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Tuesday, June 26, 2007



Stravinski; Music For Two Pianos (Music For Four Hands)

Benjamin Frith & Peter Hill

Para revisar este disco, vayamos al teatro.


Variación del Ballet Rito de Primavera de Igor Stravinski.

Dirigida por Michael Sakamoto.Producida por Michael Sakamoto y Empire Of Teeth. Una obra de Yugen Presents. Lunes 21 de Marzo del 2005. Teatro NOHspace, 2840 Mariposa Street, San Francisco, CA 94110. 8:00pm.

Escrita y dirigida por el bailarín, coreógrafo y artista visual Michael Sakamoto, la obra Rite Of Spring, etc. es todo un reto para los sentidos. En primer lugar Sakamoto no nos presenta un reciclaje de aquel ballet de Stravinski de 1913 que provocó la ira de los críticos puristas franceses. 102 años después, la misma música difícil y supuestamente incoherente hace bailar a cuatro personajes diametralmente distintos una danza japonesa llamada Butoh (desarrollada a plenitud a mediados de los sesentas en Japón cuando el país aún no terminaba de recuperarse de dos bombas atómicas.) Los movimiendos de la danza son forzados, arrítmicos, nada suaves para los músculos y eso se nota, gracias al sudor y la tensión de los actores, desde la primera fila hasta la butaca más lejana del teatro.

En un escenario oscuro y vacío nacen cuatro arquetipos de la sociedad occidental y capitalista que Sakamoto está dispuesto a criticar y consolar en los siguientes noventa minutos. Una mujer payaso triste (Nurit Siegel), un actor que más bien parece vendedor de autos usados en los años setenta (Francesco Mazzini), un monje introspectivo que siempre tiene la respuesta correcta para todo (Sakamoto) y, finalmente, un espíritu libre encarnado en una bellísima mujer (Susan Averitt.) Los cuatro, tal cual las cuatro estaciones del año y siguiendo el ciclo natural de las cosas, contribuirán con sus respectivos monólogos a enseñarnos cuán lejos de la paz total –asiática, budista- nos encontramos.

El invierno está reflejado en la payasita triste, el verano en aquel actor hipócrita que interpreta aquella estación del año donde todos tenemos que desnudarnos para mostrar lo que no somos. El monje es otoñal y pretende saberlo todo y la primavera es aquella mujer “liberada” de caprichos y culpas. Entre cada monólogo o diálogo disfuncional sobre el amor, los cuatro danzan el Butoh, hacen
morisquetas, se empujan, se tocan a sí mismos en movimientos masturbatorios, para luego seguir razonando sobre la contínua crisis de identidad que asimilaron apenas las luces del teatro se apagaron.
Stravinski es contrapunteado por música popular occidental tal como “Save Me” de Amie Mann (en la escena cumbre del intento de suicidio de la bella libertina por razones amorosas) y “Bye Bye Love” de los Everly Brothers (en el incómodo y forzado strip-tease del actor frustrado.)

Sakamoto, tercera generación descendiente de inmigrantes japoneses, prepara un trabajo que a simple vista parece fácil de ejecutar, pero no lo es. Él y su elenco evalúan detenidamente a través de la música atonal del piano ejecutado a cuatro manos por Benjamin Frith y Peter Hill. Esta música está disponible en el CD Stravinsky: Music For Two Pianos (Music For Four Hands) (Naxos, 1995.)

El intenso diálogo y el esfuerzo físico de la danza obligará a los protagonistas a desenmascararse. El payaso triste se quitará sus vestimentas fúnebres que muy poca gracia hacen al mundo, el actor se desnudará y se dará cuenta que no todo en este valle de lágrimas es lograr un Oscar sino aceptarse tal cual es; un tipo cuya personalidad auténtica está a nivel “cero.” El monje dejará de predicar parado en una caja por sobre sus semejantes para volver a pisar tierra. La libertina deberá también deshacerse de sus prejuicios y obsesiones sobre el amor al comprender que la obsesión por los demás no es más que la obsesión por ella misma. El teatro quedará a oscuras y la pequeña pero aturdida audiencia los hara salir dos veces con sus aplausos para la ovación final.

Sakamoto, un artista muy avanzado, ha creado una obra donde todos tenemos en frente a nuestro más grande temor social: un espejo. Todos bailamos Butoh al ritmo despiadado de Stravinski. No esperemos un final para cardíacos, pero si una satisfacción culposa de saber que todos estamos en el mismo bote, en aparente sincronía.



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