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Saturday, November 24, 2007



¿Una novia así? ¡Claro que sí! (con tal de que después no te salga con que dejas los discos tirados por todas partes...)

El asunto es difícil y genera mucha polémica. Discusiones, quejas, platos rotos, ecos de escopeta y de revólver.

Los chicos y no tan chicos fanáticos de la música tenemos un dilema terrible con nuestras mujeres. A ellas, no les apasiona tanto la música como a nosotros. Les llega al trozo quién sacó qué disco el 75, pero están ahí empiladas si es que el artista de moda, pintón, cruza la esquina para saludar a la fanaticada.

Eso puede ser insignificante, sin importancia, pero tiene mucha relevancia en nuestros egos y eso es innegable.

Es un tema muy espinoso para los coleccionistas del género masculino, y viene con la marca registrada del machismo, la intolerancia, el rol de la mujer en la sociedad y la presión de ésta por que la chica sea una chica bien y no andar escuchando sonidos diferentes a lo que todos y todas escuchan. "No choques tus neuronas muy a menudo, hija, que puedes darte cuenta de lo que estás haciendo".

¿Les ha pasado a ustedes alguna vez, ya sean hombres o mujeres ustedes, que si tienen una cualidad especial o les gusta algo fuera de lo común, los miran como a bichos raros? A eso yo lo llamo antievolución, pero eso es harina de otro costal. Nos dedicaremos a hablar de un tema más específico.

Men of stone

Probabilidades de que este par de chicocas esté escuchando el disco de Chris Squire 'Fish Out Of Water': 1/100000000000Hace un par de años, conversaba con mi amigo Loco Disco y él me contaba su terrible dilema: su novia no soportaba a los Bee Gees; y el resto de música que Disco escuchaba (Lou Rawls, Kool & The Gang, Tavares, etc.) le era indiferente. No le prestaba atención. Y si le prestaba atención, una vez a las quinientas, era para decir: "¡qué música más huachafa*! ¡Evoluciona papito, madura, crece... estamos en la era rave!"

- U odia mi música, o le importa un pito, pero eso sí, escucha hasta el cansancio los bodrios que mandan las radios románticas -me dijo LD.
- ¿Enrique Iglesias, Ricardo Montaner? - le pregunté.
- Si, Emilio. ¿Qué hago?

Bueno, creo que nada. No hay nada que hacer. A una chica no le puedes obligar a que le guste lo mismo que te gusta a ti, así se trate de la mejor música del mundo, como la de radio Panamericana entre 1980 y 1988. De eso no se trata una relación, ni una amistad, tampoco. Pero, y he aquí lo interesante, no sólo es Loco Disco, también están varios amigos que conozco que tienen el mismo picazón en la espalda: sus novias y/o esposas no aguantan los discos que ellos escuchan y, lo peor de todo, ni les prestan atención. No hay respeto. Los casos son más severos en lo que es Jazz y Rock Progresivo. Ahí si cagaron leches.

En mi adolescencia, yo era hiper-fanático -terríble y enfermízamente fanático- de tres bandas: Police, Emerson Lake & Palmer y Alan Parsons Project. No paraba de escuchar su música, aprenderme sus letras, dibujar sus portadas ni relacionar los eventos de mi vida cotidiana con las canciones que ellos ponían en sus discos. The Police era interesante, y fue una fiebre que me duró cuatro largos años, de 1987 a 1991. La de Alan Parsons me duró de 1990 a 1992, año en que completé toda la colección original de cassettes del más grande productor e ingeniero de sonido británico.

A todas mis amigas -posibles novias o no- les hacía escuchar mi música favorita. ¿Qué creen? ¡No les gustaba! ¡Les llegaba al trozeiro! Y como era yo un chiquillo de 15 años, no podía aún discernir entre lo que era libertad de escuchar y buen gusto.

Ahora, 10 años después, no me hago problemas si a mi novia le gustan mis gustos o no. Pero de que me hacía líos existenciales, ¡me los hacía! Este fanatismo a escuchar estas bandas me hizo aburrir de muchas fiestas y a terminar repentinamente -y muchas veces definitivamente- conversaciones con chicas que se alocaban por Magneto** o los New Kids On The Block. Yo no podía taparme la boca y decir "A mi me gusta Alan Parsons, ¿Lo has escuchado?" Lo peor no era decir algo así, sino hablar mal de los grupos que dominaban el mercado, que, como Al Capone, eran malos e intocables.

Los amigos sí se animaban a escuchar el buen rock progresivo y todas las ondas que nos conseguíamos por ahí. La mayoría de las chicas de mi generación y de mi ciudad, y esto es una afirmación, han crecido con un pésimo gusto musical, limitado a caras bonitas, video-clips y telenovelas.


Fish Out Of Water, de Chris Squire, 1975. El álbum más progresivo y el menos comprado por el género femenino.


Hace años, leía en una revista "Pelo" de 1974, me parece, un artículo que decía que la superbanda Emerson Lake & Palmer nunca iba a tocar el number one de Billboard ni en álbumes ni singles. La razón: no eran comerciales. Pero eso es difícil de definir. La línea que divide lo comercial y lo no comercial es muy borrosa y en cualquier momento se desvanece en uno u otro lado de la frontera:

Ejemplo 1: Nirvana con "Smells Like Teen Spirit" llegando al Top Ten en 1992.






Ejemplo 2: Take That, con "Back For Good", recibiendo cuatro estrellas en la Rolling Stone en 1995.

El caso más dramático, a nivel latinoamérica, es el de Luis Miguel, que pasó repentinamente de ser un chiquillo cantante de canciones-dolor-de-estómago a un adolescente que llega a registros altísimos con un dramatismo excepcional al interpretar "Palabra de Honor", o "La Incondicional". El cover de "Blame It On The Boogie" ("Será que no me Amas") de los Jacksons era un entremés a lo que Luis Miguel haría con los boleros en su álbum "Romance"; de la misma forma que José Feliciano lo hizo en 1966. ¿Las seguidoras de Micky coreando "La Barca", "Inolvidable", "Mucho Corazón"? Me quito el sombrero por el CD "Romance", de Micky, y por los que vinieron después, también. Había que ponerles a las seguidoras de Melody y Televisa algo de buen sonido, pues, si no... no me imagino qué catástrofe cultural pudiera haber sucedido (¿o está sucediendo?).

Una vez a las quinientas.

La sociedad occidental, bañada en un pegajoso machismo que a veces está más incrustado en nuestros hipotálamos de lo que pensamos, considera que un hombre escucha "buena música", pero una mujer tiene demasiadas ocupaciones para escucharla. "El fin de la mujer es escuchar la música, si, pero la que le canta el hombre, enamorándola. Ella no tiene por qué cantar canciones románticas, porque los hombres no las escucharán". Por eso es que nos parece agradablemente extraño el auge no de cantantes femeninas, sino de grupos femeninos de rock con mujeres colocándose guitarras eléctricas y bajos y sentándose en baterías para tocar música de hombres. Liz Phair, Courtney Love y su banda Hole, L7, etcétera. La primera mujer solista que tomó un rol masculino en el rock and roll fue, en mi modesta opinión, Chrissie Hynde de Pretenders. Ella tenía una guitarra, arma aluciva al falo del hombre, tan común en los grupos de rock masculinos. La cojuda sufría de amor heterosexual por ser rechazada por un ciego imbécil. Luego llegaron las Go-Gos y el asunto fue ya cobrando fuerza. Un grupo femenino puede ser excelente o malísimo, dependiendo de la calidad de ellas como músicos y compositoras. Tampoco hay que caer en los prejuicios así de fácil.

Por lo tanto, yo no estoy diciendo que todas las chicas tienen mal gusto por no escuchar Emerson, Lake & Palmer. Lo que estoy afirmando es que hay una tendencia social a encasillar o agrupar sexos, según su gusto. A un rockero de los clásicos no le puede gustar, por ningún motivo, la música de Enrique Iglesias, ni mucho menos la de LocoMía, aquel grupo español de cuatro tipos, más gays que los Hobbits, con buena pinta que dominó las pistas de baile a inicios de los noventa. LocoMía era buena música, a mi parecer.

En una discusión así, está mejor el que cede, dice mi abuelo.

Seguro se pensará que estoy generalizando, pero eso es falso. Conozco chicas con gustos musicales muy buenos, y que no se tragan todo lo que los galanes de telenovelas graban ni tampoco son fanáticas de cualquier mequetrefe con cara de niño que triunfa por ser hijo de papá. Estaría bien decir, al final, que a ellas no les vendría mal comprarse una vez a las quinientas, en vez de ropa linda, un buen disco como Led Zeppelin III o el Chronicle de los Creedence Clearwater Revival.

A nosotros, los fanáticos, tampoco nos vendría mal comprarnos ropa más decente. Una vez a las quinientas, y ordenar nuestro closet, que los discos no están en orden alfabético.

*Huachafa: femenino de "huachafo". En Perú, significa obsoleto, pasado de moda, anticuado, fuera de contexto, ridículo, etc. Se trata, obviamente, de algo subjetivo.
**Magneto: grupo vocal mexicano de inicios de los noventa. No confundir con el villano de los X-Men.

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