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Monday, May 2, 2005






Tainted Love
Sábado 30 de Abril del 2005
Bimbo’s 365 Club
San Francisco

El Sábado 30 de Abril del 2005 asistimos al concierto de una banda de San Francisco especializada en remover los sedimentos de la nostalgia en nuestro subconsciente y de pasar un momento, ergo, inolvidable. Dicen que todo tiempo pasado fue mejor pero con shows como este, no nos lo “dicen” sino que nos lo restriegan en la cara. Nos referimos a Tainted Love.

Tuvimos la oportunidad también de conversar con los miembros de la banda, fundada por el baterista Doug Carlson, que empezó tocando covers New Wave en 1997. En aquel entonces, el revival disco estaba en su fase orgásmica y tocar éxitos de los ochenta correspondía más a una banda de club que no llega a cubrir presupuestos cada fin de mes. Doug predijo y acertó: para cuando sean famosos y su tren esté a marcha estable, la New Wave de los ochenta regresará. La televisión estará llena de comerciales con canciones como “Talk Talk” (para Cingular) o “Just What I Needed” de The Cars (para Circuit City). Como buen baterista, Doug gusta de aguas como Johnny Walker Etiqueta Negra y tiene en su currículum haber tocado con Greg Kihn, Pride and Joy y Super Diamond, además de producir bandas en el Área de la Bahía. Su batería es clave del sonido Tainted Love al convocar todas las texturas rítmicas de los éxitos de la década de Reagan y hacerlas realidades. La instrumentación principal está a cargo de Jamie Browne en el bajo, Franklin Vasquez en la guitarra y Steven Moon en los teclados.
La New Wave, a fines de los noventa, aún estaba guardada en las cajas del sótano, esperando a ser profanada cual si fuera tumba de momia egipcia. Por tanto cuando Tainted Love tocaba “Don’t You Forget About Me” de los Simple Minds, la gente fruncía el ceño y consideraba a la banda como un bicho raro; interesante, pero fuera de lugar para el momento. Doug y su tropa decidieron entonces expandir su repertorio con temas de los ochentas como “Living On A Prayer” de Bon Jovi o “Sweet Child Of Mine” de Guns N’ Roses. Canciones Heavy Metal, Pop-Rock, baladas edulcoradas... todas en el rango de tiempo 1980-1989. El éxito se les iba acercando. Para cuando Brett Walter, la voz femenina, convocaba al espíritu de Joan Jett con “I Love Rock And Roll,” tenían a la audiencia en la palma de la mano. Ella junto con Alex Pels (Chad) y Jack Herndon completan la fuerza vocal de Tainted Love, muy necesaria puesto que su repertorio es extremadamente diverso.

La banda presentó un show de primera y con un sonido espectacular gracias al ingeniero de sonido peruano Eddie “El Brujo” Caipo. El sonido estaba saturado de ecos ochenteros en las voces y guitarras, dando aquel toque surrealista que nos mandaba de golpe a veinte años atrás. Mientras bailábamos los oldies en primera fila, cual si estuviéramos poseídos por un espíritu ochentero, nos íbamos interesando en la audiencia, en aquellas chicas
preciosas enropadas para matar y aquellos chicos bien vestidos como si fueran a una fiesta elegante de la compañía para la que trabajan. ¿Quiénes son los que se visten de fiesta, muy elegantes, y llegan a pagar 20 dólares para ver a una banda como Tainted Love? Gente que está segura que la música moderna, la que se escucha en los ipods y computadoras, es de muy mala calidad. La mayoría de la audiencia no tenía uso de razón –algunos quizás ni lo tengan después de cumplidos los 21- cuando Madonna lanzó “Express Yourself” y otros ni habían nacido cuando Boy George hacía creer a incautos fans que no era lo que en verdad era y cuando la banda Van Halen tenía a David Lee Roth haciendo saltar a la muchachada con, ejem, “Jump.”
En lo que respecta a los veinteañeros que abarrotaban Bimbo’s, ¿De dónde obtienen ellos la información de que hubo tanta buena música en los ochenta? No de los comerciales de TV sino de sus padres y hermanos mayores, a los cuales admiran en cierto modo. Recuerdan que hubo un tiempo en el cual la música era más feliz, menos depresiva que los lamentos que llegaron de Seattle a inicios de los noventa diciéndonos que ser quinceañero no es malo, sino malísimo. El rock de los ochentas es una colección de canciones rebeldes de amor y justicia social, envueltas en la idea de gozar gozar que el mundo se va a acabar. La misma idea que teníamos todos a los ocho años.
Como nos decía Steven, la música de Nirvana puede ser muy buena, pero no nos hace bailar llenos de alegría. ¡El rock de los noventa no es divertido! Kurt Cobain se pegó un balazo cantando “I Hate Myself And I Want To Die,” no “Hit Me With Your Best Shot.” El rock “alternativo” proveniente de Seattle se acabó con el cañonazo que mató a Kurt, y después de ese incidente las grandes industrias disqueras cerraron todas sus puertas a artistas progresistas y las abrieron a artistas edulcorados como los Backstreet Boys y Britney Spears. Artistas mediocres y sobreproducidos que no causan ningún revuelo en la juventud. Así de simple. El Rock and Roll como arte mainstream está más que muerto.
En los ochentas los músicos eran más rebeldes, más frescos, más próximos a la audiencia que estaba vestida de manera muy parecida a ellos, pero los consideraban sus ídolos. Habían más probabilidades de que los músicos fueran músicos de verdad. Había un Adam Ant con una sexualidad agresiva y llena de clase, una Cindy Lauper que promovía el culto a la personalidad y a la liberación femenina con un fino sentimiento y hasta un Tommy Tutone que tenía el desparpajo de divulgar el teléfono privado de una mujer a todo el mundo (“867-5309/ Jenny.”) Los oyentes de la radio estaba de mejor humor, aunque los tiempos no eran muy buenos: Los ochenta empezaron con la muerte de John Lennon, seguidos por una explosión en un reactor nuclear en Chernobyl que lanza nubes tóxicas por toda Europa y el SIDA envolvía todas las relaciones sexuales en látex e inseguridad. Sin embargo, la radio les hacía bailar para librarse de las penas.
El nombre de la banda no pudo ser mejor elegido, al ser el éxito absoluto y único de Soft Cell en 1982 y quizás el mejor trabajo presentado por la New Wave de los ochentas. “Tainted Love” es un cover de una canción de 1968, escrita por Ed Cobb e interpretada por la cantante R&B Gloria Jones. Soft Cell puso la canción en el puesto 2 de Billboard y el resto es historia. El toot – toot de la canción es la razón por la cual la gente compra discos.
En los ochentas la onda era prestar atención con oídos nostálgicos a los sonidos de los sesentas. En los noventa, eran los setentas y el sonido disco lo que hacía llenar las discotecas. Imagino que el próximo proyecto de Doug para la década de los diez sería una banda llamada “Nevermind” o “Teen Spirit” tocando covers de Pearl Jam, Nirvana y Spin Doctors. Mientras tanto, iremos a ver a Tainted Love cada vez que los tengamos cerca para que nos restrieguen en la cara con su música que los ochentas se van a quedar por un buen rato más y para que nos tomen fotos desde el escenario con cámaras digitales y nos recuerden lo bien que la pasamos. Toot – toot. www.taintedlove.com

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