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Monday, August 21, 2006


This ain't your Haitian Divorce. Mira que a veces sí se le vé bien rica a esta arribista convenida, ¿no?

Tomado del Diario "La República," de ayer domingo. Paul McCartney, una vez más, se convierte en el centro de atención de los fans del rock clásico y no precisamente por lanzar otro Tug Of War. No sé si recuerdan que hace un buen tiempo, en el 2003, escribí un artículo sobre cómo Paul se había vuelto un ser el cual desconocíamos, gracias -en parte- a la presencia de la ex-modelo Heather Mills, su flamante esposa de aquel entonces.

No quise hablar mucho de la separación porque me pareció intrascendente al principio. Oh, qué pena, los dos ya no se aguantan y se dicen chau. Normal no más, eso le pasa a cualquiera. Pero lo que no le pasa a cualquiera es que uno es el músico y compositor más exitoso del siglo XX y su esposa sea para nosotros un mar de misterio.
Al parecer no es un misterio la estrategia de la futura ex wife de Paul, la de sacarle el jugo a la fortuna. ¿Logrará su cometido? Desde que empezó con los Beatles, Paul McCartney nunca ha tenido una relación con una mujer que no haya sido parte de la realeza o burguesía británica. Su novia eterna, Jane Asher, tenía -o tiene- mucho dinero y no muchas ganas de rebuzcarle la billetera a Macca. Su esposa Linda era miembro de la familia Eastman, cargada de libras esterlinas -que no tiene nada que ver con Kodak Eastman, así ella haya sido fotógrafa profesional-. Así que el enamoramiento de Paul y Heather fue algo inusual.
Pero aquí lo usual: La típica movida de McCartney de cambiarle la chapa de la cerradura a la mansión y, ojo, la de hacer públicas las fotos eróticas de Heather (no las voy a poner en este blog por motivos de decencia, pero como dice mi comadre Storm: "seis letras: G-O-O-G-L-E".) Tuvieron que anunciar su separación para que justo el diario Sun las saque, ¿no es verdad? Qué coincidencia que para la boda, esas fotos hayan estado perdidas en el espacio-tiempo, más no para el divorcio.

Yo te odio, yo tampoco Por Enrique Patriau.

El largo y tortuoso camino de Paul McCartney rumbo a su definitiva (léase legal) separación de Heather Mills presenta tintes de culebrón venezolano. Todos los días, los cables internacionales ofrecen nuevos datos y chismes, a cada cual más desconcertante, de lo que será, sin duda, el divorcio del año.

La distancia resulta insalvable. El "Daily Mirror", diario británico especializado en los avatares de las celebridades (y qué más celebridad que Sir Paul Mc Cartney) da cuenta de que la ex modelo Heather Mills debió recoger a Beatrice, la pequeña hija de ambos, en un hotel, porque el ex Beatle no deseaba que pisara su casa. Eso ocurrió esta semana.
La anterior, Mills se encontró con las puertas cerradas de la mansión del cantante en el barrio londinense de St. John Woods. Según la prensa británica, él había ordenado cambiar la cerradura por motivos de seguridad, aunque los amigos de Mills sospechan que lo hizo para humillarla.
Una tercera. Aseguran que McCartney congeló sus cuentas bancarias para evitar que su ex mujer retire cantidades "obscenas" de dinero, como él mismo las calificó.
Paul y Heather aguantaron juntos cuatro años. Tras la separación, ahora se viene una disputa legal. Y al final, tal parece que esta batalla se reduce a eso: a los beneficios económicos que Mills podría obtener gracias a su divorcio. Cuando se casó con Sir Paul, en junio del 2002, no firmaron la usual (y protectora) separación de bienes, alegando que se trataba de un gesto poco romántico. La fortuna del músico y compositor supera, por bastante, los mil millones de dólares, impresionante patrimonio que pretende proteger con todos los medios legales a su alcance.
Cada uno ha escogido a un abogado de prestigio y acostumbrado a esas faenas desagradables (aunque siempre rentables). McCartney recurrió a Fiona Shackleton, que representó al príncipe Carlos en su divorcio de Diana. Por su parte, Mills contrató los servicios de Anthony Julius, el hombre que defendió a la ex esposa del heredero británico. Diez años después de aquella histórica y real separación, Shackleton y Julius volverán a enfrentarse. Todo hace suponer que tomará algún tiempo arribar a un acuerdo que satisfaga a las dos partes. De acuerdo con el "Daily Mirror", Mills rechazó una compensación por la vía rápida. ¿El motivo? No le ofrecían lo suficiente.
Desde un inicio, Mills (dedicada a labores humanitarias después de que perdió la pierna izquierda por debajo de la rodilla en un accidente de tránsito, fundadora de una organización dedicada a suministrar prótesis y empeñosa activista contra las minas antipersonales) debió soportar que la prensa le dijera de todo, desde vulgar cazafortunas hasta prostituta de lujo al servicio de árabes millonarios. Pero lo más grueso fue cuando el tabloide "The Sun" publicó fotos eróticas (otros dicen que pornográficas) de Mills y un modelo masculino. El diario aseguró que muchas de las imágenes eran demasiado explícitas como para incluirlas.
Esas fotos salieron a la luz solamente después de hacerse pública la separación, en mayo. Lo cierto es que mientras duró el amor, McCartney siempre defendió a su (todavía) esposa. En la página web de Mills (www.heathermillsmccartney.com) puede leerse una carta firmada por el ex bajista de los Beatles, en donde desmiente varios de los rumores difundidos por la prensa sobre la relación. El texto, bastante divertido por cierto, corresponde a tiempos mejores, cuando el matrimonio andaba lejos de convertirse en una batalla legal (y campal).
Su boda con Sir Paul fue de ensueño, el divorcio parece guión de telenovela. En apretado resumen, McCartney niega que Mills lo obligara a teñirse el cabello. "Lo vengo haciendo desde hace muchos años", confiesa. También rechaza cualquier influencia de Mills en el despido de Geoff Baker, su publicista. Asegura que tomó la decisión de manera individual, pues aquel se había vuelto una persona "inestable". Tampoco es cierto, señala, que Mills haya insistido en que se invierta el orden de la clásica firma Lennon-McCartney, que acompaña casi todas las composiciones del legendario grupo, o que lo haya conminado a someterse a una rejuvenecedora cirugía estética. Y, desde luego, descarta cualquier desavenencia entre Mills y sus cuatro hijos, producto de su compromiso con Linda Eastman: Heather, de 43 años (que Linda aportó al matrimonio y McCartney adoptó); Mary, 36 años; Stella, 34 y James, 28.
De nuevo, eso era antes. El presente luce mucho menos conciliador, a pesar de que en el comunicado que prepararon para anunciar su ruptura apostaban por continuar en buenos términos: "Al haber encontrado sumamente difícil mantener una relación normal ante la constante intromisión en nuestras vidas privadas, hemos decidido con tristeza tomar rumbos distintos. Nuestra separación es amistosa y ambos nos guardamos gran afecto". La última frase, a la luz de todo lo que se ha publicado y comentado, nunca pasó de ser un buen deseo.
Los medios ingleses, citando fuentes anónimas, sostienen que McCartney, 64 años a cuestas, ídolo musical de generaciones enteras, sufre una fuerte depresión por su divorcio. ¿De dónde vienen los solitarios? El estribillo de Eleonor Rigby suena a melancólica profecía.
En fin, a mirar hacia adelante, es decir, al pasado. He aquí una de mis favoritas de Paul, "Take It Away," del Tug Of War (su mejor álbum solista jamás grabado. Escuchen por qué:)


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