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Saturday, August 28, 2010


Con El Respeto Que Se Merecen (Descatalogado, Delta discos, 1991)


Boca Del Río, Tacna, Perú, Verano de 1992. Me encontraba en la playa mirando la puesta de sol con los chicos y chicas con los cuales solía pasar cada verano del hemisferio sur y pensando qué iba a tocar con mi guitarra en la fogata de la noche (casi cada noche organizábamos una para no aburrirnos y de paso descubrir qué más pasaba en la vida). Uno de mis amigos, no se quién exactamente, empezó a cantar algo que había escuchado en la radio en la mañana, "Un terrorista, dos terroristas, se balanceaban, sobre una torre derrumbada..." La cantaba como si fuera la canción de cuna sobre los elefantes en la tela de araña y me pareció gracioso que le hubiera salido una cosa así de creativa con respecto a lo que vivía el país en ese momento: Un terrorismo espantoso cuasi-iraquí-afgano-paquistaní

En la playa, viviendo frente al mar por dos meses, la mala situación del país no se sentía mucho salvo los precios que subían en el mercado. La parodia de la canción de cuna, llamada simplemente "Las Torres" (no las Torres Gemelas sino las torres de alta tensión que los terroristas de Sendero Luminoso derribaban cual fichas de dominó entre 1980 y 1992) había llegado en forma de rap, cantada por Alfredo Sillau, el guitarrista de la banda No Sé Quién y Los No Sé Cuántos, que acababan de lanzar Con El Respeto Que Se Merecen, probablemente el cassette de más venta legal en la historia del Perú.

"Las Torres" fue solo la punta del Iceberg de un álbum hecho para reir a una población que estaba a punto de tirar la toalla, si es que no la estaba tirando en ese momento. Salió a la venta promocionado con esta canción volátil en diciembre de 1991, aplanando la arena de la playa para el desembarco de una tropa de éxitos que vendrían uno a uno, inundando las radios y haciendo que la gente corra a las tiendas de discos a comprar el cassette, porque había que tenerlo.

Después de "Las Torres", saldría a las radios la canción más veraniega jamás compuesta por peruano alguno (en este caso el ciudadano peruano Raúl Romero, haciendo saber quién manda en el grupo): La amena "Los Patos Y Las Patas:" un tributo pop a los sufridos limeños que, durante dos o tres meses, se aglomeraban frente a las contaminadas playas para refrescarse del calor infernal y reírse de sí mismos, mientras se daban cuenta que ya sean ricos o pobres, desnudos todos eran igual de peruanos.

Claro que No Se Quién y Los No Sé Cuántos, liderados por Romero, iban de playa en playa y ciudad en ciudad cantándola a más no poder. Por lo que tengo entendido, cobraban 10,000 dólares por concierto -cifra irrisoria ahora, pero en esa época era una monstruosidad- y daban la seguridad a los promotores de que su dinero iba a ser recuperado. Era una banda feliz, exitosa, con plata y proveniente de familias con más plata, haciendo canciones para reir. Tocaban "Chongo Rock," inspirado en grupos españoles como Toreros Muertos, La Orquesta Mondragón, Hombres G y Pabellón Psiquiátrico. Del Perú, quizás habrían sacado algo de los Yorks, pero no estoy muy seguro...

El cassette estaba cargado de sorpresas, pese a ser muy corto: Había una salsa llamada "La Pacha" en donde Romero despotrica contra una chica la cual lo dejó plantado en una cita hace algún tiempo. Muchos se sintieron identificados y bailaron la salsa para olvidar penas amorosas y también para recordar que pese al terrorismo y a la pobreza (la inflación acababa de ser controlada a las patadas por el gobierno de Fujimori), la vida es una tómbola. Romero, líder carismático indiscutible, metió dos canciones de amor: "Títere" y "Sólo Amigos" las cuales solo sirvieron para desacelerar (y pacharaquear) el álbum y eso fue un error: ambos temas no llegaron a ningún lado y la gente sólo presionaba Fast Forward (bueno, hasta la Orquesta Mondragón de Javier Gurruchaga mete canciones así pero sus fans no se las toman con gracia).

Lo que sí fue risorio -a buena gana- fue la inclusión de dos parodias de vals peruano, "Monstruo de Armendáriz" y "Pasamayo Maldito." La primera, una cantada tradicional de los cincuentas, era en referencia a Jorge Villanueva, un peruano de raza negra acusado de violar y asesinar a un niño allá por 1957. Fue fusilado pese a que hubo dudas sobre su responsabilidad en el crimen y el juicio fue seguido por todos los peruanos. La segunda es en referencia a un paso de carretera en las afueras de Lima en donde muchos camiones terminan al fondo de un abismo. Nótese que ambas canciones abordan dos temas serios con ironía extrema y son políticamente incorrectos para estos tiempos. En 1991, tiempos de guerra, uno podía ser gracioso con lo que le diera la gana porque la situación era, de más está decirlo, insostenible y la vida valía menos que la de ahora.

Otra joya del álbum era un rap cortito llamado "Chicle Choncholí," contando la historia de una peruana, La tía Antonia, que emigró a California y mientras la pasaba mal los primeros años, logra inventa un manjar chicloso para que los gringos estén chupando grasa todo el día. La tía se hace millonaria. ¿Es una apología a la emigración? Probablemente, pero los años 1991-92 eran épocas tan confusas que nadie en verdad estaba analizando las canciones del grupo de cabo a rabo.

Pese a que se escuchaba en todo el abecedario de clases sociales en el Perú, había un tufo arribista y clasista en la música de Los No Sé Quién: Era música compuesta y ejecutada por chicos de clase alta, ensayando en mansiones y tocando en lugares en donde había que pagar para entrar y había que estar bien vestido y ser de la Gente Como Uno, fomentando un racismo que enferma al Perú desde la llegada de los Españoles. De pronto, No Sé Quién y Los No Sé Cuántos eran famosos desde el pueblo más pobre de Apurímac, en donde el problema mayor era ver si los niños iban a sobrevivir el invierno debido a la malnutrición y el frío, hasta la zona más cara del exclusivo distrito de La Molina, donde el problema mayor era ver si uno podía conseguir un mejor precio al usar la cuatro por cuatro del año pasado como parte de pago para la del próximo.

Mi pregunta es, de haber sido No Sé Quién una banda de música chicha o vernacular ¿Hubieran sido igual de famosos en la clase alta? No. Sólo en los conos, con muy poca difusión radial y televisiva ¿Qué tal si los cinco hubieran sido de raza indígena o mestiza, pero tocando rock? ¿Hubieran llegado a los máximos puestos de los rankings radiales? Nica. Estamos hablando de 1992 y ahora, en el 2010, al menos esa situación en el Perú ha cambiado: La Música vernacular y folclórica llena más estadios y vende más cerveza que No Sé Quién a inicios de los noventa. Felizmente. Quizás los No Sé Quién hayan tenido algo que ver en eso. Las canciones cubrieron con un manto de alegría irónica a todas las radios y por un momento, el rock llegó a todos, se democratizó y descentralizó con la mejor de sus formas: el toque cómico, gracioso, irónico, burlón, payaso y cuestionador.

Los No Sé Quién, pese a que su música en sí era mediocre y llegó a aburrir hacia 1995 -tratando de repetir el plato con discos regulares y hasta en algún momento vendiendo sus canciones al gobierno de Fujimori para atacar a Alan García- serán recordados por ser los comentaristas irreverentes de una de las épocas más violentas y deprimentes que vivió el Perú. Raúl Romero sigue liderando la banda, con integrantes que entran y salen cual puerta giratoria; pero ésta, la formación del segundo disco, es la más interesante.

Ellos tienen el cassette descatalogado (obviamente... es un cassette), pero las canciones del álbum se pueden encontrar en la colección Etiqueta Negra. y en archivos MP3 como éstos.

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