viejo Rincón," con música de Raul de los Hoyos. Y todo un despliegue de personajes, situaciones, sentimientos y ambientes, de enumeracion total absolutamente imposible, en tematica rica y dispar, desde las invenciones moduladas por la Guardia Vieja, hasta la afirmacion del tango renovado con letras como las de "¿En que esquina te encuentro, Buenos Aires?", de Florencio Escardo (música de Rector Stamponi), y "Percal" del muy original Romero Expósito, hasta las letras definitivas de Romero Manzi -sin duda alguna el poeta mayor del tango y Enrique Santos Discépolo.

En Discépolo lo poético se canalizó en la hábil articulación de una filosofía ciudadana que para nosotros define al hombre de estas latitudes con más certeza que las copiosas especulaciones del conde de Keyserling o los apuntes novelísticos de Eduardo Mallea.



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