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Tuesday, June 12, 2007



Tomado del diario "El País", año II, número 49, Jueves 20 de Octubre de 1988.

África - Músicas Emergentes: Parte 6


El continente polirrítmico
Caminos nuevos para la música africana
Escribe: Xabier Rekalde


Hablar de la música africana hoy, por raro que parezca, puede resultar una vulgaridad tan notable como hacerlo de 1992 —el Quinto Centenario—, la moda parisiense de lo español o el cine de Almodóvar. No hace muchos meses que Martin Meissonier, uno de los máximos impulsores de la penetración africana en los circuitos musicales de Occidente, manifestaba su decepción por la creciente depauperación de los modelos que había patrocinado, que habían contado incluso con la sorprendente y voluntaria complicidad de algunos artistas del África occidental y austral, militantes apresurados de esta degeneración, como el guineano Mory Kante y el surafricano Sipho Mabuse. Se pronunciaba al tiempo por una mayor dedicación a las músicas modernas producidas en el área central del continente, en el Congo y Zaire actuales.

La pretendida moda de la música africana no es sino el resultado de la aproximación más frívola de la gran industria euroamericana de la canción a un fenómeno cultural que se les escapa y que continúa siendo tan desconocido o más que en épocas anteriores. Su influencia en la moderna música es, sin embargo, mucho mayor de lo que se confiesa. Y, en las últimas décadas, muchos han sido los artistas de categoría que se han acercado a los ritmos del subcontinente negro con más sinceridad y acierto que resonancia popular.

En África son muchas las músicas que se han ido fraguando y modernizando a partir de la riquísima tradición rítmia de unas culturas no desdeñadas tan sólo cuando eran absorbidas por la maquinaria económica que manejaba el choubisnes o la cultura con ce grande. Y la primera que nos topamos es la omnipresente de expresión musica árabe, que ningún tratadista suele incluir en los estudios sobre las manifestaciones musicales africanas, pero que es necesario citar para hacer comprensible el componente islámico presente en el desarrollo de buena parte de las culturas negroafricanas.

Expresión Árabe

El mundo de expresión árabe, desde Siria hasta Mauritania y desde el Mediterráneo hasta el comienzo de la región subsahariana, ha extendido su brazo al Este, al Norte y bastante al Sur de sus supuestos límites geográficos. Su presencia en lenguas habituales de la nueva canción africana, como el swahili de la zona oriental o el wolof senegalés, utilizados con regularidad en buena parte del soukouss y afines, la primera, o el neombalax de Yossou N'Dour o Isamel Lô, la segunda, es un primer dato, pero no el más relevante. Su música se extiende por la costa oriental del continente hasta Tanzania, donde la reconocemos como taarabu.

Sudán es una encrucijada cultural. El espectro musical es el resultado de la yuxtaposición de las formas árabes con las aportadas con mayor o menor intensidad por los restantes grupos étnicos del país, desde los nilóticos hasta los nuba o los azande. Precisamente en Sudán encontramos algunos de los ejemplos más dignos de la renovación de la música africana, como Abdelaziz el Mubarak, Mohaned Mounir o, especialmente, Jamal Jarieg; reminiscencias más débiles del canto árabe podemos encontrar también en la potente región mandinga del África occidental o en la música euskeusta etíope, cuyos máximos representantes, la Roha Band o los cantantes Mahmoud Ahmed (el veterano) y Newaye Debebe (el discípulo), han logrado un discurso más panafricano, próximo al afrobeat.

El universo de la música popular árabe de nuestros días está regido aún por la herencia de la desaparecida gran dama de la canción, la egipcia Om Kalsoum, aunque la modernización tenga como origen geográfico la ciudad de Orán y otras del territorio argelino y marroquí. el raî argelino es la corriente más extendida, y de hecho ya existen ejecutantes marroquíes de ese pop árae que en las tierras de los blancos ha popularizado Chab Khaled. Pero, de todas las tendencias citadas, son muchos los nombres: en Argelia, Chab Mami, Chab Hamid, Chaba Zehouania, y en Marruecos, Leb Chaheb, Muluk el Hwa, Nass el Ghiwane y Jil Jilala.

El subcontinente negro y sus culturas musicales comienzan aproximadamente en el lindero saheliano, y con él, en la región occidental, el gran foco musical heredero del imperio de Mali, el de los mandingas conquistadores, que abarca los actuales Mali, Senegambia, Guinea y pedazos de Costa de Marfil, Sierra Leona, Burkina Faso y Níger.

Los griots o jalis son la casta canora que daba forma musical a la historia de ese imperio; es decir, los juglares de ayer reconvertidos en cantautores de hoy, unos más apócrifos que otros. Mory Kante y Salif Keita son los personajes de más relumbrón con proyección en el mercado internacional. El primero, griot de casta; el segundo, noble descendiente del fundador del imperio, Sundiata Keita, y griot de hecho. Mory, guineano. Salif, malinés. Ambos fueron cantantes en la Rail band de la Gare de Bamako. Y, sin embargo, es Salif, quien con mayor dignidad se ha enfrentado a la tarea de puesta al día de su patrimonio musical sin concesiones humillantes a los modos de allende los mares.
En su Guinea originaria, Bemebeya Jazz National, una orquesta veterana, representa un despegue ponderado de los antiguos modos musicales; eso sí, bastante irregular, pero mucho más acertado en el caso de su guitarrista, Sekou Diabaté, que el pasado año (1987) grabó su primer elepé en solitario. Otro Diabaté, Zaní, también guitarrista, significa en Mali la renovación con los pies en la tierra propia, junto a su colega Alí Farka Touré.
Senegal es el país de la zona que más figuras ha proporcionado a las giras europeas de los últimos años. De ahí son los casamanceses Toure Kunda, el dakarés Youssou N'Dour, el más reciente Baaba Maal e incluse el maestro tambor de Dakar Dudu N'Diaye Rosé, director de una de las orquestas de percusión más interesantes del continente. Pero quizá sea éste el lugar para reivindicar la categoría, al menos similar, de formaciones como la de Ismael Lô, Super Diamono o Xalalm.

Costa de Marfil es un cajón de sastre donde conviven formas musicales tan dispares como el soukouss, el reggae, el highlife o el canto mandinga. Nayanka Bell y Aîcha Kone son las intérpretes más notalbes, pero el gato de la popularidad se lo ha llevado al agua el rastafari musulmán Alpha Blondy. Ghana y Nigeria son las tierras del highlife, un estilo que aparece con claridad hace medio siglo elaborado básicamente en formaciones de guitarristas y percusionistas (estamos en la zona de los prestigiosos tamborileros akan y yoruba). En Ghana, George Darko, y en Nigeria, Victor Uwaifo, son los mayores responsables del highlife de los ochenta. No obstante, en ese gran país del petróleo africano donde conviven yourubas, hausas e ibos, es un ritmo de los primeros el que se ha extendido fuera de los límites continentales. A este ritmo de los gben (tambores parlantes), unos añadidos efectos de ordenador, steel guitar y sintentizadores han proporcionado una sonoridad al gusto de otras culturas. King Sunny Adé y Ebezener Obey son los abanderados de esta música Juju, aunque su versión más interesante tenga a Segun Adewale como portavoz.

El personaje más singular de la música nigeriana es el patrono de un estilo diferente, nacido en la confluencia del highlife, el jazz y modelos rítmicos no estrictamente nigerianos, y que se pretende el más panafricano de cuantos hay: el afrobeat. Se llama Fela Anikulapo Kuti y es uno de los creadores más rotundos del África moderna. Por su camino continúan su antiguo batería Tony Allen y su hijo Femi Kuti.

En Camerún conviven formas de highlife con formaciones adelantadas de la música congo-zaireña, pero esta tierra, una de las de ritmos tradicionales más inspirados, ha tenido por fuerza que producir un modelo urbano de los de mayor resonancia continental, construído a partir del makossa de los douala. Su mentor ha sido el saxofonista Manu Dibango, y los practicantes, legión, desde Moni Bilé hasta el maestro Francis Bebey, pasando por el derivado waka, que capitanea Tokoto Ashanty. Pero es Amadou Babá Alí, o Alí Babá, el nombre que hay que retener, el de un cantante, bailarín endiablado, autor de una forma sincrética de blues afro-occidental, makossa desaforado y congo-rumba que llama goumba soul gandjal.

Bajo el Sáhara

La música congoleña, congo-rumba, rumba africana, soukouss, o rumba zaireà, ocupa todo el territorio central del África subsahariana, formando el área más extendida y homogénea de las tres. Desde Kenia hasta Zambia (y Zimbabwe) o Gabón, nos encontramos unos pueblos de mayoría bantú que comparten un ritmo moderno nacido a mediados de siglo en la periferia de las capitales congoleñas, Brazzaville y Leopoldville (hoy Kinshasa). Los pioneros fueron el Kalle's African Jazz y la Orquesta Bantous; después fueron los años de las bandas de Franco, Kasanda Nico, Tabu Ley, Tchico y Franklin Boukaka, para amanecer en los ochenta con las nuevas ideas de Papa Wemba, Souzy Kasseya, Ray Lema, Choc Stars...

El África cultural khoisan está formada por los países de la región austral. Si hasta ahora uno de los objetivos de los creadores podía ser la conservación y actualización del patrimonio musical, aquí (sobre todo en Sudáfrica) se trata de recuperación -y modernización también- de sus modos de expresión atural, condenados al ostracismo. La nueva música popular tiene su origen en aquel swing zulú llamado kwela, que apareció, tanto en Zimbabwe (entonces Rhodesia) como en Sudáfrica, al comenzar la segunda mitad del siglo. Una forma evolucionada es el estilo conocido en los años 60 y 70 como mpaqanga y tiene en Mahlanthini a su guía indudable. Las voces femeninas de la Mahotella Queens y los cantos grupales de Ladysmith Black Mambazo forman el cuerpo central de los modelos habituales en la pasada década. En nuestros días el cantante Sipho Mabuse es quien se lleva el gato al agua, y quien ha provocado el debate sobre la excesiva incorporación de elementos pop occidentales a la nueva música sudafricana. Un caso próximo al de Johnny Clegg que se ha convertido en el vocero de las nuevas formas en Occidente. El grupo de Lesotho Sankomota es un ejemplo más contenido y, posiblemente, con más interés de esta corriente afro-rock. Los Bhundu Boys son el equivalente zimbabuo, aunque, en su caso, la occidentalización se percibe más en cada disco. Thomas Mapfumo es, aún hoy, el creador más destacado de la nación shona, artista comprometido e intérprete máximo de la mbira music, facturada a partir de la música tradicional.

Muchos ritmos han quedado en el tintero y muchos personajes, como el original cantautor gabonés Pierre Akendenge, pero lo fundamental es dejar claro que para comprender la música africana hay que conocer primero sus prioridades lingüísticas, su moral instrumental y los móviles, necesidades y hábitos de los pueblos que la practican. Verla con los ojos culturales nuestros es despreciarla, y en la medida que nos corresponde, contribuir a su degradación. Que no sucederá.


Diez discos interesantes para introducirnos en el maravilloso nuevo mundo que es la Música de África. Sonidos frescos y libres de A&R, de promociones y de concesiones. Esta es la música que necesitáis.

  • The Indestructible Beat of Soweto (Soñua). Grabación entrañable que encierra todo el frenesí callejero del mbaqanga.
  • Go South (Nuevos Medios). Excelente recopilación de ritmos bailables actuales (1988).
  • Raï Rebels (Earthworks/ Virgin). Excelente carta de presentación de este género tabernario aliado con el pop.
  • Nelson Mandela (Nuevos Medios), Yossou N'Dour And Super Etoile de Dakar. El gran representante del Mbalax senegalés muestra una música viva, creativa y llena de inluencias interraciales.
  • Soro, Salif Keïta (Island). Todo el dramatismo existencial de este gran cantante de Mali expresado en su desgarradora voz.
  • Kaira, Toumani Diabate (Nuevos medios). Este joven instrumentista introduce en la kora toques propios de guitarristas y percusionistas de su tierra.
  • Third World Child, Johnny Clegg & Savuka (EMI). Clegg, sin renunciar al pasado zulú, abre su música a campos más accesibles para los blancos.
  • En Concert à París (Ocora), Nusrat Fateh Ali Kahn. Música iniciática de impacto emocional.
  • Tsvimbodzemoto (Oihuka), Bhundu Boys. Espontaneidad, gracia e inocencia, y un ritmo imparable.

    Amazon.com los está esperando con cargamentos de música del continente negro. ¡Wo-hoo!


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