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Tuesday, June 12, 2007


Tomado del diario "El País", año II, número 49, Jueves 20 de Octubre de 1988.


Músicas Emergentes - Parte 3
Europa encuentra nuevas fuentes de inspiración en África y Oriente.


Música en las Calles

El atractivo de la música africana nace de su funcionalidad y aliento vital

Nacho Sáenz de Tejada

"Lo que ahora se presenta como algo nuevo, capaz de producir emociones desconocidas, no es algo improvisado como atracción turística, sino el logro espiritual de un pueblo que ha luchado durante siglos para encontrar un medio de expresión". Estas palabras del musicólogo cubano Emilio Grenet, escritas a finales de los años treinta y referidas a la penetración de la música latina en Estados Unidos, pueden suscribirse casi textualmente cincuenta años más tarde respecto al estallido comercial de algunas músicas desconocidas y de fuerte raíz étnica.

Hoy se comienza a intuir la punta del iceberg de una cultura musical que contiene un enorme aliento vital. Las formas que ahora emergen, representadas en el boom de la música africana, son el fruto de la coincidencia de dos circunstancias: la necesidad de la música e industria occidentales de buscar nuevas fuentes de inspiración y beneficios y la disposición de otras músicas para dejarse encontrar.

Estas fuentes de instpiración llegan desde continentes desconocidos y diferentes en lo musical, de los que África se ha convertido en cabeza de puente. Desconocidos porque la frase "¿el doctor Livingstone, supongo?", la pronunció Stanley en 1871, a orillas del lago Tanganika en el corazón de África. Occidente descubrió este corazón africano hace solamente un sigulo, y el acceso a su cultura musical, transmitida oralmente y sin transcripción escrita, se produjo mucho más tarde.


Bhundu Boys


Diferencia Esencial

La diferencia esencial de la música africana respecto a la europea es su funcionalidad, al estar íntimamente ligada a la vida diaria. "El concepto de música como pura experiencia estética", afirma el escritor John Storm Roberts, "es ajeno a África. Los africanos extraen placer de su música, pero el elemento estético (objetivo en una sinfonía de Brahms) es para ellos una consecuencia más. La música no es tanto buena como eficaz, apropiada a sus fines".

El idioma swahili carece en su vocabulario de la palabra música porque, según dice el camerunés Francis Bebey, "el arte musical en África es hasta tal punto parte del hombre que éste no pensó en darle un nombre separado". En Europa, la utilización cotidiana y práctica de la música es la excepción, en África, la norma.

El desconocimiento y la diferencia, la funcionalidad y el ritmo que han atraído a los occidentales, coincide con la disposión de los músicos africanos para aprovechar esta oportunidad abierta su expresión musical, a pesar de las dificultades que han tenido para establecer un desarrollo coherente. Estos músicos proceden de países cuya independencia oficial del colonialismo europeo data de los años sesenta. Muchos tienen en esa época sus únicos recuerdos de infancia y crecieron junto a la reorganización, casi siempre traumática, de su país. A caballo entre la tradición milenaria y una nueva mentalidad impuesta y a la europea, los músicos africanos se han desarrollado ágilmente, cabalgando entre las dos alternativas.

En un continente sin tocadiscos, sin discos y con un intenso tráfico de cassettes piratas -en los que mezclan a M'Bilia Bel con Madonna, Franco con Michael Jackson y Ray Lema con Prince-, se acercan a la tecnología láser sin olvidar sus raíces. El acceso de los más capacitados, o los más hábiles, al progreso técnico y la adaptación de su música a oídos europeos, ha permitido a Occidente fijar su atención dormida en una música que, como un diamante en bruto, ofrece enormes atractivos y posibilidades comerciales.

El poder de atracción que emanan las músicas emergentes radica en su capacidad para sorprender con nuevas formas, nuevos sonidos y ritmos. Plantean el reto de introducirse en culturas diferentes a través de un lenguaje estrictamente musical.

El reconocimiento de los Bhundu Boys, Mory Kanté, Ofra Haza, Cheb Khaled y Johnny Clegg en Francia y Reino Unido -países con mayor densidad migratoria procedente de África y Asia- significa la posibilidad de imaginar que estos artistas son la llave que permite el acceso a una música ignorada, rica y diversa. Esta diversidad permite actualmente la convivencia en África de músicas en diferentes grados de pureza y desarrollo: desde el grupo de percusión más ortodoxo, como el que dirige el percusionista senegalés Dudu N'Diaye Rosé, hasta la evolución sofisticada de Mory Kanté, pasando por en estado intermedio de Mahlathini y las Mahotella Queens, artistas ya conocidos por los aficionados españoles. Dentro de esta situación, España juega un doble papel de receptora y donante: mientras el pasado verano (mediados de 1988) Kanté, Mahlathini y N'Diaye Rosé asombraban al público de Vitoria, la tradición flamenca de Fernanda de Utrera y la savia nueva de Ketama centraban el interés de los londinenses. España intenta descubrir las diferentes músicas africanas al mismo tiempo que el Reino Unido se emociona con el cante jondo, y el disco conjunto de Ketama con Toumani Diabaté puede ser el inicio de una cooperación artística prometedora.

Intercambio de Ideas

Las músicas emergentes llegan para enriquecer el intercambio de ideas, y si extrañarse es comenzar a entender, pueden contribuir a que la música occidental deje de mirarse el ombligo por algún tiempo. De momento, los éxitos comerciales en Europa de músicos africanos y asiáticos han significado la popularización de lo más evidente, asequible y superficial de estas nuevas músicas, canalizadas hacia el consumo fácil con el apoyo de la tecnología.

En Europa esta música corre el riesgo de convertirse exclusivamente en moda veraniega para discotecas, y el público puede dejar escapar la oportunidad de incorporar nuevos estímulos. Por su parte, los músicos africanos continúan planteando su batalla en diversos frentes sin olvidar sus orígenes ni su tradición. Conscientes del interés que despiertan, aprovechan su momento y ofrecen su vitalidad cotidiana porque en África, la música está en las calles.

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