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Tuesday, June 12, 2007


El interés por la música africana es lógico y hasta cierto punto inevitable, pues la música pop occidental tiene sus raíces en África y por eso se siente uno bastante familiarizado con la música africana (en la foto, un intérprete tañe la kora)




Tomado del diario "El País", año II, número 49, Jueves 20 de Octubre de 1988.


Músicas Emergentes - Parte 4

Europa encuentra nuevas fuentes de inspiración en África y Oriente.


Y Nadie Canta en Inglés
Londres se convierte en el centro de la "música del mundo"

Por Lucy Durán

Hace exactamente un año, un grupo de compañías discográficias especializadas, cuyos catálogos se extendían desde la música de Madagascar hasta la salsa, unieron sus fuerzas para lanzar al mercado su producto. Estas compañías necesitaban un término para captar la atención del público, para definir ampliamente y unir todos estos diversos tipos de música que bullía en el mundo entero. El concepto de World Music había nacido, y con él un nuevo público.

El año 1987 fue excepcional para la world music en el Reino Unido de la Gran Bretaña. Nunca antes había estado tan al alcance esa variedad deslumbrante de diversas músicas. De todas partes del mundo llegaron músicos para participar en festivales en Londres y provincias y hacer giras en locales especializados en música folclórica. Presentadores de la radio dieron fiestas particulares donde músicos procedentes de Zimbabwe improvisaban con músicos de blues norteamericanos, y la presna británica empezó a interesarse regularmente acerca de la world music. La venta de discos pronto se duplicó.

La música "pop" africana se ha llevado parte de la atención, apoyada en el éxito de Paul Simon con Graceland. La gira de Graceland mostró la fuerza musical de los barrios negros en Sudáfrica.

No cabe duda de que la música pop africana se ha llevado gran parte de la atención, apoyada en el éxito de Paul Simon con el disco Graceland. La gira de Graceland mostró la fuerza musical de los barrios negros en Sudáfrica a un vasto público con poco o ningún conocimiento del tema. Mientras tanto, Peter Gabriel daba conciertos a lo largo del país con el grupo senegalés de Youssou N'Dour. Si Gabriel y Simon pudieron encontrar puntos en común con la música africana, el público británico estaba dispuesto a recibirla. Sobre todo, había interés por descubrir el nuevo ritmo de la África urbana.

Voces Refinadas

La música tradicional africana también llegó a alcanzar un gran éxito. Los aficionados a la música clásica, los que normalmente escuchan a Mozart, se sorprendieron con las refinadas y poderosas voces de los cantantes malienses en el festival de la BBC Música de las cortes Reales, que fue retransmitido radiofónicamente en directo cada noche durante dos semanas. Otro cantane malinés, Alí Farka Toure, captó la imaginación del público con sus blues africanos, curiosamente parecidos a los de John Lee Hooker. Toure es de la región desértica de Timbuctú, y jura que los blues son originales de allí. Ese mismo año, dos chicos de Senegambia, Dembo Konte y Kausu Kuyate, que tocan la kora -arpa de 21 cuerdas con una calabaza que hace de caja de resonancia, ahora ya conocida internacionalmente por éxito de Yeke yeke, de Mory Kante-, llenaron las salas del norte al sur del país. Hace cinco años, su música hubiera estado clasificada como folclórica, atrayendo tan sólo a una pequeña audiencia musicóloga y otros tantos curiosos. Ahora su público es más sustancioso y mixto. En el último cncierto en Londres, en el Centro Africano, hubo incidentes en la calle a causa de no haber suficientes entradas.

Recientemente, la televisión británica lanzó una serie de programas semanales con el título de Los Ritmos del Mundo, presentando una amplia variedad de música tradicional y pop: desde el rey del reggae Bob Marley, a Wilfrido Vargas -del merengue dominicano-, Van Morrison -de Irlanda, que acaba de grabar con ell veterano grupo de música tradicional The Chieftains- y Salif Keit -de Mali-, entre otros. Como introducción, David Byrne, líder del grupo neoyorquino Talking Heads, dijo que se trataría de "música popular, música del corazón y música para bailar". "La llamamos world music, que es básicamente una forma de decir que hemos abierto nuestros oídos a la música del mundo entero", señaló Byrne.

Ciertamente, una de las cosas más excitantes de la onda actual para la world music es el gusto de descubrir nuevas fronteras musicales y romper con imágenes estereotipadas. Es el placer de escuchar cómo la música africana puede tener melodías semejantes al flamenco, sin un tambor a la vista. Es el alivio de asistir a la verdadera danza original de Cuba, después de oír el sonido superelaborado y comercial de los grandes grupos neoyorquinos. Es el encanto de ver a los sijs de la india mezclando el turbante tradicional con una moderna indumentaria, tocar su música al estilo rock con guitarras eléctricas, sintetizadores y típicos tambores del pueblo punjab. Es la música sensual de las guitarras de Zaire, con sus melodías circulares y sus densas armonías vocales. Aunque los musicólogos digan que no es una música pura, es verdadera, y a la audiencia británica le entusiasma.

Los factores que contribuyen a esta explosión de música son varios y complejos. El aburrimiento con la música pop comercial es ciertamente uno de ellos, así lo ve Charlie Gillett, autor de Sonidos de la ciudad, un estudio pionero sobre el rock. Él ha sido una de las principales figuras en la presentación de la world music. Desde 1980, su programa de radio semanal en Capital Radio, de Londres, ha sido una de las escasas fuentes para la música caribeña, africana y los blues. "Para mí, la música debe tener un sentido de identidad regional o, por lo menos, nacional. La música norteamericana ha sido bastante regional hasta cerca de 1972; podría distinguirse entre un sonido de Memphis, Chicago, Los Ángeles o Nueva York. Pero, a partir de entonces, debido al elevado nivel comercial, pierde esa identidad particular, y músicos como por ejemplo Elton John podrían ser tanto norteamericanos como británicos. Se puede comparar con la comida: pierde su gracia cuando no tiene sabor regional. Así que a mediados de los setenta comenzaban a aburrirme los sonidos pop, lo cual me hizo recurrir a otro tipo de música, como el reggae".

En sus primeros programas, Gillett invitó a un grupo reggae británico llamado The Beat a seleccionar discos, y así escuchó por primera vez grabaciones procedentes de África del Oeste. La curiosidad le llevó a buscar más. En esa época había sólo un sitio donde se conseguían discos africanos en Londres: al fondo de una pequeña tienda llamada Sterns. Gillett se convirtió en un cliente regular.

Su primer encuentro en persona con la música africana fue en 1983 con King Sunny Ade, un artista nigeriano que recientemente había firmado un contrato con Island Records. Fue nua experiencia inolvidable para todos. Nigeria estaba todavía en su esplendor económico, y Londres repleto de una rica comunidad nigeriana. Al concierto de King Sunny Ade en el Liceo asistieron 5000 personas. Su música, llamada juju, se basa en la tradición musical del pueblo yoruba, y presenta una increíble variedad de instrumentos de percusión y talking drums, así como la guitarra guayana y los metales. Los 18 componentes del grupo no pararon de moverse; tampoco lo hizo el público, que continuamente se lanzaba al escenario para bailar y para coger dinero. Una figura llamativamente vestida de modo tradicional lanzaba fajos de billetes sobre los músicos, y luego sobre el mismo público, que acabó alborotado. Para Gillett, no sólo la música, sino el espectáculo en general, fue una auténtica revelación. "No fue para nada la exhibición de folclor anticuado que yo esperaba. Evidentemente, Ade había visto a Jimi Hendrix, y puede que también a Chuck Berry".

Al terminar ese año suspendieron su programa en la radio durante siete semanas. "En ese período empecé a recibir pequeños paquetes de cartas enviados a la radio para que me fuesen entregados. La gran mayoría me decía: "Oye, ¿dónde the has metido? Nos gustan de verdad esos discos africanos y caribeños, que no conseguimos oír en ninguna parte". Quedé bastante sorprendido, pues no estaba muy seguro al presentarlos". Finalmente, Capital Radio le propuso hacer un nuevo programa, concentrándose específicamente en música caribeña y africana. Se llamaba Un Ligue Extranjero, y más tarde El Pulso de la Ciudad. Adquirió numeroso público aficionado, y para muchos de los seguidores actuales aquel fue su primer encuentro con la world music.

El año 1984 fue muy importante para la música africana en Reino Unido. La nueva empresa de discos africanos Sterns, regida por un grupo de jóvenes entusiastas, conseguía llevar a cabo semanalmente una serie de conciertos africanos. Mientras que hasta entonces los pocos músicos africanos que aparecieron en el Reino Unido procedían de ex colonias británicas, esta vez venían del África francófona. La mayor parte de ellos se habían establecido en París, como Pierre Akendengue, de Camerún, y Sam Mangwana, de Zaire, excepto uno de los artistas, que venía directamente desde Senegal: Youssou N'Dour, acompañado por los Super Étoile de Dakar. Esta fue su primera actuación en Londres, dejando una inmejorable impresión.

Pionero de un estilo

Youssou ya era una estrella en su país de origen. Fue pinero de un estilo de música conocido como mbalax, la música rural del pueblo wolof, mezclada con elementos característicos de la música cubana, el jazz y el rock. La voz de Youssou es aguda y aterciopelada; los ritmos, marcados por talking drums, son complejos y sincopados. Aunque el público a veces se sentía perdido en esa complejidad, reconocía al genio.

Los conciertos organizados por Sterns atrajeron a una multitud que incluía a Peter Gabriel, que quedó tan impresionado por la voz y la música de Youssou que fue a visitarle poco tiempo después a París y luego a Senegal. Al año siguiente, cuando Youssou vino por seguna vez, Gabriel le invitó a su estudio. El resultado fue la maravillosa colaboración en el tema In Your Eyes, del álbum So. Actualmente están finalizando la gira mundial organizada por Amnistía Internacional, con Bruce Springsteen y Sting. Youssou está a punto de conseguir fama mundial, pero siempre manteniendo sus raíces senegalesas.

La música latinoamericana hasta ahora no ha tenido un éxito muy amplio. Casi todos los que han destacado son neoyorquinos o bajo la influencia de su estilo (artistas como Celia Cruz y Tito Puente)

Es un hecho curioso que haya tan pocos músicos africanos residentes en el Reino Unido, a pesar de las grandes comunidades africanas. París es el centro más próximo de donde vienen los músicos. Salif Keita, el cantante albino de Mali, cuyo álbum Soro ha vendido más de 100000 ejemplares, vive en París, pero mantiene un contrato con Island Records en Londres. Le gusta escaparse a esta ciudad porque la encuentra menos racista que la capital francesa y tiene una audiencia más interesada: "los críticos franceses a veces son demasiado duros con mis conciertos. Los británticos son mucho más considerados." Mory Kante, durante su última visita a Londres, también hizo alusión al favorable recibimiento del público británico. Al final de su concierto tocó un exquisito y tradicional solo de kora, nostrando las auténticas raíces de su actual rock. "Me quedé asombrado de cómo la gente disfrutaba el solo de kora tanto como el resto de mi música," me dijo Kante. "Si yo tocara más frecuentemente en Londres estoy seguro de que mi música sería diferente". Aunque de hecho no se quejaba, ya que su Yeke Yeke es número uno en Francia, la República Federal Alemana y Grecia.

La música latinoamericana, en cambio, hasta ahora no ha tenido un éxito tan amplio. Casi todos los que han venido son neoyorquinos o bajo la influencia de su estilo (artistas como Celia Cruz y Tito Puente). Por supuesto, tienen gran público latinoamericano, sobre todo entre los estudiantes colombianos residentes en Londres, pero su música no acaba de convencer a los británicos, porque, según los críticos, la ven demasiado comercial y con poco corazón. Para reafirmar esto pudo verse, cuando Celina González estuvo con su rica pero sencilla música campesina cubana, cómo el público por primera vez disfrutó la salsa.

Un problema que encuentran estos músicos es la barrera del idioma. Cuando los Bhundu Boys, un grupo de Zimbabwe anteriormente desconocido, llegó por primera vez para establecerse en Londres, su inglés les favoreción. Su música es directa, con un fuerte ritmo y con una clara textura en los teclados, las guitarras y la batería. Ellos llaman a su música jit, y cantan sobre los problemas de vivir actualmente en los países del sur del continente africano.

Una larga y agotadora gira por pubs, universidades y pequeños locales, muchas veces durmiendo en el suelo de casas de amigos, dio resultado. Ésta era una música con un mensaje político-social, explicado por su abierto y simpático director, Biggy, pero ante todo es música para bailar. Los Bhundu Boys se convirtieron en el grupo africano residente de más éxito en el Reino Unido, y ganaro un público no solamente para ellos, sino para la música africana en general. Su primer álbum, Shabini llegó a ser número uno.

Si el inglés es la llave de la comunicación de los conciertos en vivo, no necesariamente queda bien en las canciones. El último álbum de los Bhundu Boys, True jit, fue un intento frustrado para alcanzar un mercado más amplio a través del uso de la lírica inglesa. Las palabras no encajan con las melodías que originalmente se cantaban en otros idiomas. Lo mismo ocurrió cuando Youssou N'Dour cantó en su álbum Nelson Mandela una versión de Rubberman mitad en inglés y mitad en wolof. No se siente uno a gusto escuchando la canción, al menos hasta que empieza a cantar en wolof. Los planes para introducir versiones en inglés en su próximo elepé han sido totalmente abandonados.

Si el inglés es la llave de la comunicación de los conciertos, no siempre queda bien en las canciones. El último álbum de los Bhundu Boys fue un intento frustrado para ampliar su mercado mediante la lírica inglesa.

Ben Mandelson, cofundador de Globestyle, una de las compañias discográficas especialistas de más éxito, está bastante seguro sobre el uso del inglés. "Desde 1985 hemos publicado 35 títulos, y estamos actualizando 40 nuevos proyectos de música distinta de varios países, ¡Y nadie canta en inglés!". Su catálogo se extiende desde la salsa a música de Zaire, Martinica, cumbias de Colombia y los sonidos deliciosos de las orquestas arábo-swahili de la isla de Zanzíbar.

Este año, una de las artistas de Globestlye, la bella israelí Ofra Haza, obtuvo un gran éxito con su disco Im nin alu. Este tema aparece originalmente en su álbum llamado Yemenite Songs. El acompañamiento es esencialmente rock, pero las melodías, y sobre todo su manera de cantar, son claramente orientales, arraigadas en el repertorio judío de Yemen. Cuando su voz fue tomada en un disco rap, Globestyle, que fue la mayor fuerza tras la campaña de la world music, ayudó a promover a Ofra Haza en sus conciertos británicos, pero se insiste en que las compañías de discos no deberían actuar como empresarios para sus artistas. Sin embargo, en esto están solos; casi todas las compañías independientes se dejan llevar, para bien o para mal, en el intento de promocionar a sus artistas. Nadie le da demasiada importancia cuando esto concierne a artistas procedentes de Bulgaria o España, como en el caso de Hannibal Records. Pero cuando las compañías (dirigidas por blancos) tratan casi exclusivamente con músicos africanos son objetos de críticas por parte de ciertos sectores de la prensa, que les acusan de manipular y monopolizar la música negra.

"A veces las comparan con las compañías blancas que explotaron a los cantantes de blues en sus comienzos", según dice el editor de la revista británica Folk Roots. "Pero éstos hacen sus acusaciones completamente ignorantes de los hechos. Cada artista obtiene un contrato individual y recibe buenos adelantos del porcentaje, no como antiguamente, que se compraba una vez y se olvidaba al autor. Con mucha frecuencia se tarda bastante tiempo en recuperar los gastos, pero lo hacemos porque creemos y respetamos la música y porque estamos convencidos de que hay un lento pero seguro mercado para este tipo de música".

A pesar de los éxitos conseguidos, siguen necesitándose patrocinadores. Pocos promotores toman el riesgo de montar conciertos de música tradicional sin patrocinador. Desde 1986, el Arts Council ha mantenido una activa política de subsidio para la música negra (o sea, africana caribeña y del subcontinente indio), en principio invirtiendo el 4% de su presupuesto anual, aunque la realidad de esta política ha sido muy discutida en su forma de llevarla a cabo. Por ejemplo, ¿merecen ayuda grupos pop africanos desde una organización que normalmente se ocupa y apoya la ópera y las orquestas sinfónicas? Finalmente, y con poca ilusión, decidieron que sí.

John Scott se introdujo en la música india como el distribuidor para la EMI India. Le impresionó la distinta forma de venta de discos y cassettes indios. "La India es uno de los países con mayor industria discográfica del mundo"

La existencia de este patrocinio ha logrado que algunas compañías de discos intentasen abrir puertas a músicas antes marginadas. Una de estas compañías es Triple Earth Records, que tiene un pequeño pero interesante catálogo de música africana, como el asombroso Mbila, de Tanzania, y el fresco y descarado ritmo de la música rai rai de las ciudades argelinas, que ha conseguido también gran éxito en Francia a través del cantante Cheb Khaled. Ian Scott, el director, también quiere introducirse en el mercado indio. La comunidad emigrante más importante en el Reino Unido es de origen indio, no solamente por vías de emigración directa del subcontinente, sino cientos de miles de indios que llegaron en los años sesenta desde el este de África. Se asentaron en la parte central del Reino Unido, en ciudades como Leicester, y en los barrios del oeste de Londres. Trajeron con ellos sus propios músicos y géneros de música, que en gran parte siguen estando limitados dentro de sus propios círculos.

Tanto la música india en vivo como su industria discográfica funcionan de acuerdo con sus propias reglas. Grandes músicos, como los hermanos Sabri, de Pakistán, que interpretan un tipo de música religiosa musulmana, pueden pasar muchos meses en el Reino Unido encerrados en su comunidad, apoyados por una gran red comercial y social que es totalmente autosuficiente. Actúan en toda clase de salas, desde grandes hoteles alquilados por importantes comerciantes indios donde se mueve mucho dinero, hasta pequeños locales, donde trabajadores paquistaníes y sus familias se sientan en sillas escolares bajo luces de neón, animando a los músicos guiados por sus propias costumbres. La música de los Sabri se llama kawwali, y va sólo acompañada por un armonio, más la tabla y las palmas; pero la música es sumamente rica. Ls canciones llevan un arrebato de pasión que les dan semejanza al cante jondo. Es música con un gran atractivo.

Otro cantante de kawwali, Nusrat Fateh Alí Kahn, un hombre corpulento con voz fluída, ha empezado a ser el querido por el público para la world music, siendo uno de los pocos músicos indios que ha logrado este éxito. Recientemente, Nusrat actuó en el gran festival de Womad con Peter Gabriel y Youssou N'Dour ante miles de personas. Gabriel le present'o como uno de los m'as grandes cantantes mundiales. Es su voz la que Gabriel eligió para expresar la agonía de Cristo en su composición para la película La Última Tentanción de Cristo.

John Scott, originalmente se introdujo en la música india como distribuidor para EMI India. Le impresionó la distinta forma de venta de discos y cassettes indios. "La India es uno de los países con mayor industra discográfica del mundo. En el Reino Unido, el mercado de la música india está controlado por un pequeño grupo de maduros hombres de negocios que trata de luchar contra la piratería manteniendo los precios extremadamente bajos. Un elepé que en una tienda central de londres puede costar alrededor de £6, en un barrio indio se vende por £3.5. Esto quiere decir que las compañías de world music no pueden competir con los precios indios".

La música africana está llena de paradojas. Músicos que son grandes estrellas en su propio país, como el cantante senegalés Baaba Maal, tienen que luchar para poder ganarse al público británico. Lo contrario puede ser también cierto.

De todas formas, Scott logró un pequeño apoyo del Arts Council para hacer un disco con una joven cantante india nacida aquí, Najma, cuya música combina melodías folclóricas indias con pop y jazz. Las canciones de Quarab, su último disco, están basadas en textos de poesía amorosa tradicional, sencillos y delicados. "Najma", afirma Scott, "está arando su propio terreno en el contexto de una tradición musical que, en general, es conservadora e imitativa. Su público seguidor está sobre todo entre los aficionados de la world music; le ha costado trabajo ser aceptada por su propio pueblo."

Un nuevo género de la música británico-india que empieza a tener impacto fuera de su comunidad es la bhangra. la bhangra, antiguamente, era una danza para la cosecha que venía de la región del Punjab, y que hoy día mantienen viva en el Reino Unido grupos folclóricos que actúan en locales indios. Hace alrededor de cuatro años, algunos grupos empezaron a incorporar teclados y el bajo eléctrico, junto con el tradicional dholak y la tabla. La música adquirió un ritmo fuerte y tomó prestadas técnicas de estudio de la música llamada hip hop y acid house. Se destaca más por su energía que por su melodía; más que cantar, gritan. la bhangra ya no es sólo tocada por la comunidad punjabí, pero ha llegado a ser la expresión de toda la juventud india nacida aquí, que necesita identificarse tanto con la cultura británica como con la india. Curiosamente, su mayor audiencia está entre la primera generación de los indios del este de África, que también se interesan mucho por la música africana. Bhangra fever, una recopilación en cassette de los más importantes artistas publicada por Arishma, se ha vendido bien dentro y fuera de la comunidad india; pero cuando el grupo Heera intentó introducirse en el mercado pop, no resultó tan positivo como se esperaba. Sólo veinte personas viniero al lanzamiento de su último single en un club exclusivo de Londres, mientras que si se hubiera celebrado en Bradford miles de jóvenes indios hubieran acudido. La música africana está llena también de similares paradojas. Músicos que son grandes estrellas en su propio país, como el maravilloso cantante senegalés Baaba Maal, tienen que luchar para poder ganarse al público británico. Lo contrario puede ser también cierto. Mahlatini y las Mahotella Queens, un grupo encantador sudafricano que llegó a tener una gran aceptación este verano con la viveza de su música mbaqanga y por lo visto ya no tiene popularidad en Sudáfrica, según ha manifestado Johnny Clegg. Clegg, otro músico sudafricano, descrito como un zulú blanco, toca la música zulú con un grupo mixto blanco y negro. Este año, su álbum Third World Child ha vendido más de un cuarto de millón de ejemplares; también ha tenido un número uno con su canción Asimbonanga en varios países europeos. Pero a los británicos no les acababa de gustar, pues siguen prefiriendo las cosas más auténticas.

No toda la música africana tiene la garantía del seguimiento. A pesar de los vínculos históricos con el país ex colonial de Ghana, artistas de allí como George Darko no lograron atraer a gran público en sus últimas visitas al Reino Unido. Esto en parte refleja el estado difícil en que se encuentra su país, donde la música en vivo, por varias razones, está pasando por un bache. También, como dice Charlie Gillett, "la música africana, como cualquier otra música, tiene que estar constantemente cambiando y desarrollándose. Si el artista se atasca y la música no va hacia ninguna parte, enonces la música llega a ser aburrida. Esto no necesariamente quiere decir que la música tiene que llegar a ser más occidental: Youssou N'Dour, por ejemplo, flirteaba con un sonido occidental en su disco Nelson Mandela, pero ahora definitivamente ha vuelto a su propio estilo con buenos resultados". Es una cuestión de un delicado equilibrio entre la moderna tecnología y la tradición, a través de una evolución.

El interés en la música africana es lógico y hasta cierto punto inevitable, pues la música pop occidental tiene sus raíces en África y por eso se siente uno familiarizado con la música africana. Sobre todo tiene un ritmo fuerte que impulsa a bailar a la gente. Sin embargo, no existe ese tipo de explicación para la increíble popularidad de la música búlgara. En los dos últimos años, un grupo profesional de músicos folclóricos llamado Balcana ha venido desde Bulgaria para hacer una gran gira en el Reino Unido. Alucinó al público por sus canciones polifónicas cantadas por tres mujeres de mediana edad, y por sus lánguidos sonidos de gaita, gadulka y flauta. Un aviso de que esta música podría tener semejante éxito fue el hecho que un disco llamado Las Voces Misteriosas de Bulgaria fuese tan vendido.

Catálogo Diverso

Joe Boyd, director de la compañía Hannibal, fue responsable de reunir el grupo Balcana, después de su primer encuentro con este tipo de música en un festival en Bulgaria, y el resultado han sido tres discos, varias giras con éxito y muchísima prensa. "Todavía no hemos recuperado los gastos de la producción de los discos de Balcana", dice Boyd, "pero solamente llevan a la venta un año o menos, y nosotros no somos como la industria de la música pop, que trata de recuperar los costes en seis meses o menos y si no el disco pasa a ser un fracaso. Las ventas son lentas, pero seguras, y éste es un proyecto a largo plazo que vale la pena".

Hannibal Records tiene un catálogo diverso que incluye artistas folclóricos británicos como Richard Thompson, cantantes húngaras como Márta Sebestyén, el grupo zaireño Kanga BongoMan y, más recientemente, un joven músico brillante que toca la kora llamado Toumani Diabate, de Mali. Es también una de las pocas compañías independientes británicas de world music que tiene vínculos directos con España y con artistas españoles. Boyd es un viejo amigo y socio de Mario Pacheco, director de Nuevos Medios, y ha traído a varios artistas suyos a Londres. Uno de estos grupos es el llamado Ketama, que dio su primer recital el año pasado en el festival Rompiendo las fronteras.

Mientras Ketama estuvo en Londres escucharon a Toumani Diabate tocar la kora en una fiesta privada. Sin pensarlo, relacionándolo enseguida con el flamenco, empezaron a acompañarles con palmas. Al día siguiente se juntaron en una comida informal y decidieron intentar tocar juntos. "Yo suelo encontrar este tipo de mexclas culturales y musicales bastante embarazosas", dijo Boyd, "así que cuando Toumani levantó su kora para experimentar junto a la guitarra flamenca de Ketama me escabullí rápidamente para evitar el caos. Para mi sorpresa, cuando volví encontré a todos con tal cara de asombro que parecían tener la mandíbula en las rodillas."

África y Andalucía

La mezcla entre la música del oeste de África y de Andalucía no sólo funciona perfectamente, sino que parece que Toumani Diabate ha estado tocando flamenco toda su vida. Boyd y Pacheco llevaron adelante la idea de hacer un disco, añadiendo otro artista de Hannibal que es el bajista Danny Thompson. El disco, llamado Songhay, va a salir este mes y es una de las más asombrosas y bellas fusiones de dos grandes culturas musicales que han surgido del fenómeno de la world music. Como Boyd dice, "empezó como realidad, no como idea". Espera traer al grupo en conjunto para dar conciertos y presentar el disco en Londres en un futuro no lejano.

A pesar de los esfuerzos de Hannibal de traer música española al público británico, falta todavía información sobre lo que está pasando con el flamenco de hoy día, con la excepción de Paco de Lucía. Por supuesto, el flamenco sí que tiene su aceptación en Londres desde hace muchos años, pero tiende a centralizarse en salas y teatros quizás demasiado formales. Uno de los pocos intentos de traer flamenco de una forma diferente con una audiencia menos clásica ha sido el reciente festival de música gitana en el ICA. El increíble éxito no sólo de la música comercial de los Gipsy Kings, grupo de gitanos franceses formado alrededor de los Hermanos REyes, sino también de la música más seria de Fernanda de Utrera, sugiere que puede hacerse mucho más para promover la música española aquí.

Caretas prestadas

Ian Anderson, editor de la más importante revista de la world music, llamada Folk Roots -que ya tiene una circulación de 35000 ejemplares-, también lamenta la ausencia de música española en los festivales folclóricos en el Reino Unido. "Una vez me mandaron por correo un disco de un grupo vasco llamado Kepa Zabaleta Motriku. Tocan dos acordeones y un tamboril; es una buena música con vida. ¿Por qué no oímos más este tipo de cosas por aquí?". A él le encantan las canciones de Camarón de la Isla, conocidas por él por medio de cassettes prestados pero nunca ha podido comprar una copia aquí. "Camarón podría tener un gran éxito aquí, ¿cómo es que no viene?".

Anderson, que también tiene una compañía de discos, nos da a conocer una constante subida de suscripciones para su revista. "La world music está definitivamente disfrutando un boom y está llegando a un público más amplio que nunca", dice Anderson. "Claro, parte de eso es nada más que una moda que desparecerá con el tiempo. Pero no creo que volvamos de nuevo a la nada. Es como la explosión de los blues en los años sesenta, cuando fuimos de una situación en que no teníamos nada a una buena selección de discos en las tiendas y un constante aparecer de grandes artistas. Probablemente será siempre un interés minoritario, pero mientras dejen aparecer a grandes artistas, con eso basta".

* Lucy Durán es periodista y especialista de la música tradicional en el Archivo Nacional de Sonido Grabado de la Biblioteca Nacional del Reino Unido. Ayudada en la traducción por Alicia Sanz Durán.

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